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Mañanita de abril, ¡abre tus rosas! ¡y perfuma tus auras rumorosas! ¡y entona con tus aves tu canción!... ¡Mañanita de abril, tibia y ufana! ¡Entra, llena de sol por mi ventana, y lléname de luz el corazón!...
¡Que arrullen las palomas en mi alero! ¡Que desate sus trinos el jilguero madrugador!... ...y en el viejo pilón abandonado, ¡que sacuda sus rosas el granado! ¡y que vuelva a cantar el surtidor!...
Hoy tiene que venir mi compañera -la que con fe mi corazón espera- y quiero, mañanita de ilusión, que al llegar el amor de mis amores, ¡me llenes, con tu sol y con tus flores, de luz y de perfume el corazón!...
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Poeta
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Mírame, Sultana, con tus grandes ojos, que son como un mar!... Mírame, Sultana!... Piensa que mañana ya los dos tendremos la cabeza cana ¡y acaso estaremos hastiado de amar!...
Bésame, Sultana, con tus labios rojos que huelen a azahar... ¡Bésame, Sultana!... Piensa que mañana pasarás las horas junto a la ventana, con el alma enferma, de tanto esperar!...
¡Sígueme, Sultana, que a un país de ensueño te voy a llevar¡... ¡Sígueme, Sultana!... Piensa que mañana irás arrastrando tu cuerpo de anciana, sin hallar ninguna juventud lozana, que te dé su sombra... para descansar!...
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Poeta
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Por tus manos de cera, por tu frente de lirio, por tus senos -dos rosas de castilla en botón-, ¡tu amor es un martirio ...y es una tentación!...
Porque tienes los ojos como brasas y tienes en el alma un perfume y en la boca una flor; porque sabes lo negro de mis cuitas y vienes añorando ternezas y olvidando desdenes a encenderme la sangre con un beso de amor; porque un día llegaste, de mi pecho al santuario y rompiste los ídolos y apagaste la luz; porque luego formaste de mi vida un Calvario, de mi amor una Cruz;
porque vuelas en torno de mi pena tediosa y en el muro te clavas de mi vida interior; porque bebes las mieles que secreta la rosa de mis íntimos huertos ¡oh fugaz mariposa de las alas obscuras, que presagias dolor!;
porque, a veces, buscamos el placer escondido en las noches nupciales de infinita pasión; porque, a veces, me clavas en la cruz del olvido y en los dardos de oro que robaste a cupido, vas mandando tormentos para mi corazón;
Porque anhelo el contacto de tu carne de lirio, que me ofrece la grata sensación de vivir; porque sabes, amada, producirme delirio, ¡tu amor es un martirio! es un dulce martirio... ¡que yo quiero sufrir!...
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Poeta
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¡Oh, señor, nada inquiero!... me resigno y espero, sin temer que se apague mi estrellita de Fe... Sabes bien que mi vida de cansancio se agota, que mi sueño está trunco, que mi dicha está rota, y jamas de mis labios ha salido un "por qué?...
Ni discuto tus leyes invariables, ni anhelo desertar de la tierra y en el ansia de un vuelo traspasar los arcanos y llegar a tu Edén; pero, a solas me digo, meditando en mi suerte: ¡Debe ser muy callada la mansión de la muerte, y en el seno del justo, debe estarse tan bien!..."
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Poeta
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Era una noche serena, y era en el mes de las flores... (Yo no conocía la pena, porque la vida era buena y eran buenos los amores..) ... y aquella noche serena, toda azul y toda plena de luceros tembladores, borracho de miel de amores y en brazos de mi morena, yo sentí que el alma buena se me cuajaba de flores, y que la noche serena -¡toda azul!- estaba llena de cantos de ruiseñores...
Estaba la callecita de su barrio, tan solita y tan triste, con sus viejas casonas, de duras rejas y de portones ferrados con su luna en los tejados y con los muros blanqueados; con su encanto y su misterio y su paz de cementerio, y su farol que ilumina el hidrante de la esquina de construcción vieja y rara, que destila sin cesar un chorrito de agua clara que no deja de cantar...
