Cuentos :  CASI GARDEL
CASI GARDEL

Supongo que todos tenemos un modelo, un referente, un ídolo. muchos a través de su fama o logros en alguna actividad, deportiva, artística, política o delictiva. Algunos lo son de muchos, otros de algunos pocos, pero todos tienen algo en común, la admiración que despiertan en un semejante. En la actualidad la mayoría son productos mediáticos, estos suelen tener tantos que los admiran, como que los odian, "lo que para uno es bandera para otro es trapo", decía el Gringo. Así lo conocíamos, como "el Gringo". No es que no supiéramos su nombre de pila, se llamaba Simón Ottazzi, pero llamarlo por su sobrenombre nos daba el prestigio de pertenecer a sus íntimos. Porque el Gringo era nuestro ídolo y había nacido y crecido en nuestro mismo y pequeño pueblo, unos ocho años antes que yo, pero sus méritos y su fama, habían comenzado en mi adolescencia. Era un ídolo local y de unos treinta kilómetros a la redonda, traduciendo a habitantes, diría de alrededor de cinco mil personas. Solo para cuatrocientos era el Gringo, para el resto era el Gringo de Blaquier. Y está pertenencia nos daba un orgullo y un prestigio que nos impulsaba a ser como él. Nos pelábamos a cero, imitábamos su forma de caminar, hablar, sonreír y todas las virtudes que enriquecían su personalidad.
En el fútbol, no digo que fuera Messi ni Maradona, en tenis, no era Del Potro, Nabaldían, ni Vilas, ni Loche, ni Ginnobili. Pero era todos ellos juntos , porque a lo que jugara, al billar, paleta o a la bolita era el mejor.no tenia maestro, ni entrenador, ni una mierda, aprendió solo. Hacía magia con todo lo que fuera redondo, a veces pienso que de haber sido astronauta, hubiera hecho jueguitos con la luna Por eso lo admiraban los de afuera, pero no era solo eso. Recuerdo que salíamos de serenata y el que cantaba era él, para nosotros era Gardel. Nunca nos acompañaba toda la noche, siempre se perdía en alguna ventana. Un depredador el Gringo, no les hacía el novio, ni el verso, solo y furtivo como un gato, saltaba tapiales y alambrados pero nadie sabía donde entraba. Aveces, en noches de verano, nos juntábamos a charlar en la plaza, y él nos hablaba de la vida, de los códigos de hombres y los amigos, entonces era el maestro,pero nunca sentencioso ni soberbio. De igual a igual, sin alardes, no chapeaba. Humilde, hasta en sus sueños.Tenía su filosofía, hay que ser, no querer ser, nos decía...Disfrutar del desafío, no del resultado, ni del triunfo. Porque el Gringo no tenía ambiciones, jugaba con la vida. El pudo ser Gardel pero no quiso. Un señor el Gringo...Su nombre y su historia son leyenda. Su gloria, el amor de su pueblo. Yo soy uno de ellos.
Poeta

Cuentos :  ¿Porqué nada es mejor?... (Anticuento)
¿Porqué nada es mejor?

Llueve su angustiante soledad la noche, cuando las aves no cuentan las nubes, y se van apagando.
Las flores en sus aguas al finísimo azul después
de morirse el sentido en la distancia... Nadie
tenía en el lugar la túnica del color del enebro.
Era marzo de un tirón, por más que la causa de
su oficio no dejaba lugar a dudas al año. Con el
moño el invierno puntual se tiende sin ser verde
ni admitir réplica, sin darse apenas cuenta de lo
qué hacía al miedo al verlo matar su hielo en él,
¡Sí!...En el corazón de una gota. Seca una antorcha encendió el ruido en mil pedazos incluidas las huellas con sus tintes lozanos no sin gran pesar. El vacío en su vasto territorio señalaba el camino de regreso...

Se veía el silencio moverse un paso afuera de los
hogares qué se alejaron más allá de las estrellas.
Tan cierto, cómo aquél que en el rostro dibuja la
cobardía midiéndole los pasos al olvido... Carente
de palabras en una extraña expectación.... Pusilánime y arriscada, en el vestíbulo vespral, en el ápice sinuosa con la vicisitud jaspeada, y el incienso de la genuflexión agreste, desgarbada, por la prosapia del varapalo.

¿Recuerdas el tiempo aquéllo?... Cuando nada de esto sucedía en el largo coloquio marmóreo que se reconoce de repente ahora... Y no me remonto soñando a otro... Hemisferio, como el cándido cordero en la pereza, ni a los mástiles de los rosales desnudos en el tedio de una
fofa neblina... Tú me dices que sí, y qué si sabes de la penosa y constante travesía que guarda en sus párpados sedeños la boca ingenua...
Pues verás...

