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El mar me pertenece lo hago pasar entero entre mis manos ávidas. Lo acaricio le doy la única mirada sencilla que me queda la que aún no han manchado ni el miedo ni la muerte.
Mar limpio entre mis dedos goteando esperanzas porque sostiene aún un velamen con brisa.
Mar de todos los mares hoy contemplo en su espuma otros mares antiguos: aquel de mi primer contacto con las playas y el de aquellas lecturas codiciosas e incómodas bajo algún tamarindo. y aquel otro del trópico sin huellas de turistas con esa pulpa tierna que ofrece el cocotero.
Quiero olvidar aquí lo que sucedió anoche. el mar no tiene culpa. Es dócil, mío, puro, es un lebrel que lame mis plantas mansamente.
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Poeta
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Te esperaré apoyada en la curva del cielo y todas las estrellas abrirán para verte sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda. Seis túnicas de luz resbalando ante ti deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados un látigo de niebla. Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas mi sien alucinada y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto a todo lo inasible.
Te esperaré encendida. Mi antorcha despejando la noche de tus labios libertará por fin tu esencia creadora. ¡Ven a fundirte en mí! El agua de mis besos, ungiéndote, dirá tu verdadero nombre.
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Poeta
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Tú no sabes qué lejos. ¡Nadie sabe qué lejos! Encima de las nubes, detrás de las estrellas, al fondo del abismo en que se arroja el día, sobre el monte invisible donde duerme la luz.
Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos la verdad que tortura nuestras frentes selladas. Sólo allí se abrirán como flores de aurora aquellas lentas noches de amor en desvarío.
Nuestras manos lo piden tendidas al espacio en un sordo anhelar que no engendra clamores, nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas a las huellas que el viento indómito destroza.
El horizonte huye robando a cada hora la secreta delicia que presagia el milagro. Hay briznas de prodigio en todos los instantes y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.
Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas. Palpita en certidumbre la carne de los sueños. Si acunas la belleza que tu fervor concibe florecerá en tu muerte su exacta encarnación.
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Poeta
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Todas las soledades -grises víboras- muerden la duda que taladra mis sienes abatidas. Nadie finge camino en torno de mis plantas que repliegan, medrosas, su impulso derrotado.
¡Soledad de mi frente1 Un residuo de sueños la empolva de ceniza. -¡Qué siniestra bandada de ideas en delirio entrega al huracán su pálido plumaje!-.
¡Soledad de mis labios! Escondida zozobra de los besos en flor que no abrasa el estío, nostalgia de capullo condenado a vivir su eterna adolescencia.
¡Soledad de mis manos! Inefable tortura del gesto que se duerme en trance de caricia. ¿Para qué la ansiedad que entreabre mis palmas si adhieren a su curva inútiles vacíos?
Soledades que cercan con límites de hierro la expansión luminosa y frágil de mi vida... ¡Rompe tú las amarras que me retienen, muda, en el hueco sombrío de mi rincón doliente!
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Poeta
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Todos van, todos saben... sólo yo no sé nada.
Sólo yo me he quedado abstraída y lejana,
soñando realidades, recogiendo distancias.
Cada pájaro sabe qué sombra da su rama,
cada huella conoce el pie que la señala.
No hay sendero sin pasos ni jazmines sin tapia...
¡Sólo yo me he quedado en la brisa enredada!
Sólo yo me he perdido en un vuelo sin alas
por poblar soledades que en el cielo lloraban.
Sólo yo no alcancé lo que todos alcanzan
por mecer un lucero a quien nadie besaba.
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Poeta
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¡Si derribas el muro qué gozo en todas partes! ¡Qué lazo de palabras se sentirá en la tierra! Y todo será nuevo, como recién nacido... Si derribas el muro de todas las mentiras ¡Qué júbilo de amor abierto sobre el mundo! ¡Qué horizonte sin nubes en la curva del cielo!
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Poeta
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Seré tuya sin ti el día que los sueños alejen de mi senda tu mente creadora, el día que tu sed no pueda limitarse al hueco de mis manos.
¡Seré tuya aún sin ti! Dejaré de merecerte en la cuna encendida que tejieron mis besos. Se borrará en tus labios la forma de los míos, y el cielo de tu vida tendrá un color distinto al de mi corazón.
Pero sabré ser tuya sin nublar tu camino con la huella indecisa de mi andar solitario. Me ceñiré a tu sombra, y anudada por ella, te iré dando en silencio lo más puro de mí.
¡Con qué amarga dulzura repetiré, ya sola, esos gestos antiguos que pulió tu mirada! Me seguirás teniendo igual que me quisiste y acunaré en secreto tu amor eternizado.
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Poeta
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¡Toda la primavera dormía entre tus manos! Iniciaste en un gesto la fiesta de las rosas y erguiste, enajenada, esa flecha de luz que impregna los caminos. ¡Toda la primavera! Fervores del instante transido de capullos, gracia tímida y leve del perfume sin rastro, caricias que despiertan el sexo de las horas. Brotaron de tus palmas en éxtasis gozoso los trinos y las brisas. Y tu ademán secreto despertó en rubores la pubertad del mundo. ¡Todo vino por ti! Porque tus manos lentas ciñeron brevemente mi carne estremecida, porque al rozar mi cuerpo despertaste una flor que trae la primavera.
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Poeta
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No quiero saber nada... Ni de esa luz incierta que retrocede vaga ni de esa nube limpia con perfiles de cuento. Tampoco del magnolio que quizá aún perfume con su nieve insistente... No saber, no soñar, pero inventarlo todo.
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Poeta
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No fue para mí... Ya lo suponía. Pero sé engañarme tan bien con mentiras y jugar al juego de la falsa dicha, que a veces me olvido -ya ves si soy niña- que estaba jugando a que me querías.
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Poeta
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