Cuentos :  Pavos Reales en Urano.
Pavos Reales en Urano.

Pavos Reales en Urano. Centellas frías, resplandores de oro oscuro, Relámpagos negros, torres de cristal violeta. Los atlantes llevan sobre sus hombros espuertas llenas de carbones encendidos azules y verdes, zafiros y esmeraldas, y suben la escalera del Palacio Imperial. Y arrojan las gemas rutilantes al insondable vacío, donde se funden en un río de turquesas, a veces hay millares de libélulas azules en las pupilas de oro de los obreros, gigantescos tíbores de carey están llenos de monedas de oro, jarrones de malaquita rebosan de monedas de oro, elefantiásicos atlantes sostienen columnas de mármol rosa que soportan demenciales cúpulas y espirales, y los pavos azules elevan sus colas verdes bajo la mirada impasible de los Dioses, fríos como dagas finas. Las sierpes verdes reptan entre los corales blancos, de azúcar, gélidos como la muerte, y los reyes de Urano, vestidos de rosa y fucsia, pasan sobre sus sillas de mano, sobre los hombros de los esclavos, abominables e iracundos, con rubíes en los dedos, fúlgidos como la sangre. Se ha detenido el tiempo, en un solo minuto le han arrancado el corazón a un cisne y lo han arrojado al fuego, y las llamas lo han devorado como hormigas de ira roja, y los pavos reales asustados han visto sus cuellos en peligro ante cuchillas de plata feroces, heladas como diamantes. Suenan los oscuros clavicordios, los brillantes pianos lilas, los timbres de cristal y níquel, y las trompetas de oro, y los armonios azules y los pétreos Timbales, y en la música cabalgan dragones de fuego azul y dragones de fuego verde, y lo atlantes los matan con lanzas de oro salvaje, y sus cuerpos caen sobre simas negras, en las que sólo hay una brea llena de arcoiris rosas que ensucia el agua, que también es oscura como la pupila de una virgen. Los esclavos a millares, elevan torres de cristal violeta, sobre avenidas de ámbar naranja, y hay jardines verdes llenos de Estatuas de Oro macizo, que relampaguean asesinas, estatuas que no han visto la luz del sol nunca, lejano como una estrella amarilla. Los pavos reales en los jardines miran sobre su propia belleza y se quedan extásicos, silentes entre las campanas de cristal azulino, con sus penachos irisados, con sus colas de esmeraldas en las que hay miles de ojos de tigres, y los hibiscos rojos exhalan una plegaria de soledad blasfema. Hoy hay una ejecución en el salón de oro del Palacio Imperial. Hay cien reyes en sus tronos de oro verde contemplando al reo, desnudo y bello como un narciso de fuego, son sus ojos oscuros como un río lleno de demonios, ha asesinado a un ángel con una cinta de seda amarilla, y es hermoso como un lago en el que flotan cadáveres, sus músculos de hombre delatan a un gorila delgadísimo, sus hombros son dos colinas de nácar, sus brazos dos palancas sobrehumanas, sus manos, dos flores corrompidas, dos puñales, sus labios, dos exquisitos pétalos de rosa. Desnudo su propio cuerpo eleva una plegaria de compasión a los dioses, pero ha asesinado a un ángel, el sublime emperador Uranita, ciego de nacimiento, ha escuchado la música que para el suceso ha escrito un poeta, flotaban en la melodía caballos persas entre puñales de lilas, caían cataratas de fuego sobre simas de agua perfumada, y cien mil rosas destilaban una gota de aroma agridulce, pero el emperador ha dicho: Nó. Y los Pavos reales han elevado sus colas turquesas y Urano ha girado en el espacio insondable como una bailarina flamenca una Petenera andaluza. Los nenúfares de los estanques han sido visitados por una abeja de plata. Y los ojos de oro de los esclavos han visto millones de Libélulas azules. Pero el Emperador ha dicho Nó. Y el ángel que estaba sobre una tumba de hielo ha cerrado sus ojos. Peleaban dos gallos rojos en la pupila increíble de un poeta.
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Francisco Antonio Ruiz Caballero. Podía haberlo hecho mejor, pero mi madre me ha lavado el abrigo y estoy pasando un frío de mil demonios, por eso el relato me ha salido tan gélido, porque en mi casa hace un frío de cojones.
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Cuentos :  Nicasio Paz: Ladrón


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Nicasio Paz, es ladrón. Antes de salir a robar, se persigna y les reza a Cristo y a la Virgen, como si ellos, secundaran y ampararan a los predadores de su prójimo. Algo paradójicamente opuesto a lo que dictan, el séptimo mandamiento: “No robarás” y el décimo: “No codiciarás los bienes ajenos”.

De todos modos, Nicasio, como Dimas, “el buen ladrón” crucificado junto a Jesús, se siente protegido y redimido de antemano, por el hecho de estar demostrando respeto a Dios, a su hijo y a la virgen María, madre. “Cosa que no todos los honestos hacen y por tanto quedan expuestos a cualquier tipo de vicisitud, incluida la de una acción ofensiva por fuerza mayor y aprobada por Dios como la mía”, sentencia Nicasio. Además, él está convencido que “los mandamientos fueron fraguados en parte, por una gavilla de mercaderes capitalistas de esos tiempos, para así, resguardar sus bienes contra los ladrones ignorantes y temerosos de Dios”. En definitiva, las razones por las cuales Nicasio termina ahora de rezar, son: por la ejecución de un trabajo fácil y de buen dinero y por un retorno sano y salvo.