El desierto acusaba a esa lluvia de ladrona dónde la humedad ahogaba las casas con las lágrimas asustadas por la elegancia de las urnas, y los minutos ocupados en el silencio menos distante, en el más llamativo, en ese que vomita su publicidad, llueve y llueve suave, sin saberse bien...

La había estado observando, veía gota a gota como trepaba entre las nubes. Reconocía la humedad sin pretextos, y guardó sus cacerolas, ollas, cubiertos todos en sus arenas llevándose los puños paños de tormentas agotadas bajo un sol de madera con la certeza del florero de cristal cortado entre las manos del me excuso ante la multitud, y hago desaparecer al primero que proteste de inmediato cumplir con el encargo de la suciedad y la incuria, como si no estuviera realmente al tanto de los propios asuntos celestes... Y del azul contravenir
al marrón indecoroso, con el atributo de viandante embaldosado, y desde el introito menospreciado preponderante...
¡Vaya umbrío caligine azaroso, el verdete vernáculo ribetea al tergiversar mismo!.
Por allá dónde la dulce lumbre, no es precisamente, dulcedumbre, ni en la cumbre se vierten los abrojos, y menos por la mañana, el lóbrego horizonte, con el ademán del puñal en la mirada, y el rojizo brocado de la esperanza mancillado...
¿Porqué nada es mejor?... Me dices, cuando, cuándo... La lluvia bebe bajo la tierra cataratas que muerden los sueños hechos polvo.... Y... Porqué llueve su soledad la noche en cada calle
.


Autor: Joel Fortunato Reyes Përez
Poeta

Cuentos :  FRASES HECHAS
FRASES HECHAS



" Vos me vas a sacar canas verdes", me decía mi vieja y yo me llenaba de culpa. Desde mi fantasía infantil la veía con un almacigo de perejil en la cabeza. No tengo dudas que mi madre me amaba profundamente, pero era tan profundo su amor y lo dramatizaba de tal forma que yo prefería que no me quisiera tanto. Se había nutrido de un montón de frases hechas y refranes, que hoy, desde el recuerdo, llego a la conclusión, sin sicoanalista mediante, que los había memorizado con el solo fin de sicópatearme. Y lo logró. " No existe la culpa, lo que existe es el temor al castigo ",y mi vieja me castigaba así, nunca un reto, un grito, un chirlo. Ella era incapaz de un maltrato; desde su dulzura deprimente, me decía: " ya me vas a llorar cuando me muera, " un día de estos me voy a tirar debajo del tren", esto último era muy cómico porque lo repetía cuando ya hacía varios años que no pasaban trenes por mi pueblo, pero yo cada vez que cruzaba las vías, miraba si no venía alguno. Me cantaba Pobre mi madre querida y me recitaba un poema que contaba la historia de un hijo al cual una mujer le pide el corazón de la madre como prueba de amor, este mata a su madre, le arranca el corazón y sale corriendo a llevárselo a su amada. En la carrera, tropieza, cae y el corazón de la madre le dice: .- ¿Te haz hecho daño hijo mío ?...

El temor de que alguien pudiera hacerme cometer un matricidio, me obsesionaba de tal manera que evitaba toda relación que pudiera llevar a enamorarme, en cuanto notaba que alguna me gustaba demasiado, " hacía de tripas corazón" y "me tomaba el buque", hasta que alguien a quien confié mis penas me "batió la justa", "tenés que cortar el cordón umbilical". Entoncea me casé sin estar enamorado, "todo iba viento en popa" hasta que me enamoré y "a otra cosa mariposa", me separé. Cuando mi madre se enteró, me dijo:.- Cómo me hacés eso ?...Fue su último reproche. "Madre hay una sola y aunque un día lo olvidé, me enseñó al final la vida, que a ese amor hay que volver"...



Neco perata
Poeta

Cuentos :  El colofón equitativo
El colofón equitativo

Fue cuando el tiempo colgó sus relojes en la nada, sin fe, en el collar del espacio dejando saltar sus gestos grises, desvalidos, extendiendo el significado de las palabras estrechas, en torno a la negra figura en medio de la pálida faz dispuesta a salir sin destino, entre las grandes franjas
de niebla que una tarde reunió con mucho valor.

Resultando difícil despertarse de esa manera más de una vez, en toda la angustia que emigra de la realidad invisible, tratando de ocultarse a medida que la noche caía, llenando con ligeras eternidades su mirada fría, en la imagen de la propia muerte,
entre las flores de fósforo y ceniza, donde todo puede fácil recordarse con el suspiro de los caprichos prolongados, en una gota de relámpago, soberbio que dicta a la muerte sus dogmas, con las palabras encendidas mucho más que en la vida irreductible, en el deseo de un buen viaje.
Y sin embargo, de repente se sabe que nunca volverá sin transición alguna, en la punta de los abetos que quema el viento en el extremo de un instante.

