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Ven, acércate más, bebe en mi boca esto que llamas nieve; verás que con tu aliento se desata, verás que entre tus labios se enrojecen los pétalos del ámbar....
Ven, acércate más. Muerde mi carne con tus manos morenas; verás qué dulcemente se desmaya el cactus de mi cuerpo, y surge tenue de la nieve dura la misteriosa suavidad del nácar.
No sentirás mi carne llamearse con tersas rosas cárdenas, pero sabrás que es tibia como un nido de plumas sonrosadas...
Ven, acércate más, bebe el aliento que se aleja de mí como una ráfaga; en vez de fuego sentirás el fresco despliegue de mis alas....
Deja que entre tu pelo se deshojen mis manos delicadas; sabré quererte con quietud de arrullo, sabré dormirte con calor de lágrimas.
Nadie en la vida te dará más seda que la que yo destrenzaré en tu almohada; tendrá el olor del musgo humedecido y una sutil irradiación castaña.
Ven, acércate más. Para tu cuerpo seré una azul ondulación de llama, y si tu ardor entre mi nieve prende, y si mi nieve entre tu fuego cuaja, verás mi cuerpo convertirse en cuna para que el hijo de tus sueños nazca.
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Poeta
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Cállate, nada digas. No quiero que disipes este blando misterio... Deja que en el hondor de los minutos, se asfixien las palabras y arda sólo el deseo.
Bésame así, despacio. Qué profundos tus ojos, dos silencios tocados con un velo de caricia tiñendo la blancura de mi carne con el oro rosado del incendio. ¡Qué flexible tu boca! Tiene a veces palpitación de ruego, o es tan cálida y suave, como una fruta bajo el sol madura o como el pálido rubor de un seno.
Bésame así.....despacio. Que tu lengua como una llama viva alimente mis sueños, y después en mi lánguido abandono, sea una brisa limpia brillando en los jazmines de mi lecho.
¿Y dices que es un tósigo en mis noches de soledad ansiosa tu recuerdo? Pero no, que el veneno me lo diste entre los opios tibios de tu aliento.
Así...despacio. Que mi cuerpo todo para tus labios sea tibio estremecimiento, y que tu vida baje hasta mi vida bajo la muda encarnación de un beso.
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Poeta
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Yo misma no lo sé, pero vencida, rendí a su orgullo mi virtud pagana, y fui por un momento cortesana, en el sarcasmo de mi propia vida.
Con beso ausente refresqué su herida, absorta en él me le fingí lejana, su voluntad despedacé liviana y su pasión hallome arrepentida.
Fue un instante no más. Placer no hubo. Pero su boca entre mi boca tuvo amor y angustia, languidez y olvido.
Sobre el cansancio me tendí cobarde y fui para su anhelo aquella tarde tan grande y cruel como jamás lo he sido.
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Poeta
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Sobre la tibia arena de la playa tu amante cita con placer espero; el sol retuesta mis desnudos hombros y entre mi falda juguetea el viento.
Ya con salobres aguas cristalinas el mar de añil acarició mi cuerpo; llevo en los labios un coral partido y una concha prendida en los cabellos.
Las esmeraldas de mis ojos tristes aguardan tus pupilas de bohemio, y mis manos germinan las caricias que brotan al contacto de tus dedos.
Ven, ya se abren cual rojos amarantos los capullos en flor de mis deseos, y entre mis labios trémulos se enciende la loca llamarada de mis besos.
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Poeta
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Cuando regreses no hallarás siquiera las huellas del pasado. En el parque los cisnes se murieron y las verbenas rojas se secaron.
Esos versos liliales que me oías cogiéndome las manos, cambiáronse por otros calcinantes que visten mi alma de ropaje cárdeno.
Y esas dulces promesas que en tus brazos hacíasme temblando, son una cuerda rota en mis oídos y ni un eco doliente me dejaron.
Naufragaron también en mis pupilas tus ojos de gitano, y en mi boca se helaron en silencio las huellas calcinantes de tus labios.
Cuando regreses no hallarás siquiera vestigios del pasado. En el parque los cisnes se murieron y en mi boca tus besos se borraron.
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Poeta
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Te busco aún imagen ya perdida, cegada luz, desorbitado viento, esperanza tan sólo sostenida por la ternura de mi pensamiento.
Algo tuyo quedose entre mi vida como afilada flor de sufrimiento; sangra mi llanto por tu propia herida y sube tu canción por mi lamento.
Esa es la causa de mi mal cercano, la certidumbre del inmenso hastío que dobla las espigas de tu mano.
Porque tú eres la espuma de ese río que nace en tus llanuras de verano y muere en mis crepúsculos de frío.
