El azul brilla en lo profundo del océano Igual que un te quiero me abre las puertas del cielo El penetrante sol en tus ojos perturba mi sueño petulante voy a tu encuentro
Un bizcocho encantado donde desaparecen los elementos Desintegrado lo dulce y lo salado nacen mariposas sobrevolando frutas confitadas y verduras enamoradas
Los sueños poderosos milagros producen al universo No olvides tu elenco que esta en las yemas de tus dedos sin limites cruzas valles y montañas hasta alumbrar el firmamento
La muerte no es más que ese misterio de pasar de la vigilia al sueño Visitando paises de magia y ensueño Agarrando las manos de los amados para dar vueltas en el corro del no tiempo
Al seguir esa linea sin espacio te brinda el brindis del descanso entre nubes de algodón su blanco manto te atrapa y solicita te deposita su mensaje para que al despertar sonrias tu dicha
Se van quedando vacías, las cabezas de los necios, se van llenado sus huecos, con lastres del pensamiento. Ateridos van quedando, congelados los deseos, en las mentes doblegadas, al albur de las tendencias, de las modas del momento.
Se va quedando en barbecho, el amor que no hace eco, que no va dejando poso, en los corazones huecos. Sin Luna se van quedando, las noches ahítas de fuego, y va quedándose el Hombre, sin corazón ni cerebro.
Preguntas en el morral, sin repuestas ni respeto, soslayadas sin pensar, presas en rumores ciegos. Discursos sin corazón, que amputan los sentimientos, palabras que se decantan, sin la sustancia vital, sin el valor de lo auténtico.
Amor que cruza el umbral, para encontrar su gemelo, y nadando en la vorágine, de los afilados miedos, va recortando los bordes, que cortan como diamantes, que cercenan los deseos, y con su poder se apropia, de lo propio y de lo ajeno.
Se van quedando vacías, de verdades las conciencias, sin risas las alegrías, y los amores sin versos. Carentes se van quedando, de emociones los encuentros, dolientes quedan las vidas, desiertas de las esencias, como sin aire los vientos.
Amor que cruzando el tiempo, vence al monstruo de los celos, a los temores derrota, con la espada de su acento, y abate sin compasión, el odio hacia el diferente, su potente voz se oye, sobre vallas y fronteras, no malgasta su poder, vuelca todo lo que siente.
Se van quedando vacíos, los títulos y los nombres, mientras repletos se quedan, esos anónimos héroes, heroínas que se entregan, desafiando los horrores, y en la cúspide el amor, sin distinguir los colores.
En mi humilde condición, de peregrino del tiempo, voy descubriendo caminos, que son casi siempre ajenos. Entre el follaje deambulo, apenas la luz encuentro, y a medida que me adentro, más dudas surgen de nuevo.
El corazón se hace añicos, al comprender lo que pienso. Seductores o atrevidos, camuflados entre pliegues, que va doblegando el tiempo, pensamientos que claudican, arrebatando recuerdos, y en ciernes, nuevos proyectos.
Trasiego de vaguedades, que como zombis deambulan, soslayando realidades, de fantasías y utopías, tal vez sea o por si acaso, de ideas inalcanzables, y llegando hacia el ocaso, se apilan días y días.
El tiempo lo borra todo, dice el dicho popular, pero solo se mitiga, lo que va quedando atrás. No por menos caminar, se hace el camino más corto, si el viajero llega lejos, más sabio será el andar.
La mirada se diluye, en los flecos del pensar, va vidriando la mirada, pupilas como el cristal, que la lágrima cautiva, en lo que mira, atrapada. Seducen las melodías, que acuden como aludidas, que palpitan o arrebatan.
En mi humilde condición, de viajero del pensar, abro el pensamiento al verso, que sin pausa se desliza, entre la duda y lo cierto, mientras la estrofa se anima, dando fin, a su pesar, pues la reclama Morfeo.
Estallido de las hojas, aplauden vivas al viento. Sonoras palabras mágicas, de los atrevidos ecos. Entre las ráfagas de aire, castañetean las albarcas, pisando el barro y el cieno. El agua seduce al grano, de la enamorada playa.
Abanican las pestañas, dando a la pupila viento, iris espejo que baila, con la sigilosa lágrima. Brilla atenta la mirada, fundiéndose con la pátina, y va escalando sin celos, mira al abismo que llama.
Piensan los labios jugosos, la esencia de los adentros, manantial entre los ojos, boca sedienta de besos. Dice lo mismo la mueca, hablando muda lo cierto, y se rinden los matices, al sentimiento y al gozo.
Baila la sombra en la tierra, hollada por su gemelo, acompasada la danza, de la vida y su reflejo. El amor destierra al odio, con caricias y zarpazos, y se enamora la vida, de lo auténtico que alcanza.
Van llamándose los años, como peregrinos locos, buscando el siguiente paso, camina el tiempo azaroso, marcando el ritmo a su antojo, y van quedándose atrás, sin mirar huellas y enojos, conquistas y desengaños.
Se balancea la esperanza, péndulo eterno del tiempo, sentidos alborotados, sentimientos que se abrazan, temores en el subsuelo, mudos, atentos, sin ojos. Amores en la semblanza, de sus caprichosos modos.
Calma chicha en la mirada, serena tarde de otoño, placidez de la templanza, en el lago de los ojos, infinito en la entrañas, mente que llena vacíos, promesas que cuelgan fatuas, vacuas voces de alabanza.
El Sol con la Luna baila, en la danza de la vida, mientras el amor se encarga, de edulcorar sus andanzas.
En tristeza andante se convierte su vida y su sonrisa en una eterna pulcritud sabiendo que los momentos vividos ya la olvidaron; viniendo el tiempo
con nubes grises que no disipan el dolor hondo del corazón y menos esos intensos aromas con rimas en los que en su amplio mundo vivió.
Se entonan canciones que ya sonaron trayendo los momentos de amor y las penas que recorren el alma van retumbando como amarga canción.
La noche es larga y los días se asemejan a un alma que no tiene color con las heridas infringidas en el pasado no puede respirar, todo en ella culminó.
Volver a pensar en la ilusión no quiere menos atarse al amor por el que lloró se sumerge en la bruma densa y oculta que se desliza en su mundo, tapando su sol.
Andar sus caminos desolados quizás en sus manos una flor que le mantenga el alma perfumada y con sus versos armar el amor.
Camina despacio y segura que dio su alma con convicción entregando todo con la blancura que da por única vez el amor.
Aún lleva en el alma sus sueños con esperanza y devoción.