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Tímida, la palabra de tus labios caía, y en mi pálida frente dolorosa y macabra, toda melancolía se regó, evanescente, blanda, como un arrullo...
Oh tu voz adorable... ¡Voz única entre tantas! (Bajo el influjo suyo fue placer inefable mi dolor...) -Hoy no encantas este fúnebre yermo...
( No sé dónde se riega -toda melancolía- tu voz... ) -Y estoy enfermo porque tu voz no llega a bañar de alegría mi sufrir... en mi vida dolorosa y macabra, tal vez hubieran sido para curar la herida, tu voz y tu palabra que yo jamás olvido...!
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Poeta
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I Tiro los dados en el azul tapete de la noche para jugar el albur supremo!
Juego mi vida! La llevo perdida sin remedio...! Bien poco valía!
II Juego mi vida contra una sonrisa de Venus Cipriota hembra madura, parpadeante en acecho del primer cupido; o contra la Osa Mayor que ha de bailar en las ferias al són del adufe; o contra el anillo de latón de Saturno, viejo verde, taimado prestamista, insigne usurero; o contra el rebaño de las Pléyades, -vírgenes necias, capretinas locas-.
Juego mi vida contra la Cruz del Sur, condecoración barata, o contra un guiñar de ojos de Urano, andrógino, equívoco planeta, ebrio Narciso; o contra el diablo Aigoi, veleta de Perseo, ágil funámbulo; o contra la farola pintarrajeada de Sirio, trovador nocharniego; o contra el Cinto de Orión que apresa los flancos voluptuosos de la Noche: febril sacerdotisa de los ritos secretos, de las íntimas lides; o contra un beso frío de la Luna ofélida!
Tiro los dados en la azul alcatifa de la noche para jugar el albur supremo!
Juego mi vida! Bien poco valía! La llevo perdida sin remedio!
III Para la burla de Venus Veleta mi corazón es el premio; y mi sonrisa -flor de indiferencia-.
Para las fechas del Sagitario el amplio pecho, y mi sonrisa -flor de cansancio-.
Para Scorpio traicionero, mis zancajos, y mi risa sin odio.
Para Shylock y su balanza, mi carne, que es el precio, y mi sangre -adehala.
Y para Zoilo y Compañía -en el estuche del silencio- la flor de la sonrisa.
Juego mi vida! Bien poco valía! La llevo perdida sin remedio!
Juego mi vida, oh Noche, contra el abrazo perenne de tu cuerpo moreno y felino, fogoso o hecho ascuas de nieve! Contra tu abrazo, oh Noche, Oh Sheherazada! oh tú, Sacerdotisa de las íntimas lides, de los ritos secretos!
Me extenúen tus besos profundos! Me extinga entre tus brazos de terciopelo! En tu seno aromoso me sepulte! y naufrague en tus ojos de sombra y de lascivia y de misterio!
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Poeta
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Mi pobre amor se está yendo... yo me quedaré llorando... La lluvia, leve, cayendo; una nube, allá, glisando...
Mi pobre amor se está yendo.
Lejos, muy lejos!, soñando la dulce amada, y tejiendo su ilusión, me va matando... Mi pobre amor se está yendo...
¿Qué pasa, que nada entiendo? Qué pena se va a acercando?
La lluvia, leve, cayendo... Una nube, allá, glisando... La dulce amada tejiendo su ilusión, que voy matando!
Mi pobre amor se está yendo... Yo me quedaré llorando!
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Poeta
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No te me vas que apenas te me llegas, leve ilusión de ensueño, densa, intensa flor viva.
Mi ardido corazón, para las siegas duro es y audaz...; para el dominio, blando...
Mi ardido corazón a la deriva... No te me vas, apenas en llegando.
Si te me vas, si te me fuiste...: cuando regreses, volverás aún más lasciva y me hallarás, lascivo, te esperando...
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Poeta
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La luna blanca... y el frío... y el dulce corazón mío tan lejano... tan lejano...
¡tanto distante su mano...!
La luna blanca, y el frío y el dulce corazón mío tan lejano...
Y vagas notas del piano... Del bosque un aroma arcano... Y el remurmurar del río...
Y el dulce corazón mío tan lejano...!
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Poeta
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Esta mujer es una urna llena de místico perfume, como Annabel, como Ulalume...
Esta mujer es una urna.
Y para mi alma taciturna por el dolor que la consume, esta mujer es una urna llena de místico perfume...!
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Poeta
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I Tengo una sed de vinos capitosos -venusino furor, pugnas salaces, ojos enloquecidos por el éxtasis, bocas ebrias, frenéticos enlaces-.
Tú, Dinarzada, tú, fogosa mía, tú, Melusina, vid de mis deseos:
¡dóname tu lagar tibio y recóndito! quiero oprimir tus uvas!
Y tus vinos exprimir! -fulgurante filtro cálido para mi sed de zumos citereos!
II Tengo una sed de búdicos nirvanas -xahareño no oír, callada acidia, ojos enceguecidos por el éxtasis, espiritual ardor, psíquica lidia-.
Tú, viaje azul, deliquio, noche intacta, música..., oh tú, mi inasequible dueño:
¡llévame a tus refugios ataráxicos! quiero tañer tus fibras!
y el prodigio de tu entraña exprimir! -don inefable para mi sed de fugas y de ensueño.
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Poeta
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Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar...
En el silencio de mis noches oigo tu voz aletear, tu voz que me dice muy paso que no me quieres olvidar...
En el silencio de mis noches, -como la luna sobre el mar- riela en mi alma tu recuerdo...
Veo el undívago vibrar de las estrellas, en tus ojos...
Me embriaga el cálido aromar de tu melena tenebrosa... Tu frente, -un milagro lunar- trasluce los puros anhelos de tu querer, de tu ensoñar.
Se van mis horas solitarias tras tu recuerdo, en un girar de sueño y sueños ilusos... (No los podremos realizar?...)
Melancólico ensueño ilusorio que justifica el vegetar del ánima mía soberbia, de mi espíritu singular... Melancólico ensueño ilusorio... (no lo podremos realizar...?)
Riela en mi alma tu recuerdo... Siento en mi boca palpitar el beso trémulo y perenne con que nos hemos de besar... miro en tus ojos de misterio -como si fueran a llorar...- todo el poema de la vida que no pudimos realizar... En tu nocturna cabellera -nardos y lirios y azahar- aspiro todos los perfumes con que quisiera aletargar mi quimérica pantomima de soñar y soñar y soñar! Está en tu grácil cuerpo fino toda la euritmia del rimar... Son tus manos palidecidad -parece que fuera a nevar...-, tus manos, lánguidas y breves, pareja de lirios sin par! Tus manos, que bendijeron con su perdón, mi divagar por arduos caminos oscuros y muelles sendas del pescar...
Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar... En el silencio de mis noches oigo tu voz aletear..., tu voz, que me dice muy paso que no me quieren olvidar!
Siento en mi frente ensombrecida tus manos cándidas posar... Siento en mi ardida frente gélida el balsámico palpitar de tus labios, que borran culpas y que me quieren perdonar...
¡Melancólico ensueño ilusorio de mi incoherente divagar! Fantasía disparatada de mi espíritu singular! Delirio ingenuo que se trueca -irónico y duro- en pesar... ¡Melancólico ensueño ilusorio que no podremos realizar...!
Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar...!
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Poeta
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Tú coronas mis quince lustros con el cíngulo de tus brazos, con el cíngulo de tus muslos, con el perfume de tus labios, con el éxtasis de tu júbilo -cabrilleante por los lagos auriendrinos, hondos carbundos-.
Con la tersura de tus manos, con el ardor de tu combusto tesoro en flor, que orna melado toisón en rizos: el refugio fragante, que al híspido fauno tú le donas, -intercolumnio-: oasis tibio entre alabastros.
Tú coronas mis quince lustros con el hechizo de tus labios; con el cíngulo de tus muslos, con el cíngulo de tus brazos, con tus fulgentes ojos rútilos, con tus besos trémulos, ávidos, -ora lustrales, ora lúbricos...-
Con la tersura de tus manos, con tu voz rauca en el susurro, con tus ímpetus inexhaustos, con tus anhelos sitibundos que el corazón hinchente: heraldos de los mis goces y los tuyos, -nuestra embriaguez y nuestro gaudio-.
Con el cíngulo de tus muslos, con el cíngulo de tus brazos, con el prodigio intercolumnio con el regusto de tus labios... Tú coronas mis quince lustros con el brillo de tus ojazos, -gémulas de móvil mercurio-.
Con tu voz grave, con tu osado corazón fiero, con tu iluso férvido ensueño, con tu claro zahareño espíritu agudo. Con el oreo de tu cálido sexual exhálito y efluvio, y prístino efluvio y exhálito.
con tu severo rictus duro, con tu sonrisa en sobresalto, con tu silencio o tu murmurio, -tu pasional mezzo-soprano que se asordina en el connubio...- Con el cíngulo de tus brazos, con el cíngulo de tus muslos...
con la caricia de tus manos, con el éxtasis de tu júbilo, con el éxtasis de mi gaudio, con nuestros éxtasis en uno, con el embrujo de tus labios, coronaste mis quince lustros y continúas coronándolos...
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Poeta
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Quise una vez y para siempre -yo la quería desde antaño- a ésa mujer, en cuyos ojos bebí mi júbilo y mi daño...
Quise una vez -nunca así quise ni así querré, como así quiero- a ésa mujer, en cuyo espíritu fundí mi espíritu altanero.
Quise una vez y desde nunca -ya la querré y hasta que muera- a ésa mujer, en cuya boca gusté -otoñal- la Primavera.
Quise una vez -nadie así quiso ni así querrá, que es arduo empeño- a ésa mujer, en cuyo cálido regazo en flor ancló mi ensueño.
Quise una vez -jamás la olvide vivo ni muerto- a ésa mujer, en cuyo ser de maravilla remorí para renacer...
Y ésa mujer se llama... Nadie, nadie lo sepa -Ella sí y yo-. Cuando yo muera, digas -sólo- quién amará como él amó?
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Poeta
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