Voy a dejar volar mis pensamientos, en alas de nostalgia conjugada, tiempos de risas y alegrías donde solo existía, algarabía.
El viejo álbum de recuerdos lleno, Ha perdido en el camino, ramas y colores, Es un árbol macilento, de hojas despojado, Las aves volaron y las sierpes anidaron
Veinte años ya que tù, del nido te alejaras, Sin embargo, cada vez que te recuerdo, Lágrimas ardientes por mi rostro ruedan, En surcos que la vida, en mi rostro cinceló.
Tantos años ha, que te marchaste, Mas, en el anuario de mi desolado corazón, No ha transcurrido ni siquiera un día, Que mis ojos mustios, a diario no te vieran.
Y te he visto feliz ondina, entre las aguas, Mostrando voluptuosa, las formas de tu cuerpo, Braceando presta para darme de beber, tus besos, Lástima que, la felicidad no sea para siempre.
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Entre Vinos, amigos y la noche Alzando mi copa, brindo por ti Por aquellos tiempos felices, Por las inolvidables noches De amor y pasión que me entregaste.
Si el manto oscuro al cubrir el cielo A cabalidad quisiera contar, Que bajo la seda de nuestras cobijas Puntada a puntada bordamos sus estrellas, No encontraría palabras para describirla.
Aún recuerdo tus ojos entornados Blancos de placer y de lujuria; el sudor Corriendo por tus ampulosos senos, Mi pecho y tu vientre ardiente, pegados Gimoteando entre mordiscos de agonía.
En mi mente se grabaron para siempre las frescas caricias que te di, Tu cuerpo, tu piel y tus suspiros, Cuando como reina, sentada en tu cetro Me pedías: “amor, no me dejes nunca, nunca”
No sé lo que pasaba por tu mente Cuando húmedos de efluvios placenteros, Rebosantes de felicidad y alegría, Cerrados los ojos, en un beso infinito, El amor y la pasión, para siempre se juraba.
De perlas y corales, la playa de mi corazón, Se ha vuelto a cubrir, Un rumor de olas esperado, con el viento Llega y el alma se me agita…
Esperando que de ese verde mar, color De la esperanza, Aparezcas tú como un chorro de agua dulce, Para saciar mi sed de espera.
Todo puede suceder cuando la magia del amor, tiende su vara y guarda, Los secretos en la sonrisa de la luna, Trocando en alegrías las tristezas.
Tú que me has pintado azul el horizonte y Quitado las espinas del camino, Tú la vida en tus poemas me has devuelto y Ya te quiero mía, aunque nunca lo serás.
Mar y distancia de mis brazos te separan, mas Como nada hay imposible para el amor, A tu encuentro ha marchado, llevándote mi voz Mis caricias y mis versos.
Atrás quedaron las duras cadenas Que ataban la luz de mis deseos, A los recuerdos de tus besos y, Al candente manantial de tu hermosura.
El amor es el perfume que el viento lleva, Pasa vertiendo aromas en los corazones, Ávidos de las esencias y las flores, Así halló el mío, cuando me enamoré.
Errante por las líneas de tus labios Entre ficción y realidad, lloré… Atada mi alma al recuerdo de tu boca, Gracias, por hacerme tan feliz.
Por cobijarme en tu regazo, Darme el fruto maduro de tu pecho, Los azahares de tu vientre fino, El vaivén de tus caderas y, El capullo de la rosa que guardaste para mí.
A veces me pregunto Si tú sentirás la tarde tal como la siento yo Reclinando sus alas, envolviendo al viento Con ese olor a verde que desde la sabana trae.
Mas mi sino me vuelca a la mar Al espejismo azul, entre sirenas y caracolas A esas crispadas olas prestas a devorar todo Para volver olvido lo vivido.
Mi amor marinero se quedó dormido Bogando en una gabarra, acariciando la brisa Con la intemperancia del tiempo Entre el ocaso y las alas de las mariposas.
Cierra los ojos, aguza el olfato, extiende las manos y toca La textura y el olor de esta tarde Encuentra los misterios allí encerrados Tal vez, digo, tal vez… me encuentres a mí.
Sin la luz de tu presencia Las horas son más largas y la vida me es más corta No me sacian los placeres Ni me alegran los quehaceres…
En esta primavera de ramas secas y orquídeas rotas Ya nadie me pregunta por ti Sólo el viento indolente me devuelve heridas… Las hojas secas, que alguna vez fueron versos dedicados a ti.
Las lágrimas amargas que del cielo caen Duelen… Duelen como cuando se quiebra el alma… en esas noches frías Que en vez de sus rayos de plata, la luna, clava cuchillos y mata…
¡Ay hombre!... Siempre fragante de miel y de trigo, De manos abiertas y corazón valiente ¡Han muerto tus adentros y tus alegrías!... ¿Y las mariposas?... eran rosas, y pétalo a pétalo se alejaron de ti.
En esta tarde de invierno gris, si pudiera Quisiera abrigarme en la calidez de tus senos… Beber de tus labios, embriagadora bebida que tu boca me diera ¡Y luego, en tus brazos… adormecerme para siempre!
Aquel día que cruzáramos miradas El corazón se nos salió del pecho Y fue un sentimiento noble Tratando de alcanzar el cielo.
Sin siquiera haber sentido La pulcra seda de tus manos Floreció este amor desenfrenado Clavándose en mi pecho y en tus senos.
Y nos quedamos en silencio Dándole tiempo al tiempo por ver lo que pasaba Te alejaste de mis ojos, vida Y ahora que te encuentro, ya estás comprometida.
Yo guardé mi voz anochecida de espera Tú mirabas en silencio, dices, mi sonrisa en las estrellas Yo esperaba que volvieras al claror de la mañana Callada tú, enterrabas mi recuerdo y mi mirada.
Amor, no sé qué bicho, en la cabeza te picó Porque eso de andar preguntando Que si te quiero o te he dejado de querer Es insanía que alguien siniestro sembró En el más limpio de los corazones Que para mí suerte, me ama a muerte.
Y como no habría de quererte mujer si tú eres la luz que inunda mis días la fuente que calma mi sed la estrella que Dios me dio y no preguntes cuanto ni como te amo, con que lo sepas... te basta.
Llénate de alegría y esboza tu mejor sonrisa que tu cara refleje mi amor... mata la envidia con tu mirada y entiérrala lejos de tu corazón. Tú: mi cielo y mi reino Yo: tu penitente esclavo. y qué?
Al no hallarte sobre la tierra Y sabiendo que mi amor buscabas En un mundo mágico te busqué Abriendo camino entre ninfas y elfos… Cabalgando sobre un unicornio En un inmenso llano, allí te divisé…
Tus cabellos de oro echados al viento Tu mirada profunda como el cielo Tu cuerpo perfecto cual Venus del Olimpo, Llenaron el espacio de magia… De luz y color, desaparecieron mis penas Y de ti me enamoré.
Se esfumaron los cenagales Y todo fue verde como mis esperanzas. bajó el trote el mitológico unicornio Y al acercarte… ¡sólo tu sonrisa brillaba! Iluminando este mí extraño mundo Donde ahora moramos los dos.
¿Hasta dónde el querer es tormento? Porque este tormento de querer, ya me pesaba. Cuando me hablaste, oí cantar al zenzontle Sus asombrosos cantares al alba, Y a tu lado fui, un turpial enjaulado Trocando un amargo llanto, en alegre canto.
Delalma 30/12/2012 11:01:09 p.m.
tratando de salir del oscurantismo en el que una pena muy grande me había sumido. Gracias por leer.