Un poco más tarde, atravesó de nuevo el cementerio y llegó al lugar donde la había esperado... Entonces nos paramos juntos, al fin, con la meta ante nuestros ojos empapados de sudor, terminando de desprenderse dónde hubo una vez unos muertos, que caminaban juntos, en cualquier parte del
aire. Si bien brotaron tiernos laureles, su voz al mar llamaba bajo un mundo que agoniza, y se resigna a ver pasar la vida malgastando los años de grandeza, con sus salpicaduras tristes en el lóbrego montón que trepan los nublados, que
bogan en tropel que se afana contra un arroyo plantando las langostas con sus ojos espantados en la fatal jornada.

Equitativo, estaba descansando tanto como se lo habían propuesto al rededor de una suave pendiente, los valles ondulantes cubriendo con sus huellas frescas las manchas prisioneras entre los barrotes de luz que pasaban presurosos por nuestro lado, haciendo innecesaria la sombra compañera
del olvido que no reaccionaba en la uniformidad gris, de un ángulo cerrado de tonalidades centelleantes, que nunca imaginé nos cambiaría en los pasillos del futuro.

¡Sí!.
Si ése futuro atroz e inaplazable cuando se platica, y como si fuera llorando, la obscuridad en el suculento banquete, de unas páginas no escritas, en arrullos de oro de cuna humilde, con el emblema
de la esperanza, que las virtudes coronaron por la sed de amor divino, postrado a los pies de finales sin entrega, y de principios que prosperan en la libertad de una gota en el océano.

Así sucedió, y por tanto así se dijo: Fue superando bien el rechazo viéndole la cara todos los días, sin saber que hacer, para que por fin
se aclararan las cosas, en el fuego no encendido dos veces, con los labios agitados, y trémulos los golpes extraviados del remolino que desde hacia horas apretaba en la mano, y que como siempre
murmura en la próxima parada.

En el rincón tibio, en la primera calavera enemiga de la luna, cultivó los siglos de esmeraldas, escarlatas, y de tiempo en tiempo consideraba
el paisaje de pirámide de lágrimas dónde se acomodan los ayeres, sobre las mañanas derrotando a lo largo de los años, el desgraciado matrimonio del alma y la materia en el justo final del tiempo.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Cuentos :  Rosada Nubilidad
ROSADA NUBILIDAD

Entre todas las nubes que pasaron aquel año solo
una se quedó bajo el lago más allá de la montaña,
que la advirtió súbitamente anómala, como si fuese
una especie de bruja culpable de mojar un pañuelo,
con la mirada acostumbrada a oírle en el cielo gris,
distinto que invadía todos los rincones imaginados
en este cuento, invitando a entrar, y quedarse
parado, fingiendo mentir para hacer una historia
más interesante.
Así ha quedado. Paralítica entre la lluvia pareciéndole falsa cualquier húmeda sequía.

Esta nube rejuvenece
por la noches alimentada por los sueños que velaban
los insomnios indiferentes a la gran actividad de las torpes camas ocultas en el infierno de los días hechos ametralladoras de preocupaciones obligadas a ser espectadoras.
Un día... Situada en la profundidad menos superficial de sus desnudas gotas, notó sobresaltada que le faltaban sus lamentos al caer el último pétalo sobre el lago, flotando dulcemente con mucho sentimiento, y que ella, nube sin frío, apreciaba al viento más.

Ligero y ondulante, cambiante, anunciando sus
íntimos mensajes, cuando alguna flor de la tarde se
ocultaba tiernamente con su hermosura tentadora.
Esto la mantenía alerta las primeras diez horas
de la mañana, que pasan suavemente doblando
los pastizales en las cuerdas doradas del sol
que florece con su olor a trópico glorioso. Y...

Sin poder deshacerse todavía de su sombra impecable, al ocultar un tierno rayo de sol temeroso de la tarde
armada de un asombro piadoso por la noche fría,
que jamás le había regresado ninguna pesadilla como un grifo mal cerrado, vestido de aluminio ruinoso en su plástico, acostumbrado a ser comprado muy barato por los incautos de los últimos meses familiarizados con su presencia bajo el lago más allá de la montaña, sin ser la misma bruja inocente de un costado de la escoba.

Si bien, no es un símbolo, parece que el
tiempo pasa lentamente para ella. Durante los ocios
de algunos turistas que escuchan su leyenda, es
dibujada custodiando al sueño inalcanzable con el
mismo valor de una benéfica inundación tejida con
veranos, en la galería de los míseros desiertos
acribillados por la presión pegajosa del petróleo hecho agruras mutiladas, animando a las respuestas con enredaderas de alambres para cada uno de los poros, que se despertaran en alguna orilla de la cama transformada en acolchonados alfileres espantados por el encierro de las paredes parecidas a la montaña ya referida, y que se adelgazaba a contraluz entre los trinos de maravillosas tentaciones como una flama, luego como una llamarada, emergiendo de divina carne
en la pulpa henchida de la plata enramada en las estrellas.

Si tú no puedes ni dibujarla, ni imaginarla, por tener agujeros en las esquinas, la espalda en los pies, y la cabeza metida entre la luna reflejada en el lago; No hay problema, todo es cuestión de ver detrás de la transparencia del pupitre retratado en el techo de una casa móvil al mezclarse con buenas intenciones al portar el pincel. ¡Sí, el pincel!.

Hecho con la fantasía más creadora que las cortinas del cualquier teatro de la vida copiando cien veces: ¨Soy la nube qué nadie
ha pintado tan bien como hasta ahora, en este preciso temblor de voz imaginada en la esencia del silencio¨.

En este mismísimo instante, por los ojos que leen
con atención profunda, y de la manera más amable
este cuento que se ha contado, y qué tal vez no termine dentro del crepúsculo soñoliento, al seguir las palabras con empeño al entrar cazando a los minutos blandos.

Aunque un poco menos rosa que la flor,
sigo siendo la nube más allá de la montaña,
que aquel año se quedó bajo el lago.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Cuentos :  En la Hipnoblepsia
En la hipnoblepsia

La noche llegaba suavemente todos los días, acariciando el sillón y el cristal pintado en la ventana, en la paciencia de una flor congelada bajo la puerta; afuera, el viento agitaba el polvo arenoso y hacía ruidos con las ramas,
y alambres por los techos esa primavera de vivo verde.

Él bebía su libertad tras una mirada trágica y serena, que parece movida por hilos que alguna divinidad invisible, y tal vez insensible, se entretiene en situar en la más incom-
prensible realidad con su acerbo amargor, y melodía baladí. El visitante hace un gesto con el brazo extendido, y la mano péndula, reteniendo la impaciencia de colores, y sonidos del
dueño del sueño, de cama y cobija en tanto dice: El final es lento y progresivamente sorprendente, y las imágenes tenues de nítidos recuerdos, emotivos ciertamente, difíciles de entender en el polvo infalible acumulado por los años, donde se desgranan los crepúsculos bajo la frente espaciosa, entre los labios rígidos de las palabras yertas.

Se había cansado, y lo había abandonado, eso era todo.
Aparentemente alrededor de cuarenta años, a lo largo de arbustos sintéticos, y en el sigilo del astrobus molecular helicoidal, de alta velocidad, cercana a los diez años luz por hora terrestre.

Deseando a veces jardines cubiertos de plateadas fantasías de rosales dorados entre las brumas brillantes, y vivir en el agua de los proyectos logrados, fabricando acrílicas burbujas de armonía.

Y pensaba en aquéllos años, que no son dueños de sus cuerpos ni siquiera un porcentaje razonable de su mente, mientras que de amplias libertades
gozo yo, en el silencio profundo se escuchaba. ¡Sí, claro, y frecuente!.
Al dejar atrás las obstrucciones de la razón lógica y donde la meta verdadera es carecer de ella.

Dejar libre la mente creativa en manos de la fantasía, y confiar en que seguirá su propia naturaleza en la vertiente expresiva.
Como la cigüeña que toma un campanario, llevando un cirio en el pico, con el mar en sus alas, y las nieves cálidas en las alturas, escribiendo sobre los cielos con las estrellas submarinas.

Así continuaba el monólogo deslizándose por los breves espacios neosinápticos,
y se codificaba sin rozarse cualitativamente con el juicio autocrítico, y de no
intervenir los procesos en la cercanía, donde sus rasgos propiciarían una asociación distorsionada, o un comentario artificial aleatorio.

En el espejo, él observó su asombro. A veces herramienta indispensable
para reducir el estrés mediante una respuesta emocional como la risa de
expectativas, relaciones y todo aquéllo que puede hacernos sentir en parte satisfechos y comprometidos. Tal vez con la capacidad de motivarse y guiarse uno mismo. En los ambientes donde la violencia asusta y la tecnología aísla.

En éste episodio toda la realidad estaba a la defensiva, inclinó un poco la imaginación bajo un rostro ligeramente arrugado, y vistió su lenguaje para disipar ese temor con palabras.

