No existe la noche sin luz, no, la luna lo evita, la luna nos cuida y no permite que nos devore la oscuridad, si, la luna brilla para quienes la buscamos, brilla y nos cubre con un manto sagrado, ella encapsula con su luz la oscuridad que existe en nuestro interior y su luz es tan intensa que evapora la que viene del exterior, impidiendo que se apodere de nosotros, la luna cuida de los de los hijos de la noche, de aquellos que pasan la noche en vela, ya sea trabajando o estudiando, cuida de todos aquellos que pasan la noche amando, sintiendo, viviendo al máximo aun cuando el sol se ha escapado del horizonte. La luna es el fantasma que por las noches nos comparte su aliento y nos acaricia con su calidez a través del viendo, nos embarga con sus sentimientos y nos regresa un te quiero con aún más fuerza, su amor no conoce límites y nos acompaña aun cuando hemos caído dormidos, nos acompaña aun cuando el insomnio nos impide descansar, y también cuando el sueño se apodera de nosotros por completo, nos cuida en nuestros sueños más sublimes y en las pesadillas más perversas, y es por eso que la extraño cuando no la puedo ver, es por eso que la adoro cuando me baña en la pureza blanca de su ser.
Tardíamente, en el jardín sombrío, tardíamente entró una mariposa, transfigurando en alba milagrosa el deprimente anochecer de estío. Y, sedienta de miel y de rocío, tardíamente en el rosal se posa, pues ya se deshojó la última rosa con la primera ráfaga de frío.
Y yo, que voy andando hacia el poniente, siento llegar maravillosamente, como esa mariposa, una ilusión;
pero en mi otoño de melancolía, mariposa de amor, al fin del día, qué tarde llegas a mi corazón...
Porque tanto silencio ya no hay de qué hablar miran los ojos, lo que la voz calla y con determinación pendenciera ¡clama! el amor fue a otro lado. Se aleja el sentimiento en épocas de fiesta no hay alegría torbellinos de tristezas, nos van arrasar. Trato de decir algo pero mi voz se ahoga ella finge ocupada y no dice nada. En un mundo encerrado donde hasta la respiración es compartida el aire falta y la memoria queda hecha rencor. Como pudo suceder esto si yo te quería y me querías quedar en un mundo donde el amor, ya se fue de los dos.
Teníamos ya la cortina de lluvia tendida, Cuando, como un enorme faro nuestro firmamento cubriste mullida, fondo lunar… con arpegio de pequeñas gotas qué espectacular ambiente para dos, dos que se aman, dos que se urgen…
No podía imaginar un paraguas inmenso para protegerte, así que, abrimos ventanas para recibir tu luz y brindarte nuestro calor, que aunque en hilillos evaporados, te contagien de calidez, de ambiciosa caricia, de manos ávidas y muy lentas…
La fuente y las películas de agua en el piso, multiplican tu presencia y el encanto, ¡qué ambiente más acogedor y sugerente!, para acurrucarnos sin más cobijo, que el radiante halo irisante que brota como cascada de tu luz y del velo inmenso de gotas de lluvia…
No te vayas aun cómplice querida… la lluvia no va a cesar y nuestra pasión tampoco, más... creo que tu magia fue generosa, otros palmos del mundo te esperan y… seguramente otras amantes parejas, lleva contigo, este manto de gotas y hazles también soñar… con una noche de luna mojada…
La luna fue testigo de su amorío, tras noches de pasión, enredados entre sábanas de verde pasto, que cubrían su silueta tan perfectamente dibujada. La luna su único confidente, en aquellas noches de locos arrebatos, donde sólo él y ella existían. Fue la luna bañada de plata, que guió sus pasos por sendas del amor, ofreciéndoles su perfecto resplandor, ideal para arrullarse mientras llegaba la aurora, con el canto del nuevo día, que ponía fin a una noche inolvidable, donde la pasión había sido el plato principal.
El mar que de niña mojaba mis pies me estremecía, me hacía feliz; chapoteando en él me metía.
En el retorno a casa me sentía, cual si perdiera a mi mejor amigo, y al volver mi rostro hacía la orilla, mis labios con sabor a sal decía: - Volveré mañana mar querido, ¡Por favor, no faltes a la cita! Siempre fue fiel mi mar.
Pero, fui yo, que al marchar lejos un día,
a una tierra donde el sol no brilla, traicioné la amistad que nos unía; en su lugar hay lagos donde mis pies se hunden en la orilla, con una sensación desagradable, sus aguas son negras y profundas.