Nicasio, razona adecuando la religión a su actitud, que no es su única religión; además, profesa fidelidad al código criminal, y de entre sus varios artículos, es mentor del precepto que dice que quien no es “del palo” (clase delincuente) o policía, (la contra) es “civil” (ciudadano común) y “al civil le cabe”: Le cabe el robo y de resistirse le cabe la golpiza y de rebelarse le cabe la muerte. Aunque, Nicasio, trata en lo posible de no matar; primero: porque en caso de caer preso, la condena no sería tan severa, y segundo, porque desde que vio la película “Perro Rabioso Morgan”, sobre un antiguo y legendario bandolero australiano, real, (que le dio unas monedas a un campesino y le dijo más o menos que: “eran para que progresara, así cuando fuese rico, él, lo podía robar”) al igual que el bandido, Nicasio, decidió preservar su “materia prima de subsistencia”; o sea, la salud de los comerciantes pasivos. “Lo mismo piensa y hace con ellos el gobierno, razona Nicasio, que es ladrón de guante blanco como seré algún día yo; que en escala, por ahora enturbio esa categoría como hace el ratero simple; “rastrillo” que vive preso dos por tres por paparruchadas, haciendo proyectos de robos imposibles. En fin, hablando pavadas todo el tiempo con otros estúpidos iguales y violándose entre ellos. Ensuciando la jerarquía del ladrón de oficio que soy. ¡Aborrezco esa calaña!”.

En realidad, Nicasio ve el delito como “un oficio tan viejo como la prostitución, que está legalizada y todo. Un medio de vida lógico y riesgoso como muchos, que ya debería ser reconocido y aceptado socialmente, sin tanto aspaviento moral; y además, modificando con todo respeto el nunca bien ponderado accionar mafioso, sindicalizarlo y decretarlo servicio de protección obligatorio para la comunidad, con un costo mensual como cualquier otro servicio público. Con esto, la víctima de delito dejaría de serlo para convertirse en cliente, que ya no sería llamado “candidato, punto”, etcétera, sino: contribuyente. Y, hasta sería tratado cordialmente y quizá, con descuento por buen pagador. Dicho servicio, estaría regido y controlado por el sindicato; quien impediría proceder a los recaudadores con violencia innecesaria y ni muy drogados y/o alcoholizados, y todo el mundo en paz” (argumenta Nicasio entre colegas). En fin, aunque por las dos razones antedichas, no mata, y sólo en caso extremo de defensa propia llegaría a tal punto, entonces, más que nada para amedrentar, de un vistazo, chequea balas a un cargador extra y procede a limpiar cuidadosamente su pistola (antes depositada junto la estatuilla de la virgen María, “para que salga bendita”). En eso, a fin de ver que esté limpio, cerrando un ojo, mira por el cañón de su arma dirigido hacia la luz de la ventana, y por el orificio del mismo, ve llegar a Lito, su compinche, en la moto en que se trasladan habitualmente y que usarán en unos momentos. Hoy les toca como “trabajo”, la pizzería “La Pacífica”.

Treinta y cinco minutos después, están frente al negocio. Con gorras de visera y capuchas cubriéndoles casi el rostro, entran pistola en mano: Lito, directo a las mesas con público, poco, y Nicasio, a la caja registradora. Lo que no advierten, (por confiados en que allí no había servicio de vigilancia) es que disimulado por un alto cartel de promociones que cubre parcialmente una de las vidrieras, hay un guardia que justamente hoy, comenzó a custodiar el lugar. Tras la voz de alto de éste, se oyen dos disparos seguidos. Lito, cae muerto de frente sobre una mesa y entre una pareja que está almorzando. Nicasio, paralizado de espaldas al hecho, oye los gritos de algunos clientes, mezclados al sonido del estropicio de platos y sillas por el suelo.

Al no oír la voz de Lito, avisando que todo está bien, sino la del vigilante dando de nuevo la voz de alto, tras un par de segundos más de sorpresa y cálculo, está a punto de soltar el arma y entregarse. Pero no, “para qué había rezado, sino para salir entero”. Se vuelve, ágil como un resorte y apuntando a la altura de un pecho o cabeza, pero se encuentra con el vacío de la puerta de entrada. El guardia, que había sido herido por Lito, está tirado en el suelo y desde allí dispara de nuevo. Nicasio, siente un ‘puñetazo’ en el pecho y se ve sangre. Tras herirlo, el guardia se despatarra y agoniza. Nicasio, suelta la pistola y corre hacia la puerta. Pasa cerca del vigilante que, en insólito y gran esfuerzo, vuelve a disparar. Nicasio, siente otro golpe a la altura de las costillas. No le importa. “Picotones de avispa”, se dice. “Aunque algo esté fallando, estoy protegido por el poder divino”.

Ya en la calle, corre por la vereda. Obvia la moto. Su meta no queda lejos: la iglesia, a un par de cuadras. Tiene que rezar más allí, ‘reblindarse’ de bendición. Corre como puede, regando sangre. La gente se aparta de su trote de herido. Llega frente a la iglesia. Cae de rodillas y luego de pecho y rostro al pie de la escalinata de seis escalones, donde, sentado en su escalón superior, un indigente pide limosna. Nicasio, se siente sin fuerzas para entrar a la iglesia. Mira al mendigo como para pedirle ayuda. Éste, con su pelo largo y barba, se parece notablemente a Perro Rabioso Morgan, quien se parece notablemente a Jesús. El paria, tiene los ojos encendidos de un sereno candor y a la vez, destellando severidad. Siempre viendo a los ojos a Nicasio, que se desangra tendido de barriga y con su cabeza erguida a duras penas, el menesteroso introduce una mano en su lata de monedas y tomando algunas, las arroja con precisión por la escalinata, repicando y tintineando hasta las manos desvaídas de Nicasio, quien, instintivamente y sin saber por qué, recoge lentamente una a una las monedas y las sostiene con fuerza, como amuletos.

