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O amor é uma chama que precisa ser cuidada e alimentada pelos amantes.
Quando cada um procura conservá-lo, ele dura.
Mas quando é um só fazendo “este serviço”, a pessoa acaba se cansando, cochilando e deixando esta chama apagar.
A.J. Cardiais 19/02/2013
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Poeta
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Los amantes se dan la mano en la plaza, y sus caderas se mueven al ritmo de su aroma, amor. Se presume entonces que el amor ya tiene fragancia, se percibe después el olor de su final. Los besos, las sonrisas, los momentos, y cada pareja tiene fotos en su mente, fotos añejas y fotos que se prolongan hasta finales infinitos. Infinitos, solíamos ser, infinitos y finitos terminamos, si por ti o por mí o por agentes ajenos hemos de desertar, que el paraíso se extinga y el desierto no nos haga esperar. Lo siento y te siento... Pero no basta sentir por dentro, ni sobra demostrar por fuera, porque si por fuera ahora estás adentro, que por dentro no has de querer salir, y si te saco o te sacan o me sacan a mí, que quede en ti o en mí, y que un <<lo siento>> no nos haga fingir. Cansados, estamos cansados de seguir, pero si paramos ¿en dónde habremos de parar? Si te conocí en martes o en domingo queda igual, que si esto se acaba nunca y que nunca sea el final. No hay un "te amo y soy feliz sin ti" porque un <<sin ti>> y un <<feliz>> no cabe en mi cabeza tan repleta de ti, y si he de mostrar que calentaste aquél tipo febril, lo diré, y no fueron tus piernas quienes me hicieron así. Y yo te amo, pero no eres feliz sin ti, y sin ti me amo pero me odio mucho más que el <<tú.. sin mí.>>
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Poeta
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Ventas con yerros
Muchos querían un hijo mejor. Uno tienen respirando. Muchos se pierden por el desierto ahora. Del lunes nublado años ignorando.
Los vi decir, al final de la escalera, deshojando al hielo sus ojos. No, ya no, por favor el pez se seca. Con la paz y las carretas muerta. Muchos querían a los gusanos. Muchos al oro adoran. Muchos, muchos, alfileres retuercen.
Subí al bajar el sol asombrado. Y vi velas sin barcos en caballos. Desgajando al olvido flores de piedra. Girasoles abogados, y rostros en grietas. Id, buscad, los caimanes saben el camino. Ellos al morir, saben recoger cenizas.
Saben que no saben, de viernes con hambre. En los ataúdes, hojalatas destejen camareros, del camarón arrastrando cada corriente. Nadie debe huir, con la carne del eclipse en las ventanas, llenando una copa cada lágrima.
Espero, pues, al diminuto crimen sin traje. En el mar con los témpanos. En las ortigas, y en las cicutas. En los desfiladeros y buitres Rendijas decoren máscaras. Que sin sueño ensillen las moscas . Que los sapos sepan de cepas nocturnas.
¡Qué el fango desclave faroles!. ¡Qué los helados queden sin guano!. ¡Qué haya pezuñas acribillando espadas!. ¡Qué no sobrevivan huevos en la garganta.
Así, la corbata puede ser falda. En el volcán al vestir su corcho. Con enjambres donde algodonan huesos. Aunque cada tambor cruce muslos magro. Y una tortuga vuele bajo la puerta. Por descuido de la manzana mojada delante. ¡Ay de todos!, ¡ay de silencios! ¡Ay de miles!. Aquí, allá, más con menos, todos sufren. Nadie, nadie sangra. Del alma prostituyendo al aliento.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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mi esqueleto que apenas puede mantenerse erguido como una fogata clama noche a noche saliendo de su pesadilla a otro sueño por la médula celeste de sus palabras oseas clama porque quiere perpetuarse solo para acender por las escaleras tendidas en el mundo del pantano y cada costilla es el tendido eléctrico del pentagrama anhelante de notas esa música que finiquita las torturas que le pone mute al silencio para exaltar las odas limpias de su cuerpo en cada sol mayor que mira y minado estaba el campo sin batallas herido el hombre por la luz de luciérnagas tan kamicases como un suicida sin causa aquel resplandor de sus ojos detrás del antifaz que la cobija detrás de cada parpadeo esta su visión que no quiere morir sin haber percibido el amor ya sin la vaina triste de sus temores mi esqueleto quiere enterrarse en su cuerpo pretende ese mausoleo de piel joven como una fuente que inaugura sus aguas la soledad solo existe cuando desaparece en el sombrero de prestidigitador de su misterio conocido como alma por llamarlo de alguna manera solamente ella le puso cimientos a este espejismo le puso un welcome a ese mi castillo en el aire a ese precipicio disfrazado de parnaso a esa vereda que busca una calle una compañía para bajar a sus pies descalzos como una rosa en la osada tarea de llevar sus pétalos por el mundo salva esta noche apagando todas las bombillas en ese hostal de estrellas infinitas donde solo se necesita una manta de abrazos para el frío una almohada de sus biceps sosteniendo el cuello de una cabeza que no quiere sentar cabeza sería una pena el homicidio de sus tristezas un sicario al que pago para que la mantenga viva como si solo fueran imprescindibles todos sus poros por donde ingreso como cavernícola redimido a evolucionar para ser su viento ese ser al que solo puedes sentirlo en mitad de una tormenta en ese mar alocado del infinito.
