Poemas de amor :  Incoerência
Por que esta angústia de tua ausência,

dentro do meu coração eu aperto;

se todo teu ser,tua essência

se encontram de mim tão perto?...


No ar a doce fragrância tua

a qual eu aspiro e devoro;

no meu coração te tatua;

levada poro a poro!...


No ar tua doce voz que ressona

num suave e doce compasso;

pelos meus ouvidos te direciona

ao coração;ocupando todo espaço!...


No ar os meus anseios ativas

para que eu rompa as portas

do teu coração;e na mistura de salivas;

ao meu então te transportas!...


Ah!...esta saudade que no coração aperto;

cego,te procuro pelo tato!...

Estás longe mas te vejo aqui bem perto;

só falta o real contato...
Poeta

Poemas :  Osamentas opulentas
Osamentas opulentas

La
Obscuridad
Han hurtado
A la confusión la luz

Ladrona de ilusiones encandiladora y cobejera
Las
Velas
Ayudantes

De los buques

Al bostezo descuidado por la fuerza revulsivo
Del
Orgullo
Sin decoro
Mangante timar

Cuando ella tocó la viva puerta al trapisondear
Una
Mariposa
Negra malmandada

Apergaminado edicto degradado

En la hora fijada de antemano desaborido rumbo
Ante
La gramática
Admisión celeste
Del monólogo mortal

En el suelo suela de la modorra al escarabajear
Al
Modo
Poseído
De la moda

¡Qué de nuevo brota dentro del paradigma bizarro!
Donde
Los años
Se acumulan
Rugosamente cutres

Blanquecinos sin perder el tiempo acalambrado hoy
Los
Péndulos
Ante las fieras
Máquinas del rostro

Enjuto el traje de los números tuétanos de cócora
Nerviosos
Al final óseo
Abejarucos robóticos
De lo rastrero magnánimos

Considerando instintivas fórmulas acampanadas
En
La sonrisa
Del bolso negro
Descalabro asalariado

En la historia de la falsa sombra despotricando
En
La balsa
Filantrópica
De azul descaro
Con la corbata de alfileres
con el cuello blanco
Opulenta
Fermentada
Dovela dolosa
Osamentero atajadero...¡Del celaje sombrío!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas :  Mi grito
Este dolor que llevo oscura
La erosión dentro de mi cuerpo
Siempre muy duro
Quemaduras incandescentes por completo
Punto fijo cuando Bland
Sigo la auto-ayuda, valiente
Como las peleas de Espartaco
Caerá cuando mi corazón
En mi sangre brotando de explosión
Bañar a mis órganos
El cerebro sigue siendo, desaparecen
Mi cuerpo estaba cubierto de rosas
Y el tiempo se mostrará el ganador
Lo que quedó, nada, nada, nada ...

Varenka de Fátima Araújo
Poeta

Poemas de esperanza :  Sueño con volver a ser
Sueño con volver a ser
Bajo tu sombra busqué refugio,

y entre tus hojas -místico lienzo robado

a otros paraísos-, y abandonado

en el embrujo de tu belleza,

mis manos se posaron sobre la yerba

sintiendo la frescura de la tierra.



Ante mis ojos pastos infinitos

marcando sus huellas

reinventadas de millones de colores,

revelando su grandeza más allá

de toda imaginación;

universos terrenales sin amos

ni dueños, sin límites ni fronteras;

espacios para la armonía donde poder respirar

sintiendo la vida poseerte,

como devolviendo el aliento robado

en el aciago verso que quedó sin decir.



Pensamientos que límpidos fluyen

como agua de manantial,

que no conocen las riberas

que a su paso y en su vivo caudal han de besar;

que llevan escritos en su tinta cristalina

la palabra libertad.



Bajo tu sombra

arrullos de esperanza mi alma conoció;

bajo tu sombra se desvanece el ayer

y en ella, entregado a la caricia,

sueño, afán de un viejo romántico,

con volver a ser.



