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¡Oh hermosura que excedéis a todas las hermosuras! Sin herir dolor hacéis, y sin dolor deshacéis, el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis dos cosas tan desiguales, no sé por qué os desatáis, pues atado fuerza dais a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser con el Ser que no se acaba; sin acabar acabáis, sin tener que amar amáis, engrandecéis nuestra nada.
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Poeta
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Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, Decidme: ¿en qué me detengo? O Vos, ¿en qué os detenéis?
- Alma, ¿qué quieres de mí? ? Dios mío, no más que verte. ? Y ¿qué temes más de ti? ? Lo que más temo es perderte.
Un alma en Dios escondida ¿qué tiene que desear, sino amar y más amar, y en amor toda escondida tornarte de nuevo a amar?
Un amor que ocupe os pido, Dios mío, mi alma os tenga, para hacer un dulce nido adonde más la convenga.
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Poeta
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Ya toda me entregué y di, y de tal suerte he trocado, que es mi Amado para mí, y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador me tiró y dejó rendida, en los brazos del amor mi alma quedó caída, y cobrando nueva vida de tal manera he trocado, que es mi Amado para mí, y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha enherbolada de amor, y mi alma quedó hecha una con su Criador; ya yo no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado, y mi Amado es para mí, y yo soy para mi amado.
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Poeta
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Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad, eterna sabiduría, bondad buena al alma mía; Dios alteza, un ser, bondad, la gran vileza mirad que hoy os canta amor así: ¿qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes, vuestra, pues me redimistes, vuestra, pues que me sufristes, vuestra pues que me llamastes, vuestra porque me esperastes, vuestra, pues no me perdí: ¿qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor, que haga tan vil criado? ¿Cuál oficio le habéis dado a este esclavo pecador? Veisme aquí, mi dulce Amor, amor dulce, veisme aquí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón, yo le pongo en vuestra palma, mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y afición; dulce Esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida: dad salud o enfermedad, honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz crecida, flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza, dad consuelo o desconsuelo, dadme alegría o tristeza, dadme infierno o dadme cielo, vida dulce, sol sin velo, pues del todo me rendí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración, si no, dadme sequedad, si abundancia y devoción, y si no esterilidad. Soberana Majestad, sólo hallo paz aquí: ¿qué mandáis hacer de mi?
Dadme, pues, sabiduría, o por amor, ignorancia; dadme años de abundancia, o de hambre y carestía; dad tiniebla o claro día, revolvedme aquí o allí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar. Si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando. Decid, ¿dónde, cómo y cuándo? Decid, dulce Amor, decid: ¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor, desierto o tierra abundosa; sea Job en el dolor, o Juan que al pecho reposa; sea viña fructuosa o estéril, si cumple así: ¿qué mandáis hacer de mí?
Sea José puesto en cadenas, o de Egipto adelantado, o David sufriendo penas, o ya David encumbrado; sea Jonás anegado, o libertado de allí: ¿qué mandáis hacer de mí?
Esté callando o hablando, haga fruto o no le haga, muéstreme la ley mi llaga, goce de Evangelio blando; esté penando o gozando, sólo vos en mí vivid: ¿qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?
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Poeta
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Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero.
Esta divina prisión, del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga: quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero.
Sólo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que sólo me resta, para ganarte perderte. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero.
Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero.
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Poeta
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FRAGOR INSÓLITO
Será en el ayer El ruido de la montaña perdido en la noche Porqué al desdar habrá entrevisto. ¡Qué retorna en la luna débil!. Insólito fragor. De los cristales ahumados. En los pétalos del silencio...¡Cómo cubos plenos!. Esferas agudas, incólume incultura, arrugada nube. Y lo qué entrevea cada cuna. Del humo simétrico. ¡Con la destreza del jade!. Insólito.
¡Dónde la edad se moja volando!. Al fragor del trigal. Con un pequeño anhelo embotellado del filo frecuente. Ayer será, dicen qué dijo, me dices. En la cosecha del rocío ermitaño. Y tal vez entreviesen la tormenta, piensas decirme. Como cada mes fugaz en la mañana. En el cobertizo qué hubieron contradicho. Lo que anuncia una cabaña tímida y tibia.
