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Te presentí venir desde la ausencia, que no fue soledad ni lejanía. Era tanta esperanza tu presencia que, sin quererte, te llamaba mía.
Torbellino de amor, mi adolescencia. Mi otoño, el huracán de travesía. Y siempre, en amorosa transparencia, nostalgia de este amor que no venía.
Ahora estás. Y angustia de mi oído es la ansiada palabra que no dices y que ya el corazón ha recogido.
Vuelvo hacia ti mi soledad sufriente, y ante tus ojos hondos y felices siento que estás, en mi presencia, ausente.
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Poeta
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Amor callado, que jamás se queja; amor que, en la discreta madrugada, sólo acierta a poner, junto a tu reja, la ilusión de una estrofa perfumada.
Amor de un alma taciturna y vieja; amor que es como música olvidada, que tiene azul resignación de oveja, que lo da todo y que no pide nada.
Amor es eso, amar como te amo, sin medir tu desdén, sin que un reclamo haga que el alma de esperanza estalle.
Amor sin arrebatos y sin ruido, que espera que tu hogar esté dormido para pasar entonces por tu calle.
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Poeta
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Casi sin ver la realidad del día ni la certeza de su claridad ando en busca de ti, de los vestigios de unos años, de un mar , de unos lugares.
Porque la sombra avanza y los astros escriben sus órdenes fatales en mi frente, y es triste a solas proseguir la angustia de los caminos que iniciamos juntos.
Pensar un cuerpo es inventar la noche de las islas perdidas, el fulgor olvidado en los brazos de la hierba. Es difícil ahondar en el silencio, llenar de amor el hueco que el instante abre en el grito con que te pronuncio.
No escucho la presencia de tus pasos vigilando la herida de los versos escritos, ni el temblor desolado de la tarde deja en mi voz el poso transparente de lo que ardió y se fue y es ya elegía.
Seguir es regresar, volver al borde del lecho aquel, de la blancura en llamas. La soledad me dicta letras anochecidas y las horas se duermen en el pulso del tiempo.
Vuelve a llamarme. Esparce tus designios en las proximidades de otra hoguera. Se acabará el sonido del invierno, la mirada extendida, la sed de las palabras. El deseo que recuerda el color de unos ojos descansará en la tierra que conoce. Las calles arderán a mediodia y cantará la luz entre mis manos.
De "Maneras de estar solo"
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Poeta
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Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: yo, porque tú eras lo que yo más amaba y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo.
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Poeta
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La silueta del cuerpo está oscura ante la turbia luz de las persianas. Acostado, siento tu rostro vuelto hacia mí como una imagen de la eucaristía. Cuando te desprendiste de mis brazos, tu susurrar "ya debo irme", sólo alcanzó los más lejanos portales de mi sueño. Ahora veo tu mano como a través de un velo, cómo ligeramente pasa la blusa blanca por los pechos. Las medias, ahora, después la falda, el pelo recogido. Ya eres otra mujer, una extraña ataviada para el mundo y el día. Entreabro la puerta. Te beso. Te devuelves, mientras avanzas, un adiós. Y te alejas. Acostado de nuevo oigo cómo se pierde tu pisada suave por el hondo caracol de la escalera. Vuelvo a estar encerrado en el aroma de tu cuerpo, que brotando de las sábanas, cálidamente invade mis sentidos. Amanece aún más. Las cortinas ondulan. Un viento joven y un sol temprano quieren penetrar. Se levantan los ruidos. Música del amanecer. Me duermo suavemente arrullado por sueños matutinos.
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Poeta
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¿Quién eras, oh María, misteriosa María la dueña de este libro que he encontrado al partir? En la primera página, en alemán, decía con letra temblorosa: "Te quiero hasta morir".
Dulce María Kempelfeldt, aquí, en este navío que te llevaba lejos, ¿soñaste como yo? ¿tu corazón sangraba nostalgias, como el mío? ¿tampoco tu quimera de amor se realizó?
"Ich liebe die, María..." ¿En qué brumoso puerto, en qué tierra lejana dejaste el corazón que gimió en estas páginas, en este libro abierto y olvidado en un barco, su ensueño y su pasión?
"Ich liebe die", María. Yo guardo el libro, y leo el verso que ha veinte años escribió en alemán un hombre que te amaba, y en mis ensueños veo tu rostro rubio y triste...Y los barcos se van....
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Poeta
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Cuando yo muera... -ha de llegarme el día antes que a ti- al cerrar mis ojos yertos, piensa que si aún hay vida entre los muertos, te seguiré queriendo todavía.
En mi ansiedad suprema de agonía, mis labios secos, torpes y entreabiertos, aun sin calor, se moverán inciertos por balbucear tu nombre, amada mía.
Ése será tu triunfo. En esa hora tú, de mi vida absurda embrujadora, sabrás, al fin, cuánto te amé y sufrí...
Y dirás: "A las otras mintió amores; pero ninguna le causó dolores de amor, porque no amaba sino a mí..."
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Poeta
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Vive tu vida y ámala, sea buena o mala para ti: ese es tu sino. Si te punzan las zarzas del camino haz un yambo votivo de tu pena.
Ten tu copa de amor bullente y llena, y embriágate de amores y de vino, Baudelaire te lo dijo: haz un divino canto a PAN DE TU VIDA ardiente y plena.
Musicaliza todo : tus dolores, tus placeres, los páramos, las flores, vive en perenne Domingo de Ramos.
Y espera anacreóntico la muerte diciendo ante el enigma de la suerte como Rubén: -¡Señor!... ¿A dónde vamos?...
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Poeta
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¡Qué sed tengo de ti! Eres la fuente que corre cristalina ante mis ojos, y son inútiles mis brazos flojos para hacer que se tuerza la corriente.
Inútilmente domo mis antojos, y trato de olvidarte inútilmente: sueña mi mente con tu tersa frente y con el vino de tus labios rojos.
¿Qué daño habré hecho yo, que en mi camino todo me llega tarde? Si es mi sino cargar el fardo de mi vida trunca,
¡que no te vuelva a ver! Yo te lo pido por Dios... ¡Cuánto mejor hubiera sido que no te hubiera conocido nunca!
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Poeta
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Un dolor se me va y otro me arredra; ola que se marchó y ola que viene a batirme, y apenas se detiene sobre mi viejo corazón de piedra.
Ola que llega, y rompe, y salta y medra del dolor de la roca, y se mantiene sólo el instante aquel que le conviene para arrancarle hasta su airón de yedra.
Lucha sorda y tenaz; mudo combate de la ola que se va, vuelve y se abate en el peñón que su ira desafía...
Dolor perenne, inextinguible, intenso, rudo y fiero combate en este inmenso mar sin orillas de la vida mía...
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Poeta
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