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¡SABER REHERVIRSE!
En la menta sabor esperanza. Lanza Cupido cada flecha. Bajo humedades ardientes aterciopeladas. Teniendo las pieles sendos latidos agudos. ¡Tan cerca de cada inmediato!. Espacio ágil de gracias penetrado. ¡Lamenta los antes abolidos albores!. Sabor de una sola manera. ¡A los dedos recién llegados, íntimos trípticos!.
¡Ah!.- Luz de fragancia callada. ¡Oh!.- Lienzo sin lamento.
Cánticos dramáticos íntimos. En la conjunción de humedad silente. ¡Espejos vertidos del alma!. Antes que los suspiros hubieren partido Antes del entreoír los sentires. ¡Y hubiesen dejado el sabor ausente!. Escarchas relampagueando recién llegadas. ¡Del hombre mucho más carne!. ¡Del alma mucho mayor divina!.
¡Oh!.- Tan lejos de una sola madera. ¡Ah!.- Tan cerca de un sólo clavo.
Como conturban centenares de sentires amables. Y en el no haber tenido, se hubiesen abolido, entre los tiempos que roen, anocheciendo, los dramáticos más íntimos. Encendidos. ¡Con tan gran opíparo banquete!. Envueltos recibires del néctar. ¡Nacarados de pródigos fuegos!. Escriben, para siempre jamás el amor. ¡Qué de sobra entregan cada sorbo!.
¡Anda!.- Dictan las rosadas pestañas. ¡Pues!.- Con el estotro desbordándose.
A veces con fuerza las nieves plumean. A la vez caricia, serena lumbre. ¡En el digno abastecer satisfecho!. Sin que cupieren sus haberes disfrutando. ¡En hora buena de la ribera ilusiones!. Y sin más ni más, simultáneas fusiones. ¡Avalanchas polvorientas a puertas cerradas!. Como dátiles dúctiles de parte a parte. ¡Sin ser, humos húmedos, arrepintiéndose!.
¡Ah!.- Vibran desnudándose atardeceres. ¡Oh!.- Cántico breve y vaporoso deleite.
Así, diríamos mieles, diéramos elixires. Para luego historiar, agradable cada futuro. ¡Con el campanear del turgente escote!. En el torso terso del beso ileso. En el dúctil datilear del enarenado oasis. ¡Con las esferoidales epopeyas del insomnio!. En la pirotecnia de necrópolis ligera. ¡Sin el vulgo conjuro del yacer!. ¡En el presente, qué pide, qué escriba sin verbos!.
Un... ¡Ah!... ¡Qué vibre!. Un... ¡Oh!...¡Renacido!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Barquito de papel mojado, azorado tiemblas indeciso en tu propio halito… a cada instante viras, defiendes frágil el rumbo.
Pliego escrito a mano, replegado, recogido en sí… calculo geométrico y táctico para navegar solo y para ti… entre submundos raros, desconocidos.
Batido… hieres el mar con rabia en un gesto único, rotundo… las ondas fluyen y tú eres el centro.
Ira expandida queda en mis playas, ruge contra las rocas.
Al fondo… las corrientes arrastran pecios, naves olvidadas… mordidas por el tiempo… cuerpos inertes flotando en oxido y memoria.
Solo ondas… y tú eres el centro.
Miro mi mano, casi está seca… pero el escalofrió sigue y se dilata imparable… consciente rompo a llorar.
Vacío… haces aguas inquieto, anotado en el cuerpo… mi esencia en tus pliegues y ahora vas a la deriva, perdido…
Burla el papel mi error, el lecho marino… cada golpe de nudillos, el oleaje exótico y áspero… y al final la sombra… la sombra inquietante del mar.
http://teyalmendras.blogspot.com/
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Poeta
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Lienzos de vida donde volver a creer
Y en ese lugar donde la paz acaricia
como suave terciopelo cada poro de la piel,
allí quiero estar yo;
con las ropas raídas fiel reflejo de viejo caminante,
y el alma cansada y la mano aún tendida,
allí quiero estar yo.
No me busques donde el grito,
ni allá donde el agua no llega;
no me llames por mi nombre,
no me sigas y no me esperes… solo sueña.
