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Esta noche te cruzan verdes, rojas, azules, rapidísimas luces extrañas por los ojos. ¿Será tu alma? ¿Son luces de tu alma, si te miro? Letras son, nombres claros al revés, en tus ojos. Son nombres: Universum, se iluminan, se apagan, con latidos de luz de corazón. Universum. Miro; ya sé; ya leo: Universum cinema, ocho cilindros, saldo de blanco junto a las estrellas. Te quiero así inocente, toda ajena, palpitante en lo que está fuera de ti, tus ojos proclamando las vívidas verdades de colores de la noche. Las compraremos todas cuando se abran las tiendas, ahora mismo -Universum cinema-, cuando bese las luces de tu alma, sí, las luces, anuncios luminosos de la vida en la noche, en tus ojos.
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Poeta
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Ahora te quiero, como el mar quiere a su agua: desde fuera, por arriba, haciéndose sin parar con ella tormentas, fugas, albergues, descansos, calmas. ¡Qué frenesíes, quererte! ¡Qué entusiasmo de olas altas, y qué desmayos de espuma van y vienen! Un tropel de formas, hechas, deshechas, galopan desmelenadas. Pero detrás de sus flancos está soñándose un sueño de otra forma más profunda de querer, que está allá abajo: de no ser ya movimiento, de acabar este vaivén, este ir y venir, de cielos a abismos, de hallar por fin la inmóvil flor sin otoño de un quererse quieto, quieto. Más allá de ola y espuma el querer busca su fondo. Esta hondura donde el mar hizo la paz con su agua y están queriéndose ya sin signo, sin movimiento. Amor tan sepultado en su ser, tan entregado, tan quieto, que nuestro querer en vida se sintiese seguro de no acabar cuando terminan los besos, las miradas, las señales. Tan cierto de no morir, como está el gran amor de los muertos.
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Poeta
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Afán para no separarme de ti, por tu belleza, lucha por no quedar en dónde quieres tú, aquí en los alfabetos, en las auroras, en los labios. Ansia de irse dejando atrás anécdotas, vestidos, caricias, de llegar atravesando todo lo que en ti cambia, a lo desnudo y a lo perdurable. Y mientras siguen dando vueltas y vueltas, entregándose, engañándose, tus rostros, tus caprichos y tus besos, tus delicias volubles, tus contactos rápidos con el mundo, haber llegado yo al centro puro, inmóvil, de ti misma, y verte cómo cambias, y lo llamas vivir, en todo, en todo si, menos en mí, dónde te sobrevives.
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Poeta
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A esa, a la que yo quiero, no es a la que se da rindiéndose, a la que se entrega cayendo, de fatiga, de peso muerto, como el agua por ley de lluvia. hacia abajo, presa segura de la tumba vaga del suelo. A esa, a la que yo quiero, es a la que se entrega venciendo, venciéndose, desde su libertad saltando por el ímpetu de la gana, de la gana de amor, surtida, surtidor, o garza volante, o disparada -la saeta-, sobre su pena victoriosa, hacia arriba, ganando el cielo.
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Poeta
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¡Soledad, soledad y siempre soledad! Palabras, ruidos, ecos; almas, tristezas, nada: apenas un deseo de vivir y de amar. Los días se deshacen como nubes ligeras; y como todo pasa, ¿dónde está la verdad? Las ideas son chispas que descubren honduras, y el placer más seguro, descansar, descansar.
El alma es como un pozo que contempla a una estrella y que la siente dentro, sin tenerla jamás… Las flores son tan bellas que duran un instante, y el amor cuando nace, se alza a volar. Y todo esto que digo, sólo son frases, humo que el soplo de una noche de lluvia, apagará. Hermano: estoy muy triste -¿me perdonas?- muy triste… - ¡Soledad, soledad y siempre soledad ¡
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Poeta
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¿Nada más que tu amble disciplina merezco, y el cariño oportuno que dices que me das, y sonrisas piadosas para el mal que padezco? ¿Nada más, nada más?...
