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Miré un solo instante la vida mía, y vi sus cimientos desmoronados, sus muros viejos,de vivir cansados, que ni arquitecto renovar podría.
Su jardín deshecho,la fuente vacia, los nudos de tristeza desatados, aquellos rincones de alegría,aislados, y un hado de muerte,por doquier habia.
Miré mi casa tan abandonada, y en triste llanto regué sus despojos, de su fuerte sostén no queda nada.
Vencido estoy,mi tumba esta labrada, y de lágrimas,no dan más mis ojos, ya mi casa no podrá ser salvada.
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Poeta
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Desnudo ante el mundo
convertido en nieve y brisa,
quedé sólo como una hoja seca
que se la lleva la corriente,
dolor que palpita en el alma,
ya no hay remedio
y me encuentro extraviado entre tanta gente,
nos separan vacios del tiempo que se fue,
mis ven ojos la nada
y no te vislumbran,
tan solo hay un deseo imploró al cielo
¡Ay¡ sin tan solo pudiera verte.
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Poeta
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Sientes que la vida, construida de sueños por cumplir
y forjada de divino material,
va quedando prisionera entre finísimos hilos de muerte,
que se van retorciendo como sombras en macabra danza.
Sientes que nada importan los pasados, - ya se olvidaron-;
que desaparecieron los futuros… que se perdieron;
que el presente no te pertenece… que lo robaron;
y que la vida, toda, cabe en el soplo del instante.
Te aferras al silencio buscando en él una respuesta,
que dé sentido a tanto sufrimiento;
y el silencio te responde con su palabra que todo lo llena,
palabra que sólo tu entiendes y que se esconde en el
mundo del vacío y de la nada.
Un mirada a todo lo que fue,
un murmullo de rabia contenida,
un momento para sentir lo que mañana extraño será,
una ilusión a la que amarrarte
donde tranquilo y sereno poder abandonarte.
(jpellicer)
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Poeta
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¡¡¡Maldito seas José Fernando¡¡¡.
Gruesos cordobanes de cuero repujado ocultan azulejos verdes, azules, dorados, hasta la altura de las cenefas, con grabados jeroglíficos de plata y púrpura. Sobre un piano de nácar Namibia desnuda tiene el cuello de un cisne negro rodeado de granates, brillan las joyas chispeantes, rutilantes, líricas. Ella, Namibia, tiene los ojos como las maldiciones, su escorzo es el de la garza negra. En el piano, desnuda, parece una pantera con una gargantilla de rubíes. En el mismo piano Tasuko Sumori, perla del arrecife, toca las danzas españolas de Granados, surgen libélulas de cristal del artefacto y la caja de música resuena con un ruiseñor por dentro. Tasuko Sumori tiene los ojos azules, y en sus pupilas lilas hay un cielo nipón constelado de nubes negras. Hay cigüeñas que huyen en sus ojos azules y sus manos son blancas y amarillas como el marfil. Rosa María, en bragas rosas, es como una paloma en un nido amarillo, lleva una orquídea en el pelo y parece somnolienta, sueña acaso con colibríes verdes que liban de hibiscos amarillos en un sueño de ópalos y turquesas, rodeada de almendros y tilos. Los cojines son de seda de oro, los sillones son de terciopelo granate. Por encima de las cenefas, Judith y Holofernes, en un cuadro, descubren una victoria de Sión, Holofernes muestra su cabeza cortada con una mueca de angustia, en sus labios crecen lúpulos amarillos y amargos. Eva Luna está desnuda y se abanica con un plumón de pavo real, lleva un único zarcillo con un jade verde translucido engarzado en un cisne. Cien ojos azules la contemplan, y el sudor en sus senos brilla como el ámbar. Francisca se mira en un espejo dorado y se espolvorea en la mejilla blanca una crema rosa, sus