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En ti me he silenciado... El corazón del mundo está en tus ojos, que se vuelan mirándome.
No quiero levantarme de tu frente fecunda en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma. Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros. Me voy muriendo en mis años de angustia para quedar en ti como corola recién en brote al sol... No hay una sola brisa que no sepa mi sombra ni camino que no alargue mi canción hasta el cielo. ¡Canción silenciada de plenitud! En ti me he silenciado...
La hora más sencilla para amarte es ésta en que voy por la vida dolida del alba.
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Poeta
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Yo fui estallido fuerte de la selva y el río, y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas. De un lado me estiraban las manos de las aguas, y del otro, prendíanme sus raíces las sierras.
Cuando mi río subía su caricia silvestre en aventuras locas con el rocío y la niebla, con el mismo amor loco que impulsaba mi sueño, lejos de sorprenderlo, me hospedaba en las sierras.
Pero si alguna sombra le bajaba a los ojos, me repetía en sus aguas hasta dar en la arena, y era mi grito nuevo como un tajo en el monte que anegaba las calles y golpeaba las puertas.
A veces la montaña se me vestía de flores e iniciaba en mi talle curvas de primavera.
Quién sabe en qué mañana se apretaron mis años sobre senos y muslos y caderas de piedra!
Se treparon mis ojos al rostro de los árboles y fueron mariposas sus vivas compañeras: así es como en los prados voy buscando las flores, y alas pido en las almas que a mi vida se acercan.
Mis dedos arañaron la fuerza de los riscos, y juraron ser índices de mis futuras vueltas;
por eso entre los cuerpos doblados de los hombres, como puntales puros de orientación se elevan.
Yo fui estallido fuerte de la sierra y el río, y crecí amando el río e imitando la sierra...
Una mañana el aire me sorprendió en el llano: ya mi raíz salvaje se soltaba las riendas! Pálidas ceremonias saludaron mi vida, y una fila de voces reclamaron la prenda...
Mis labios continuaron el rumor de las fuentes donde entrañé mis años y abastecí las venas. De ahí mi voz de ahora, blanca sobre el lenguaje, se tiende por el mundo como la dio la tierra!
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Poeta
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Esto que tu y yo sentimos Nunca en la vida se va acabar Porque tu naciste para mi Yo a ti siempre te voy a amar!
Tu eres mi amor, mi vida entera Te necesito como el aire que respiro Eres la sangre que me corre por las venas Te necesito para vivir en este infierno!
Tu eres mi sol cada mañana Y también las estrellas de mi noche Te convertiste en mi ángel de la guarda Y a veces en mi osito de peluche!
Tu eres el pañuelo de mi llanto Eres el guía de mi largo viaje Eres la luz que ilumina mi camino Créelo, es verdad lo que te dije!
Contigo yo me siento bien Dejo atrás todo el pasado Porque tu eres y siempre serás Para mi vida un milagro!
Contigo ya no hay días gris Tus besos son colores rosas Y tampoco tengo noches frías Por el fuego de tus labios!
Cuando te tengo en mis brazos Tengo aun mas la seguridad Que nunca vas a besar otros labios Lo nuestro es único y de verdad!
Y aunque nos separemos algún día O en otros brazos encontrar felicidad Este amor nunca se terminaría Porque esta escrito en la eternidad!
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Poeta
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Yo he soñado en mis lúgubres noches, en mis noches tristes de penas y lágrimas, con un beso de amor imposible sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Yo no quiero el deleite que enerva, el deleite jadeante que abrasa, y me causan hastío infinito los labios sensuales que besan y manchan.
¡Oh, mi amado!, ¡mi amado imposible! Mi novio soñado de dulce mirada, cuando tú con tus labios me beses bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Dame el beso soñado en mis noches, en mis noches tristes de penas y lágrimas, que me deje una estrella en los labios y un tenue perfume de nardo en el alma.
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Poeta
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Su voz debe ser dulce y persuasiva y soñadora y triste su mirada... debe tener la frente pensativa por un halo de ensueños circundada.
Su alma genial, cual pálida cautiva de un astro esplendoroso desterrada, sueña con una nube fugitiva y con el traje de crespón de un hada.
Cuando la ronda azul de los delirios disipa sus nostálgicos martirios borrando del pesar la obscura huella,
él se acuerda en la noche silenciosa de aquella virgencita misteriosa que dejó abandonada en una estrella.
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Poeta
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¿Quieres sondear la noche de mi espíritu? Allá en el fondo oscuro de mi alma hay un lugar donde jamás penetra la clara luz del sol de la esperanza. ¡Pero no me preguntes lo que duerme bajo el sudario de la sombra muda... detente allí junto al abismo, y llora como se llora al borde de las tumbas!
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Poeta
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Marmóreo, altivo, refulgente y bello, corona de su rostro la dulzura, cayendo en torno de su frente pura en ondulados rizos sus cabellos.
Al enlazar mis brazos a su cuello y al estrechar su espléndida hermosura, anhelante de dicha y de ventura la blanca frente con mis labios sello.
Contra su pecho inmóvil, apretada adoré su belleza indiferente, y al quererla animar, desesperada,
llevada por mi amante desvarío, dejé mil besos de ternura ardiente allí apagados sobre el mármol frío.
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Poeta
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Envueltas entre espumas diamantinas que salpican sus cuerpos sonrosados, por los rayos del sol iluminados, surgen del mar en grupo las ondinas.
Cubriendo sus espaldas peregrinas descienden los cabellos destrenzados, y al rumor de las olas van mezclados los ecos de sus risas argentinas.
Así viven contentas y dichosas entre el cielo y el mar, regocijadas, ignorando tal vez que son hermosas,
Y que las olas, entre sí rivales, se entrechocan, de espuma coronadas, por estrechar sus formas virginales.
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Poeta
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Junto a la negra mole de la muralla altiva que alumbran las estrellas con tenue luz de plata el trovador insomne de frente pensativa preludia conmovido la triste serenata.
El aura de la noche voluble y fugitiva, besa los largos pliegues del manto de escarlata, y extiende la armoniosa cadencia persuasiva que el plácido reposo perturba de la ingrata.
Al pie del alto foso destácase la airosa romántica figura del rubio menestrello, que al agitar la mano sobre el cordaje de oro
entristecido, exhala su queja dolorosa en la cadencia rítmica del dulce ritornello, y en sus mejillas siente que se desborda el lloro.
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Poeta
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Todo es quietud y paz... En la penumbra se respira el olor de los jazmines, y, más allá, sobre el cristal del río se escucha el aleteo de los cisnes
que, como grupo de nevadas flores, resbalan por la tersa superficie. Los oscuros murciélagos resurgen de sus mil ignorados escondites,
y vueltas mil, y caprichosos giros por la tranquila atmósfera describen; o vuelan luego rastreando el suelo,
rozando apenas con sus alas grises del agrio cardo el amarillo pétalo, de humilde malva la corola virgen.
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Poeta
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