Poemas :  Tres variaciones sobre la memoria
En la distancia de mi memoria
Por Enrique Canchola Martínez

se dibuja tu rostro,
como un relámpago secreto
en el giro fusiforme,
donde la forma se vuelve destino.

El perfume de tu cuerpo
despierta constelaciones químicas,
y la dopamina danza,
enloquecida,
en los pliegues ardientes de mi amígdala.

Eres recuerdo y presente,
ciencia y delirio,
ritual de carne y sinapsis,
un canto que atraviesa
la frontera invisible
entre la razón y el deseo.


Liturgia del rostro y la memoria
Por Enrique Canchola Martínez

En la distancia de mi memoria,
tu rostro se revela,
icono sagrado en el giro fusiforme,
donde la forma se convierte en eternidad.

Tu perfume asciende como incienso,
y la dopamina, enloquecida,
enciende lámparas en mi amígdala,
templos interiores que celebran tu presencia.

Eres plegaria y ciencia,
cuerpo y sacramento,
un canto que une lo humano y lo divino,
la sinapsis y el deseo,
la razón y el misterio.

Que tu recuerdo sea rito,
que tu imagen sea altar,
y que en cada impulso eléctrico
se consagre la unión
de memoria y amor.


Canto de la memoria y el rostro
Por Enrique Canchola Martínez

En la distancia de mi memoria,
—tu rostro, tu rostro, tu rostro—
se alza como icono,
en el giro fusiforme,
donde la forma se hace eternidad.

Tu perfume asciende,
incienso de lo sagrado,
y la dopamina arde,
—arde, arde, arde—
en la amígdala que celebra tu presencia.

Eres plegaria, eres ciencia,
eres cuerpo, eres sacramento.
Un canto que une lo humano y lo divino,
la sinapsis y el deseo,
la razón y el misterio.

Que tu recuerdo sea rito,
que tu imagen sea altar,
que cada impulso eléctrico
sea campana, sea coro,
sea consagración de amor.
Poeta

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