Así, con el aliento suspendido, y con un prolongado latido intrigante, encontró el cadáver de su propio ser en la octava dimensión, en la mente
sintetizadora que permite elegir piezas desconectadas de información, darle sentido a las nuevas capacidades, como en los cerebros cuánticos en la indeterminación de los fenómenos de propagación de la luz espiritual de la historia digerida, tan demasiado bien que al alma pule.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Cuentos :  En un simulacro quimérico
EN UN SIMULACRO QUIMÉRICO

Nadie lo esperaba. Desde la escotilla impermeable lo vi subir por el agreste camino del anómalo montículo, por el astro, en tanto en su órbita corría la vivísima luz entre un torrente,
y él dobló sus rodillas en la región interestelar extraña.
Donde la selección natural ha conspirado contra un vínculo instantáneo entre el bioplasma cibernético y los ácidos nucléicos modificados. Como las enredaderas trepan la melancolía metálicas.

A medida que las naves eran sacadas del agua, al pie de las montañas
helicoidales del neoformado Saturno que ya veían el sol, se iba atenuando
la mala impresión en la quinta pantalla plegable, sin duda debida al campo
holográfico interferido. Como la frescura penetrante de un vaho fosforescente.
Cuando llegó a su refugio lo único que traía, además de la ropa del plástico
magnético de tercera generación que tenía puesta y algunos microchips
encapsulados, era un pequeño cofre de antimateria color violeta, de valor
incalculable, pues era lo único que conservaba de una edad más dichosa...
A través de la transparente secuencia de los siglos se creaban ciudades,
rumores, civilizaciones, historias y seguramente burbujas de tiempo escogido.

Nadie tenía claro que, al filo del milenio los antropomorfos heterogéneos
difícilmente salían sin defectos de la hibernación haciendo todo tipo de rarezas.
Alejándose un tanto del entorno ancestral.
Él entonces solo tenía veintiseis años reprogramables en espiral, y ahora contaba
treinta y dos, cuando ya podía darse cuenta que estaba atrapado en una fisura
del espacio-tiempo... Como una pequeña y fugitiva pincelada consoladora a medias.
Ninguno, cuando llegó, lo miró como un objeto extraño, y nada se había movido,
ni los planetoides habían crecido porque el clima primordial subsistía en el Caos
parcial, dando a luz creaciones y destrucciones microscópicas. Como una inocente
gracia que se agita... Y donde el tronco creativo anega su primera aurora.
Le costó mucho decidirse, pero por fin dejó de interrogarse a solas.
Mientras esto sucedía recordaba las cataratas de la tierra abandonada, y miraba
las formas confusas del ambiente que le rodeaba destacándose apenas una
breve brillantez titilante, como una flama transductora electrostática.

Sus movimientos eran lentos pues los miembros se veían rígidos, y extraños,
y el cuerpo flotaba ligeramente en los lugares menos indicados e inesperados.
Nadie estaba desconcertado dejando una huella completa de la duda esparcida
en el aire, como una eclosión de vida de un instante vacilante y ciega esperanza.
Después de analizar el problema de la restauración durante años estáticos, y
verdaderamente catastróficos, como el llanto mudo que resbala sobre una faz doliente.
¡Cómo un mundo desintegrado que se esquiva a solas con sus ojos de piedra turbados!.
Nadie se desmoronaba después de seleccionar la última propuesta de su inexistencia,
que era tanto como perpetuarse en el Caos, por lo que abordaron entonces la nave
desintegradora, de pesadillas espaciales, para cambiar los planes hechos en ese
espacio-tiempo, en esa fisura, subyugando la voluntad indefensa.
__ ¡Imposible llenar una cesta de hambre y colgar el apetito de la historia en una mandarina!. __

Las marionetas en este ciberespacio neoformado no tenemos procedimientos,
ni remotamente analógicos, estamos servilmente enredados, atrapados en los más mínimos hilos de los pseudosociales vínculos patogénicos.
Tan virtual como fugaz
es el torpe sensualismo, la escoria temeraria e incendiaria en los cálidos torrentes, que tiemblan.
Bien podría tratarse de un burocrático retroceso, inalcanzable, por la presión, y el espanto.

Y nadie y ninguno se refugiaron en la nada. La nada en su esplendor creador que espera solo.



Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Cuentos :  LOCURA DE AMOR
LOCURA DE AMOR
Se desató en mi mente esa pesadilla loca de amar nuevamente, sintiéndome joven otra vez, me puse la chaqueta y salí en busca del amor y la aventura. Recuerdo que caminaba sin saber a dónde ir, cuando de pronto sentí tu aliento fresco como la menta a la altura de mi cuello, fue tan intenso el olor a ti que casi pierdo el conocimiento, tus bellos ojos color miel, risueños me miraban; atrapando en el recuerdo de tu aroma y de tus ojos, sentí una vez más tu brazo tomándome por la cintura, me detuve allí, a mitad de la calle; y te vi tan sonriente y feliz a mi lado que me olvidé del mundo, de todo cuanto me rodeaba.
A que no adivinas lo que pasó!!! Me puse a charlar contigo y me dejé llevar por ese inmenso mar lleno de emociones cuando estuvimos juntos. Sin darme cuenta yo, me había sentado en el asfalto creyendo que estaba contigo en el parque aquel al cual solíamos ir juntos. Todo era una alfombra verde llena de flores y tú, tú riendo como siempre con esa risa loca que me embriagaba de amor y de ternura… tomé tu manos y besé tu boca, como antes; como cuando juntos mirábamos el resplandor de la luna y decíamos que ella estaba condenada a alumbrar nuestro gran amor y a sentir envidia de este sentimiento tan puro que nos unía a los dos.
Escuché el ulular de sirenas y pensé que ellas provenían del mar, de la voz de aquellas encantadas criaturas que cantaban para nosotros. Tú me decías que yo era un loco y que mejor me callara para poder escuchar bien, yo no quería callarme y terco como siempre te repetía cada vez más alto que te amaba… pero tú con esos labios tan dulces sellabas mi boca entregándome tu corazón en cada beso.
Las luciérnagas se hicieron presentes, y también los grillos. Las luciérnagas eran gigantescas y alumbraban todo el jardín en el cual tú te hallabas sentada, a ratos tu risa desaparecía para luego volver a aparecer y con más fuerza, tanto que ya herían mis oídos; y esos grillos, no guardaban la armonía de otros tiempos, sus gritos eran desafinados y cada vez sonaban con más desorden, también, cada vez más intensos. Entonces a mitad de mi alegría empecé a preocuparme… fue en aquel momento que cuando quise tocar tus manos con las mías, las sentí frías, ásperas… ¿qué había pasado con la suavidad de tus manos? Si hacía apenas unos minutos… y quise besarte, y me fui de bruces sobre el pavimento…
-¿Se encuentra bien señor? (alguien me tenía cogido del brazo y me levantaba). Yo estaba como en trance y con la mirada perdida te busqué por todos lados, inclusive, hasta pregunté por ti.
Fue entonces cuando me di cuenta que a mi alrededor había gente murmurando, una ambulancia estacionada y los faros de los carros alumbrándome.
-¡Si estoy bien, no se preocupe. Gracias! Solté mi brazo y me fui a sentar a una banca del parque, saqué mi licorera de bolsillo, un paquete de cigarrillos y me senté a recordar, sorbo a sorbo y haciendo rosquillas de humo, esa locura de amor.

Delalma
24/06/2013 09:38 p.m.
Poeta

Cuentos :  CRIMEN Y CASTIGO EN EL ARRABAL
CRIMEN Y CASTIGO



Hace un par de meses, podría decir que a comienzos del otoño, comencé a participar de las tertulias, por llamar de alguna forma, a las reuniones de borrachos, mal entretenidos y habitués de "El Piringundín", un bar a un par de cuadras de mi casa. Había pasado ciento de veces por esa esquina y nunca lo había registrado. Tal vez el olor a café que me golpeó como un antojo, me invitó a entrar, sumado a la calidez del lugar, de esos que quedan pocos, con sillas y mesas de madera y un mostrador de estaño, separando a una estantería colmada de botellas y telas de araña, quizás porque sus clientes me resultaron familiares, no por conocidos, sino porque me sentí del mismo palo y a gusto, el hecho es que, desde entonces, cada vez con más frecuencia, esta visita se volvió imperativa. La diferencia con aquellos cafés de mi juventud es que ya no participan jóvenes, sino jovatos, y que el disparador de los temas de conversación, es un televisor de treinta pulgadas bajo el control del patrón del boliche. Por lo demás los personajes son los mismos. Aveces, solo aveces, la charla se anarquiza cuando entra a tallar la nostalgia; ahí se pudre todo, en futboll, política y tango, en lo único que coincidimos es que todo tiempo pasado fue mejor.
Pero en realidad, todo este prologo, no tiene otra razón ´que contar el tema que surgió ayer, a partir de la cobertura periódistica televísiva del crimen de Angeles. Todos coincidímos en no recordar ningún hecho que haya tenido la permanencia mediatica de este, es como si en nuestro país y en el mundo no hubiera sucedido nada digno de de difusión a una semana de producido. De pronto todos tenemos hipótesis y certezas, culpables e inocentes, móviles y hechos, sin ninguna prueba ni conocimiento del caso, más allá de la existencia del cádaver de la joven asesinada.
.- Para mí, la mató la familia, vieron la cara de padrastro y la madre ?...-El portero no tiene nada que ver, al tipo lo apretaron y como es un pobre tipo, se asustó y se declaró culpable...- No, no se declaró culpable, responsable dijo... - A la piba la mató un sicópata, la quiso violar y como no se le paró se puso loco...-Puede ser, pero para mi el portero es cómplice, porque eso no lo hizo un solo tipo...Yo creo que lo primero que hay que tener el perfil del asesino y después compararlo con la personalidad de los sopechosos...Estas opiniones y todas las que vos tenés y escuchaste durante estos días se tiraron a la marchanta, hasta que desde una mesa, una voz cascada y grave dijo.
Yo de esto no entiendo nada, pero les voy a contar una historia de un crimen que se cometió hace muchos años cerca de Puente Alsina... Era la voz de Don Anselmo, un viejo, hombre de pocas palabras, pero sentencioso, quien continuó diciendo. - Fue por lo años veinte, cuando el honor de los hombres se defendía con el cuchillo, las historias se volcaban en los tangos y se volvían leyendas, por esos años había dos mozos que tenían fama bien ganada de valientes. De pinta maleva y andar compadrón. Eran de la estirpe del tigre Millán, derechos sin dobleces, fieles a los códigos del viejo arrabal...Siempre juntos como hermanos, donde había una injusticia, ahì estaban los dos pa´remediarla, cuchillo en mano, espalda contra espalda, enfrentando a un malón a poncho y fierro.
Juancho y el Moncho, los mentaos, tenían sus altares en Alsina...Y asegún cuentan, un día, el Moncho aparece muerto, sobre un gran charco de sangre en el piso de su rancho, por una herida mortal que le dieron en la espalda. El barrio conmocionado no tenía la respuesta, y ante el asombro de todos, el Juancho que se presenta, tira la daga en la mesa y dice al juez de sentencias.- Vengo a pagar una muerte, diga nomás cuanto cuesta... Fue declarado culpable, sin enjuiciarlo siquiera; le dieron cuarenta años y dos meses, de condena.
Nadie lo creyó culpable, conocían de sobra la amistad que lo unía, de las veces que se habían jugado la vida el uno por el otro. Y matarlo por la espalda...ni siquiera a un enemigo... Pero era común en esos tiempos, de coraje y lealtad, en que la vida valía menos que la palabra, que un hombre se hiciera cargo. Así se decía," hacerse cargo", de una ofensa, de una deuda o de una muerte. Por eso nadie preguntaba nada, si el hombre lo decía, sus motivos tendría...Y cuando fue a la cárcel, no lloraron, se sacaron el sombrero reverentes y pidieron por él, pero en un rezo.
El tiempo fue pasando como el tiempo, hasta que un día, alguien trajo la noticia de su muerte, los hombres se pusieron el pañuelo negro y todo el arrabal guardó silencio. Fue entonces que les hice aquellos versos que quedaron plasmados en un tango. Muchos años después, ya ni recuerdo, recibí unos pasajes y una carta. Era de Borges, decía estar a un paso de la muerte y me pedía que fuera a visitarlo; que quería contarme algunas cosas para irse en paz, no mucho más que eso y no viene al caso, El hecho es que partí para Bruselas. Cuando llegué estaba agonizando, me acerqué a su lecho y el me dijo.- Gracias amigo, me queda poco tiempo, le voy a contar mi ultimo cuento. La historia comienza cuando escuché sus versos, que humildemente, creo que son muy malos. El caso es que ellos me impulsaron a ir al escenario de los hechos y después de un tiempo de hablar con los testigos, estando una noche en La Blanqueda, saboreando un guindado uruguayo, una vieja pordiosera se me acerca y me pide que le invite con un trago. Comenzamos a hablar y yo le cuento, el motivo que me trajo hacia esos pagos. Cuando nombro a los hombres por su nombre, una cruel carcajada sale de su boca y luego las palabras...Que maldigo haber escuchado.
.- El Juancho y El Moncho... yo le voy a decir la verdad sobre esos "guapos". Yo fui la única mujer que tuvo el Moncho, nadie supo jamás de mi existencia. Una noche me mandé pa´su rancho sin avisarle y lo encuentro culiando, el Juancho boca abajo y el Moncho arriba. Ninguno de los dos notaron mi presencia, sobre la mesa estaban sus cuchillos, fue uno de ellos que empuñó mi mano, y que la furia le enterró sin asco...Brotó la sangre, le saqué la daga y me fui para siempre de aquel barrio.
.- No se bien como fue, se agudizó mi vista, sobre el opaco mostrador de estaño brillaba el frìo convite del acero, que en un segundo de odio y de venganza, envainó su destino en ese cuerpo. Cayó la vieja, resbaló el silencio, pagué las copas y salí a la noche. Un aullido de perros acompañó mis pasos que tomaron el camino del regreso..." La vida de un hombre, debe valer menos que su vergüenza".
Cerrè sus ojos y me marchè en silencio.
Poeta

