|
|
|
¿Mi tierra? Mi tierra eres tú.
¿Mi gente? Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte para mi están adonde no estés tú.
¿Y mi vida? Dime, mi vida, ¿qué es, si no eres tú?
|
Poeta
|
|
|
|
Cómo llenarte, soledad, sino contigo misma...
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, quieto en ángulo oscuro, buscaba en ti, encendida guirnalda, mis auroras futuras y furtivos nocturnos, y en ti los vislumbraba, naturales y exactos, también libres y fieles, a semejanza mía, a semejanza tuya, eterna soledad.
Me perdí luego por la tierra injusta como quien busca amigos o ignorados amantes; diverso con el mundo, fui luz serena y anhelo desbocado, y en la lluvia sombría o en el sol evidente quería una verdad que a ti te traicionase, olvidando en mi afán cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
Y al velarse a mis ojos con nubes sobre nubes de otoño desbordado la luz de aquellos días en ti misma entrevistos, te negué por bien poco; por menudos amores ni ciertos ni fingidos, por quietas amistades de sillón y de gesto, por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, por los viejos placeres prohibidos como los permitidos nauseabundos, útiles solamente para el elegante salón susurrado, en bocas de mentira y palabras de hielo.
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona que yo fui, que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, limpios de otro deseo, el sol, mi dios, la noche rumorosa, la lluvia, intimidad de siempre, el bosque y su alentar pagano, el mar, el mar como su nombre hermoso; y sobre todo ellos, cuerpo oscuro y esbelto, te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, y tú me das fuerza y debilidad como el ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, oigo sus oscuras imprecaciones, contemplo sus blancas caricias; y erguido desde cuna vigilante soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, por quienes vivo, aún cuando no los vea; y así, lejos de ellos, ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, roncas y violentas como el mar, mi morada, puras ante la espera de una revolución ardiente o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria, transparente pasión, mi soledad de siempre, eres inmenso abrazo; el sol, el mar, la oscuridad, la estepa, el hombre y su deseo, la airada muchedumbre, ¿qué son sino tú misma?
Por ti, mi soledad, los busqué un día; en ti, mi soledad, los amo ahora.
|
Poeta
|
|
|
|
El tiempo, insinuándose en tu cuerpo, tal la nube de polvo en fuente pura, aquella gracia antigua desordena y clava en mí una pena silenciosa.
Otros antes que yo vieron un' día, y otros luego verán, cómo decir la amada forma esbelta, recordando de cuánta gloria es cifra un cuerpo hermoso.
Pero la vida sólo la aprendemos, y placer y dolor se ofrecen siempre tal mundo virgen para cada hombre. Así mi pena inculta es nueva ahora.
Nueva como lo fuese al primer hombre, que cayó con su amor del paraíso cuando viera, tal cielo ya vencido por sombra, envejecer el cuerpo amado.
|
Poeta
|
|
|
|
Adolescente fui en días idénticos a nubes, cosa grácil, visible por penumbra y reflejo, y extraño es, si ese recuerdo busco, que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste como la dulce lámpara sobre el lento nocturno; aquel fui, aquel fui, aquel he sido... era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño prisionero entre muros cambiantes; historias como cuerpos, cristales como cielos, sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera una verdad quitar de entre mis manos, las hallará vacías, como en la adolescencia, ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.
|
Poeta
|
|
|
|
Oh gracia de tu rítmico cuerpo gozado un día! Oh misterio inasible de tus ojos sedeños! (Me persiguió tu hechizo por ilusos y lueños países encantados que holló mi fantasía...)
Oh gracia de tu cuerpo que ritmó la alegría para danzar la Danza Única de mis Sueños! (Cuando adivino la dura negación de tus ceños me refugié en las nébulas de la Melancolía...)
Perfume de tu cuerpo, que lo sexual integra! Perfume de tu tórrida cabellera nocturna! Y tu boca! ( En tu boca naufragó mi albedrío )
No perfuma tu boca mi inútil noche negra! (Tal vez con ella tope mi boca taciturna en algún ilusorio lunario señorío...)
|
Poeta
|
|
|
|
Venías de tan lejos que ya olvidé tu nombre.
Venías de tan lejos... Mejor que no llegaras... Sonatas de silencio y en claves inaudibles contúrbanme el sentido con tácita latencia. Cantatas de silencio, con voces abolidas me inundan, cataratas sordas, mudas, de hielo...
Venías de tan lejos... Mejor que no llegaras, mejor que no advinieras...: llegabas de mí mismo. Función, mito, entelequia, trasunto, resonancia de malhadados sueños sin apenas relieves, sin apenas volumen: fantasma de quimera, claridad incorpórea, sombra de fantasía: eco, luz, cavilancia -verberación del sueño-, poema sin raigambre para en jamás escrito. Venías de tan lejos que ya olvidé tu nombre.
