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Vibre, mi musa, el surtidor de oro la taza rosa de tu boca en besos; de las espumas armoniosas surja vivo, supremo, misterioso, eterno, el amante ideal, el esculpido en prodigios de almas y de cuerpos; debe ser vivo a fuerza de soñado, que sangre y alma se me va en los sueños; ha de nacer a deslumbrar la vida, y ha de ser un dios nuevo! Las culebras azules de sus venas se nutren de milagro en mi cerebro...
Selle, mi musa, el surtidor de oro la taza rosa de tu boca en besos; el amante ideal, el esculpido en prodigios de almas y de cuerpos, arraigando las uñas extrahumanas en mi carne, solloza en mis ensueños: -Yo no quiero más vida que tu vida, son en ti los supremos elementos; déjame bajo el cielo de tu alma, en la cálida tierra de tu cuerpo!- -Selle, mi musa, el surtidor de oro la taza rosa de tu boca en besos!
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Poeta
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A veces, cuando el amado y yo soñamos en silencio, -un silencio agudo y profundo como el acecho de un sonido insólito y misterioso- siento como si su alma y la mía corrieran lejanamente, por yo no sé que tierras nunca vistas, en un raudal potente y rumoroso...
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Poeta
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Su idilio fue una larga sonrisa a cuatro labios... En el regazo cálido de rubia primavera amáronse talmente que entre sus dedos sabios palpitó la divina forma de la quimera.
En los palacios fúlgidos de las tardes en calma hablábanse un lenguaje sentido como un lloro, y se besaban hondo hasta morderse el alma!... Las horas deshojáronse como flores de oro, y el destino interpuso sus dos manos heladas...
¡Ah! los cuerpos cedieron, más las almas trenzadas son el más intrincado nudo que nunca fue... En lucha con sus locos enredos sobrehumanos las furias de la vida se rompieron las manos y fatigó sus dedos supremos Ananké.
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Poeta
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Amor, la noche estaba trágica y sollozante cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura; luego, la puerta abierta sobre la sombra helante, tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante; bebieron en mi copa tus labios de frescura; y descansó en mi almohada tu cabeza fragante; me encantó tu descaro y adoré tu locura.
¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas; y si duermes, duermo como un perro a tus plantas! ¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
y tiemblo si tu mano toca la cerradura; y bendigo la noche sollozante y oscura que floreció en mi vida tu boca tempranera!
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Poeta
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Hoy, en una mano burda instintiva, deforme, he visto el diamante más bello que pueda encender el Milagro... Parecía vivo y doloroso como un espíritu desolado... Vi fluir de su luz una sombra tan triste, que he llorado por él y por todos los bellos diamantes extraviados en manos deformes...
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Poeta
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Pupila azul de mi parque es el sensitivo espejo de un lago claro, muy claro!... Tan claro que a veces creo que en su cristalina página se imprime mi pensamiento.
Flor del aire, flor del agua, alma del lago es un cisne con dos pupilas humanas, grave y gentil como un príncipe; alas lirio, remos rosa... Pico en fuego, cuello triste y orgulloso, y la blancura y la suavidad de un cisne...
El ave cándida y grave tiene un maléfico encanto; clavel vestido de lirio, trasciende a llama y milagro!... Sus alas blancas me turban como dos cálidos brazos;
ningunos labios ardieron como su pico en mis manos; ninguna testa ha caído tan lánguida en mi regazo;
ninguna carne tan viva he padecido o gozado: viborean en sus venas filtros dos veces humanos!
Del rubí de la lujuria su testa está coronada: y va arrastrando el deseo en una cauda rosada...
Agua le doy en mis manos y él parece beber fuego, y yo parezco ofrecerle todo el vaso de mi cuerpo...
Y vive tanto en mis sueños, Y ahonda tanto en mi carne, que a veces pienso si el cisne con sus dos alas fugaces,
sus raros ojos humanos y el rojo pico quemante, es solo un cosne en mi lago o es en mi vida un amante...
Al margen del lago claro yo le interrogo en silencio... y el silencio es una rosa sobre su pico de fuego... Pero en su carne me habla y yo en mi carne le entiendo.
-A veces ¡toda! soy alma; y a veces ¡toda! soy cuerpo.- Hunde el pico en mi regazo y se queda como muerto...
Y en la cristalina página, en el sensitivo espejo del algo que algunas veces refleja mi pensamiento, ¡el cisne asusta, de rojo, y yo, de blanca, doy miedo!
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Poeta
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¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena... Yo muero extrañamente... No me mata la Vida, ¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena... Fluía triste y triste como un llanto de ciego cuando en las piedras grises donde arraiga la pena como un inmenso lirio se levantó tu ruego. Mi corazón, la piedra más gris y más serena, despertó en la caricia de la corriente y luego sintió cómo la tarde, con manos de agarena, prendía sobre él una rosa de fuego. Y mientras la serpiente del arroyo blandía el veneno divino de la melancolía, tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza, la coroné de un beso fatal, en la corriente vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.
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Poeta
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-La tienda de la noche se ha rasgado hacia Oriente.- Tu espíritu amanece maravillosamente; su luz penetra en mi alma como el sol a un vergel...
-Pleno sol. Llueve fuego. -Tu amor tienta, es la gruta afelpada de musgo, el arroyo, la fruta, la deleitosa fruta madura a toda miel.
-El Ángelus. -Tus manos son dos alas tranquilas, mi espíritu se dobla como un gajo de lilas, y mi cuerpo te envuelve... tan sutil como un velo.
-El triunfo de la noche. -De tus manos, más bellas, fluyen todas las sombras y todas las estrellas, y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo!
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Poeta
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En el silencio siento pasar hora tras hora como un cortejo lento, acompasado y frío ¡Ah, cuando tú estás lejos de mi alma todo llora, y al rumor de tus pasos hasta en sueños sonrío!
Yo sé que volverás, que brillará otra aurora en mi horizonte grave como un sueño sombrío; revivirá en mis bosques tu gran risa sonora que los cruzaba alegre como el cristal de un río.
Un día, al encontrarnos tristes en el camino yo puse entre tus manos mi pálido destino. ¡Y nada más hermoso jamás han de ofrecerte!
Mi alma es, frente a tu alma, como el mar frente al cielo: pasarán entre ellas, cual la sombra de un vuelo, la Tormenta y el Tiempo y la Vida y la Muerte!
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Poeta
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Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia, deshojar hacia el mal el lirio de una veste... -La seda es un pecado, el desnudo es celeste; y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.-
Abrir brazos...así todo ser es alado; o una cálida lira dulcemente rendida de canto y de silencio...más tarde, en el helado más allá de un espejo, como un lago inclinado ver la olímpica bestia que elabora la vida...
Amor rojo, amor mío; sangre de mundos y rumor de cielos... ¡Tú me los des, Dios mío!
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Poeta
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