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Poeta
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abrí los párpados y al verla como si el universo hubiera alumbrado unas alas desprovistas de ángel una luna esperando un sol que suspenda su eterna noche al verla claramente en esa luz supe lo equivocado que había vivido creyendo que mis ojos si conocían el mundo que mis manos sabían lo que era otra piel que el corazón también latía dentro del pecho que el poder viste mujeres para no liquidarnos en la contemplación obstinada y era verdad sin certeza era praxis absolutamente viva era sueño salido de otro sueño como el corazón esencial de muñeca rusa el universo quedaba justificado en sus ojos y era la noche sin remedio si parpadeaba ya sin querer ver nada como entre nubes ella lucha suavemente para mantener el vaso de algodón que contiene sus vísceras y su sangre su aliento de aire delicado se resiste locamente para anclarse al mundo y no naufragar entre los astros que la reclaman completa porque han desplazado al sol para otorgarle su merecido centro en la silla de la balanza de la justicia esta sentada ella hermosa y sola y del otro lado que se eleva hasta perderse en el desequilibrio que dilata la cadena la luna ruborizada porque su hija la desplaza sin quererlo toda...
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Poeta
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me ha dejado dos puntos suspensivos una sístole y diástole esperando el estallido último el tercero será el punto que inicie un beso esa tortura de dos bocas que jamás serán una no porque no exista la unidad entre dos seres pero nadie quiere tomarse un café solo contándose sus delirios a si mismos una mano que todo lo acaricia y así misma no se poda he abierto una puerta para salir de mi mismo a ese patio alegre que son los otros esta esquina de universo donde las hormigas trabajan solas para conocerme el desierto propio me concedo invertir el flujo de la avalancha y quiero llegar a la cima para observar todas sus huellas no sé cuando estuvo en la orilla de la playa pero sus pies han moldeado en la arena su peso leve que corrobora la atracción que la tierra siente por ella desde el risco pálido por la nieve con los pies hechos el corazón de una nevera me lanzo esperando un vuelo sin retorno para hacerle sombra con mis alas para dibujarle un arcabuz oscuro a su vanguardia...
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Poeta
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Corazón intermitente hace muy poco Aislado en ese espacio de silencio Ganado a gritos de memoria Torturado por el amor Que osa marchitar una vida libre En el pleno auge de su florgasmo Para que florezca como rosa fenix en la noche Dentro de ese castillo oscuro En el aire de la irreverencia Con una fogata mínima Estornudando su fuego y luz quemante Que renueva las formas Que dejó el maltrato evidente de la angustia MI padre es un sicario caro MI padre es un alma de doble filo Allí donde su dolor se atrevió A ponerle peras al almo Para que me atreva a resucitar la inocencia Con un simple Lázaro gatea y avanza Como una ola que lava la luna, su cara pálida, Una ola que al romperse en el acantilado de los días Ya no tiene motivos para la tristeza Enterrado en la arena de una playa sin puerto Esas manos que grano a grano me cobijan Yo que solo anhelo un cuerpo trepidante Una emoción que me aleje de las canteras Donde el ser humano lucha cada mañana por no ser roca irredenta Así ha quedado una vida solitaria Mamando sus propios dedos Destrozados arañando tumbas Esa sangre dulce Que tiene la oportunidad de regresar a su fuente Desde esa distancia Donde los terodáctilos de mi hermano Me dejaron una huella silente Que a veces pinta una leve carcajada Así palidecen los encuentros Los niños educados entre brisas Las mujeres que chillan para descubrirse Para explorar el aire cálido que las condensa Una mujer en el precipicio de los días Tratando de imaginar una cuerda floja Que vibra como una cuerda de guitarra Quemándose entre las manos de una pesadilla muda No quiero parar en mitad de la avalancha No quiero murmurar mi desconsuelo Lacerado por lo que no entiendo Por lo que apenas es juventud Vivida con la prisa de una mariposa Que aletea vertiginosa Entre las hojas muertas de un libro antiguo Se viene la rebeldía de los ángeles Marchitos en sus jardines propios Jugando esa guerra eterna De los dos polos de una moneda El bien y el mal en una partida de pocker Solo para no aburrirse dentro del infinito Que invita a quemarse sin conciencia...
