Ese país que suspira, entrecortados respiros, en vilo los sentimientos, realidades contrapuestas, en arrítmicos latidos. Faz de muecas contrahechas, vacilantes rictus tímidos, en inciertos pensamientos.
Despierta el sueño dormido, entre plumas de almohadones, desoyendo los rumores, desatendiendo los ritmos, entre espejos constreñidas, las inquietantes versiones, de reflejos siempre vivos. Despiertos quedan los niños.
Nacen corazones íntimos, en los vientres generosos, de la vida en su materia, carne viva de los gozos. Pasión que despierta viva, de los profundos rescoldos, del fuego que dentro anida, de amores que amamos todos.
La senda abierta respira, sombra y luz entre los ojos, una recurrente herida, que la verdad cicatriza. Senda de frutos jugosos, de nostalgias que palpitan, fuerte aliento que suspira, sendas limpias de rastrojos.
Despierta el nervio atrevido, despierta el dormido gozo, y en la sangre y en las tripas, la emoción baila a su antojo. La fuerza en las venas vibra, buscando el centro de todo, mientras el amor cautiva, de los feo, lo más hermoso.
Despierta dijo al oído, el tiempo al amor dormido, y se abrieron las fronteras, para los cerrados ojos. Brotó en el sueño la hoguera, de los reprimidos gozos, y fue despertando el día, desperezando los rostros.
Despierta susurró el viento, al oído generoso, y penetraron las brisas, abriendo huecos sin prisa, en el corazón de todos.
Resiste, gritó la vida, con inequívoca urgencia, y semejante exigencia, quedó en el viento perdida. Forjó en el yunque la idea, con esmerada paciencia, y semejante insistencia, logró la precisa idea.
Herrero de recias manos, que con tal fuerza moldeas, el duro hierro que forjas, en otras formas recreas. En el crisol vive ardiente, la materia que se crea, y de nobles manos recias, surge el arte de la idea.
Resiste, gritó la ausencia, que en arcanas noches medra, y quiere hacerse visible, quiere plasmar su presencia. Verdad escondida en el núcleo, donde las fuerzas culminan, y su atronadora voz, no solo brama, suspira.
Labriego que amas la tierra, con inusitada ciencia, bebiendo de arcanas voces, que trascienden las fronteras, de boca a boca pasando, eco, que nunca escasea, que jamás para o se esconde que eterno en vida se entrega.
Resiste, grito el amor, que vio al mundo con muletas, descosiendo sus costuras, cuajado de hambruna y grietas, lloran sus gélido ojos, de mirar, sin ver siquiera, mientras el amor se abraza, a la vida que le queda.
Poeta, que al tiempo gritas, para que el amor se extienda, y con sus humildes letras, vuelque el sentir que le aprieta. El marchamo de sus versos, va señalando la senda, amor en cada latido, sangre ardiente de sus venas.
Resiste, gritó la vida, para que nos demos cuenta.
La borrasca se aproxima, de lágrimas bien cargada, dentro de si la violencia, de notas desafinadas. Ruge como la tormenta, eléctricamente airada, y va descargando piedras, de proporciones inmensas.
La borrasca se aproxima, lleva en su voz agrietada, de su gritar la amenaza, y va desgranando furias, manotazos que desguazan, ecos de las felonías, de la agresión que la enturbia, de la consciente ignorancia.
Se que los tonos son tristes, que ni alivian ni consuelan, que no sofocan ni animan, que no aplauden ni dan pausa, más de nosotros depende, que sea menor la condena, que se despejen las mentes, y que tomemos conciencia.
La borrasca se aproxima, pero podemos vencerla, con el respeto a la Tierra, que nuestra vida sustenta. De nada sirve la inquina, la rabia nada solventa, más que salvar aniquila, no frena la ira la afrenta.
Amor las entrañas gritan, verdad chillan las cabezas, las razones se despiertan, de pieles falsas cubiertas. Las voces claman justicia, las voces que aman y piensan, y ya se ensanchan los pechos, contraídos en las gargantas.
La borrasca se aproxima, de inusitada violencia, y no frenan los acosos, a la verdadera ciencia. Circula airada la sangre, mientras el amor se entrega, la hambruna sin pausa sigue, eternamente desierta.
Que no se rinda el humano, que no destroce la Tierra, que no se convierta en barro, de la carne sus esencias. Que el amor sea el escenario, la verdad quien interpreta, y en el tiempo y en los años, quede la razón impresa.
La libertad se diluye, si se frena el pensamiento, se va enquistando la esencia, del valor de los derechos, y la vida se adormece, queda la mente en barbecho, la luz, torna mortecina, y el raciocinio se pierde.