Yo, enamorado y sencillo, con el alma enternecida rebosante de ilusiones, junto a la reja florida tocaba en el organillo serenatas y canciones para la novia dormida...
Esa noche, los luceros brillaban más y mejor; parecían pebeteros los jazmineros en flor; ...y yo, sediento de amores, en brazos de mi morena, sentí que la vida buena se me inundaba de flores, y que mi alma estaba llena de trinos de ruiseñores... ......................... ........................ Hoy... ¡Corazón dolorido! ¡pobre corazón desierto, aunque parezcas dormido, yo sé que estás casi muerto...! Tus ilusiones de ayer, murieron una por una; para nunca más volver, se fue tu buena fortuna; ...¡y hasta la linda mujer que amaste como a ninguna, se diluyó con la luna en aquel amanecer...! ¡Es mejor que no pensemos en las venturas de ayer...! ...¡Ay, corazón, olvidemos...! Al fin... ¡qué vamos a hacer...!
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Poeta
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Silenciosamente, voy por la pendiente, voy por la pendiente de la Eternidad... Ni cariños traje, ni cariños llevo, y en mi senda larga, si aprendí algo nuevo, fue, sin duda alguna, la simplicidad...
Dolorosamente voy por la pendiente, con el fardo a cuestas de mi ensoñación, sin hallar ninguna mariposa errante que su sed mitigue con la miel fragante de la rosa abierta de mi corazón.
Fatigosamente voy por la pendiente, sin curar la herida que me abrió el dolor... Ni descanso nunca, ni apresuro el paso...; porque, al fin, bien pronto llegaré al ocaso, con la vieja pena de mi viejo amor...
Prematuramente voy por la pendiente, con el fardo a cuestas de mi decepción sin hallar ninguna juvenil terneza que mitigue un poco la mortal tristeza, la mortal tristeza de mi corazón...
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Poeta
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Si te callas y meditas has de ver que en silencio son las almas infinitas. Fernández Ardavín.
¡Es inútil que así llames!... No entrarás en mis jardines. Mercader aventurero que perturbas mi oración; porque acechan mis leones y vigilan mis mastines, ovillados junto al muro del oscuro portalón...
Busca... busca, peregrino, ¡porque llevas extraviado tu camino!... Más delante, quizá tenga reservadas el destino, sensaciones venturosas y alegrías bulliciosas para ti... No interrumpas este sueño de divina poesía... No preguntes por tu vana, por tu loca juglería, ¡que el silencio y el silencio y el silencio reina aquí...
Cuando tornes de la vida, pecador arrepentido y aquí busques el remedio milagroso del olvido, con que puedas , en silencio, tus heridas restañar; cuando vuelvas con el alma deseosa de ser blanca... hallarás mi puerta franca y un refugio donde goces la ventura de pensar...
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Poeta
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Perdí tu amor y tu belleza, pasó el encanto juvenil, ¡y me quedé con mi tristeza en esta Torre de Marfil...
Guardan el puente dos leones desde su altivo pedestal y la portada seis dragones y una serpiente colosal...
Con la templanza de los viejos monjes ascetas, vivo lejos de lo mundano y de lo vil,
sin más insignia de nobleza, que mi bandera de Tristeza, sobre mi Torre de Marfil...
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Poeta
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Por el polvoso camino va la carreta chirriando... y, en la cimera de un pino, ¡un pájaro está rimando el Madrigal de su trino...! ...................... -¡Carretero! ¡Carretero, que vas alegre cantando por el polvoso camino! ¡Preciso es ir más ligero que tu ausencia está penando la chica de tu vecino...!
¿Qué si la vi...? ¿cómo...? ¿cuándo...? ¡Al pasar...! Estaba echando granos de oro en el molino, y, por tu ausencia penando, con los ojos escrutando la cinta gris del camino...!
Dichoso tú, carretero, que por más que llegues tarde, siempre hallarás quien te guarde, ...¡Dichoso tú, carretero...!
¡Yo voy por este camino, caminando... caminando... sin saber cómo ni cuándo mitigará mi destino las penas que voy penando...!