La mayoría de los transeúntes ha huido, y los que no, se mantienen a prudente distancia curioseando el trágico episodio como de ficción. Comienzan a oírse las sirenas policiales y de ambulancia. Entonces, parecido a Jesús pero más bien como Perro Rabioso Morgan, con su voz de la película, el ‘mendicante’ le dice a Nicasio: “Vivirás. Las monedas, son para que te enmiendes y progreses. Y quiero mi diezmo en pan, jamás en dinero; de lo contrario sería robo a Dios. Lo de mendigar es fachada".



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Cuentos :  EL AUDAZ GOLPE DE LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE
Cuando el relevo del guardián del turno diurno del Obelisco, se presentó a cumplir sus tareas ,se encontró con la sorpresa de que la cerradura de la puerta de acceso estaba obturada. Esto no lo alarmó , ya que por la noche, la Plaza de la Republica, era tierra de adolecentes marginales que bien podrían haber sido los autores del daño. Decidió entonces golpear la puerta de chapa verde para avisarle a Carencio Dental, el guardia nocturno, su llegada. La falta de respuesta inmediata de este, tampoco lo alarmó, porque Carencio tenía el sueño pesado y no se despertaba al primer canto del gallo. Espero un tiempo prudencial y luego con más fuerza, repitió los golpes…nadie le respondió . Esto tampoco lo alarmó, por qué aparte de tener el sueño pesado, Carencio, era sordo. Será cuestión de esperar, se dijo Papparulo, que así se llamaba. .. y siguió esperando, tranquilo, sin alarmarse, porque últimamente lo había visto medio desmejorado a Carencio, y dada su avanzada edad era posible que estuviera muerto. Lo que en realidad le preocupaba era que ya hacía una hora que estaba esperando, que tenía ganas de orinar, y que si marcaba tarde iba a perder el premio. Hubiera prendido un cigarrillo para calmar los nervios, pero recordó que nunca había fumado y tampoco estaba nervioso . Apenas un poco confundido por la falta de respuesta a sus llamados, y porque ya no podía esperar más o se iba a mear encima.
Esto fue , más o menos, lo que Papparulo, luego de pedir permiso para ir al baño, le dijo al oficial de guardia de la comisaría, donde fue a radicar la denuncia, o por lo menos, es parte de lo que informaron los medios gráficos, radiales y televisivos que cubrieron el hecho.
El comisario comisionó a un agente , para que verificara, in situ, lo dicho por el denunciante . El agente regresó de in situ, ratificando lo dicho por Papparulo. El comisario se comunicó con el juzgado correspondiente, este dio vista al juez de turno, quién ordenó el allanamiento del lugar.
Diez horas más tarde, el fiscal interviniente acompañado de la fuerza pública, dos dotaciones de bomberos , autoridades del gobierno de la ciudad, periodistas de los distintos medios, y una ambulancia del SAME, forzaron la puerta y entraron al Obelisco ( Para los lectores extranjeros que pudieran no tener idea de que estoy hablando, les informo que: El Obelisco de la ciudad de Buenos Aires, es un emblemático monumento que se yergue, erecto, enhiesto, fálico y absurdo, de 68 metros de altura, en la intersección de la Avenida Corrientes y Nueve de Julio. Para más información consultar en Google) En el interior del mismo, no había signos de violencia, según lo dicho por Papparulo, todo estaba con el desorden y la suciedad habitual . .- Lo único que falta es el cadáver de Carencio, acotó Papparulo que ya lo daba por muerto. .-Como si se lo hubiera tragado la tierra… Sentenció un policía. .- Bueno tampoco, es para tanto…Replicó ofendido el relevante .- La mirada sagáz, del detective a cargo, detectó una escalera de hierro amurada a la pared. .- ¿ A dónde lleva esa escalera ?...Preguntó inquisidor, mordisqueando su pipa..- Arriba. Fue la parca y segura respuesta de Papparulo. .- Me lo suponía … Dijo el detective, comenzando a subir, seguido por periodistas, camarógrafos, y y autoridades. En lo alto, muy en lo alto una débil luz se filtraba al interior y mostraba, para desazón de todos, que la escalera se cortaba a pocos escalones más y no llegaba hasta ella. A partir de allí se abrieron cientos de hipótesis de investigación sobre la misteriosa desaparición de del guardián nocturno. Hasta que…. Un comunicado fue entregado a las agencias de noticias de todo el mundo, y por ende difundido por todos los medios gráficos, radiales, televisivos y cibernéticos.
1963 – 13 DE DICIEMBRE --2013
PARTE DE GUERRA DEL COMANDO “LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE”
CON MOTIVO DE CUMPLIRSE EL CINCUENTENARIO DE LA GESTA REVOLUCIONARIA QUE FUERA EL BAUTISMO DE FUEGO DEL COMANDO “LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE”, COMO FUE LA TOMA DEL OBELISCO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES , EL 13 DE DICIEMBRE DEL AÑO 1963. LOS VETERANOS HEROICOS PROTAGONISTAS DE ESA EPOPEYA , REALIZARON CON ÉXITO UNA ACCION RECORDATORIA DE LOS GLORIOSOS SUCESOS. COMO RESULTADO DE LA MISMA FUE CONFISCADA, COMO TROFEO .DE GUERRA, UNA ESCALERA METÁLICA DE CINCUENTA Y OCHO METROS Y RESCATADO PARA LA CLANDESTINIDAD AL COMPAÑERO, ALIAS “ CARENCIO DENTAL “ RESPONSABLE DE INTELIGENCIA DEL COMANDANTE TAPERA. “ LOS DESCONOCIDOS DE SIEMPRE NO SE RINDEN “
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Cuentos :  EL MANIQUI- PARA NIÑOS PEQUEÑOS
Aqui otras de mis creaciones con el programa Blender
con este programa mi nivel es el de aprendiz


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Cuentos :  SEBASTIAN Y LA NAVIDAD.
SEBASTIÁN Y LA NAVIDAD.

