Te mentiría si te digo que ya no te escribo, que ya no pienso en ti Que me he olvidado de ti, que ya dejé de cantarte por las noches Que ya no siento nada por ti, que ya no te pienso Que ya no me ilusiono con verte de nuevo.
Te mentiría si te digo que ya no me emociono por verte de nuevo Que ya no tienes efecto en mí, que tu encanto se acabo Que ya no soy vulnerable por ti Que ya no eres mi debilidad, que ya te superé.
Te mentiría si te digo que mis poemas ya no hablan de ti Que ahora soy como los demás, que ya no te escribo con pasión Que mis canciones ya no tienen ese sabor a ti Que ya no suenas en mi guitarra.
Te mentiría si te digo que ya no me desvelo pensando en ti Que ya dejé de contarle a la luna y las estrellas de ti Que mi guitarra ya dejo de tocar tu dulce acorde Que incluso ya disfruto de nuevo de esta soledad.
Pero como voy a mentirte si tú eres mi más grande inspiración Eres y serás por siempre lo más importante para, aunque no me hables Siempre serás la musa de mis poemas, la ilusión de mi canción Siempre serás mi sueño mas grande Nadia.
Me senté a la mesa para saborear los viajes que me llevaron lejos de aquí. Hice un brindis con cada uno de los regalos que hasta hoy he recibido. Me atoré con cosas que no pude lograr a la perfección. Acerqué la cuchara cargada de besos que algún día intimé. Lamí las cuestiones que muchas veces leí y me enseñaron a ser un buen hombre. Destrocé con mi cuchillo los errores que me persiguen. Aplané con mi gentil cuchara el baúl antiguo que me sirvió para disfrazarme de aquel buen hombre. Pinché con mi tenedor una y más veces la maldad y mis pecados que hasta hoy conviven conmigo. Los adornos de la mesa son ilusiones que siempre he tenido. El mantel, las fantasías, las muchas que cuelgan sobre mi frente. La loza hecha de mentiras decorada con aciertos de sabios. La cuchillería, de grandes pasos y caminatas, de miradas poco transparentes. La sopa de amargura. Las carnes, la masas, purificadas de perdón llegaron acompañando a dolores y penas. El postre, la soledad en que siempre me he cobijado. Mi cuerpo satisfecho de bienes, de gustos. También indigesta de objetos sin valor, de sinsabores...
Te ruego Te ruego mi amor que me hagas gozar del amor como gozo de tu pasión Hazme percibir tu afecto para callar mi sufrimiento Todo lo que soy es tuyo sin ninguna condición Haz lo que sea en nombre de nuestro tormentoso amor Pongo en tus manos ardientes mi atormentado corazón Deja que mi alma te busque y te encuentre en la incertidumbre del amor Deja que tus llamas de pasión suspiren en mi cuerpo y abran las puertas de la percepción
Somos gritos, cegados por trenes, somos lloros, berrinches, angustias, somos dolores, tristezas, alegrías, somos efigies viviendo en las sienes.
Somos espadachines de verde manzana, somos estupores, mal tragos, destierros, ovejas sin pastor ni lana, tortugas en españoles encierros.
Somos lúgubres, incesantes labriegos, somos el luto enlutado de deseosas peloteras, somos trémulas en la voz de las antenas, somos talegos habitados por ciegos.
Somos alabastros recipientes, olvidados en las arenas el desierto, somos recodos mentales por cada palabra, beso, riña, acierto.
Somos remansos de infelicidad, disfrutando de los problemas en secreto, de un pequeño momento de felicidad incierto, cantando con la soledad a dueto.
Somos férreos, turgentes almas, livianas, intrascendentes, somos mortuorios vivientes, condenados al olvido de nuestras gentes.
Somos víctimas de la noche intempesta, bebés perdidos encontrados en la cesta, somos la lujuria, el robo, la muerte, el engaño, los pecados de Sodoma y Gomorra sin regaño.
Somos poetas de la tinta a borbotón, tercetos desvencijados de un soneto, somos, vivimos desorientados, vertiginosos, somos de la rima esclavos y esposos.
Somos piratas de agua dulce, pilotos de agua salada, somos amargos, salados, ácidos, del sabor de la fresa agridulce.
Somos llamadas, mensajes, ¡te quiero!, olvidos, ausencias, ¡te odio!, somos un dejar en visto, un like por inercia, un comentario vacío, una foto en el podio.
Somos la última hoja de la libreta, blanca, vacía, que se tira a la basura, somos corruptos, desastres, tormentas, somos tortura, perjura, locura, bravura.
Somos nuestra familia, nuestros amigos, un hola y un hasta luego, un abrazo y un a ti me entrego, una caricia y un ruego.
Somos una madre amorosa, una odiosa, un padre admirable, uno decepcionante, un hermano querido, uno cargante, una hermana cariñosa, una caprichosa.
Somos la empatía selectiva, el abandono egoísta, el engaño ambicioso, la gula insaciable.
Somos la envidia, la soberbia, la pereza, lo somos todo para nosotros, nada para los otros, polvo en el viento, ..., escarabajos en la maleza.
Buenos días, este poema esta inspirado en la canción “Más de Cien Mentiras” de Joaquín Sabina, es una de mis canciones favoritas y quería intentar componer algo así pero con mi estilo, en este caso este poema es una descripción de lo que somos como seres humanos, lo bueno y lo malo, espero que os guste.
Déjame en tus brazos dormir amor… soñar paraísos, fantasías inermes. Quiero en tu piel perder mi aliento y con mi boca recorrer tu alma. Ser en ti… madrugadas tibias, amaneceres pasionales, mañanas apacibles. Ser tu luz en días venideros, con nuestras manos recoger las mieses del recuerdo. Ver nuestras sienes de nieve pintarse dormir contigo amor cuánto deseo. Si la vida se escapara. con mi último aliento, gritar tu nombre quiero. Llevare tu recuerdo aferrado Aquí… ¡Aquí en mi pecho!
Te gusta corretear con la mirada Por sobre mi mirada Por sobre el mundo Por sobre el juego nuestro Nuestro juego De adolescentes desconsolados y amorosos.
Cascadita de te quieros Quien fuera el hombre que va en tus sueños y poder adueñarme de tus fantasias, para realizar la más grande de las mías.
Quien fuera el cinturón que abraza tu cintura, pues quisiera quitarle el trabajito, quien fuera quien aparece en tus sueños, pues yo anheló estar en todos ellos.
Bañarte a la luz de la luna y bajo una cascadita de te quieros, contemplado las estrellas ojalá no se acomplejen ninguna de ellas.
Quisiera ser aquel que te enamore a cada instante, para poder ser feliz teniéndote entre mis brazos.
Quisiera besarte bajo una cascadita de te quieros y poder a si tomar del dulce manantial de tus labios.
Me gustaría llevarte a una cascadita de te quieros para poderte decir que eres mi vida, querida forastera que tienes de nombre el de una Reyna.
Solo anheló estar contigo en aquella cascadita de te quieros, forastera de nombre...
Buscando un regalo especial para ti amada mía, he intentado atrapar aunque se una nimia pizca de esa catarata inmensa de ternura, dulzura y gracia tuyos, para ambientarla en polvo cósmico, quizás algo de rocío y por supuesto del perfume, de muchos girasoles, canutillos, rosas, tulipanes…
Encontrar en el espacio más luminoso del alba, que tanto te estremece, el escenario exacto, para intentar una vez más: tocar tu corazón, acariciar tu alma, repetirte cuánto te amo y que hacerte feliz, llevarte conmigo al infinito, sigue siendo mi más sensato y demencial fin.
Que pueda encontrar del inexorable tiempo… todas las oportunidades, los segundos todos, para alcanzar muchas sonrisas tuyas, para vivir extasiado en tu aliento; navegar y explorar tus profundos ojos, para darle más intensidad, a mi esencial promesa, de amarte siempre más.
Se sentó en el muelle de la cama con exhalaciones de olvido. Recobró la fuerza del que ama y se dispuso a borrar todo lo vivido.
Ya nada sería igual que antes, pues, su mirada ya no entendía de distancias. Y aunque de la luz hayan sido amantes solo el aroma a nardos adornan sus prestancias.
Pero es que en el callejón de la vida y la muerte leer todas las noches santas o lo días de mucha suerte es una tarea difícil para quien ya no tiene tantas.
La nostalgia nos cose a la vida una ostentosa marca de calma para que al cerrar los ojos no esté perdida la fe ciega que llevamos en el alma.
Sin más, tal vez solo vino a despedirse del otrora, del presente, del que sigue aquí. O sencillamente no quería irse sin el adiós reglamentario, sin dejar ese vacío en mí como un recuerdo de melancolía en un obituario.
las flores, los campos, los animales, todos morirán
mientras buscan sin consuelo aquello que quieren.
Y en el fin de mi mundo,
pensaré en tus ojos antes de precipitarme,
pues te has convertido en la celestina de la muerte,
pues tus recuerdos me atormentan para guiarme,
pues me he enamorado de la parca para volver a verte.
En este poema expreso el dolor de la pérdida del ser amado, hasta el punto inlcuso de sucumbir ante la realidad y sin poder soportarla terminar con todo.