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Poeta
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Voy a partir de nuevo. Mi camino sin alba y sin ocaso, en esta noche es turbio interrogante sobre el vaivén azul del pensamiento, y en la pálida copa del champaña mis labios como pétalos de ópalo inician con su angustia la vieja caravana del silencio.
Mañana será el mar, la lejanía, la blanca inmensidad de los recuerdos, la arena tibia de la playa ardiente, el cielo claro, el barco solo en la pleamar de plata, y a lo lejos como una desbandada, la luna del olvido en los pañuelos.
Yo misma no sé nada. No sé qué busco, ni por qué me alejo. Sólo sé que hay más calma en el oleaje, más ternura en la brisa y más fuego en el alma ligera y veleidosa de los puertos.
Una tarde charolada de brea me besó un marinero; tenía dieciocho años, el cuerpo ágil de color de ámbar, los músculos de bronce, la boca extraña como flor de sangre. Y las pupilas límpidas eran bajo el palmar de las pestañas dos horizontes sobre el mar abierto.
Desde entonces hay noche en mis estíos, y su sonrisa niña puebla mis soledades de ninfas y de efebos; desde entonces sus ojos me persiguen y al mirar otros ojos sus pestañas insomnes suspenden mi deseo. Porque en todas las bocas que he besado sólo busco la leche de su aliento, sólo busco la seda de sus labios y el sopor deleitoso de sus besos.
¡Por ese niño de cabellos claros, esta copa de olvido alegre bebo!
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Poeta
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Jugadora de sueños llegué un atardecer hasta tu mesa; llevaba en los cabellos ya marchita la solitaria rosa que me dejó un tahúr la última fiesta, y en los labios el rictus fastidioso de una noche ceniza de placeres, ungida bajo el opio de la luna con una media-luna en las ojeras.
Llegué a jugar por tu sonrisa clara mi último granate, y a cambiar por tus manos cariñosas mi última promesa; por eso fui morena de crepúsculo copiando en las pupilas abismadas ese fuego de otoño que en tu cuerpo arde con tonos suaves de violeta.
Jugadora de sueños, de imposibles... En tus besos perdí hasta el cascabel de mi alegría, y sólo traje un tósigo de olvidos en la boca in saciada, y un perfume de pinos macerados revuelto en la musgosa cabellera.
¡Oh, la tristeza de los ojos idos que agiganta la ausencia, y la infinita angustia de los besos que en las noches sin sueño crece como el negror de las pavesas! ¡Oh, las manos amadas que llorando besamos en las noches inmensas, y la boca incitante que tibió de caricias nuestro cuerpo de seda, y el cabello cansado donde locas bebimos un perfume de anémonas!
¡Oh, la blanca nostalgia, de paisajes remotos, donde acaso encontremos bajo soles de gloria un licor de inconsciencia! ¡Oh, la fresca alegría que embriagadas perdimos, por tender solitarias hacia cielos remotos, nuestras alas viajeras!
Jugadora de sueños, jugadora inexperta, entre tus labios dejé mi clara soledad, y hoy llevo un vivac de añoranzas en mi débil bagaje, y de espaldas al plácido horizonte devano los estériles minutos en el ancho telar de las esperas.
Tal vez mañana volvamos a encontrarnos en el vértigo azul de la ruleta. Tú, con la copa del festín vacía, yo, con la risa del placer ya muerta.
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Poeta
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Esta noche de raso me he enfermado de luna y el perfume del huerto se me fue al corazón, son por eso mis ojos dos diamantes azules dilatados por una brujería de amor.
Ese beso que a tiempo me pediste temblando esta noche en mis labios es granada en sazón. Dime, loco bohemio... ¿no presientes acaso el panal que te ofrecen mis caricias en flor?
Nadie pasa... El camino serpentea en la sombra mancillando la calma con su inquieto blancor... En mi boca los besos son angustia infinita y mi cuerpo es un nido palpitante de sol.
Ya lo ves, cuando ansioso me pediste ese beso, se nevaron mis labios con tu claro fervor, y esta noche, que hubieras agotado tus ansias, por creerme de hielo sepultaste mi voz.
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Poeta
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Nas zonas erógenas dos meus sentidos, meus nervos sensitivos causam-me um clímax irreal...
Às vezes entro num êxtase mental e tenho sensações emocionais, casuais sensuais e outros “ais” dos sexuais.
Gozo, em plena madrugada, com o bafo frio do orvalho em meu corpo... Gozo, em plena praia, com os “chuás” das ondas na areia...
E assim vou gozando: emocionalmente casualmente sensualmente e muitas outras mentes dos sexualmente aptos a gozarem esta vida.
A.J Cardiais imagem: google
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Poeta
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