Respiro el aire, deseando encontrar su olor perdido. Mi alma se estremece al recordarte, pero… ¡Fui yo, quien faltó a la cita!, quisiera ser como mi nombre indica, y verme reflejada en tus aguas mi mar querido.
Hoy día, en un mundo carente de amor y de respeto al prójimo. Se ven a las personas ancianas como un estorbo, una carga difícil de llevar.
A estos ancianos los abandonan en gasolinera, cuando llega el tiempo de las vacaciones u hospitales, alegando enfermedades que en la mayoría de las veces sólo es consecuencia de la propia vejez y carencia de amor. En lo mejor de los casos los dejan en residencia para la tercera edad; suena mucho mejor para algunas conciencias. Todos debemos pensar, que si no morimos de joven, tarde o temprano nos hacemos viejos. Mi madre me contó cuando niña un relato, que me hizo impacto en aquel momento, y siempre sigue emocionándome cuando se lo cuento a mis hijos. Andaban por el camino polvoriento, padre e hijo, hacia un calor sofocante. El padre arrastraba los pies, le costaba trabajo andar. De vez en cuando miraba a su hijo con ojos tristes pero, el joven no se percataba de la tristeza que embargaba a su padre. El anciano miraba sus manos ya no eran fuertes y firmes ahora estaban deformadas, y apenas tenía fuerzas en ellas. ¡Cuántas veces había levantado del suelo a su hijo! Cortando durante semanas los troncos que los calentarían en el largo y frío invierno. Todas las mañanas madrugaba, para llevar las hortalizas al mercado del pueblo; sus manos entonces fuertes guiaban diestramente las riendas de los caballos. Respirando profundamente, dijo con voz queda, ¿cómo podía una persona cambiar tanto con el paso de los años? Nunca obtuvo respuesta a su pregunta. Sentía sus piernas pesadas pero no obstante, siguió caminando hasta que sus piernas empezaron a temblarles. Le pide a su hijo que por favor hagan un alto en el camino, pues se siente agotado, así que se sienta en una piedra, que hay en un lado del camino; saca un pañuelo, se limpia el sudor que baña su arrugada frente, y mirando al suelo comienza a llorar amargamente. Su hijo, sorprendido le pregunta: -¿padre por qué lloras? El padre con la voz entrecortada por los sollozos, responde. -Hijo mío, hace muchos años atrás mi padre se sentó en esta misma piedra, cuando yo lo llevaba al asilo donde tú, hoy me llevas. Él hijo con la voz temblorosa le dice abrazándolo... - ¡vamos padre, levántese! Regresemos a casa. El padre sorprendido pregunta, -¿no vamos al... asilo? No padre, no quiero que el día de mañana mi hijo, llegara hacerme algo tan terrible, como yo pensaba hacer.
Cuando te haces viejo. El tiempo, como el agua, que río abajo va ¡Nunca volverá a su origen materno! El ayer recuerdo, siempre joven y bello. ¿Por qué no duró? ¡Sólo fue un momento! ¿Por qué nos parece el pasado mejor, el presente aburrido, y futuro tan incierto? Todo quedó atrás, se lo llevó el viento. ¿Qué pasa en mi piel? ¿Qué siente mis huesos? ¡Qué largo es el tiempo, cuando te haces viejo!
Ahora que tienes en tus manos la nobleza del viento y la aguja del sol, zurce con tus versos la historia final de tus días.
Que nada te quede a la deriva, aúna risa, mar y aroma, pues todo cabe en el poema que te habita. Reúne las cosas y dale música a tus días con tus versos florecidos.
Acábese o no el mundo, la fuerza que mana, la fuerza que genera y da vida, hacen de ti un ave encantada, un ave de emocionados ritmos.
Toma el vuelo que yace a tu lado cuando ríes y no mires atrás al emprender el viaje hacia tu centro, que tu poema te llena de astros.
Mi amor por ti, es infinito. Infinito, como el Universo. Universo, de todas mis caricias. Caricias, que poco tienen respuestas. Respuestas cortas, a un "te quiero", pero.. Te quiero decir, que te adoro. Te adoro, con toda mi alma. Mi alma, que por ti está sufriendo. Sufriendo, porque te ama. Te ama, y es difícil tenerte. Tenerte entre mis brazos y besarte. Besarte, dulcemente y con el corazón. Corazón, que ya es tuyo. Tuyo....como todo mi amor!!!
Claudia Alhelí Castillo (Escrito el 03-09-09) 20-02-12