labios son fucsias y tienen una gota de miel. Da vueltas y vueltas el marco del espejo, y éste brilla bajo la lámpara de araña, que deslumbra. A su lado Adelaida, desnuda, toma un frasco con perfume, un spray con una pera de goma verde, y se rocía la colonia en el cuello. Su cuello es un arabesco y un nardo, tiene un collar de esmeraldas que le aprieta la garganta y cae hacia los pechos brillando como el Guadalquivir en Córdoba. Federica lee un libro de pornografía, sus uñas de gata en celo pasan las páginas con los eróticos grabados, hay un Apolo rubio víctima de Sodoma en sus hojas, y un rayo de luz atraviesa una vidriera de cristales azules. Carla, con un lunar en el pecho, lee en cambio en un catecismo los sermones de Antonio de Guevara, hay en sus ojos verdes un manantial de jacintos rojos y en sus labios implorantes las rosas han descubierto, exóticas, su jardín predilecto. Tiene un Yorkshire pequeñito en su regazo, dormido, todo él de algodón. En un jarrón de alabastro cuatro rosas níveas exhalan mariposas de alcanfor sublime. En un brasero los rubíes furiosos queman semillas de alucema y hojas de menta. Conchita escribe en su escritorio de ébano un poema sobre la Atlántida, tiene la pluma de águila el cálamo marrón, la moja sobre un frasco de tinta que brilla como sus ojos, su melodía tiene cariátides gigantescas y atlantes de granito, majestuosas balaustradas y frontispicios de ángeles esbeltos, dragones mitológicos y espejos que lanzan rayos, y una hecatombe que derriba muros ciclópeos. Está desnuda y parece una luna en forma de serpiente, blanca y marmórea.
Un reloj de arena de oro acaba de soltar su último grano, es un reloj de platino con un diosesillo Dagón esculpido. Ernesta le da la vuelta y lanza al aire un suspiro. Su boca entreabierta tiene los labios marrones y su cabello es tan rubio como el oro, molesta la vista, vestida de seda roja borda en un pañuelo un clavel azul. Josefa desnuda se entretiene en un solitario y el As de diamantes se refleja en el espejo granate de sus labios, en sus ojos la noche oculta demonios fantásticos que cazan tigres de fuego y bailan sobre brasas verdes. Y apareciendo por la puerta, toda envuelta en armiño, Nieves, ¡¡¡oh cisne, oh arcángel, oh lirio¡¡¡, arroja un guante al suelo enfadada. ¡¡¡Maldito seas , José Fernando¡¡¡¡. Y el piano deja de sonar.
................................................................ Francisco Antonio Ruiz Caballero.
El Burdel.
El Burdel tiene las paredes de café con leche, aunque cuatro grandes candelabros de oro le adornan lo ruín. Y una gran lámpara en el techo ilumina el salón, con sus sillones de armiño amarillo. Sobre un gran brasero de bronce los rubíes enfurecidos parecen los dientes de un dragón rabioso. Se queman semillas de alucema e incienso. En una mesa un jarrón chino. ¿Qué escena se dibuja en él?, cuatro pescadores sacan con una red de oro un pez espada que hiere a uno de ellos en un brazo. Hay una gota carmesí en una camisa arremangada. Y la mar se bambolea en olas espumosas. Sobre el jarrón una gran hortensia rosa, con un millón de pétalos secos. De la mesa cae un mantel que llega al suelo. En los sofás, las putas. Desnudas y cubiertas de polvo de oro. Doradas. Rapadas al cero, sin cabellos. Pero doradas. Salvo en el antifaz que cubre los ojos, que es de color azul. Está Trinidad, de grandes pechos y lengua viperina, conoce por su nombre los venenos y su lengua es sucia como todos los falos que ha lamido. Sabe insultar. Se ha defecado diez veces en el sombrero del último cliente, que no dió propina. Le mentó a la madre por los cuernos del padre antes de lanzar un espantoso gargajo amarillo al brasero. Se contonea como una serpiente y es la endemoniada hermosa como las cimas del Himalaya. Qué pechos tiene la buena serrana, capaces de amamantar a cien