Al borde de la locura, vaga el soñador sin rumbo, entre vapores y efluvios, de febril asintonía, demudado rostro vahído, sensaciones que se agolpan, como rimeros de vidas, como repetidos versos.
Se pierde la libertad, si se pierde el compromiso, va cayendo el sentimiento, se retuerce el idealismo, se hace a un lado la verdad. Las ideas se sacrifican, si vive el ser sin principios, si ensalza la vacuidad.
Se fue perdiendo lo ingenuo, el cinismo se hace el dueño, y van cayendo las hojas, del libro de los secretos. Las voces ya no son cálidas, no hay ternura en el encuentro, creciente la soledad, del sentir que vive dentro.
La libertad se oscurece, niebla espesa que subyuga, con el temor de los cánticos, va creciendo la locura. Amar deja de ser mágico, y oculta el sol lo que dura, la pasión su empuje pierde, si el egoísmo perdura.
Candiles en el zaguán, donde la libertad se desnuda, y de enriquecer su afán, quiere traspasar la duda, la puerta entreabierta está, para abrirla sin mesura, luces que al vivir titilan, buscando un punto y final.
“La Danza de los Viejitos” bastones, máscaras, mitos, con su traje peculiar lucen, brillan a radiar.
Que lindos esos atuendos dignos de hombres estupendos son por todos admirados los “uarharis” encorvados.
De Jarácuaro su alma, usan sombreros de palma, les cuelgan varios listones de Michoacán son pendones.
Gabanes rojos colores, grecas negras, ¡son señores!, es pulcra, limpia, la lana que al punto los engalana.
Muy vistosa tal franela, ¡qué toquen “Flor de Canela”! y luego “La Golondrina”, esa pieza es su madrina.
Camisas de manta blanca, calzones de poca zanca, los finos caros bordados se aprecian harto labrados.
Su calzado es incansable la suela tan admirable de duro cuero o baqueta resuena, al compás, coqueta.
Un bastón que no se quiebra parece hasta que celebra la madera tiene un don bueno, fino ese bordón.
Son expertos danzarines bien escuchan los violines, contrabajos, las vihuelas, aunque carecen de muelas.
Tienen mucha resistencia que bailen “La Competencia” p’urhépecha melodía que alegra la luz del día.
Para éllos su gran edad es poca, una nimiedad, no hay fatiga en el danzar nunca quieren descansar.
Sus achaques y temblores hablan de tantos amores, en máscara la sonrisa porque no les corre prisa.
Su patrón el Niño Dios jamás les dará un adiós, “t’arhepitis” lo han querido desde muy recién nacido.
Benditos están sus pies pocas veces un traspié, ¡qué pegue fuerte el huarache contra el piso que retache!
Que sacudan la polilla son toda una maravilla es verdad están longevos, ¡pero, le echan muchos hue . . .!
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Morelia, Michoacán, México, abril del 2010 Dedicado a mi ahijado José Alexis López Gabriel Reg. SEP Indautor No. 03-2010-102913333100-14
Con la vida en la mochila, plena de errores y aciertos, va camino del destierro, los pasos se difuminan, y en un alarde de ensueño, camina, siempre camina, creyendo su andar eterno, un final como en un sueño.
Lejos se vislumbra el día, que son los grises los dueños, transitando entre la umbría, de los oscuros recuerdos, repletos van los caminos, de atajos y vericuetos, y la sombra se desliza, buscando el día con denuedo.
Niñez de juegos y risas, de aprendizajes creciendo, vienen y van los sollozos, caprichos y algarabías, brilla en los ojos la vida, mientras se estiran los huesos, y entre mocos y alborozos, no es la ternura un antojo.
Lleno el baúl de reliquias, objetos que evocan sueños, realidades que palpitan, en los tapices del polvo, juegos de infancia queridos, restos pintados de moho, ropajes de carnaval, disfraces de héroes y osos.
Viva, la nostalgia anida, que sin permiso renace, como un rescoldo que yace, y en un soplo se reaviva. Recuerdos en el zurrón, ahíto de viejas cuitas, que acompañan en el viaje, pesadamente gravitan.
Recuerdos del temporal, de exaltación y diatribas, de gozos en el morral, que perduran de por vida, siempre ágiles al caminar, de vitalidad y prisas. Amor que llega y se va, carcajadas que cautivan.
La vida sobre los hombros, que pesa más cada día, e ilusiones que en el viento, viajan buscando la cita, volviendo a la realidad, cuando el calor torna en hielo, el sueño aplaca y suaviza, sino torna en pesadilla.
Amores en el desván, imágenes siempre vivas, que entre las sombras discuten, que en el polvo se maquillan.