Cuentos :  CRIMEN Y CASTIGO (Primera parte)
CRIMEN Y CASTIGO ( primera parte)



Hace un par de meses, podría decir que a comienzos del otoño, comencé a participar de las tertulias, por llamar de alguna forma, a las reuniones de borrachos, mal entretenidos y habitué de "El Piringundín", un bar a un par de cuadras de mi casa. Había pasado ciento de veces por esa esquina y nunca lo había registrado. Tal vez el olor a café que me golpeó como un antojo me invitó a entrar, sumado a la calidez del lugar, de esos que quedan pocos, con sillas y mesas de madera y un mostrador de estaño, separando a una estantería colmada de botellas y telas de araña, quizás porque sus clientes me resultaron familiares, no por conocerlos sino porque me sentí del mismo palo y a gusto, el hecho es que, como te cuento, desde entonces, cada vez con más frecuencia, esta visita se volvió imperativa. La diferencia con aquellos cafés de mi juventud es que ya no participan jóvenes, sino jovatos, y que el disparador de los temas de conversación es un televisor de treinta pulgadas bajo el control del patrón del boliche. Por lo demás los personajes son los mismos. Aveces, solo aveces, la charla se anarquiza cuando entra a tallar la nostalgia; ahí si se pudre todo, de futboll, política y tango, en lo único que estamos de acuerdo, es que todo tiempo pasado fue mejor.
Pero en realidad, todo este prologo, no tiene otra motivo, que contar sobre el tema que surgió ayer, a partir de la cobertura periódística televísiva del crimen de Angeles. Todos coincidímos en no recordar ningún hecho que haya tenido la permanencia mediática de este, es como si en nuestro país y en el mundo no hubiera sucedido nada digno de de difusión a una semana de producido. De pronto todos tenemos hipótesis y certezas, culpables e inocentes, móviles y hechos, sin ninguna prueba ni conocimiento del caso, más allá de la existencia del cadáver de la joven asesinada.
.- Para mí, la mató la familia, vieron la cara de padrastro y la madre ?...-El portero no tiene nada que ver, al tipo lo apretaron y como es un pobre tipo, se asustó y se declaró culpable.....- No, no se declaró culpable, responsable dijo... - A la piba la mató un sicópata, como la quiso violar y no se le paró se puso loco...-Puede ser, pero para mi el portero es cómplice, porque eso no lo hizo un solo tipo...Yo creo que lo primero que hay que tener el perfil del asesino y después compararlo con la personalidad de los sospechosos...Estas opiniones y todas las que vos tenés y escuchaste durante estos días se tiraron a la marchanta, hasta que desde una mesa, una voz cascada y baja dijo.
.-Yo de esto no entiendo nada, pero les voy a contar una historia de un crimen que se cometió hace muchos años cerca de Puente Alsina... Era la voz de Don Anselmo, un viejo, hombre de pocas palabras pero con fama de sabias, quien continuó diciendo. - Fue por lo años veinte, cuando el honor de los hombres se defendía con el cuchillo, las historias se volcaban en los tangos y se volvían leyendas, por esos años había dos mozos que tenían fama, bien ganada, de valientes. De pinta maleva y andar compadrón, de la noble estirpe del tigre Millán, derechos sin dobleces, fieles a los códigos del viejo arrabal...Siempre juntos como hermanos, donde había una injusticia, ahí estaban los dos para
pa´remediarla, cuchillo en mano, espalda contra espalda, se jugaban la vida en la parada.
Juancho y el Moncho, los mentaos, tenían sus altares en Alsina...Y asegún cuentan, un día, el Moncho aparece muerto, sobre un gran charco de sangre en el piso de su rancho, con una herida mortal que le dieron en la espalda. El barrio conmocionado no tenía la respuesta, y ante el asombro de todos, el Juancho que se presenta, tira la daga en la mesa y le dice al juez de turno.- Vengo a pagar una muerte, diga nomás la sentencia... Fue declarado culpable, sin enjuiciarlo siquiera; le dieron cuarenta años y dos meses, de condena.


CONTINUARÁ
Poeta