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Entre Vinos, amigos y la noche Alzando mi copa, brindo por ti Por aquellos tiempos felices, Por las inolvidables noches De amor y pasión que me entregaste.
Si el manto oscuro al cubrir el cielo A cabalidad quisiera contar, Que bajo la seda de nuestras cobijas Puntada a puntada bordamos sus estrellas, No encontraría palabras para describirla.
Aún recuerdo tus ojos entornados Blancos de placer y de lujuria; el sudor Corriendo por tus ampulosos senos, Mi pecho y tu vientre ardiente, pegados Gimoteando entre mordiscos de agonía.
En mi mente se grabaron para siempre las frescas caricias que te di, Tu cuerpo, tu piel y tus suspiros, Cuando como reina, sentada en tu cetro Me pedías: “amor, no me dejes nunca, nunca”
No sé lo que pasaba por tu mente Cuando húmedos de efluvios placenteros, Rebosantes de felicidad y alegría, Cerrados los ojos, en un beso infinito, El amor y la pasión, para siempre se juraba.
Atrás quedaron las duras cadenas Que ataban la luz de mis deseos, A los recuerdos de tus besos y, Al candente manantial de tu hermosura.
El amor es el perfume que el viento lleva, Pasa vertiendo aromas en los corazones, Ávidos de las esencias y las flores, Así halló el mío, cuando me enamoré.
Errante por las líneas de tus labios Entre ficción y realidad, lloré… Atada mi alma al recuerdo de tu boca, Gracias, por hacerme tan feliz.
Por cobijarme en tu regazo, Darme el fruto maduro de tu pecho, Los azahares de tu vientre fino, El vaivén de tus caderas y, El capullo de la rosa que guardaste para mí.
A veces me pregunto Si tú sentirás la tarde tal como la siento yo Reclinando sus alas, envolviendo al viento Con ese olor a verde que desde la sabana trae.
Mas mi sino me vuelca a la mar Al espejismo azul, entre sirenas y caracolas A esas crispadas olas prestas a devorar todo Para volver olvido lo vivido.
Mi amor marinero se quedó dormido Bogando en una gabarra, acariciando la brisa Con la intemperancia del tiempo Entre el ocaso y las alas de las mariposas.
Cierra los ojos, aguza el olfato, extiende las manos y toca La textura y el olor de esta tarde Encuentra los misterios allí encerrados Tal vez, digo, tal vez… me encuentres a mí.
Al no hallarte sobre la tierra Y sabiendo que mi amor buscabas En un mundo mágico te busqué Abriendo camino entre ninfas y elfos… Cabalgando sobre un unicornio En un inmenso llano, allí te divisé…
Tus cabellos de oro echados al viento Tu mirada profunda como el cielo Tu cuerpo perfecto cual Venus del Olimpo, Llenaron el espacio de magia… De luz y color, desaparecieron mis penas Y de ti me enamoré.
Se esfumaron los cenagales Y todo fue verde como mis esperanzas. bajó el trote el mitológico unicornio Y al acercarte… ¡sólo tu sonrisa brillaba! Iluminando este mí extraño mundo Donde ahora moramos los dos.
¿Hasta dónde el querer es tormento? Porque este tormento de querer, ya me pesaba. Cuando me hablaste, oí cantar al zenzontle Sus asombrosos cantares al alba, Y a tu lado fui, un turpial enjaulado Trocando un amargo llanto, en alegre canto.
Delalma 30/12/2012 11:01:09 p.m.
tratando de salir del oscurantismo en el que una pena muy grande me había sumido. Gracias por leer.