Sebastián es un niño singular, de siete años, con dotes sensibles con un sexto sentido bastante agudo; es huérfano de padre y madre, vive en un humilde orfanato custodiado por religiosas.
Dichas religiosas lo recibieron, porque este niño había quedado al cuidado de María la abuela paterna, pues los padres de Sebastián fallecieron, su madre de una enfermedad incurable, cuando el niño, solo tenía dos años de edad; posteriormente su padre fallece en un accidente de trabajo, y entonces Sebastián, apenas contaba con cuatro años; pero la abuela enfermo de gravedad y ya no fue posible para ella, seguir haciéndose cargo de Sebastián. Entonces no tuvo más remedio que entregarlo al orfanatorio, del Sagrado Corazón. A los pocos meses la abuela del niño Sebastián, falleció.
La Navidad estaba próxima, y era la primera vez en su vida, que pasaría esta, sin su querida abuela María, Sebastián era un niño muy amigable y pronto se adaptó al medio ambiente austero, y con bastantes carencias, a él le gustaba mucho cantar, así es que para hacer su estancia más llevadera, se integró al coro de los niños, de la institución.
Dicho orfanato funcionaba por medio de un patronato y donativos de la gente con buen corazón, y ventas de galletas y rompope que las mismas monjas elaboraban; en esta casa se encontraban veinte niños más, que estaban ahí por distintas situaciones, todas ellas, nada agradables.
Los niños le cuentan a Sebastián, que todas las Navidades les llevaban mucha comida, piñatas, juguetes, dulces, y ropa, y que la pasaban muy bien.
Pero la Madre Superiora Agustina, pide que se reúna la congregación de religiosas, para informales que esta vez pasarían, una Navidad muy triste; debido a que, el presidente de dicho patronato se encontraba muy enfermo, y lo habían trasladado a los Estados Unidos, para sus tratamientos, y el resto de los socios no podían hacer mucho por ellos, puesto que él presidente, era quien apoyaba económicamente.
La Madre Superiora, les indica a las religiosas que reúnan a todos los niños, y los vayan preparando, para que esta vez no esperen, una navidad como las pasadas, pletóricas de alimentos y juguetes.
Y así fue, pero los niños se pusieron muy tristes y pensativos, pero Sebastián les dijo, — no crean nada, mi abuela me decía,… que cuando tuviera algún problema, o deseara algo difícil, cerrara mis ojos, y le pidiera a Dios con todas mis fuerzas, y me lo cumpliría.
Sebastián muy preocupado, por lo que estaba sucediendo en la casa hogar, todas las noches antes de irse a la cama a descansar, se acercaba a la ventana de su dormitorio, y elevando su mirada al cielo, cerrando sus ojitos, le pedía a Dios con todas sus fuerzas, que la Navidad fuera hermosa para todos, con muchos juguetes, piñatas, comida y un gran abeto oloroso, lleno de luces y adornos de colores.
Lo que nadie sabía era que ha Sebastián, le esperaba algo inimaginable; un medio día los niños se disponían a tomar sus alimentos, pero este niño, como siempre presintió que algo sucedería, pero no entendía lo que estaba sintiendo, tanto que no termino de comer cuando… salió al patio en donde se encontraba una gran fuente, se sentó en la orilla de ella, tocaba con sus manitas el agua mientras emitía una canción que su abuela María le había enseñado.
Mientras tanto en la dirección, se encontraba la Madre Superiora Agustina, revisaba papeles que tenía en su escritorio, cuando de pronto, sonaron la campana de la parte exterior del portón; era un matrimonio joven distinguido y elegantemente vestidos, la señora traía consigo un sobre grande en su mano, y Manuel el conserje los hizo pasar, preguntaron por la Madre Principal del orfanatorio, Sebastián que aún se encontraba en el patio, volteo a verlos, pero como no los conocía, siguió inmerso en su pensamiento de niño y seguía cantando.
Manuel el conserje le anuncio a la Madre Agustina, la llegada de dicha pareja, los hicieron pasar a la oficina y les ofreció asiento, la madre les pregunto, — ¿en qué les puedo servir? A lo que el señor respondió, —pues vera madre, ustedes tienen a un niño llamado Sebastián Madero, y nosotros somos sus tíos, el padre del niño era mi hermano, y hemos hecho todos los trámites legales, para su adopción.
La Madre Agustina les cuestiono, — ¿ustedes no tienen hijos? Y respondieron, que contaban con tres hijos, y que así Sebastián no estaría solo, el tío del niño le informo a la Directora, que ellos tenían una solvencia económica muy buena, que el niño no carecería de nada.
Entonces la Madre Superiora, les pide los papeles, para revisarlos, y les dice, —bueno efectivamente estos documentos están debidamente legalizados, —bien, pues cuanto lo siento, porque nosotros queremos mucho a Sebastián, pero creo que estará mejor con ustedes, que son su familia.
Hacen llamar al niño Sebastián, y la Madre Agustina, le informa que la pareja presente Mauricio y Carlota Madero, son sus tíos, y que tendrá que irse a vivir con ellos, y con tres de sus primos.
La Madre Superiora manda llamar a una de las monjas, y le pide que acompañe al niño a recoger sus pertenencias, ya que dejaría el orfanato, pero que también se despidiera de sus compañeritos, que tanto lo querían.
Todos los niños por supuesto le lloraron, y el impávido, no sabía que decir, todos salieron a despedirlo y le decían,— ya no pasaras la Navidad con nosotros, creemos que será aún más triste; pero él fue diciente, con voz alta y firme, les recordó, lo que su abuela le decía,— cierren sus ojos y pídanle a Dios con todas sus fuerzas, y se les cumplirá, por difícil que sea.
Pasaron los días y en aquella lujosa residencia palaciega, en la que Sebastián habitaba, y aun así, parecía distraído, no jugaba, solo pensaba en la triste Navidad que los niños y las religiosas del orfanato Sagrado Corazón, iban a pasar.
Un día ya muy cercano a las fiestas navideñas, el tío Mauricio le pregunta a Sebastián, — ¿por qué estás tan pensativo?, que no te gusta la casa? A lo que el niño respondió, —claro que si tío, pero pienso en los amiguitos y las religiosas de la casa hogar, que pasaran una Navidad sin comida y sin el abeto perfumado con luces de colores; a lo que el tío desconcertado le pregunto el motivo.
Sebastián le comenta, que el presidente del patronato había enfermado, y todos los problemas que con ello, se habían desatado. Entonces el tío Mauricio le dice al niño… que no se preocupe, que él y la tía Carlota, se harían cargo de que en el orfanato, tuvieran una riquísima cena de Noche Buena, y una hermosa Navidad.
El niño se puso muy contento, y en la noche antes de dormir, se acercó al gran ventanal de su recamara, y elevando su carita al cielo, y sus manitas en forma de oración,le dio gracias a Dios, enviándole también un mensaje a su querida abuela María, y con lágrimas en sus ojitos le dijo,—“Gracias abuela, por enseñarme la forma de comunicarme con Dios”.
Ya en la víspera a las fiestas navideñas, los tíos de Sebastián, enviaron a gente de su confianza, para que colocaran, el bello y oloroso abeto navideño, en el orfanatorio, el niño agradecido, fue acompañándolos conjuntamente con sus tres primitos; en el orfanatorio se pusieron muy contentos, todos participaron, en la decoración del abeto oloroso, lo llenaron con luces y adornos multicolores, así como lo habían soñado.
Ya una vez adornado, colocaron muchos regalos, las religiosas y los niños, lloraban de alegría, y le daban gracias a Dios, por tan bello milagro.
La Madre Superiora Agustina, después de hacerles llegar las gracias, con los empleados de aquel matrimonio de buen corazón, les dijo, —díganle al señor Mauricio y a su señora esposa Carlota, que mañana a primera hora, ofreceremos en nuestra capillita, una eucarístía en honor, de la familia Madero, para que Dios los bendiga abundantemente, por su buena voluntad. Y para pedir a Dios por la salud, de nuestro presidente del patronato de la casa hogar.
A la mañana siguiente, asistió dicha familia a la ceremonia, y sumamente agradecidos, el señor Mauricio le anuncio a todos los habitantes del orfanato, que el día de Noche Buena, no se preocuparan, porque les haría llegar desde temprano las piñatas con colación y las viandas para la cena; y que a partir de ese momento, ya no tendrían más preocupaciones, porque la familia Madero, se sumaría al patronato del Orfanatorio del Sagrado Corazón. Todos saltaban y gritaban de júbilo; y por supuesto Sebastián, quien les dijo, —gracias a Dios, todos vamos a celebrar llenos de dicha y felicidad, el nacimiento de Jesús.
Pero no olviden, que cuando se encuentren en problemas, basta con que “cierren sus ojos, y le pidan a Dios con todas sus fuerzas, y se les cumplirá por difícil que sea”.
FELIZ NAVIDAD…