mil legionarios sedientos. Y en sus opulentos muslos de oro, la cripta de su sexo depilado exige un cohombro marino eternamente erecto. Sobre un Piano verde, dorada como un poniente Concha la Peruana sostiene una copa de anís en la mano. La llaman la Peruana, pero nació en Cádiz. Jamás visitó Perú. Pero denunció a la policía a un miembro de Sendero Luminoso que se enamoró de ella de visita en España. Llevaba el terrorista cheques por valor de cien millones, y es puta por afición. Su cuenta corriente jamás estuvo en números rojos. Rojos son solo sus labios, que ahora prueban el anís, cuando folla es una hembra que caza tigres, araña las espaldas de los hombres, a los que rodea con sus piernas como un cangrejo, y es una escorpiona mutante cuyos labios son veneno. Hay en sus ojos negros siete panteras rabiosas y su cuerpo es el de un arcángel. ¿cuántas vergas ha bebido esta noche?, todavía ninguna, por eso bebe el anís, porque sus labios están secos y ella cabreada no ha degustado todavía el sabor de un varón. Han sonado en el reloj las tres de la madrugada, y un gran cisne blanco sobre las azoteas vomita su luz enormemente ebrio. Francisca se mira en un espejo. Ayer cocinó conejo. Se encargó de golpearlo, matarlo, desollarlo, y cocinarlo. Qué soberbia es. Rapada al cero parece un cadete americano, lo es, porque es un hombre, pero su culo ha recibido la verga de ochenta muchachos. En realidad se llama José Alberto, y es de Fuentes de Cantos de Arriba. Con quince años mamó su primera polla. Es un gato, o una gata. Pero sufrió un horror durante su circuncisión. Ese día fue como un pájaro al que le hieren el sexo con tijeras. No tiene pechos, es un hombre, pero su culo ha recibido más esperma y vaselina que el contienen los cachalotes en sus gónadas. Qué buen maromo fuera sino fuera puto. Colecciona mariposas. Y nunca bebe vino porque le hace vomitar. Pero es una mujer en la cama, sedienta de deseo. El esclavo absoluto. En su pecho tatuado hay una cruz egipcia. Y sólo folla por dinero. Una belleza endeble que si tuviera navaja sería felina. Dulce María lee una revista del Corazón, en su portada una Infanta de España proclama su divorcio. Tiene un zarcillo en la oreja de oro puro. Repito que todos estos ángeles están rapados y dorados. El polvo de oro los hace exóticos, como extraños pájaros semidemonios. Dulce María es pequeña, traviesa, esconde una libélula en su pecho, y sus tetas, llenas de miel de higuera, conocen el significado del pellizco. Acaba de estar con un cliente, y ha naufragado con él en el Cabo de Hornos. Qué fellatio tan placentera le ha hecho. Por noventa euros. Era un gordo peludo, con bigote mejicano y andares patosos. Que se empeñaba en decirle Mialma, mialma, mialma, mientras le succionaba entero. No ha sido generoso. Ha pagado la tarifa mínima y ella está enfadada. Por eso le acaba de dar una patada al gato. Lee que la Infanta Elena está harta de su marido y ahora mismo es feliz con esa noticia, también ella quisiera degollar hombres y cortarles el pescuezo, como a una gallina roja.
Oh, Ernestina, es tu primera noche y tiemblas. En tus labios hay una amapola virgen, y tus dientes, duros, aun no conocen el misterio de la no mordedura. ¿quién te tomará esta noche por vez primera?. Ya Juán José te robó el Virgo, y Fernando, y Federico, y Carlos, y Adolfo, y Felipe, y Rodrigo, y Enrique, pero nunca lo hiciste por dinero. Tus tetas son hermosas como dos peras inmensas y hay en tu pubis un olor a romero y salvia. Es tu pureza como la de la azucena mustia y en tus ojos la noche y la luna destilan su fría incógnita. Solo un cuadro de Venecia es testigo a estas horas del perfecto crimen que la alcoba esconde.
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Francisco Antonio Ruiz Caballero. (sin haber estado jamás en un burdel).