© Jpellicer
Poeta

Poemas de desamor :  A la orilla del mar (L,G,)
[img width=300]http://4.bp.blogspot.com/_S3q06BrAVa8/SevzOiY4hEI/AAAAAAAAB2c/n7a7Z5knHzY/s400/A+la+orilla+del+mar.jpg[/img]

A la orilla del mar (L,G,)

Sentada a la orilla del un mar de espuma
los recuerdos vuelan a mi encuentro
torturándome una vez y otra vez, recordándome
cuanto nos amamos…cuanto nos necesitábamos
en aquellos atardeceres donde el sol
con sus colores incandescentes se despedía
de un atardecer que se menguaba
a su paso dejando el horizonte a oscuras.

Sin tu cariño las horas se hacían eternas
sólo escuchaba el murmullo de sus aguas
que lamían la arena con dejadez
y luego regresaban de nuevo al corazón
de un mar en calma…en tranquilidad
como se encontraba mi alma esperando
la llegada de la noche para apaciguar
este amor de espera y dolor.

Desde que te marchaste mucho tiempo ha
transcurrido pero mi corazón no sabe
de olvido…de rencor…ni desamor,
sólo miro al cielo con la esperanza
de que regreses como las aves
que cansada de revolotear retornan
a sus nidos a reposar sus dolidas alas,
así quisiera que volvieras a descansar
a mis brazos y arrullarte con mis labios.

las olas en la lejanía le dan la bienvenida
a los rayos de la luna que viene haciendo
su entrada luciendo sus gemas brillantes e
iluminando a cada amante que a su paso
se encontraba repartiendo fulgor mientras
que tú te vas alejando cada vez más de mí.

Ahora…sola más sola que nunca con mis recuerdos
que cada vez duele en mi ser y me causa agonía,
las arena que tengo aún en mis manos
se resbalan entre mis dedos como
tu amor se va escurriendo de mi vida,
Ahora únicamente el mar con su vaivén me acompaña
en mi eterna soledad en que enterraste mi amor.

© Ligia Rafaela Gómez Deroy
Poeta

Poemas :  España, aparta de mí este cáliz VIII
Aquí,
Ramón Collar,
prosigue tu familia soga a soga,
se sucede,
en tanto que visitas, tú, allá, a las siete espadas, en Madrid,
en el frente de Madrid.

¡Ramón Collar, yuntero
y soldado hasta yerno de tu suegro,
marido, hijo limítrofe del viejo Hijo del Hombre!
Ramón de pena, tú, Collar valiente,
paladín de Madrid y por cojones; Ramonete,
aquí,
los tuyos piensan mucho en tu peinado!

¡Ansiosos, ágiles de llorar, cuando la lágrima!
¡Y cuando los tambores, andan; hablan
delante de tu buey, cuando la tierra!
¡Ramón! ¡Collar! ¡Si eres herido,
no seas malo en sucumbir: ¡refrénate!
Aquí,
tu cruel capacidad está en cajitas;
aquí,
tu pantalón oscuro, andando el tiempo,
sabe ya andar solísimo, acabarse;
aquí,
Ramón, tu suegro, el viejo,
te pierde a cada encuentro con su hija!

¡Te diré que han comido aquí tu carne,
sin saberlo,
tu pecho, sin saberlo,
tu pie;
pero cavilan todos en tus pasos coronados de polvo!

¡Han rezado a Dios,
aquí;
se han sentado en tu cama, hablando a voces
entre tu soledad y tus cositas;
no sé quién ha tomado tu arado, no sé quién
fue a ti, ni quién volvió de tu caballo!

¡Aquí, Ramón Collar, en fin, tu amigo!
¡Salud, hombre de Dios, mata y escribe.
Poeta

Poemas :  LA MAESTRA RURAL
La maestra era pura. "Los suaves hortelanos",
decía, "de este predio, que es predio de Jesús,
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, para dar clara luz".

La maestra era pobre. Su reino no es humano.
(Así en el doloroso sembrador de Israel.)
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

La maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
era ella la insigne flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor.
Los hierros que le abrieron el pecho generoso
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor!

¡Oh labriego, cuyo hijo de su labio aprendía
el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor
del lucero cautivo que en sus carnes ardía:
pasaste sin besar su corazòn en flor!

Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste
su nombre a un comentario brutal o baladí?
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste
¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

Pasò por él su fina, su delicada esteva,
abriendo surcos donde alojar perfección.
La albada de virtudes de que lento se nieva
es suya. Campesina, ¿no le pides perdón?

Daba sombra por una selva su encina hendida
el día en que la muerte la convidò a partir.
Pensando en que su madre la esperaba dormida,
a La de Ojos Profundos se dio sin resistir.

Y en su Dios se ha dormido, como en cojín de luna;
almohada de sus sienes, una constelación;
canta el Padre para ella sus canciones de cuna
¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

Como un henchido vaso, traía el alma hecha
para dar ambrosía de toda eternidad;
y era su vida humana la dilatada brecha
que suele abrirse el Padre para echar claridad.

Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta
púrpura de rosales de violento llamear.
¡Y el cuidador de tumbas, como aroma, me cuenta,
las plantas del que huella sus huesos, al pasar!
Poeta

Poemas :  LA SOMBRA INQUIETA
Flor, flor de la raza mía, Sombra Inquieta,
¡qué dulce y terrible tu evocación!
El perfil de éxtasis, llama la silueta,
las sienes de nardo, l'habla de canción.

Cabellera luenga de cálido manto,
pupilas de ruego, pecho vibrador;
ojos hondos para albergar más llanto;
pecho fino donde taladrar mejor.

Por suave, por alta, por bella, ¡precita!
fatal siete veces; fatal, ¡pobrecita!,
por la honda mirada y el hondo pensar.

¡Ay!, quien te condene, vea tu belleza,
mire el mundo amargo, mida tu tristeza,
¡y en rubor cubierto rompa a sollozar!

...

¡Cuánto río y fuente de cuenca colmada,
cuánta generosa y fresca merced
de aguas, para nuestra boca socarrada!
¡Y el alma, la huérfana, muriendo de sed!

Jadeante de sed, loca de infinito,
muerta de amargura la tuya en clamor,
dijo su ansia inmensa por plegaria y grito:
¡Agar desde el vasto yermo abrasador!

Y para abrevarte largo, largo, largo,
Cristo dio a tu cuerpo silencio y letargo,
y lo apegó a su ancho caño saciador...

El que en maldecir tu duda se apure,
que puesta la mano sobre el pecho juré;
"Mi fe no conoce zozobra, Señor."

...

Y ahora que su planta no quiebra la grama
de nuestros senderos, y en el caminar
notamos que falta, tremolante llama,
su forma, pintando de luz el solar,

cuantos la quisimos abajo, apeguemos
la boca a la tierra, y a su corazón,
vaso de cenizas dulces, musitemos
esta formidable interrogación:

¿Hay arriba tanta leche azul de lunas,
tanta luz gloriosa de blondos estíos,
tanta insigne y honda virtud de ablución

que limpien, que laven, que albeen las brunas
manos que sangraron con garfios y en ríos,
¡oh Muerta!, la carne de tu corazón?
Poeta

Poemas :  EL DIOS TRISTE
Mirando la alameda, de otoño lacerada,
la alameda profunda de vejez amarilla,
como cuando camino por la hierba segada
busco el rostro de Dios y palpo su mejilla.

Y en esta tarde lenta como una hebra de llanto
por la alameda de oro y de rojez yo siento
un Dios de otoño, un Dios sin ardor y sin canto
¡y lo conozco triste, lleno de desaliento!

Y pienso que tal vez Aquel tremendo y fuerte
Señor, al que cantara de locura embriagada,
no existe, y que mi Padre que las mañanas vierte
tiene la mano laxa, la mejilla cansada.

Se oye en su corazón un rumor de alameda
de otoño: el desgajarse de la suma tristeza;
su mirada hacia mí como lágrima rueda
y esa mirada mustia me inclina la cabeza.

Y ensayo otra plegaria para este Dios doliente,
plegaria que del polvo del mundo no ha subido:
"Padre, nada te pido, pues te miro a la frente
y eres inmenso, ¡inmenso!, pero te hallas herido."
Poeta