Un lugar donde el rocío de la mañana
bese y vuelva a hablar de vida;
donde la noche se despida dejando
el titilar de las estrellas en tu recuerdo;
donde el aire te llene y te lleve
y sientas te abandona entre fragancias donde veas,
con la intensidad y verdad que tienen los ojos cerrados,
nuevos presentes de mágicos colores.
Es allí donde de nuevo podemos quedar
para intentar volver a ser;
allí donde el poeta en su sueño, se vuelva a comprender,
y donde el pintor, redimido por su pincel,
pueda volver a pintar mañanas donde creer.
(Jpellicer)
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Poeta
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Habito invisible
"Con el hábito habitamos el hábito invisible"
Clama el clima ser un clarín. Clarín de paz... Va el veloz huracán. ¡Pincel, cincel, pluma y cuerda!. Curvas en la vida, curvas en el arte. ¡Anhelantes armonías bajo el viejo lago!.
Con el hábito tenía una piel de domingo. Y girasoles en el sombrero, cubierto. Cubierto de viernes lunes, por las frenéticas sombras. ¡Primaveral y dulcemente teñido!. ¡Por la tarde tibia y majestuosa!.
¡Invisible habitar la vida!.
La muralla fuerte cabalga noblemente. Invisible. Él, fiel vencedor de duelos crueles. ¡Hábito qué habita!. Las flores vibran encendidas. Las frutas espumando platas.
¡Dulces confidencias derramando al viento!. Él, huracán, adorable peregrino. ¡Por el arte!. Hábito invisible, monje del destino. ¡Creador!. Doblando las maderas de los cielos. Doblando las rendijas del salitre. Él, incubador, del follaje melodioso.
¡Invisible habitante del destino!.
Fecundo, insinúa la bóveda estrellada. ¡Cuál canto incomparable del zenzontle!. ¡Huracán creador de fantasía!. Apacible enamorado. Él, artista, monje del destino, con el hábito. ¡Invisible, encarna, encarando las pasiones!.
¡Altares vigorosos y existencia ardiente!. La helada realidad y los ensueños abandonados. En el fondo de ásperas mañanas. ¡Qué funden lágrima y sudor del cuerpo al alma!. El huracán, huraño, del interior, humano.
¡Sentir invisible hábito!.
Cuando, heridas todas las calles buscan, la creación en paz, un frasco de fresas, pinturas monumentales, poemas musicales, entre el negro fango, del sufrir inútil.
¿Porqué, porqué?. ¡Cuántas escaleras hay!. ¡Cuántos cielos faltan por llenarse!. Innúmeros cadáveres caminan, y en las torres, desayunan cucarachas. Hablan y hablan. Hablan detrás de las cavernas. ¡Con el remedio de saliva!. ¡Con la garganta salvaje!.
¡Invisible sentir habito!.
Insensibles hay, mil tambores y tabernas, en las últimas pirámides, de liana. En el papel, tintas, cinceles, dolores, sabores. ¡Carnes de todos colores!. Acuarelas, piedras, águilas desplumadas, óleos, nopales, y secos senderos perdidos, en degollados futuros.
Y de postre, un león sodomiza una lombriz. ¡Una lombriz!. Si, una lombriz de caverna. Dicho han, uno y otro día, mil veces. Mil mismos, las mismas cabañas.
¡El creador invisible habita!.
Día tras día, siglos astronómicos. Dolores del océano, cielos rojo sangre. ¡Rojos de muerte, llantos rojos!. ¡Cómo perros disecando cada ladrido!.