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Poeta
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La renovación, Hoy renuevo mis letras Y renuevo mi cantar Para reparar mi avanzar Y mi corazón de poeta
Dejo detrás los dolores Dejo también la rabia Recupero mi alma Y mis otros amores
Por fin me decidí a avanzar Y cambiar mi camino Hoy decido mi destino Y lo que me va a deparar
Estoy en un lugar bullicioso Y también lleno de gente Pero lo que pasa por mi mente Aleja de mi lo ansioso
Mi mente esta tranquila Aunque mi al rededor es un desastre Y mientras menos me siento un lastre Menos gente me vigila
Me siento mas a gusto Y paso desapercibido Me siento desaparecido Pero en mi mente luzco
Encontré una paz interior Que pocos pueden conseguir Y mientras busco a donde ir Me siento mejor que en tiempo anterior
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Poeta
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Quiero soñar
Y aunque sea terrible despertar sin los destellos hermosos de tu sonrisa, ¿porqué no soñar?, si al hacerlo mi alma se fuga al mágico espacio que más se parece a nuestro tiempo, sin cansancio, plenamente explotado.
Encontrar allí los espacios desconocidos y explorarlos incesantemente, como si fueran nuestros cuerpos los que ansiáramos conocer, disfrutar, fundir en nuestras piel y recuerdos hasta extasiarnos sin que importe despertar.
Morar en los espacios de Morfeo abre aún más el universo que quiero para ti, para entregártelo y pasar el resto del sueño de la vida, del camino y la cordura encontrando más y más recodos, oasis, que se parezcan a ti, que me hablen de ti.
¿Porqué no abandonarme al sueño?, si acorta distancias y acelera intenciones si recrea la vida toda y la multiplica, si es allí donde la fantasía explosiona, emerge, inunda como fuente cantarina y arrolla como catarata, como tsunami,… como sueño.
Como poder renunciar a alimento más frugal si me trae como un te quiero tuyo, toda la intensidad y esencia de la inspiración, de las ansias de vivir, si me eleva, me convierte en dueño del tiempo de la distancia y puedo volar a ti.
Quisiera sobre todo… soñar que sueñas conmigo, que cerraste tus hermosos ojos y estás conmigo levitando, explorando y amándonos, soñando que la distancia es una falacia, soñando que tenerte no es un sueño.
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Poeta
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No quiero dormir,…
No quiero dormir, no quiero soñarte, es que despertar y no poder estrecharte es una tortura inenarrable, es recibir el alba sin abrigo, sin luz, es que la fantasía de tenerte es sólo comparable a la de soñar amándote y despertar contigo, allí, la continuidad de sueño y realidad se convierte en un indescriptible regalo divino.
No quiero dormir, no quiero soñar tu invades mi subconsciente y allí, eres también mi ama y señora perfecta magia que deleita y cautiva hasta que el despertar llega y entonces se rompe el encanto de los paisajes fantásticos, de los ambientes sugerentes, de la inquietud galopante de amarte sin control
No, no quiero dormir para no desencantarme, es que cuando los amaneceres llegan lejos de casa, hincan de nostalgia y soledad mis retinas quebrantan las expectativas de mis sentidos, congelan este calor en mi cuerpo que ebulliciona buscando el tuyo, quiebra la alegría de sentirte y termina arrojándome a la desolación de no tenerte.
No quiero dormir, no quiero siquiera cerrar los ojos, quiero todos los espacios para saborear en mi memoria, las imágenes y sensaciones tangibles de los exquisitos momentos compartidos, quiero encontrar en sus adentros los ensoñadores encuentros al volver a casa, de vivir reflejando en la mirada esa alegría única, de ser feliz amándote.
No quiero despertar y extraviarme a plena luz, lúcido y sano, delirando a ese pesar, porque era otro espacio el que nos acogía y embelezaba hace apenas instantes, era tu calidez y ternura la que me cobijaba y embriagaba éramos allí, los dueños del tiempo, del agua, de las estrellas y todos los deseos.
No quiero soñar sin ti a mi lado, tendría que despertar con cruel orfandad en mi piel y manos, de tus caricias y candor, tendría que sacudir los ojos, secos de tus formas, llenos en un instante de miradas distantes, buscando en el horizonte rastros del sueño y en el viento alguna imagen tuya para perseguirla como sombra.
