|
|
|
Todo fue propicio, la noche se permitió ser el escenario, el flujo de la calle aportaba la iluminación, tus pasos resonaban con el eco de las sombras. Yo ponía mirada y abonaba la memoria; ir era una forma interminable de llegar a la meta. Qué cosa más natural el sentir tus dedos en mi espalda, qué cosa más obvia recibir tus besos con sorpresa. El absoluto venía de dentro, era sentir ya no la mirada desde el cielo, era saber que el ojo estaba en nuestro pecho y mirar era hacerse el uno al otro.
|
Poeta
|
|
|
|
Queriendo apoderarse de tu mente, hay fantasmas que se esconden al acecho, pues tiene abismos profundos tu consciente, y oscuros túneles transitan del cerebro.
Se asfixian tus pulmones inocentes, se te eriza la piel y duele el pecho. Son aguas turbias de tu subconsciente, son demonios que atraviesan tu universo.
Son tinieblas que obnubilan tu camino, están ya adentro, pues nunca han existido. Y emergen molinos de viento quijotescos que paralizan tu indefenso trayecto.
Tus miedos colocan en tus ojos un velo que ahora te impide ver el sendero. Se apoderan de ti, te dejan ciego, con vulnerabilidad de tu yo interno.
Como hienas bravas sedientas de sangre, como jauría de lobos que andan sueltos: Qué fácil se les hace devorar a cobardes, y a solitarios en noche de invierno.
Tranquilo, los miedos no existen afuera, solo existen en tu mente y en tu adentro. El pánico provoca parálisis y ceguera. Aún si no ves claro el camino, enfréntalo.
Te conviene erradicar de ti tus miedos o jamás despertarás del sueño eterno. Será mejor que luches contra ellos o sufrirás por estar en vida muerto.
|
Poeta
|
|
|
|
Los días se me están pasando largos y se me han hecho tan amargos los momentos que paso sin ti... Estoy que llego al desespero porque ahora que sé cuánto te quiero tú ni te acuerdas de mí. A veces no sé si llorar o reírme y no puedo en verdad decidirme a olvidar lo que perdí... De qué valen mi risa y mi llanto, si mientras yo te recuerdo tanto tú no piensas en mí. No sé si pedirte perdón o dejar que una emoción excuse los errores que cometí, todo cuanto diga será poco, ahora me estoy volviendo loco y tú ni pendiente de mí. Y aunque no eres de las que humillas, yo me pondría hasta de rodillas para darte el amor que no te di, pero creo que por necio y por cobarde ya se me ha hecho muy tarde y tú no te acuerdas de mí. Ahora veo tus fotos y las beso pero sé que no hay regreso, no podré ser ahora lo que antes no fui, porque aunque te obsequie el universo y grite ¡TE AMO! en mis versos, ya no te acuerdas de mí. Por estúpido, por insensible he convertido en un imposible nuestro amor, sueño que nunca viví, por no reconocer lo que me conviene. Ya lo ves, aquí me tienes ¡enamorado como nunca de ti! De angustia tengo el alma llena y no sé si valdrá la pena que diga lo que sea que pueda decirse. Y es la verdad, mejor no invento porque a estas alturas del cuento no hay tiempo para arrepentirse. Porque fíjate, volví muy decidido a luchar porque tu olvido no me dejara caer como caí. Y aquí estoy que me humillo, que te imploro, que sufro, que muero, que lloro y tú... ni te acuerdas de mí.
Armando romero
|
Poeta
|
|
|
|
Soy el frío y no aquel que hago tiritar dentro de mi presencia. Soy el aire y no aquel que me respira y piensa que con ello ha atado todos los cabos del espacio. Soy la luz y no aquel que cree ver azul el cielo y las nubes cabalgándolo. Soy la lluvia y no aquel que cree que vuelvo con las estaciones tórridas a calmar su sed de espíritu. Soy el tiempo y no aquel que me escribe con palabras que yo mismo vaciaré de contenido.
|
Poeta
|
|
|
|
¡Ay mi Dios! como quisiera Tapizar de flores el camino Y transite por él quien me diera La vida, y forjara mi destino
¡Ay mi Dios! Si tú pudieras A esta mujer dulce y serena Regalarle de las noches, una estrella Pues al hombro hecho siempre su pena Para hacer que mi vida fuese bella
Permíteme mi Dios por un momento No ser el lobo que grita su lamento Y ser el jilguero que en su humilde copla Acaricia su rostro cuando el viento sopla
f.n.h.a.
|
Poeta
|
|
|
|
Mayo 7 epilogo de mi tristeza:
Y amaneció, y mis ojos buscaron mi ventana Un sol radiante brillaba frente a mí Salí de casa, busqué los cerros Y un limpio cielo como tus ojos me acompañaba Los rubios rayos de sol, igual a tus cabellos Se abrían camino entre guijarros y piedras Y ahí estaba yo, sin importarme nada ni nadie Solo tú, el cielo, las aves y yo. Cerré mis ojos, extendí mis brazos Y sentí tu calor en nuestro abrazo de cumpleaños.
Feliz cumpleaños mi viejo…
Cuanto te amo papá
f.n.h.a.
|
Poeta
|
|
|
|
¿Tiene paisajes lo invisible? Comencemos por no verlo. Cierro los ojos. Hay una radiografía velada, rayones blancos delimitan esta foto de la nada. Tal vez un tinte rojizo o amarillo otorgan fluidez a esta huidiza imagen. Flashazos que implotan se burlan de mi atención cuando creo tenerlos atrapados. ¿Es llanura esta planicie o la toma aérea de unas montañas confundidas con sus propios barrancos? No puedo determinar direccionalidad y estos fotones comienzan a confundirse con mi cerebro. Ya no sé lo que estoy viendo tras mis párpados. Ya no sé si esta placa proviene de mis ojos o son mis anhelos borboteando en búsqueda de una figura propia. Asustado prefiero huir y buscar la seguridad en lo que no soy: el reino de la luz que se despliega afuera.
|
Poeta
|
|
|
|
La indiferente noche vuelve invisibles las flores de los árboles, convirtiéndolas en un puñado de hojas más --el viento mueve las ramas de tal forma que parecieran asentir a esta aseveración que acabo de escribir--
La luna llena aparece de repente cuando unas nubes se abren para dejarla ver. La luz vence las intenciones de la noche y vemos como casi sonrientes las platinadas flores dejan de ser hojas para convertirse en dispersas constelaciones en el cielo del árbol.
|
Poeta
|
|
|
|
A esta hora el sol es una radiografía; el frío, una ola volcada de navajas invisibles. La ciudad encandilada no termina de ordenar sus calles. Árboles y nubes entretejen la profundidad del cielo. El caos de la mañana podría ser ordenado por un viejo ciego con un violín en la mano que no se decide a tocar.
|
Poeta
|
|
|
Con sencillez espiritual de tu alma pura y santa, abrigas a tus hijos con la manta de la paz universal.
Eres la luz infinita que brilla en el universo, y con tu bondad bendita has inspirado este verso.
Ese amor incomparable que le brindaste al niño, tu ternura inseparable y la devoción de tu cariño.
Madre querida del alma hoy evoco mi canción, con la más humilde calma que tú curaste mi herida, te dedico yo mi vida y toda mi inspiración.
Julio Medina
|
Poeta
|
|