Yo sé que no te he dado sino un alma sincera, y un amor que no buscas y que no buscarás, y los días opacos de una vida cualquiera. Nada más, nada más…
Tal vez como un sonido que se pierde en la altura, vagamente en ti misma, mi ensueño sentirás; y será mi recuerdo, delicada amargura. Nada más, nada más…
Pero cuesta volverla juiciosa, a la esperanza, mostrarle que su ensueño querido está de más, y sólo es una sombra que sobre el suelo danza. Nada más, nada más…
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Poeta
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Esta pena mía no tiene importancia. Sólo es la tristeza de una melodía, y el íntimo ensueño de alguna fragancia.
-Que todo se muere, que la vida es triste, que no vendrás nunca, por más que te espere, pues ya no me quieres como me quisiste-.
No tiene importancia… Yo soy razonable; no puedo pedirte ni amor ni constancia: ¡si es mía la culpa de no ser variable!
¿Qué valen mis quejas si no las escuchas; y qué mis caricias, desde que las dejas, quizá despreciadas porque fueron muchas?
¡Si esta pena mía no es más que el ensueño de alguna fragancia, no es más que la sombra de una melodía! Ya ves que no tiene ninguna importancia…
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Poeta
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La rama de los astros se estremece en la altura, movida por el viento de la eterna armonía, y el silencio murmura su vaga poesía.
Tú ya no estás conmigo para hacerme dichoso, y te hallas tan lejana, que eres una tristeza…; pero todo, esta noche, se vuelve más hermoso, tal como si estuviese pensando en tu belleza.
Un arroyito claro por la pradera, ondula, el temblor de las plantas le descubre su anhelo, y la tierra se azula deseando ser un cielo…
Siento que te aproximas en esta noche tierna; pues aunque vives lejos, el ensueño nos une, como a dos estrellitas una misma cisterna, donde la fantasía del agua las reúne.
La belleza es misterio, que tu amor profundiza, tu recuerdo, en guiadora claridad se convierte; y la ausencia idealiza la pena de quererte.
¡Si no sólo en mis versos, si en realidad vinieras! ¿No oyes la melodía que, de cariño, llora? Se muestra el mundo bueno, como si me quisieras… ¿Dónde estarás ahora? ¿Dónde estarás ahora?
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Poeta
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Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas… Vaga la melancolía de una pena que ignoro. El viento que estremece marchitas congojas, pasa como un recuerdo por el bosque sonoro.
Es otoño. Parece que un ensueño renuncia, que un desencanto esparce las efímeras galas… Una dorada pompa que a la muerte denuncia, con el follaje mustio forma una lluvia de alas.
Estoy solo. Se siente que el otoño es un viaje… Hay un alma que llora porque alguien se despide. Este ocaso de plantas que enrojece el paisaje, con mi desalentada serenidad coincide.
Pienso en ti, oyendo un canto perdido en lontananza. Cantan las cosas muertas, la música del vuelo. Como mi amor caído conserva su esperanza, la floresta marchita quiere subir al cielo.
Caen las hojas. La selva trágica se derrumba. Desparrámase un sauce cual generosa fuente. Las hojas más diversas tienen la misma tumba, y entremezcladas ruedan en un mismo torrente.
Tú eres como una brisa para mi huerto sonoro. Mi vida es una rama, a tu paso, deshojas; y que tendrá a los vientos, un destino que ignoro. Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…
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Poeta
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Mi corazón, temblando, con latidos me dice: -¿Por qué, por qué, me entregas al primero que pasa y dejas que una mano ciega me martirice, o me suelte lo mismo que si fuera una brasa?
¿Cómo no ves que nadie quiere llevar mi peso, que nadie retribuye mi impávido cariño? Me destrozan mis alas amorosas, y en eso soy semejante a un pájaro que está en manos de un niño…
¡Si supieras!... Hay seres que me dan contra el suelo, hay otros que me hielan, y otros se divierten… Como soy tan confiado, causo mucho recelo; Quienes mejor me tratan son los que no me advierten.
¿No sabes que padezco? ¿no sufres mi tristeza desesperante y larga? ¡Si ya no puedo más!... Aumenta mi infortunio, con mi delicadeza. ¿Por qué me das a todos, por qué, por qué me das?-
Siento en mí, cual gotera, su honda palpitación; sus latidos son lágrimas que casi no contengo; y le digo muy bajo: - Corazón, corazón, yo te doy porque tú eres lo más bello que tengo.
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Poeta
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