Y los monjes, decorando de aleluyas mil campanas. Dorando grillas lenguas y nobles iguanas. ¡Si habla el veneno, callan las pestañas!. ¡El arte extinto, pinta al pálido mañana!. Con el hábito invisible. ¡Día con día, igual, invisible!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Përez
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Poeta
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El final inicia y por las calles se oye el caminar de la milicia, los revolucionarios buscan justicia sobre aquellos que destrozan vidas por codicia, la batalla empieza y las balas vuelan, golpean cabezas mas no importa cuántos mueran la guerra continua y la muerte no sacia su sed de sangre, la cultura moribunda y la sangre solo la lava el llanto de una madre, un corazón se parte en mil pedazos al tiempo que otro deja de latir, un arquitecto repara lo destrozado tan solo para que lo vuelvan a destruir pero con un objetivo, un joven toma un arma y en su mente pensamientos de rebelión, tatuado en su alma el plan de acción de aquella revolución, toman ciudades y puestos de avanzada, luchan contra el gobierno y contra su guardia armada, se prepara una emboscada contra un equipo de rescate, tienen la calle minada y solo esperan el ataque, después de varias horas llega un convoy militar y en silencio los rebeldes esperan oír el detonar, las minas explotan y mientras vuela el humo se oye un silbido segundos antes de que se abra un fuego enfurecido, en el suelo rebotan balas al tiempo que un soldado se desangra y un líder huye pidiendo a sus soldados que sean fieles, ciudad por ciudad su gobierno comienza a caer, mas la sangre de los soldados no purga la de los rebeldes y mientras la contingente avanza en Trípoli, la larga lucha se acerca a su final, mas solo le espera una lucha aun más difícil al pueblo libio mas la voluntad incorruptible de aquellos hombres será la fuerza que ayudada de conocimiento sacara adelante aquel país
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Poeta
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TAL VEZ DE NOCHE
Una noche con la muerte de diez años, vi las cosas equivocadas. Cuando recuerdo tus secretos sueños, veo danzando los olvidos. ¡Vivo, helecho, rebaño, balando!. Un corral de ceniza, de raíz establo. En la transparencia de los bosques. Los dos, ciruelas, acostados. En la playa del remedio. Deformado, dolor, sin rostro, sin rostro. ¡Cataratas de sangre muda!.
Tal vez de noche.
Los dos secretos recuerdos. Los dos sueños olvidados. Del compañero, polvo mañana. Igual al mío. Mañana, mañana. ¡Tal vez de noche, sueñe!. En el morir. ¡Qué muero vivo!. En el vivir. ¡De los gusanos qué ríen!. ¡Qué las mentiras decoran dulces!. ¡Cuánto Venus olvidado!. Y Marte, fornicando húmedo. El piso sangrando auroras. Con la danza de la lanza. ¡Los sueños son secretos!. ¡Y tus transparencias bosque!.
Tal vez de noche.
Una noche, de lágrimas cadena, vi más cosas, equivocadas. ¡Luces retorcidas de palabras!. ¡Palabras retorcidas de luz!. Unos ayudantes de su dios. Otros abiertos, publicistas. ¡Del rebaño indiferente!. ¡Esclavos del perdón!. Deforme inmóvil. En el corazón, hielo, que olvida ser. ¡Libre, agua turbia y seco desierto!. ¡Esperando!. Gratuito su edén. Tal vez, tal vez, siempre ha sido un tal vez.
Tal vez de noche.
Dos millones. Añejos espejos. Ven las dos. ¡Dos humanidades!. Y el fracaso del diluvio. Y glaciación. Las cavernas son distintas. Y distintos los lenguajes. ¡Pero!. Las dos humanidades siguen iguales. Sin mover un solo dedo, justo, hueco, diario, que camina, que injusticias vende. ¡Un eterno esclavo de sí mismo!. ¡Un sí mismo!. ¡Qué no existe!. Cuando recuerdo las vidas, que se han ido.
Tal vez de noche.
Las dos ciruelas y planetas. Veo tanto secreto olvido. Tus danzas por la vida. ¡Hombre sin remedio!. Sueños de millones. Años. ¡La historia sentida!. La involución sin sentido. Dos secretos. Tal vez de noche. Dos secretos olvidos. ¡Tal vez de noche, las dos humanidades! Una noche. Con la muerte. ¡Vi las cosas equivocadas!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Si en un adiós se pudiera resumir todo lo vivido con sentido… la vida sería un jolgorio distendido de amores, pasiones, cuitas y emociones Sería como tener el día y extrañar la noche tener la noche y desear el día… saltarnos a la garrocha un bello atardecer y no disfrutar del celestial sonido del amanecer. Pero el amor no aprisiona, el amor libera aligera el camino para que el amor encuentre al amor para que la felicidad sea, lo que el corazón quiere y sobre ese querer… nada puede el saber. Hoy la tristeza embarga mis horas… y en cada pensamiento divago en tus sueños. Y en la maraña de tus devaneos... perdido espero vuelvas a mí amorosa, no importa que vengas… en un viejo tren. auris/Delalma Sábado 27 de agosto del 2011
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Poeta
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Con el miedo de necesitarte, aullo a la luna de tus ojos quebrados, de costado y sin honor respiro tu espalda afilada de semblantes narcisos y féminas plumas blandas. Me embriagan tus silencios de tumba, dejando bajo llave el dios de tus andares. Le sudo en tormenta a tus sueños de los que no soy dueño. Me sumaste a tu lista de fracasos pendientes, mientras te castigo con el ardor de mi ausencia. Pasan las horas ni me olvidas ni te olvido, ya no tienes donde rasgar tus uñas, se te a terminado el vicio vacio de amarme. Ya me aprendí de memoria el perfume de tu ignorancia: mujer.