Cuento de Navidad.
Autora: Mónica Lourdes Avilés Sánchez.
País México. 2013 dic
Derechos Reservados.
Poeta

Cuentos :  EL VASCO DURO
EL VASCO DURO
Comentaba Arturo Jauretche en uno de sus libros, los prejuicios que se creaban con respecto a las distintas nacionalidades se inmigrantes en nuestro país , y resaltaba la del vasco en el nor-oeste de la provincia de Buenos Aires, en su y mi lugar de origen. Se decía de ellos, que eran brutos, honrados y trabajadores. Yo tengo en mis ascendientes, dos abuelos y una abuela tanos y una vasca, Doña Eustaquia Vizcarreta. O sea que en el reparto, algo de ellos debo tener, pero quién soy yo para juzgarme ?...Aparte mi intervención en esta historia es solamente sacarla de mi memoria y convertirla en un relato y a eso voy. Había en mi pueblo una considerable cantidad de vascos, los Izaguirre, Aguerre, Gerrero, Arriague… todos chocareros tamberos. Pero los más populares, sin duda alguna, eran los hermanos, el Vasco Duro y el Vasco Blando. Seguro que tenían apellido, pero el alias se los había borrado. Del Blando no me acuerdo, pero tengo un nítido recuerdo del Duro. Lo miro desde mi infancia y veo una imponente figura musculosa ya entrada en años, acodada al mostrador del almacén de Madrid, con bombachas paisanas, sostenidas con una faja negra, boina y la vitalicia camisera de frisa, “lo que quita el frío quita el calor, si,si…” justificaba. Siempre frente a un vaso de vino tinto que le iba tiñendo la cara. Nunca lo vi borracho, o tal vez sí, pero su inmovilidad no lo delataba. Me caía realmente simpático, cuando iba al almacén, al pasar a su lado, me tocaba la cabeza, y decía con una voz chillona que no armonizaba con su figura inmensa: .-“Pedrooo, dale unos carameloshh al chiquillooo, si, si…”. Era de pocas palabras, los chicos del pueblo lo remedábamos con su voz de pito, pero lo respetábamos y lo queríamos.
Contaban los mayores que su apodo, su afición por la bebida y su voz, tenían un mismo origen. El quilombo de Cucci, que frecuentaba en sus años mozos y donde era campeón de una justa viril que daba un prestigio casi olímpico,” La cinchada vasca”. La misma consistía en atarse una sábana a los testículos y cinchar hasta que alguno se rendía, con lo que nunca pasaba a mayores. Pero él no era hombre de aflojar:
.- “De qué sirven los huevos sin honor?...Vasco Duro, si, si”…Dicen que fueron sus últimas palabras con voz grave.
Neco perata
Poeta

Cuentos :  UM AMOR DE DOIS VERÕES
UM AMOR DE DOIS VERÕES

Ele foi à esquina costumeira para fugir do Fantástico e ver se pintava algum amigo para bater papo, e nem imaginava o que iria lhe acontecer e que influenciaria toda a sua vida.