Del ruido de la noche barrida. Por la risa de los pinos abundante. ¡Dónde se ha perdido el último sabor frío! Por más qué contradiga la calle sigiloso... Dices, pienso. ¡Con el olor del tiempo blando!. ¡Fragor insólito!. En las aves del pañuelo café. Del vaso verde césped. Un huésped, solo. ¡En la sombra qué vibra evidente!. Aún antes qué contradigan las arañas... Del tiempo. Con la mirada del vaso suficiente párpado y retina. Aun después qué contradijeren las telarañas. Ignorantes.
Por el fondo del cabello alegre, al desencantar el descontento. ¡Insólito!____ Como se ha perdido. un cuadro, en el cubo. En el ruido, en la ruta incierta, en la puerta infeliz, al fragor. Del trino imagen, de auroras esbeltas, murmullo frondoso. ¡He quedado, como el forjador de las quimeras malogrado!. ¡Dices!___Qué digo: En el insólito fragor, olvidada la marca inicial. En la montaña de noches donde el silencio anida.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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A MINHA PALAVRA!
A MINHA PALAVRA TEM QUE ARREBENTAR ENCORAÇADOS ATRAVESSAR PAREDÕES DERRUBAR PONTILHÕES ULTRAPASSAR TODOS OS LIMITES
INVADIR OS HORIZONTES AGREDIR AS INÉRCIAS ABALAR AS EXTRUTURAS QUEBRAR ENGESSAMENTOS CAUSAR ARREBATAMENTOS
DESARMAR EXPLOSIVOS. IMPLODIR O DESAMOR. INSURGIR COM O SILÊNCIO ESCONDIDO NO BARULHO.
CALAR A ALGAZARRA QUE VIVE NOS ÍNTIMOS PARA SERMOS, SOMENTE, FELIZES NOVAMENTE!
www.hserpa.prosaeverso.net
‘A felicidade provém do íntimo, daquilo que o Ser humano sente dentro de si mesmo’ Roselis Von Sass - www.graal.org.br
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Poeta
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COPLAS PARA EL CAMINO
Caminando y caminando
las alpàrgatas gasté,
siempre detrás de algún sueño,
o alejándome de él.
Con las piedras del camino,
muchas veces tropecé,
las hice a un lado de la huella,
por si pasaba otra vez.
Caminar sin un destino,
es solo vagabundear.
Andar por andar, sin rumbo,
no lleva a ningún lugar.
El que va haciendo camino,
pá su bien o o pá su mal,
irá dejando una huella,
para el que viene detrás.
Lo caminos de la vida,
todos llevan a la muerte.
Lo que logres al andarlos,
es solo cuestión de suerte.
Yo anduve muchos caminos,
y en algunos me perdí.
Preguntando y preguntado,
a hallar el rumbo volví.
En algunos viví penas,
en otros felicidad
Recuerdo las cosas buenas,
las malas son pá olvidar.
Y voy a seguir andando,
hasta que me quede vida.
Cuando la vida me deje,
la daré por bien perdida.
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Poeta
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COPLAS AL VIENTO
Canto mis coplas al viento, al despuntar la mañana, llegando la nochecita, la copla está en otra cama.
Copla que se lleva el viento, se parece a la mujer, si no se enamora de otro, algún día a de volver.
Algunas vuelan al viento, otras con un ventarrón. A una les basta una brisa, otra precisa un ciclón.
Una copla que no es libre, no es copla, es un barrilete, siempre volará a la altura, del hilo que la sujete.
Las coplas que tienen alas. no necesitan del viento. Son las que vuelan más alto y las que llegan más lejos.
Yo he visto coplas graciosas, bailando en los remolinos, que se quedaron llorando, a un costado del camino.
Coplas que he lanzado al viento, por algún lado andarán. Las tengo en mi sentimiento, no me vayan a olvidar.
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Poeta
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La luna creció tan grande que en el cielo no cabía, cerró del cuarto menguante la c que tantas veces veía.
Y sonrojada la luna se fue a esconderse en el mar, formándose una laguna por el agua derramar.
Esa luna tan crecida mostrando sus grandes ojos, que ahora parece aburrida porque ya usa anteojos.
Partieron los enamorados a otro sistema encontrado, allá están ilusionados bajo una nueva luz cobijados.
Mientras la pasada luna de fachada va cambiando, ya no es la roca montuna que la noche me iba dando.
La luna que guarda secretos de tantos enamorados, ha dejado el cielo incompleto porque su luz se ha apagado.
Julio Medina 1 de agosto del 2013
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Poeta
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