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¿Hubo n día jamás, un solo día, cuando el amor mil dichas me brindaba, en que la cruda mano del destino la copa del placer no emponzoñara? Tú lo sabes, mi bien: el mismo cielo para amarnos formó nuestras dos almas; mas con doble crueldad, las unió apenas, las quiso dividir, y las desgarra. ¡Cuántas veces sequé con estos labios tus mejillas en lágrimas bañadas, tus ojos enjugué, y hasta en tu boca bebí ansioso tus lágrimas amargas! Con suspiros tristísimos salían, mezcladas, confundidas tus palabras; y al repeler mis manos con latidos, tu corazón desdichas presagiaba... Todas, a un tiempo, todas se cumplieron: y si tal vez un rayo de esperanza brilló cual un relámpago, el abismo nos mostró abierto a nuestas mismas plantas. ¿Lo recuerdas, mi bien? Morir unidos demandamos al cielo en noche aciaga, cuando natura toda parecía en nuestro daño y ruina conjurada: la tierra nos negaba hasta un asilo; la lluvia nuestros pasos atajaba; bramaba el huracán; el cielo ardía, las centellas en torno serpeaban... ¡Ay!, ojalá la muerte en aquel punto sobre entrambos el golpe descargara, cuando sin voz, sin fuerzas, sin aliento, te sostuve en mis hombros reclinada. '¿Qué temes? Vuelve en ti; soy yo, bien mío; es tu amante, tu dueño quien te llama; ni el mismo cielo separarnos puede: o destruye a los dos, o a los dos salva.' Inmóvil, muda, yerta, parecías de duro mármol insensible estatua; mas cada vez que retumbaba el trueno, trémula contra el seno me estrechabas; en tanto que por hondos precipicios, casi ya sumergido entre las aguas, a pesar de los cielos y la tierra conduje a salvo la adorada carga... Ahora, ¡ay de mi!, por siempre separados, sin amor, sin hogar, sin dulce patria, el peligro más lev me amedrenta; la imagen de la muerte me acobarda: ni habrá un amigo que mis ojos cierre; veré desierta mi fatal estancia; y solo por piedad mano extranjera arrojará mi cuerpo en tierra extraña.
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Poeta
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Pálida está de amores mi dulce niña. ¡Nunca vuelven las rosas a sus mejillas!
Nunca de amapolas o adelfas ceñida mostró Citerea su frente divina. Téjenle guirnaldas de jazmín sus ninfas, y tiernas violas Cupido le brinda.
Pálida está de amores mi dulce niña. ¡Nunca vuelven las rosas a sus mejillas!
El sol en su ocaso presagia desdichas con rojos celajes la faz encendida. El alba, en Oriente, más plácida brilla; de cándido nácar los cielos matiza.
Pálida está de amores mi dulce niña. ¡Nunca vuelven las rosas a sus mejillas!
¡Qué linda se muestra, si a dulces caricias afable responde con blanda sonrisa! Pero muy más bellas el amor convida si de amor se duele si de amor respira.
Pálida está de amores mi dulce niña. ¡Nunca vuelven las rosas a sus mejillas!
Sus lánguidos ojos el brillo amortiguan; retiemblan sus brazos; su seno palpita. Ni escucha, ni habla, ni ve, ni respira; y busca en sus labios el alma y la vida...
Pálida está de amores mi dulce niña. ¡Nunca vuelven las rosas a sus mejillas!
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Poeta
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Mientras el crudo diciembre Arroja nieve y granizo, Y del palacio las puertas Conmueve el ábrego impío, A su amparo en noche oscura Se acoge un mísero niño, Que abandonaron sus padres Y no halla en el mundo asilo: Ambas manos junto al pecho, Tiembla de susto y de frío; Y hasta el aliento le falta Para demandar auxilio... ¡Jamás tuvo el inocente Quien oyera sus suspiros, Quien enjugase su llanto, Quien le llamara su hijo! En el hueco de unas rocas Le hallaron recién nacido, Sin más protector que el cielo, Ni más padre que Dios mismo; Sólo Dios, que abre su mano Para el tierno pajarillo, Y hasta en el aura derrama Las semillas y el rocío.
