Poemas :  Claudicante claror... (Experimental)
CLAUDICANTE CLAROR

Entre los techos que caminan
Y nos dirán como fuimos
Bajo el zap
ato
Y dirán por lo
dicho
Los dolores qué nos buscan
Por de pronto antigüedad
Incrustando mariposas en el fuego.
¡Antiquísima novedad!.

De la nieve musitando al vacío
Paisaje transparente qué abriga piedras
Del milenio en el misterio.
Ya veremos proseguir las cosas.
Que no se hicieron queriéndolas

olvidar.
En la magra carne quel humo alumbra
Del mom
ento duro del viento quieto
Claudica
Ante
El calor claror claudicante...
Porqué

Muere al vivir en el recuerdo
Del morirse a diario
Del recuadro.
Del sentirse sólo acompañado.
¡Al desolar la misma noche!.

Claudicante
Al enlunar aman
eceres claror
¡Qué mueve de máscaras al ayer
en la mañana sin l
legar!
Por estarse medio muriendo
Temerosamente yerto
.
Alargando cien gramos cada cuadro
¡Como esférico es un triángulo,
sacado al cubo helado sin dest
ino!.
Por
Estarse desviviendo claudicante
En lo qué muriese f
ácil claror
Si lo viviere dificultoso
Son cantares silen
cio
son.

Del claror claudicante
Las aves del
cantar triste
midiendo de la tormenta
las pulsacion
es
tembladoras cu
evas
de conchas mansas
tristes llevan las hojas
los otoños infini
tos
consigo
al amarillento desencanto
¡Entre los techos que caminan!
Bajo el zapato
los dolores qué nos buscan
incrustando mariposas en el fuego
de la nieve musitando al
vacío
paisaje que abriga piedras
del claror claudicante
al cantar el desencanto
al enlunar amaneceres.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas :  Las horas envejecen...
Las Horas Envejecen

En la tumba inaccesible de la imagen.
Un reloj.
Incluso las paredes no pudo soportar.
Ni segundos, a los minutos.
¡Discípulo de la malhumorada neblina!.
Diaria, húmeda de la divagación culpable.

Envejecen, las horas, envejecen.

En la urbana soledad moderna.
Conmoción.
En la herencia inédita fugaz.
Agricultura.
En los gestos musicales de los juguetes.
¡Osificados!.
En las raíces sagradas de clara arquitectura.
¡Hexagonales!.

Las horas, envejecen, las horas.

A los relojes las manecillas.
¡Sin cuerda, ni cuerdos, en desacuerdos!.
Con el premio de la antigüedad visible.
Renovando la cosecha de momentos.
Un recuerdo de mil olvidos lleno.
En la corona de los meses testigos.
Usual incendio del júbilo numeroso.
¡Partidario de pedir más noches al mar!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta