Poemas de desamor :  PROMESAS
Cosas que no se pueden cumplir,
algunas veces,
son promesas inutiles,
sueños pasajeros.

Una ilusion destruida,
un sueño roto,
alejado de mi alma,
un amor que nunca fue real.

Promesas,
nunca se cumplen,
solo eso son,
nada mas que mentiras.

La vida es cruel,
en todo su aspecto,
nada es real,
solo un sueño pasajero.

Erick R. Torres
(Angel Negro)
Poeta

Poemas de amor :  JAZZ EN LA NOCHE
El cielo se pinta de luces,
estrellas quietas y brillantes,
que mas se puede desear,
solo la quietud de la noche.

Un buen vino,
un buen poema,
una música selecta,
el sonido del jazz,
se escucha en mi mente.

Una y otra vez,
contemplo las estrellas,
la luna en su resplandeciente belleza,
velas en la mesa.

una cena para dos,
bajo el ritmo del saxofón,
violonchelos y el piano,
el ritmo del sutil jazz.

Baladas romanticas,
quietud en las sombras,
el momento mas dulce,
de una buena melodia,
al paso del jazz.

Erick R. R. Torres
(Angel Negro)
Poeta

Poemas de amor :  RESISTIENDO
El cielo se cae,
se vuelve mas oscuro,
cada noche,
la luna llega.

Todas las noches,
aun sigo pensando en ti,
resistiendo esta soledad,
de la cual intento escapar.

Sujeta mi cara,
mira mis ojos,
todos los pensamientos,
de mi mente estan contigo.

Dime que es la hora,
que es el momento,
de estar contigo,
de sentir tu encanto y belleza.

Erick R. R. Torres
(Angel Negro)
Poeta

Poemas de nostalgia :  PARA RIN
¿Por que no me sientes?
¿por que no puedo sentir tu mano?
Nunca dijiste que me dejarias,
no dijiste nada al retirarte.

Te levante,
cada vez que estuviste enferma,
tu llanto enmudecio,
te hice sentir mejor.

¿Por que no me amas?
estuviste mucho tiempo a mi lado,
ahora me dices todo,
me dices toda la verdad.

Estuve a tu lado,
he cuidado de ti,
pero aun asi no dices nada,
no sientes nada por mi.

Te mantuve cerca,
abrazandote,
consolandote cuando estabas triste,
ahora te vas,
me hubieses dicho adios.

Erick R. R. Torres
(Angel Negro)
Poeta

Poemas de amor :  UNA TARDE ROMÁNTICA
El ocaso llega,
el atardecer sigue,
sin previo aviso,
espero verte bajo el cielo nocturno.

Contemplando al sol,
marcharse al sur,
ver las estrellas brillar,
ver la luna salir.

Tu y yo,
mi amada niña,
desvistiéndote lentamente,
hasta quedar desnuda.

Mi querida musa,
mi compañera fiel,
anhelo besarte,
sentir esos labios.

Juntos hasta el alba,
besándonos toda la noche,
tocando cada parte de tu cuerpo,
cada segundo que pasa,
cada momento que vivo contigo.

Erick R. R. Torres
(Ángel Negro)
Poeta

Poemas de amor :  BESO BAJO LA LLUVIA
El cielo se pone gris,
gotas de lluvia caen,
te veo ahi sentada,
en espera de ser besada.

Caen lagrimas del cielo,
tocan tu piel,
te abrazo lentamente,
beso tus hermosos labios.

Un beso bajo la lluvia,
un beso quieto,
suave y silencioso,
abrazada a mi tu estas.

Estas conmigo,
besandome bajo este cielo,
cubierto de nubes grises,
tocando tu hermosa piel,
rozando nuestros labios,
estamos bajo la lluvia,
besandonos y enamorados estamos.

Erick R. R. Torres
(Angel Negro)
Poeta

Poemas eroticos :  Muchachos de Diez y seis años Desnudos, Espolvorea
Muchachos de Diez y seis años Desnudos, Espolvoreados en la Piel con Polvo de Oro, o de Plata, con Iguanas Tropicales en los Brazos, Entre Estatuas de Arte Abstracto de Acero Retorcido en el Salón de un Museo de Arte Abstracto.

Las Iguanas tornasoladas son fetos de monstruos precámbricos,
Se columpian como frutos espantosos en las ramas de cerezos florecidos,
Arañan los brazos poderosos de los niños desnudos
Que muestran sus falos de oro o sus nalgas de plata pura.

Ellos, los arcángeles, se acompañan de los bichos,
Como si fueran tumores extraídos de una joroba adolescente,
Y ellos, los arcángeles, son bellos como cisnes
Entre exabruptos de alambre retorcido. Esvásticas contrahechas.

Las estatuas deformes tienen los ojos estrábicos, astigmáticos, miopes,
Gritan en el silencio como esqueletos de Calígulas,
Efialtes de acero, Quasimodos de hierro oxidado. Osamentas de cobre.

Y a la belleza de los niños desnudos, Oh gallos de pelea soberbios,
Se oponen sus excrecencias reptilianas nauseabundas,
Bellísimas en su longevidad de lagartos demoníacos

Que cuelgan como frutos de naturaleza satánica

De limoneros de aroma fragantísimo.
.................................................................................
Francisco Antonio Ruiz Caballero.
Poeta

Poemas :  Aquella tarde de Abril
Recuerdo aquella sombría tarde de abril,
Tras haberme bebido el alma, estaba destruido
Habiendo gastado la conciencia en una botella sin fin
Queriendo a gritos recuperar lo perdido

Lloré entonces frente de ti, en aquel cuarto oscuro
Sin miedo, sin espada, sin escudo;
Sin esperanzas, sin ni siquiera un ápice de orgullo,
Entregando en cada lágrima los restos de un amor, que era solo tuyo.

Al verme a los ojos y mirarme me dijiste,
Si estas tan mal, si quieres no me voy, yo me quedo,
Sin parecer entender porque estaba yo tan triste
Como quien consuela a un mendigo de amor, a un pordiosero.

Esa tarde sin tener fuerzas me recompuse,
Supe que ya todo estaba dicho,
No se puede tapar con los dedos las luces,
Y sólo resta aceptar el fracaso, que has sido vencido

Ese día te dije adiós en una mirada,
Que solo reflejo lastima en la tuya,
Ese día decidí buscar en otra almohada
Lo que tuve y perdí en una duda.

antonio fuenmayor
Poeta

Poemas :  Seducción
Cómo explicar lo que se siente
cuando estás apresado
irremediablemente atrapado
por su instinto felino
por ese responder urgente a la acaricia
por ese súbito vibrar al mínimo roce.
Qué decir cuando se está en posesión
de su sedoso pelaje iluminado
capaz de apaciguar los impulsos mas rebeldes.
Solo te resta pues
dejarte arrastrar,
convertirte,
ser por fin… para que sea.

Nini, 12 de junio de 2012
Poeta

Poemas :  RIMAS SAGRADAS
1

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.

Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.

Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;

mas de tu luz mi escuridad vencida,
el monstro muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida.


2

Pasos de mi primera edad que fuistes
por el camino fácil de la muerte,
hasta llegarme al tránsito más fuerte
que por la senda de mi error pudistes;

¿qué basilisco entre las flores vistes
que de su engaño a la razón advierte?
Volved atrás, porque el temor concierte
las breves horas de mis años tristes.

¡Oh pasos esparcidos vanamente!
¿qué furia os incitó, que habéis seguido
la senda vil de la ignorante gente?

Mas ya que es hecho, que volváis os pido,
que quien de lo perdido se arrepiente
aun no puede decir que lo ha perdido.


3

Entro en mí mismo para verme, y dentro
hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada,
una loca república alterada,
tanto que apenas los umbrales entro.

Al apetito sensitivo encuentro,
de quien la voluntad mal respetada
se queja al cielo, y de su fuerza armada
conduce el alma al verdadero centro.

La virtud, como el arte, hallarse suele
cerca de lo difícil, y así pienso
que el cuerpo en el castigo se desvele.

Muera el ardor del apetito intenso,
porque la voluntad al centro vuele,
capaz potencia de su bien inmenso.


4

¿Qué ceguedaz me trujo a tantos daños?
¿Por dónde me llevaron desvaríos,
que no traté mis años como míos,
y traté como propios sus engaños?

¡Oh puerto de mis blancos desengaños,
por donde ya mis juveniles bríos
pasaron como el curso de los ríos,
que no los vuelve atrás el de los años!

Hicieron fin mis locos pensamientos,
acomodóse al tiempo la edad mía,
por ventura en ajenos escarmientos.