Huérfano desventurado, No llores tan afligido; Y llama a la misma puerta Que hora te sirve de arrimo: Llama otra vez, que su dueño En blando lecho adormido, En sueños ve los tesoros Que conducen sus navíos; Y no ha de ser tan cruel, Que al escuchar tus gemidos, Te niegue un pobre sustento, Te niegue un mísero abrigo.
«¡Amparad piadosos A un niño infeliz; Y Dios os lo premie Mil veces y mil! Solo y desvalido ¡Ay triste! nací; Que mi propia madre Me alejó de sí... Si madre tuvisteis, A Dios bendecid; ¡Y en memoria suya Doleos de mí! Nunca una palabra Cariñosa oí; Llanto de mis ojos Por leche bebí...
Por Dios y su Madre, Piadosos abrid; Si no, a vuestra puerta, Me veréis morir!...»
Apenas estas palabras Sollozaba el huerfanito, Cuando dentro del palacio Sonó de un can el ladrido; Cien esclavos acudieron; Y amenazaron al niño, Si en mal hora el dueño adusto Despertaba a sus gemidos.
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Poeta
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Único asilo en mis eternos males, Augusta soledad, aquí en tu seno, Lejos del hombre y su importuna vista, Déjame libre suspirar al menos: Aquí, a la sombra de tu horror sublime, Daré al aire mis lúgubres lamentos, Sin que mi duelo y mi penar insulten Con sacrílega risa los perversos, Ni la falsa piedad tienda su mano, Mi llanto enjugue y me traspase el pecho. Todo convida a meditar: la noche El mundo envuelve en tenebroso velo; Y aumentando el pavor, quiebran las nubes De la luna los pálidos reflejos: El informe peñasco, el mar profundo Hirviendo en torno con medroso estruendo, El viento que bramando sordamente Turba apenas el lúgubre silencio, Todo inspira terror, y todo adula Mi triste afán y mi dolor acerbo. La horrible majestad que me rodea Lentamente descarga el grave peso Que mi pecho oprimió: por vez primera Se mezclan mis sollozos a mis ecos, Y apiadado el destino da a mis ojos De una mísera lágrima el consuelo... ¡Llanto feliz! Cual bienhechor rocío Templa la sed del abrasado suelo, Calma la angustia, la mortal congoja Con que batalla mi cansado esfuerzo; Y en plácida tristeza absorta el alma, No envidiará la dicha ni el contento. Solo en el mundo, de ilusiones libre, De vil temor y de esperanza ajeno, Encontraré la paz que vanamente35 me ofreció con su magia el universo. ¿Qué importa que a mi planta mal segura Aún falte tierra en que estampar su sello, Y al carcomido escollo amenazando, Me estreche el mar en angustioso cerco? ¿No me basto a mí mismo? ¿No me es dado Alzar mis ojos sin pavor al cielo, Sentir mi corazón que quieto late, Y el mundo contemplar con menosprecio? Yo vi en la aurora de mi edad florida Sus encantos brindarse a mis deseos: Gloria, riquezas, cuantos falsos bienes Anhela el hombre en su delirio ciego, En torno me cercaron: oficiosa La amistad redoblaba mi contento; La pérfida ambición me sonreía; Me brindaba el amor su dulce seno Temí, temblé, me apercibí al combate, Demandé a mi razón su flaco esfuerzo; Y apenas pude en afanosa lucha Rechazar tanto hechizo lisonjero. ¡Qué fuera, o Dios, si al rápido torrente Yo propio me arrojara! En presto vuelo Pasaron cinco lustros de mi vida, Y el cuadro encantador huyó con ellos; Huyó, volví la vista, lancé un grito Y en vez de flores encontré un desierto.
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Poeta
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Cesa un instante siquiera, Cesa, avecilla, en el canto, Y no atraigas a los tuyos Con tu pérfido reclamo: El mismo dueño a quien sirves, Te arrancó del nido amado, Te robó la libertad, Te desterró de los campos; Y por complacerle ahora, De tanta crueldad en pago A tu esposo y a tus hijos Tú misma tiendes el lazo. La voz del amor empleas, Brindas con dulces halagos, Cuando la tierra y el cielo A amar están convidando; Pero entre tanto escondida La muerte acecha a tu lado, Pronta a salpicar con sangre Las bellas flores del prado ¡Ay! deja al hombre cruel Valerse de esos engaños; Llamar con voz alevosa y vender a sus hermanos.
