Textos :  «« Soledad ««
Joan vive sola, tiene largo silencio se ha arraigado en las viejas paredes de la choza donde vive por la calle de la colina, en Piedras Negras. Que una vez fue hogar feliz y lleno de vida, a la vez que los padres estaban vivos, y los hermanos menores, los padres han muerto durante quince años y los hermanos habían seguido sus vidas, se trasladaron a la ciudad. No tiene amigos, sólo conocidos, no porque no le gustaba tener ellos, pero a su manera silenciosa aleja a la gente. - ¿Por qué perder tanto tiempo con una pequeña charla, piensa a sí mismo, donde no había la charla de vecinos.
Es lunes, el tiempo se va de alta, te sientes mal, una tensión, un temblor en las piernas, si no fuera por el gato, el compañero de horas, no se habría planteado el día de hoy. Durante más de una hora de sentarse en la silla de mimbre de edad, mirando a un punto negro en el techo de la sala hasta que el gato que algo no está bien, y se frota las piernas cada dos minutos, Juana no se siente la abstracción de tal manera que lo rodea.
Los pensamientos que corren a punto negro.
Si su vida había más color, si el destino le había traído el amor si no hubiera sólo el gato de compañía, si hubiera sido hermosa, si la tierra era abundante, su casa llena con un jardín en frente de la puerta calle, si, si, si. Joana ir a sentarse envuelto en IFS.
El gato ahora mia, un maullido de mal agüero.
Jane es cada vez más distantes, el punto negro ganó la dimensión de un globo, con las manos heladas equivale a tratar de atraparlo, por lo que el globo vuela en su dirección, pero el se ríe de ella, y se cuelga el marco del espejo, colgado en las paredes de la habitación.
Ni se da cuenta de que tiembla, sólo un suspiro la sacudió, cuando el balón pasó cerca de su cara. No se trató de levantarse, el punto negro de no-llevar adelante. Permanecerá allí mirando a la nada, hasta que desapareció.
Los párpados pesan lo entregue y poco a poco a Joan que el peso, usted sabe que no vale la pena luchar contra la fatiga que se apoderó de ella el día de hoy, aunque quisiera no puedo, es demasiado débil, hay muchos días dejó de comer o recordar cuando bebía agua de la última vez
Jeanne cierra los ojos, sino más bien de encontrar un refugio lejos de la madre y el padre saludando a él, que dicen algo, inaudible para los oídos del gato, pero que Joan puede descifrar.
- Me voy, no voy a pasar nada, sólo decir adiós a Rosa apoyada en la jamba.
La conmoción se instaló en el pueblo, no es que la tía Jane murió recoger rosas.

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Joana vive sozinha, há muito que o silencio se entranhou nas velhas paredes do casebre onde mora, ao fundo da rua da ladeira, em Pedras Negras. Em tempos foi uma casa alegre e cheia de vida, no tempo em que os pais eram vivos, e os irmãos pequenos, os pais morreram ia para quinze anos e os irmãos tinham seguido a sua vida, foram morar para a cidade. Não tem amigos, apenas conhecidos, não que não gostasse de os ter, mas o seu jeito calado afasta as pessoas. - Porque será que se perde tanto tempo, com conversa fiada, pensa de si para si, sempre que houve a tagarelice das vizinhas.
É segunda feira, a hora vai alta, sente-se mal, um aperto no peito, um tremor nas pernas, se não fosse o gato, companheiro de horas gastas, não se teria levantado neste dia. Há mais de uma hora que está sentada no velho cadeirão de verga, olhando um ponto negro no teto da sala de estar, até o gato presente que algo não está bem, e roça-lhe as pernas a cada dois minutos, Joana nem o sente, tal a abstracção que a envolve.
Os pensamentos correm para aquele ponto negro.
Se a sua vida tivesse mais cor, se o destino lhe tivesse trazido amor, se não tivesse só o gato por companhia, se ela tivesse sido bonita, se a terra fosse farta, a sua casa cheia, com um jardim em frente da porta da rua, se, se, se. Joana sente-se ir envolta nos ses.
O gato agora mia, num miar agoirento.
Joana está cada vez mais distante, o ponto negro ganhou a dimensão de um balão, as suas mãos geladas elevam-se tentando apanhá-lo, assim que o balão esvoaça na sua direcção, mas este ri-se dela, e vai dependurar-se na moldura do espelho, suspenso numa das paredes da sala.
Nem se apercebe que treme de frio, apenas um suspiro a abanou, quando o balão lhe passou rente à face. Não tentou levantar-se, o ponto negro não há-de levar avante. Vai continuar ali olhando o nada, até ele desaparecer.
As pálpebras pesam-lhe e aos poucos Joana rende-se a esse peso, sabe que não vale a pena lutar contra o cansaço que se apossou dela neste dia, mesmo que quisesse não conseguia, está demasiado fraca, há muitos dias que deixou de comer, nem se lembra quando bebeu água pela ultima vez
Joana fecha os olhos, mas, antes ainda vislumbra ao longe o pai e a mãe que lhe acenam, dizem qualquer coisa, inaudível aos ouvidos do gato, mas que Joana consegue decifrar.
- Já vou, não demoro nada, é só despedir-me da roseira encostada à ombreira da porta.
O reboliço instalou-se na aldeia, não é que a tia Joana morreu a apanhar rosas.

Antónia Ruivo


Poeta

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