Que no temer el fin no es valentía,
donde acaban los gustos en tormentos,
y el curso de los años en un día.


5

Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?


6

¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas del árbol del pecado!

Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas, atrevido,
al mismo precio en que me habéis comprado.

Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su dueño
hierran cuando los hallan los esclavos,

hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos en vuestro leño,
y tendréisme seguro con tres clavos.


7

Muere la vida, y vivo yo sin vida,
ofendiendo la vida de mi muerte,
sangre divina de las venas vierte,
y mi diamante su dureza olvida.

Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte,
y de su cuerpo la mayor herida.

¡Oh duro corazón de mármol frío!,
¿tiene tu Dios abierto el lado izquierdo,
y no te vuelves un copioso río?

Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida, Cristo mío,
y como no la tengo, no la pierdo.


8

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía"!

¡Y cuántas, hermosura[s] soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!


9

Yo me muero de amor, que no sabía,
aunque diestro en amar cosas del suelo,
que no pensaba yo que amor del cielo
con tal rigor las almas encendía.

Si llama la moral filosofía
deseo de hermosura a amor, recelo
que con mayores ansias me desvelo
cuanto es más alta la belleza mía.

Amé en la tierra vil, ¡qué necio amante!
¡Oh luz del alma, habiendo de buscaros,
qué tiempo que perdí como ignorante!

Mas yo os prometo agora de pagaros
con mil siglos de amor cualquiera instante
que por amarme a mí dejé de amaros.


10

¡Con qué artificio tan divino sales
de esa camisa de esmeralda fina,
oh rosa celestial alejandrina,
coronada de granos orientales!

Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,
ya tu color a púrpura se inclina
sentada en esa basa peregrina
que forman cinco puntas desiguales.

Bien haya tu divino autor, pues mueves
a su contemplación el pensamiento,
a aun a pensar en nuestros años breves.

Así la verde edad se esparce al viento,
y así las esperanzas son aleves
que tienen en la tierra el fundamento...


11

Esta cabeza, cuando viva, tuvo
sobre la arquitectura destos huesos
carne y cabellos, por quien fueron presos
los ojos que mirándola detuvo.

Aquí la rosa de la boca estuvo,
marchita ya con tan helados besos,
aquí los ojos de esmeralda impresos,
color que tantas almas entretuvo.

Aquí la estimativa en que tenía
el principio de todo el movimiento,
aquí de las potencias la armonía.

¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!,
¿dónde tan alta presunción vivía,
desprecian los gusanos aposento?


12

Hombre mortal mis padres me engendraron,
aire común y luz de los cielos dieron,
y mi primera voz lágrimas fueron,
que así los reyes en el mundo entraron.

La tierra y la miseria me abrazaron,
paños, no piel o pluma, me envolvieron,
por huésped de la vida me escribieron,
y las horas y pasos me contaron.

Así voy prosiguiendo la jornada
a la inmortalidad el alma asida,
que el cuerpo es nada, y no pretende nada.

Un principio y un fin tiene la vida,
porque de todos es igual la entrada,
y conforme a la entrada la salida.


13

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh. cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana;
verás con cuánto amor llamar porfía!"

¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!


14

Buscaba Madalena pecadora
un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos
perdón, que más la fe que los cabellos
ata sus pies, sus ojos enamora.

De su muerte a su vida se mejora,
efecto en Cristo de sus ojos bellos,
sigue su luz, y al occidente dellos
canta en los cielos y en peñascos llora.

«Si amabas, dijo Cristo, soy tan blando
que con amor a quien amó conquisto,
si amabas, Madalena, vive amando».

Discreta amante, que el peligro visto
súbitamente trasladó llorando
los amores del mundo a los de Cristo.


15

Yo pagaré con lágrimas la risa
que tuve en la verdura de mis años,
pues con tan declarados desengaños
el tiempo, Elisio, de mi error me avisa.

«Hasta la muerte» en la corteza lisa
de un olmo, a quien dio el Tajo eternos baños,
escribí un tiempo, amando los engaños
que mi temor con pies de nieve pisa.

Mas, ¿qué fuera de mí, si me pidiera
esta cédula Dios, y la cobrara,
y el olmo entonces el testigo fuera?

Pero yo con el llanto de mi cara
haré crecer el Tajo de manera
que sólo quede mi vergüenza clara.
Poeta