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Poeta
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Não venha com sua tralha... O meu poema é uma navalha.
Não venha com sua voz de gralha, que eu visto a mortalha e viro espantalho.
Segue seu caminho que eu pego meu atalho e sigo sozinho...
Estou seguro é na raiz, não em um galho... Vai, procure ser feliz.
A.J. Cardiais imagem: google
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Poeta
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EXTRAÑO RÉQUIEM
El Final Estaba Atemorizado Dudando de su propio principio lúgubre contrición Se Detuvo En medio De lo posible En la imposibilidad acostumbrada del contraveneno
Con El triunfo De los vaivenes De grandes altibajos Atormentado estaba el infierno preso en el corazón En La mirada Turbia atroz De las viejas llamas Húmedas de pretextos, fortalecido superfluo yerto Ex Tra Ño Ré Quiem
¡Dónde merendaban ahí, una manada de masacres, en las fiebres fibras del olvido, en la luz ruidosa de la cintura de la sombra, pedestal y contorsión!.
Afuera Por la Rapaz Miseria Extraño Requiem Dentro extendían los brazos unas grandes zancadas repartiéndose la basura invadida por la herrumbre de cremas ambientales, y desodorante quitamanchas
Embaladas Borregas Aerosol Asfáltico Cohabitando Eritrocítico.
¡Sin embargo, el final estaba finamente encuadernado, aniquilado y pulverizado!.
Extra Ño Ré Quien
¡Qué debía enviarse al concurso permanente de otros brevísimos finales en la ventana que fu- maba haciendo gestos para los automóviles des graciadamente frenéticos, salpicados de costumbres lapidarias rescisión proscrita sin refrenarse!.
___No, nada le sucedería después.
Así pensaba ese final. Un poco sofocado el espacio y detenidamente se ajustaba, las amplias vestiduras carnales, encrespándose, flexibles los pliegues dactilares de los cerdos, condecorados, de la penumbra indefensa, obstinada de la noche, ¡Enronquecida! Al quedar, Criptas Frías Olas El Final Manifestó Un desánimo suave Caminando agradable tropelía Con el gesto paternal recordando Las lenguas del engendro en el paisaje Inerte, ausente, flexionando las esquinas Al desplomarse las rodillas temprano torciendo ¡Cualquier rincón de la mesa en paquetes dobles!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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INTRADUCIBLE
En la ventana que nos mira inquietantes sorpresas con sus opacos vidrios, a veces, aceitunados con el tiempo entre las manos obliteradas que nos reflejan lámparas amablemente tristes qué juegan entre retraídas lentos silencios qué se alejan palpando los viejos sabores del mañana qué no está llegando del otoño saliendo dulce semilla luz bajo agua seca ya entre la puerta que nada escucha al correr la perilla dónde cierra un mundo lánguido y abre otro de metal madera atrevida con el ropaje de cortinas enmudecidas diligentes.
¡Con la sumisión de merluza zapateando empotrada!. Las palabras Sin acciones Son Sólo letras Sin Sentido ¡Con lo insoportable y desesperante del zángano!.
In tra duci ble ya
Porque... Era demasiado lo que no era poco. Escudriñado sabueso de secretos. Exploradores mapas pacientes. En caja de suave habitar. Al saber.
La gran verdad está infestada de mentiras y apariencias. ¡Qué van y vienen alegres y desesperadas!. Cortinaje de ventanas. Bártulo, vivo, gozo. Aletargado desenlace. Enmudeciendo. Vidrios. Entrando al mundo. ¡Maculado cisco en cisma!. Ubérrimo ufanarse. De ulular. Entre zangarriana rozagante.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Tenho todas as cores em mim... Você não vá me dizer que isso é ruim.
Se eu cantar, você irá me escutar? Sou um romântico em extinção, sei lá...
Já comi a poeira da estrada... Hoje não como nada. Fico parado, assuntando o desenrolar da vida.
Fico rimando, acanhado, o painel que se descortina, que se desnuda, sem vergonha, para minhas retinas.
A.J. Cardiais imagem: google
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Poeta
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Não separo nada, eu misturo...
Aliás, separo sim: o que presta, do que não presta.
Para mim só resta uma rima para esperança:
Quem vai à luta, quase sempre alcança.
A.J. Cardiais
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Poeta
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