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Poeta
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La noche que nació de entre tu pelo vacío viene atascada de mareos y de humos, la sonrisa hiriente de mi piel clandestina hoy murmura tus latidos de mujer regalada. Con la luz incendiada de estas manos tocando todo y no queriendo nada rinden tu homenaje en horas en desuso. Jugando con tus latitudes en caricias ególatras te alcanzo a comprender, te logro absorber. Eres dulce amargura que envenena las tardes, dejando caer la ropa, el peso de mis engaños y mi saliva. Eres mujer de lo que aun no pide mi lengua atormentada, de lo que aman estos vasos transitados. Te espero desde el odio, aquí, en el hombro izquierdo tengo la huella de tus quebrantos. La duda evaporada de los corajes a contraluz.
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Poeta
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EN UN PEDAZO DE PAPEL
En un pedazo de papel se abarata la vida. Cerezo el pecho mil ventanas quiebra. Enterrando el hambre de otro consuelo. Miel inviernos terrazas e infiernos. Con cada noche que teme su carrera. Recién nacidos paisajes, alfileres vendiendo. Años de suelo, llorando vulgares ensueños. ¡Tarántulas jinetes de cobres cabras!. ¡Ocurra lo que ocurra!. ¡Ocurra lo que ocurra, en un pedazo de papel!.
Lugares vacíos, sin brillo la mirada. Tiemblan espejos a lo lejos, pardos. Odios hipnóticos, bestias sin mezcla. Tocando apagados faroles. ¡Comedidos!. Sorprendidos. Entre diestros. Siniestros. Entre cortinas. Sombras. Entre cristales.
Diques intactos del eco, queja sin ayuda. Blancas estremecidas, las faldas, volcánicas. Un regalo de frente arrugada. Entierran de plata cada polvo. En el gozo de lo terrible, quitando la vida. Verde campana, roja cien veces. En el altar quedaron los sueños enredados. Azul eco, de tonos erizados peces. ¡Mudos desvelos con ojos ansiosos!. ¡Donde relucientes muerden sus colas!.
En un pedazo de papel, en un pedazo de papel. ¡Donde panderos fruncen la gaita!. Negros destinos, canción del olvido. ¡Qué larga fatiga, susurran las paredes!. Nidos de breves instantes. Palabras de puerta en puerta. ¡Del uno tras otro, cara a cara!. Horizonte sin vida, rígida espera. ¡Donde pasan las horas punzantes!. Y los jardines doblan las sombras.
En un pedazo de papel se abarata la vida. En el nuevo mundo del miedo, de túnica blanca. Y ufano degüella palomas, claros lirios. ¡Sobre holocausto que se repite!. Pétalos de acacia. Un adiós para siempre.. ¡Ave del gran osario!. En un pedazo que al ser abrasa. En la madrugada de labios rojos. En el hambre, lacerada fértil. ¡Alimento de estúpidas cifras!. En un pedazo de papel se abarata la vida.
Óleos. Jardines encarnados. Terciopelos. ¡Deslumbran sin piedad!. Vespertinos. ¡Al inerme plasma!. Infames. Crepúsculos cactus. Virus. ¡Descarnadas agonías!.
Se abarata la vida. Se enriquece la muerte. En un pedazo de papel. Al arbusto labial, de todos los murmullos. ¡Más allá de monosílabos, brillan los insectos!. Amorosa conciliación de vegetales alambres. ¡Aglutinantes, erosiones, algebraicas!. ¡Perceptible conmoción apenas!. En un pedazo de papel. ¡Se abarata la vida, se enriquece la muerte!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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