Venías de tan lejos... Mejor que te quedaras...
Sonatas de sortílego fervor -imperfectibles- contúrbanme el sentido -substancia sin presencia-. Cantatas jubilosas, patéticas, transidas, me invaden, cataratas de pasión sin anhelo.
Venías de tan lejos, mejor que te quedaras, mejor que no advinieras: te nutría mi abismo.
Eras trasunto: recolmaste mi espíritu y mi estancia. Eras mis sueños y resueños inútiles y densos o asaz leves. Función o Cavilancia. Fata irreal, y única, y verdadera. Claridad, eco, sombra, lumbre: si todo a ti me asía! Substancia, resonancia, ficción... Cordial, filtro o beleño...
Poema incorporado. Rito sensual, Sollozo, Extasis. Grito. Venías de tan lejos que ya olvidé tu nombre.
|
Poeta
|
|
|
|
No te besé la boca sino cuando me decías que el viento te besaba... Si te gocé, ello fue si te gozaba también Eros....: con él te iba gozando.
Yo sólo se decir como es "amando" ni supe ni sabré como es "amaba".... Más libre soy si tengo el alma esclava: y esclavo soy, joyoso, duro y blando.
No te besé la boca, alta Fonoe reticente, si no porque venusta quemada del deseo, la ofrecías:
si te gocé, Belinda ( o Nice, o Cloe o Altacira ) fue cuando combusta pira de Eros, lujuriante, ardías...
|
Poeta
|
|
|
|
Señora, Dama, dueña de mis votos! ¿cuándo veré tus ojos encantados, tus manos inasibles, tus dedos abusados, y tus cabellos -piélagos ignotos-
Cuándo veré tus ojos encantados, y oiré tu voz de ritmos sosegados...! Pero serán todos mis sueños rotos por el furor de inevitables notos... y tus manos pequeñas -los dedos ahusados- no curarán mis rudos alborotos, ni darán paz a mis martirizados labios, que ardieron odios y sedes y pecados...!
Señora, Dama, dueña de mis votos! nunca veré tus ojos encantados, ni tus cabellos -piélagos ignotos- ni oiré tu voz de ritmos sosegados..., ni besarán tus labios ambiciados, sobre mi frente, mis ensueños rotos...!
|
Poeta
|
|
|
|
"Esta rosa fue testigo" de ése, que si amor no fue; ninguno otro amor sería. ¡Esta rosa fue testigo de cuando te diste mía¡ El día, ya no lo sé -sí lo sé, mas no lo digo- Esta rosa fue testigo.
De tus labios escuché la más dulce melodía. ¡Esta rosa fue testigo: todo en tu ser sonreía! Todo cuanto yo soñé de ti, lo tuve conmigo... Esta rosa fue testigo.
¡En tus ojos naufragué donde la noche cabía! Esta rosa fue testigo. En mis brazos te oprimía, entre tus brazos me hallé, luego hallé más tibio abrigo... Esta rosa fue testigo.
¡Tu fresca boca besé donde triscó la alegría! Esta rosa fue testigo de tu amorosa agonía cuando del amor gocé la vez primera contigo! Esta rosa fue testigo .
"Esta rosa fue testigo" de ése, que si amor no fue, ninguno otro amor sería. Esta rosa fue testigo
de cuando te diste mía! El día, ya no lo sé -sí lo sé, mas no lo digo- Esta rosa fue testigo.
|
Poeta
|
|
|
|
Atardecer. Temor crepuscular... Inquietudes que el véspero insinúa... Luces violadas. Nombre de mujer que escucho musitar cuando el silencio se acentúa...
Angustia tremulenta. Indeciso dolor que no se nombra... Indeciso dolor que se aposenta -frío y taimado- en lo interior de nuestra sombra!
Parpadear lento, undívago, ingrávido, en la penumbra... y el mismo musitar yel mismo acento del nombre y de la voz que mi cansancio / apesadumbra! Atardecer. Campanas augurales. Tristeza insomne, múltiple, que en su gris me / circuye: y un rostro de mujer tras los cristales, que me mira y me nombra... y que me huye!
Abulia; anhelos de languidez, de sueño..., ¡no sentir! Escancio tu licor, oh crepúsculo!, en los hielos del cansancio... tu licor en los hielos del morir!
Atardecer. Temor crepuscular. Inquietudes que el véspero insinúa. Luces violadas. Nombre de mujer que escucho musitar cuando el silencio se acentúa!
Atardecer...
|
Poeta
|
|