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Poeta
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Mármol Dúctil
Bebí del nublado, del recuerdo, del olvidado. Esos años como segundos primos. Al deber ameno con gente grave, entre pilares más estériles que nunca, años turbios como cataratas lentos, como pesadísimos dados masticados, con el hábito sueño encrespado.
He muerto demasiado al sol silencio, que por fuerza se adelgaza, perdiéndose ciego por la luz sonora.
No será, pues, partida tablas, en tablero no jugado, ni jugo sin fruto el yugo, de la noche menos noche al estrellarse, que nada quiero morir borrándome, y al nacer pedir permiso, sin acostumbrarme.
Al mar frío dejarían los hielos, al fuego hirviendo sin hacer, nada que parezca yerto, tal vez el viento destruya, y construya, de amargura, dulzura, con sal atrás de la entrada.
Aunque ligeras, las espadas de la lluvia, atormentan los algodones desiertos, con el destino serpenteando recóndito.
Y el ojo mirándose fuerte, y la piel frotándose suave, y el pelo riéndose leve, y la mano dándose alegre.
Arranca encarnizada los flancos, donde torvos lagos hieren.
Y se van las palabras sin voz, y se quedan los gritos anclados, y se van los barcos sin mares, y se quedan los huecos inflados.
Veo una música de color perfumado, donde jamás vivieron panes sin penas, ni pana el piso conoce, con la muerte a cada paso, del polvo huésped alimentado, hasta que viento y nada, nutran la plácida memoria.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez.
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Poeta
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Y llegó un momento que simplemente la observé, y me encandilé analizando sus gestos y su brillo en los ojos,tan risueña, soñando despierta,de la mano con su imaginación, pensando en días futuros con su sonrisa perpetuamente dibujada.Y ahi fue cuando me dí cuenta de todo lo que la quería, y que irremediablemente ya estaba hasta los huesos por ella, había superado esa línea, lo noté, no se puede describir, simpleme lo noté; mientras miraba maravillado y fascinado su rostro ; esa chispa de felicidad recorrío mi cuerpo, notaba que era feliz por verla a ella feliz, aunque ni yo fuera la causa de su felicidad, pero me sentía tan feliz como nunca.Porque mi felicidad se había fundido en un abrazo eterno con la suya
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Poeta
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AL AMO EMBOSCADO
Desemboscarte puedes si quieres De las monedas monas en manadas.
Álame álamo al tálamo siéntelo enraizado al viento como como desayunando noches que destilan tildando al tilo de atormentado noble roble cuando el pino empina sin tino al destino liberando libre…
Si yaciese como enlunado sol asolando con erosión y aridez.
Aquel que yergue al viento luces con lecho ondeando por la colina del cedro al ébano malévolo albo solo porque hubo erguido vinos vistosos bienes miles mal habidos entre pulsos acelerados y vaivenes sin sentir remordimientos clementes.
Aún no morirán, al morir, todos todo lo que deberían y debieran.
Álamo álame si puedes alar ahí donde yazgo, ahí donde yaceríais si humanos fueran los humos y cenizas si irguiéremos hábiles al bosque núbil del fuego atroz y tala infame evitando y deslumbrando flamas infecundas latitudes endulzando humedecidas.
Sí, sí… Vivirían, al vivir, muchos conviviendo amos de la vida para morir bien digna muerte.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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