Poemas :  Aquiescencia arancelada
AQUIESCENCIA ARANCELADA...

Por la yarda núbil.
Por el acre hueso.
Por la libra codiciosa.

Aquí, se queda aquí, en el vaso transparente,
que vive de las uvas secas,
en los cascos de los caballos y las torres,
que viven de los fantasmas,
en las fábricas de las largas fantasías,
y las alturas de los recuerdos,
que un día caerán,
sin la miseria, ni lámparas de aceite,
cambiando himnos de serpientes,
batidas, arrasadas,
de su propia escama, y venenosa ufanía.

¡Aquí es arancelada!.

Como
el
silencio se desploma,
en la ciudad, tribal,
de hombres terribles,
donde
la razón ha sido destruida,
y cae desde si misma abismada,
como
el
silencio. ¡Se desploma!.

¡Aquiescencia malvada!.

Que descansan bebiendo los inviernos de néctar puro de rica plata nieve,
de ventanas cerradas, de abiertas puertas, mesas solas, y desnudas camas,
de cristales, de plásticos, de oraciones, harapientas y miserables dioses,
de vencidas guirnaldas y laureles entre dobladas estructuras podridas.

¡Aquiescencia desvergonzada!.

La honestidad del escritorio es,
la misma lengua del infierno íntegro.
La virtud del vidrio es,
la conjunción de hienas, hiel y solo hielo.
La gran sorpresa es,
la paternidad corrupta del vecino del siempre.
Con el entonces que entrará,
por la salida del cercano cementerio.
Y podrá bajar el viento,
donde reina la paz del crédito perenne.
Y donde los grilletes misericordiosos,
son gentil desgracia.

¡Aranceles de letargo!.

Entre los frutos de las calles estrechas,
anidan las mismas lenguas,
de asno, buitre, camaleón,
escorpión y gusano.

¡Aquiescencia arancelada!.

Están hasta en la misma casa,
de la pérdida del tiempo y la esperanza,
En el nivel de la procesión fatal,
derramando la ignorancia verdadera.
En el trono de la inocencia tierna.
dulcemente sepultada por palomas.
Las palabras del fondo cierto,
solo muestran los cadáveres del sueño.
Y desde
entonces
las plagas
desayunan virtualmente.

Y hablar con la verdad.
es el delito de mentiras,
de corbatas inmortales, de algodones puntiagudos.
Y
Aún
Hay
Muchos que intentan comprar la paz con el oro.
Mucho de lo que atrozmente sepultan con acero.
Vestido...
¡De lenguaje pintoresco, rufianesco y vano!.
Aún
Hay
Muchos.
Entre las legítimas
ausencias,
de lápidas, graciosas.

Y
no existen más
escalones
a la cima...
Donde, donde, donde...

Ya
las balanzas perdieron
todas
las cabezas huecas...


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

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