Ficou ali sentado no muro até umas dez horas, mas ninguém chegando ele se esgueirou do muro para ir embora e quando atravessava a rua uma mina da casa em frente perguntou se ele não queria fazer companhia para ela, e uma amiga, que estavam festejando o aniversário de outra que estava acompanhada.

A aniversariante e o companheiro ficaram separados e ele com as duas ficaram conversando e tomando umas Cubas e beliscando uns salgadinhos na sala contígua.

Elas estavam morando a pouco ali e era novidade que chamava atenção, pois naquela época mulheres morarem sozinhas era uma raridade.

Ele tinha sorte com as mulheres, mas ainda não sabia tirar proveito disso, pois sempre se engraçava pelas erradas e o sexo ainda não predominava na cabeça dele, pois ainda não o tinha descoberto por inteiro naquela época de muito amasso e pouco vamos ver.

No final ficou o convite para voltar durante a semana.

Foi uma, duas, três vezes e viu que a coisa não era tão simples por ali e que a mina que o tinha convidado tinha um caso complicado e após uma briga com o cara ela voltou para a sua cidade.

Mas ele continuou a ir lá, pois tinha a outra com quem ficava conversando, escutando música e tomando as biritas.

O que ele não esperava é que a aniversariante, que era a mais bonitona e bem mais reservada, chegou um dia mais cedo e ficou do seu quarto escutando a conversa daquele piá de quinze anos e resolveu se chegar no outro dia.

E na saída a companheira de Cuba pediu para ele convidar um amigo dele, que ela sempre via passar, para vir junto no dia seguinte.

E ai nesse dia ele ficou com a bonitona e rolou um clima, uma dança, e a coisa se acalorou.

Ele se deu bem com a aniversariante e terminaram se amassando na cozinha. O amigo já tinha ido embora, mas para ele a noite durou mais, mas o final, ou o inicio, ficou para um dos dias seguinte.

Ela deixou tudo preparado e depois das danças e novos amassos ela o convidou para ira para o quarto e foi tudo muito bom com direito a luz de vela que ela já tinha preparado.

E o cara da noite de aniversário? "Era só um amigo muito solitário e por quem ela tinha muito estima e gostavam muito de ir a cinemas".

Bom, para ele tudo bem, mas por um tempo começou a achar que era verdade, pois o cara nunca entrava, só a trazia quase todas as noites e nunca muito tarde, mas enquanto ela não chegava ele ficava conversando com a outra que já tinha dispensado o seu amigo.

Os dois se afinaram muito bem com direito a almoço nos domingos e até passeios na região de mãos dadas para a inveja da rapaziada e os olhares das meninas, mas eles estavam na deles e não ligavam para nada em redor.

E o lance rolou por muito tempo, apesar de às vezes, ele ter que se esconder no sótão quando o cara entrava, mas isto era raro.

O coroa bigodudo e meio manco devia ter uns quarenta anos, ela tinha vinte e três, uma idade já avançada para o inicio daqueles anos setenta, então tinha ali um triangulo amoroso com três faixas etárias.

Quando o cara chegava sempre dava uma buzinada até que um dia, em um domingo à tarde, totalmente fora do padrão, ele não buzinou, e se chegando á janela da sala, que estava entreaberta, o viu enlaçado com ela.

Ele voltou ao carro e deu a buzinada e ela saiu e ele, que nesta altura já estava com mais de 16 anos, foi para a cozinha, mas ela voltou logo dizendo que o fulano os tinha visto e que era melhor ele ir embora, mas nem deu tempo, pois o cara já estava do lado dele dizendo “que só não o matava porque ele era um piá” e ele peitudo de pronto respondeu “que ela não achava”.

Mas como o cara era manco não seria díficil dar um nó nele ou pelo menos ganhar na corrida.

O clima pesou, mas ele não arredou, mas ela o convenceu que era melhor ele ir e ele foi pela porta dos fundos, mas ficou na cerca espreitando alguma alteração, que não houve, e o seu sangue esfriando, caiu a ficha e ele vazou.

Foi para o outro lado da rua onde encontrou o amigo e falou “o cara nos pegou” e este, que era mais velho que ele, disse para ele se mandar, pois a coisa poderia ficar feia e ele foi e ficou lá em cima do morro da rua transversal até ver o carro conhecido rondando em sua busca e deu no pé.

O romance melou e ele não conseguiu mais ter acesso a ela, mas ficava na esquina esperando e o via traze-la, agora sempre tarde da noite, e ele não podia mais se chegar, pois ela se trancava, até que dias depois eles não voltaram mais, nem ela, nem a amiga, nem mais ninguém, e ele viu a noite se escurecer na vida dele.

“Amanhã talvez” era a música que ela gostava de dançar com ele e muito tempo depois ele assistiu a um filme "Houve uma vez um Verão" e ele viu que a música era a trilha sonora, e o enredo era o de uma mulher madura que num verão teve um amor com um adolescente.