Quiero estar despierto y no soñar, es que quiero buscar en el firmamento entre estrellas, luceros y la misma luna, todos los destellos y senderos que me lleven a ti, a la vida, a la razón, quiero viajar en el más fugaz cometa hasta el hogar y recibir en tus hermosos ojos el amanecer que con tantas ansias esperamos.
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Poeta
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Quiero tu voz
Desde hace mucho mi mundo se complementa contigo y entre las sensaciones infinitamente multiplicadas, que agigantan mi horizonte, la profundidad de mis sueños y ganas de vivir, me llega la dulce tesitura de tu voz, que es ternura hecha sonidos, que acaricia y cautiva, como en un hermoso sueño con pinceladas de realidad.
Me llega tu voz, inquietante y delirante también, en los gemidos que encienden aun más la hoguera serpenteante de la pasión represada, de los gritos de urgencia sin volumen, por recibir la ambrosia, en el tiempo detenido que se escapa y en los lazos que anhelantes, juntan satisfacción, suspiros y más deseos.
Me llega tu voz incluso a través de tu sonrisa, cómplice, aprobadora, inquietante, mientras tu mirada me desnuda y desarma mientras ondulante también embruja la exquisita arquitectura de tu boca, me llega tu voz en la distancia y hasta después del insomnio, para conciliar fantasías con sueños, para conciliar sueños con realidad...
Y por eso quiero tu voz ahora mismo, mientras la mía se quiebra de toda la emoción y plenitud de sentirte mía, quiero tu voz para volar, para que mi mente encuentre en su ritmo trazos que ayuden a dibujar lo que el alma siente, mientras la inspiración se fugue en el infinito y pierda noción de las proporciones, del tiempo, del espacio y la cordura… quiero tu voz aquí...
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Poeta
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Ultimo Pase de Modelos de John Galiano.
Empezaron a desfilar por la pasarela. Eran delgadas y bellísimas, no excesivamente esqueléticas, pero sin un gramo de grasa. Llevaban trajes fastuosos, con arabescos y alamares taurinos, de una candelería naranja, violeta, cristal, rosa, verde. Se movían suavemente lujuriosas, al compás de una maravillosa música técno. Los rostros estaban pintados de azul y dorado, con antifaces, en los ojos, de purpurina. Los maravillosos trajes brillaban como rabiosos capotes de torero. Pero en las manos, con el brazo derecho alzado, llevaban un corazón palpitante y sanguinolento. La víscera, roja, aún palpitaba en las manos cuando empezaron a desfilar sobre la pasarela. Aquellos moluscos carnosos y sanguinolentos goteaban sangre, que caía sobre la blanca superficie como un reguero. Sujetaban en las manos aquellos coágulos de carne, gordos moluscos extraídos directamente de un pecho, arrancados de cuajo como en un sacrificio azteca. Brillaban las hojas de acanto doradas en los vestidos, las plumas negras o rosas con las que se adornaban, y la purpurina de los antifaces en los ojos. Y chorreaban sangre sobre los brazos, con las manos ensangrentadas, que sostenían en alto, aquellos moluscos de carne maciza, aquellas bombas pulsátiles de músculo. Cuando salió del fondo de la inexistencia la primera y bellísima muchacha, contoneando su cadera, con el corazón en la mano, y una candelería sublime en los vestidos, la gente gritó un OH de admiración y asco. Cuando terminó de desfilar la última muchacha la pasarela estaba teñida de sangre y la gente aplaudía a rabiar. Tuvieron que volver a salir, para saludar al publico, con el brazo derecho empapado en sangre, y un corazón repugnante en la mano, gordo y carnoso como un bicho.
................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero.
Ultimo Pase de Modelos de John Galiano II.
Cien Cabezas de Holofernes de Plástico. Con el mismo rictus de dolor en la boca que la que se muestra en la película “El Silencio de los Corderos”. Cien cabezas humanas de goma para el último desfile de John Galiano. Ellas saldrán con las cabezas agarradas de los cabellos, moviendo sus caderas y sus culos con voluptuosidad. Llevarán los bellísimos trajes del diseñador, candelerías naranjas y violetas, azules y celestes glamurosos, únicos, rosas fúlgidos y guantes blancos. Un pequeño receptáculo de sangre en cada cabeza hará que dichas cabezas goteen el licor sanguinolento sobre la pasarela. Cada Judith se contoneará como una serpiente de rectas formas, dejando la esbeltez sublime de sus cuerpos el regusto a Victoria de la bella judía, las cabezas, con la boca semiabierta y la lengua casi saliendo de la boca, parecerán que están gritando de espanto. Los Focos iluminarán los brillantes dorados de los tejidos, los capotes de torero de las faldas y los alamares rabiosos en los pechos. Alguna que otra muchacha llevará una orquídea en el cabello, alguna que otra llevará zarcillos de rubíes, alguna que otra tendrá un antifaz de purpurina roja en los ojos. Y todas portarán la horrorosa cabeza cortada y goteante, agarrada de los cabellos, recién noqueada por un espantoso golpe, en un rictus de dolor cochambroso y temible, como la testa de un borracho asqueroso. Los hermosos cisnes llevarán capotes azules de torero envolviendo el bombón escultural del cuerpo. Serán diosas macabras deudoras sanguinolentas de Huitxilopxli. Otras, sin embargo, llevarán trajes de charol negro y reluciente, y antifaces negros o azules en los ojos, y, agarrando de los cabellos la sanguinolenta cabeza de plástico, que parecerá verdaderamente humana, se pasearán sobre la blanca pasarela como panteras temibles, como asesinas horripilantes, recién surgidas de una noche de veneno. Las habrá de trajes naranjas voluptuosos, con bucles de fantasía, o de trajes ajustados al cuerpo, tan ceñidos como la propia piel, azulísimos o rosas. Pero todas llevarán la espantosa cabeza del Bautista, arrancada de un torso. Estarán totalmente serias, sin pestañear, magnificas y sensuales, dignísimas, bellísimas y espectrales, como de ultratumba. Oh , Hannibal Lecter, verás a tu amada Clarisse con la terrible cabeza, como un Teodoto femenino y lascivo, que se contonea suavemente, bajo unos focos irascibles, que despeñan la luz sobre el negro del charol con la rabia de un millón de estrellas. Cuánto horror y cuánta belleza en los malévolos y preciosísimos cisnes. En cada pantera habrá un orco decapitado. En cada rosa habrá la cabeza de un orco. Y en el traje de la última doncella, un fastuoso rojo rubí bellísimo, una gota de sangre capitalina saltará de la grotesca y beoda cabeza.
....................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Poeta
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Fósforo del cielo
Un instante le contempló, con sus sonidos blandos. ¡Derramados blandamente deshojados!. En... Esa llamarada de segundos. ¡Aurora inmensa!. Cauce ennoblecido. ¡De íntimos anhelos!. Del ideal en pos, en vuelo. ¡Como un velo al viento!. Bebiendo de la libertad. ¡El espíritu!. Inmortal cuerda plateada. ¡Prodigioso himno!. Clavando la mirada. ¡Más allá del sol!.
En El ¡Rostro silencio de la tarde!. Cazador de sueños años. En la sombra desgarrada. ¡De una red!. En la arena errante. ¡De un rubí!.
Instante arrollado por eternidades. ¡Rugido ahogado del sosiego!. Enjambre de lamentos celestiales. Palpaba. ¡Con la pluma!. ¡La...Neblina!.
Y los símbolos inciertos. Y los desiertos sacudidos. Y los hachazos asesinos.
Solemnes. ¡Las promesas ambiciosas!. Al vibrar... ¡De lúgubre música!. ¡Réquiem!. ¡Sólo uno, y patético!.
¡Réquiem patético extranjero!. En Ese... ¡Fosfórico momento!. De ternuras cadavéricas. Un Instante... Le... Le...
¡Le contempló... Viviendo! Su último... Instante.Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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