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...Extrañarte, no solo por tu ausencia si no tambien por la nesecidad de estar a tu lado, por esos sentimientos que encuentro cuando te abrazo, por ese rose de tus labios quemandome por dentro, por esa caricia que llamo mía, por ese latir encontrando nuestros pechos, por que a mi andar le falta el tuyo, por que mis pies te sigan, y los tuyos lo permitan... Si lo hago, por que se que eres tú... La infinita alegría de mis días, la grata sorpresa de cada mañana, y el dulce beso por las noches... Por que somos carne y alma a la vez, pero de uno solo tú, que me reclamas ahora tuyo, pues si, solo eso soy amor, tuyo incondicionalmente, y por el tiempo que me lo permitas... TE AMO y si TE EXTRAÑO.
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Poeta
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... Y en sus brazos una vez más, tambaleante figura yacia arrastrado con ese padecer que manaba sollozos de su desgarrado corazón, volteando su rostro hacía el de ella mirandole fijamente con esa profundidad, preguntandose por qué seguia siendo ella quien mantuviese su cuerpo en una sola pieza; Tomandole la mejilla con tierna caricia y limpiando sus lagrimas con un movimiento, ese que corre de entre los pomulos ante las llemas de los dedos corriendo hacia afuera, diciendole pasiente que todo lo vale cuando por fín se encuentran de nuevo entrelasandose entre sus cuerpos... Con la lujuria impregnada de entre sus cuerpos corrian esos deseos de encontrarse una vez más en el sijilo de la noche , Acercandose pues ambos para doblegarse en un beso y fundirse así en las llamas de su enigmatica pasión...
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Poeta
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Fin y principios (Francisco Urondo, 1930-1976)
Estoy en los ruidos de la tristeza, en las tablas de la perdición, en el aire de este tiempo maldito, infortunado; llovizna criminal y sucia. En aventuras, en la queja del muerto y el terror de los vivos y el soplo de los convalecientes. Estoy en el clamor encontrado, fuera de la felicidad y el fascismo y el olvido sin escuchar la clausura y la ausencia, sin tolerar la conmiseración, o desconocer la alegría o la bondad o el dolor del caído. Sin sentir resignaciones, sufriendo con rabia la esperanza, viviendo a mi manera.
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Poeta
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Hablando de tigres (Enrique Banchs, 1888-1968)
Tornasolando el flanco a su sinuoso paso va el tigre suave como un verso y la ferocidad pule cual terso topacio el ojo seco y vigoroso. Y despereza el músculo alevoso de los ijares, lánguido y perverso y se recuesta lento en el disperso otoño de las hojas. El reposo… El reposo en la selva silenciosa. La testa chata entre las garras finas y el ojo fijo, impávido custodio. Espía mientras bate con nerviosa cola el haz de las férulas vecinas, en reprimido acecho… así es mi odio.
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Poeta
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A mi mujer (Oscar Wilde, 1854-1900)
No puedo escribir majestuoso premio como preludio a mi canción, de poeta a poema, me atrevería a decir.
Pues si de estos pétalos caídos uno te pareciera bello, irá el amor por el aire hasta detenerse en tu cabello.
Y cuando el viento e invierno endurezcan toda la tierra sin amor, dirá un susurro algo del jardín y tú lo entenderás.
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Poeta
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Eres un bombón Que sabes a amor y que no se compra En ninguna tienda
Ahora entiendo yo Porque está el cielo lleno de bellas estrellas unas rubias, negras o morenas
Empeze a soñar Y tu sonrisa me alegra Besar esos labios quisiera Bajo la luna llena
Eres una actriz Toda tierna y sincera Cual protagonista Como tú no hay dos, morena
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Poeta
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Los ojos llenos de alegría (Ralph Waldo Emerson, 1803 – 1882)
Los ojos llenos de alegría de ese muchacho caprichoso y salvaje dibujan su órbita como meteoros, bordeando la oscuridad con su rayo secreto. Saltan sobre la línea del horizonte en pos del privilegio de Apolo: miran a través del hombre y de la mujer, del mar y de las estrellas: miran la danza de la naturaleza y miran más allá, a través de las lenguas y de las razas y de los confines del tiempo. Esos ojos miran el orden musical y la armonía de los poetas que en el Olimpo cantaron a las divinas ideas. Esos ojos nos hallarán siempre jóvenes; siempre nos mantendrán así.
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Poeta
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