Ela tinha trazido para a vida aquilo que tinha visto no cinema e deixou, depois, a vida dele feito um filme preto e branco

"Não é o lugar em que nos encontramos nem as exterioridades que tornam as pessoas felizes; a felicidade provém do íntimo, daquilo que o ser humano sente dentro de si mesmo." Roselis von Sass – www.graal.org.br
Poeta

Cuentos :  ESA NEGRA SUCIA
ESA NEGRA SUCIA


Salí, Salí, ya anduviste con esa negra mugrienta !...Fue el rechazo espantado de su madre, cuando Carlos, al llegar su casa aquella noche, amagó saludarla con un beso. El olfato de Cesarina, su madre, era uno de los sentidos de los que hacía ostentación. .- Yo debo ser cruza con perro perdiguero. Solía decir. Aunque el perfume que usaba Yoly, era tan agresivo y persistente, que no necesitaba esa cualidad para ser detectado a varios metros de distancia.. Para taparse el olor a rancho. Pensaba, decía y agregaba:
.- Andá a bañarte y vení a comer, a ver si se te va esa baranda...
.- A negra sucia. Completo Carlos, que ya estaba acostumbrado a las comentarios agresivos y discriminatorios de su madre por su relación con Yoly,.
La personalidad de Cesarina era contradictoria, Hablaba con orgullo de su humilde origen, de ser hija de esos inmigrantes analfabetos, padres de siete hijos que habían sido criados en un estado de pobreza lindante con la indigencia. .- Pobres pero honrados. O, pobres pero limpítos. Como parodiaba Carlos, cuando contaba la repetida historia de su infancia. De su conchabo como sirvienta, apenas salida de la niñez, en la estancia de los Reynal Ayerza, donde la patrona, era en oportunidades una cruel explotadora con rasgos sicópatas, para mutar en una sensible mujer que .- Me quería como a una hija. Quien la educó con todas las virtudes de una señorita de la sociedad, de la cual se enamoraron, hombres apuestos, cultos y adinerados que frecuentaban esa casa. .- Porque yo, cuando era joven, era muy bonita, y por mi personalidad me confundían como un miembro de la familia. Fabulaba, ante el asentimiento socarrón de Carlos, que había escuchado esas anécdotas cientos de veces.
En realidad Cesarina, Toda su vida había trabajado .- Como una burra. Ejemplificaba. .- Para que vos y tu hermana tengan lo que nosotros no tuvimos. Y era verdad, había logrado que él, hiciera el secundario y comenzara una carrera universitario, " su hijo el doctor "que le abriría las puertas de un ascenso social hacía una clase a la que ella nunca pudo acceder y que conoció como sirvientita en lo de "los Reynal Ayersa", a los que odiaba y admiraba simultaneamente.
Esta falsa conciencia de clase, a la cual quería pertenecer, era la que se manifestaba en su repulsión contra Yoly, y todas esas "chirucitas calentonas" de atrás de la vía, tan blancas y descendientes de tanos inmigrantes como ella, pero no eran lo que su hijo y Cesarina, se merecían.
Las vías, en los pueblos del interior eran, y son, la frontera que separa a las clases sociales. Las características físicas de un lado y del otro, en este caso, eran similares por su mismo origen europeo. Pero "los de atrás de las vías", son los pobres, son los sucios, o sea, son los negros y esto hace que las personas, adjetivadas como tales, se preocuparan mucho por que el sol no les diera color a su piel, razón por la que se las veía en los calientes veranos, cubiertas de pie a cabeza. Yoly, era la única que lucía un permanente color bronceado, como una provocación a la tilinguería pueblerina. Así era Yoly,
Carlos no creía estar enamorado de Yoly, en sus proyectos no figuraba ninguna relación que pudiera, ni a largo plazo, llevarlo al matrimonio, ni por amor ni conveniencia. Pero entre todas las fugaces relaciones que había tenido, esta era la que más se arrimaba a un sentimiento. Yoly tenía algunos atributos que la diferenciaban, aparte de su innegable belleza física, que la convertían en la más bonita y deseada del pueblo, tenía una personalidad equilibrada, inquietudes e ideales similares a los suyos y profundo orgullo por su condición social. El sabía que a ella no le atraía su futuro titulo profesional, ni su posible éxito económico y esto se evidenciaba en como lo estimulaba en las actividades vocacionales, que tenia por las artes.
Esa era Yoly, hermosa, espontánea, orgullosa, libre, apasionada. Y esa Yoly le dijo aquella noche, en un breve paréntesis de besos .- Estoy preñada.
Después fue la ternura, el abrazo interminable, los besos derramados en las sonrisas, los te quiero…y Carlos caminando hacia su casa con su nombre y su perfume entre los labios
Cuando entró, su madre de espaldas a la puerta preparaba la cena, sintió sus manos acariciarle el pelo, un tímido abrazo, el olor a negra y una frase susurrada :.- Vas a ser abuela…. No hubo más palabras, solo un gesto de fastidio, el silencio y luego : Yo sabía que esto me iba a pasar…Se dijo Cesarina resignada.
Poeta

Cuentos :  Por un árido quántum
POR UN ÁRIDO QUÁNTUM

Sediento apresuró el paso, con el pensamiento
puesto en la penúltima partícula inestable,
sintiéndose culpable por no haber realizado
la experiencia qué se proponía, por no haber
materializado la chispa coloidal transversa,
y haberse trasladado a esa zona escalonada
y espiral qué se registró en el barométrico nanosegundo;
Y al mismo tiempo se sintió extrañamente ridículo,
preguntándose lo qué habría podido suceder...

¡Tal vez haya sido sólo mi fotoestesia refleja!...
Pensaba tranquilizándose ligeramente.
Con estas nuevas retinas, el implante bien puede
haber reprogramado mis conceptos de los taquiones
amplificados qué expuse en la aproximación teórica
el año pasado... Ya veré cómo tratar los procedimientos
indirectos de la fotocromía subjetiva, pues lo único
qué espero obtener son duplicados, fotografiando
el fotocromo en otro clisé autocromo como el qué
tengo occipitalizado...
El lugar estaba tan tranquilo qué las ondas de las
últimas versiones de feromonas discurrían con
lentitud. Replicándose atras del aire, dónde se
mueven y se fusionan...
En el asteroide veíanse las seis macrocápsulas
blindadas ligeramente opacas y flotando en algo-
donosos campos energéticos pulsátiles.
Parecían algo abandonados y un poco misteriosos.
La habitación permitía apreciar frecuentes lluvias
de estrellas, aunque los anillos del planeta cercano
eran incómodos y las cámaras ultrasónicas estaban
parcialmente obstruidas.