Yo no tengo quien me quiera como a ti... ¡qué triste es eso...! ¡Yo no sé lo que es un beso de la Novia pasajera, que se brinda con sonrojos y que embriaga como el vino, ni he soñado con la espera de una linda molinera, que interroga con los ojos el misterio del camino...!
¡Yo no sé lo que es un beso...! -¡Qué triste... qué triste es eso...! ............................. Por el polvoso camino va la carreta chirriando... Yo estoy, a solas, pensando, cómo y cuándo mitigará mi destino las penas que voy penando... ...y, en la cimera de un pino, ¡sigue un pájaro rimando el Verso Azul de su trino!
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Poeta
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Señor Don Quijote: ¡Dame tu armadura, tu lanza y tu escudo, tu fuerza y tu honor!... Quiero por el mundo pasear mi locura, mientras la sobrina y el ama y el cura queman los infolios de andanza y de amor.
Desque tú faltaste, no ha cesado el ruego de los que padecen injusta opresión... Desque tú faltaste ¡glorioso Manchego! ¡tras cada soldado se oculta un borrego! ¡tras cada nobleza se oculta un follón!...
En el siglo XX, señor, es un hecho que estamos a obscuras, pudiendo hcer luz; que a muchos nos dejan sin pan y sin techo; ¡que en nombre de Temis se viola el derecho y en nombre de Cristo nos cargan la Cruz!...
Señor: ¡Yo he leído tus mismas lecturas!... Señor: ¡Yo padezco tus melancolías!... ¡Ya me malfirieron tus malaventuras!.... ¡Ya me contagiaron tus hondas locuras!... ¡Ya me enloquecieron tus caballerías!
Yo iré por el mundo, sin abrir los labios, mas que cuando deba predicar el bien... Todos tus consejos guardaré, por sabios, y será mi anhelo desfacer agravios ¡aunque nunca sepa ni en dónde, ni a quien!...
Tendré rocinante y un buen escudero que conmigo parta ventura y dolor... velaré mis armas y el señor ventero podrá, sin reservas, armar caballero, a quien ha mostrado pujanza y valor...
Al rayar el alba, tomaré el camino, por el cual acaso tornaré después... Mediré mis armas con el vizcaíno, ¡y no habrá en mi senda gigante o molino que ignore que valgo lo menos por tres!...
Sabrá mis fazañas la gentil Señora Doña Dulcinea de mi corazón... seréle, mañana, tan fiel como agora, y arderá mi sangre -castellana y mora- cuando me bendiga desde su balcón...
A todas las dichas, la dicha prefiero de ser mitad indio, mitad español; seguir por mi ruta de buen caballero; ¡y tener la gloria de templar mi acero en la roja lumbre de un gran horno: El Sol!...
Si es "Barataria" por mí conquistada, fungirá el buen Sancho de Gobernador... ¡Nada tengo ahora, ni pretendo nada! Y ansí no diredes: "Alonso Quijada Cambió por doblones quimeras de amor!..."
Ni en las malandanzas cambiaré mi empeño de amparar doncellas y vencer el mal... Nunca, ni por nada, cambiaré mi ensueño; y en el rocinante y en el clavileño, iré tras el mismo lejano ideal...
Después... malferido, sin yelmo, sin lanza; con el desaliento de inútil bregar; sin ansia de honores, ni honor de alabanza, volveré al terruño, con una esperanza; ¡Ya nunca en la vida sentir ni pensar!
Cuando por mí venga la muerte, no quiero marchar conociendo la austera verdad; que si la locura me armó caballero, ¡Caballero y loco tomaré el sendero -fatigoso y largo- de la eternidad!...
Al fin otros muchos leerán tus lecturas; llorarán, acaso, tus melancolías; y enfermos de todas tus hondas locuras, irán por el mundo, buscando aventuras, dignas de tus glorias de caballerías...
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Mas... agora, dame, señor, tu nobleza; tu vieja armadura, tu lanza y tu honor... Quiero por la vida llevar mi tristeza, mientras Dulcineas, sollozando, reza por su caballero... ¡paladín de amor!
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Poeta
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