A través de las mismas, su figura delgada, cabeza y
barba alargadas, contempló cómo caía una espesa
neblina brillante. Cómo secas hojas lentas y seguras.

La verdad, mi verdad, encontrará la salida objetivamente,
y me abriré paso por tanto laberinto dudoso en teoría
planimétrica, pienso en la cara qué pondrán.
Seré breve y explícito. Y sobre todo veraz.
Pues he empeñado mi mejor esfuerzo en escribir,
enmendar, corregir y volver a repasar la teoría
con énfasis epistemológico.
Tanto qué mi vista se ha sumergido en el fondo del fenómeno
qué ha comenzado dentro de éste mismo a mirarse, a observarme,
singularmente expectante y complacido. Pues he llegado a creer
identificar cómo se traban entre sí sus relaciones catatímicas.
Ha bajado la temperatura y en la habitación el aire es lento.
Las alas de la inquietud silenciosa trazan círculos qué descienden
por las paredes semitransparentes; Y recuesta instintivamente
el cuello en su almohada gelatinosa hasta tocar el respaldo abatible
del antiguo sillón en sus oscilaciones ligeramente vibrátiles.
El incidente ha roto el hilo del tema y ablanda ciertos rígidos conceptos.

Todo empezó entonces a pasar cada vez más de prisa, ante la extrañeza
de la mirada, no supo cómo creció y se destruyó la idea.
Y menos en el recinto caótico de temporalidad abstracta dónde se hallaron
los ojos aterrados ante una amenaza ocular exterior.
La pérdida de este relámpago cognitivo pareció haberlo afectado profundamente
y no consideró prudente hacer una réplica de lo mismo y rescatar algo.
Sin embargo la impresión no fue desagradable en extremo.
El tiempo entonces, lo comprendo, existe, existe, ya lo sé,
pero hay tantos cosas qué no entiendo aún. Incluso cuando
se concibe alguna idea fantástica y se llega a soltar alguna ocurrencia
oportuna... Pero con frecuencia se cae estrepitosamente o se queda
flotando como suspendida de una argolla qué no se debe tocar
hasta una ocasión más idónea. Esta historia, claro, bien pudiera
durar años, dónde los más discretos callan y poco se atreven a preguntar.

Como esta vez, semejando un árido quántum en el espacio subjetivo,
se desplazan las ideas como las plantas y las flores en un jardín
esperando cultivarse... La respuesta seguramente está en una
posibilidad inesperada, cómo una sed latente ciclándose en su aridez
.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Cuentos :  Incrédulo escuché...
Incrédulo Escuché...
(Cuento Neosurrealista)

Cuando llegó el cofre debieron mantenerlo
alejado inmediatamente del jardín de escaso
valor real al secarse entre las espinas como
un objeto extraño y floreado tallado a mano
sin darse cuenta como el clima se marchitaba
dentro de la esponja humedecida erróneamente
con el polvo del viento.

No era posible, desde la baja colina, distinguir
la mano trémula acariciando la neblina del
atardecer en los bordes de aluminio por el pulular
magnánimo del hormiguero luminoso en la noche
estremecida con empeño.

Eran tres sombras que se hablaban en secreto.
Pensaban que nadie las vería. Me alejé un poco,
y ellas se quedaron allí, petrificadas, en las inscripciones
de la madera. Serían las ocho, pero en la calle el sol
marcaría las seis, comparando la arena y la sombra
en los relojes al llover nuevamente cambiando el orden
en la playa vacía por el rumor de huracán.

Aunque de esto no estoy muy seguro, pues sólo traigo
unos recuerdos para reconstruir aquel día.
Al final del jardín, justo a la derecha, delante del rosal
amarillo estaba en la madera el reflejo de la tarde poco
asoleada y un tanto desolada. Del cofre salieron con
inquietud fantasmagórica, y con un trozo de cielo propio
cada una de ellas, sombras tibias y cobrizas simulando
sueños que la razón espera entender algún día.

En el cofre quedó un eco gris de sombra: ¿Cómo habremos
venido a parar aquí?. Incrédulo el viento se tragaba, hecho jirones,
simulando indiferencia adornado con flores deshojadas que
no viven medio secas en la naturaleza muerta de aquel cuadro
por donde el eco se perdía.

Pero solo quiero referirme a lo que sucedía noche a noche,
al salir las sombras, aunque nadie supiera en realidad nada
de ellas, incluso ellas mismas eran invadidas de vez en cuando
por el eco, al encontrarlo.
Fue hace muchos años, yo era un anciano y aún no entendía nada
de la muerte, saberlo a esa edad sería exagerar la débil memoria
que poco crece en el pasto seco atrapado entre la madera de una
extraña cajita cuando solo una vez se cruza la vida, menos al estar
acompañado por tres sombras ajenas a mí, que las reflejo.

Esa vez no había ninguna gente al rededor. El jardín estaba medio
seco, la playa solitaria. ¡Y del huracán no me acuerdo!.
Solo se que lo vi. Se detuvo bajo una gran lámpara y me llamó.
Acudí a su lado. El cielo desapareció entre un inmenso sol que
hace huir las sombras que reflejo y mis pupilas dejan de pensar
en la noche en los incontenibles ayeres que se despojan de los
presentes, como en las epopeyas futuras de una campana doliente.

Ese día...¡Oh, ese día de honda palpitación sin corazón ni razón!.
Alguien dijo: ¡Sí, estoy seguro, ya no lo dudo!.
Dijo que solo soy el eco del silencio que sale por la sombra de
una noche de un cofre en un jardín creyendo que son tres.
Incrédulo escuché... Incrédulo escuché... Incrédulo escuché.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta