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Las algas marineras y los peces, testigos son de que escribí en la arena tu bienamado nombre muchas veces.
Testigos, las palmeras litorales, porque en sus verdes troncos melodiosos grabó mi amor tus claras iniciales.
Testigos son la luna y los luceros que me enseñaron a esculpir tu nombre sobre la proa azul de los veleros.
Sabe mi amor la página de altura de la gaviota en cuyas grises alas definí con suspiros tu hermosura.
Y los cielos del sur que fueron míos. Y las islas del sur donde a buscarte arribaba mi voz en los navíos.
Y la diestra fatal del vendaval. Y todas las criaturas del Océano. Y el paisaje total del litoral.
Tú sola entre la mar, niña a quien llamo: ola para el naufragio de mis besos, puerto de amor, no sabes que te amo.
¡Para que tú lo sepas, yo lo digo y pongo al mar inmenso por testigo!
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Poeta
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Aquí dijiste: "Son hermosos los ojos húmedos de los caballos". Aquí: " Me encanta el viento". Desando yo tus pasos, revivo las palabras. Y te amo en la baldosa que pisaste, en la mesa de pino que aún guarda la caricia de tu mano, en el estropeado cigarrillo olvidado en el fondo de mi bolso. Recorro cada calle que anduviste y sé que amaste este abedul y esta ventana. Aquí dijiste: "Así soy yo, como esa música triste y alegre a un mismo tiempo". Y te amo en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo, en la feliz canción que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza. En el día aterido que tú estás respirando no sé donde. En el polvo, en el aire, en esa nube que tú no mirarás, en mi mirada que te calcó y fijó en mi más triste fondo, en tus besos sellados en mis labios, y en mis manos vacías, pues eres hoy vacío y en el vacío te amo.
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Poeta
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Difícil escribir te quiero con locura. Hasta la misma médula. ¿Qué será de mis manos si les roban la magia sonora de tu cuerpo? Difícil. Muy difícil un poema de amor en estos tiempos. Resulta que tú estás. Feroz en tu evidencia. Resulta que yo estoy. Contrahecha. Acechante. Y resulta que estamos. La ley de gravedad no nos perdona. Difícil es decir te quiero en estos tiempos. Te quiero con urgencia. Quiero hacer un aparte. Sin dudas y sin trampas. Para decir te quiero. Así. Sencillamente. Y que tu amor me salva del aullido nocturno cuando loba demente la fiebre me arrebata. No quiero que me duela la falta de ternura. Pero amor. Qué difícil escribir que te quiero. Así. Entre tanto gris. Tanta corcova junta. Cómo puedo aspirar la transparencia. Retomar esta voz tan desgastada. Esta costumbre antigua para decir te quiero. Así. Sencillamente. Antiguamente. Digo. Si todo es tan difícil. Si duele tanto todo.
Si un hombre. Y otro hombre. Y luego otro. Y otro. Destrozan los espacios donde el amor se guarda. Si no fuera difícil. Difícil y tremendo. Si no fuera imposible olvidar esta rabia. Mi reloj. Su tic-tac. La ruta hacia el cadalso. Mi sentencia ridícula con esta cuerda falsa. Si no fuera difícil. Difícil y tremendo. Plasmaría este verso con su cadencia cursi. Si fuera así de simple escribir que te quiero.
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Poeta
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Buscabas una flor y hallaste un fruto. Buscabas una fuente y hallaste un mar. Buscabas una mujer y hallaste un alma. ¡Estás desencantado!
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Poeta
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Qué día de silencio enamorado vive en mi gesto vago y en mi frente. Qué día de nostalgia suavemente solloza amor al corazón cansado.
Alta, dulce, distante, se ha callado tu nombre en mi voz fiel, pero presente su turbia luz mi soledad lo siente en todo lo que existe y ha soñado.
En la tarde vagando, voluptuoso de horizontes sin fin, la lejanía me envuelve en tu recuerdo silencioso.
Claros cabellos, cuerpo, ojos lejanos, pálidos hombros. Oh, si en este día tuviera yo tu mano entre mis manos.
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Poeta
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Te presentí venir desde la ausencia, que no fue soledad ni lejanía. Era tanta esperanza tu presencia que, sin quererte, te llamaba mía.
Torbellino de amor, mi adolescencia. Mi otoño, el huracán de travesía. Y siempre, en amorosa transparencia, nostalgia de este amor que no venía.
Ahora estás. Y angustia de mi oído es la ansiada palabra que no dices y que ya el corazón ha recogido.
Vuelvo hacia ti mi soledad sufriente, y ante tus ojos hondos y felices siento que estás, en mi presencia, ausente.
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Poeta
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Amor callado, que jamás se queja; amor que, en la discreta madrugada, sólo acierta a poner, junto a tu reja, la ilusión de una estrofa perfumada.
Amor de un alma taciturna y vieja; amor que es como música olvidada, que tiene azul resignación de oveja, que lo da todo y que no pide nada.
Amor es eso, amar como te amo, sin medir tu desdén, sin que un reclamo haga que el alma de esperanza estalle.
Amor sin arrebatos y sin ruido, que espera que tu hogar esté dormido para pasar entonces por tu calle.
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Poeta
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Casi sin ver la realidad del día ni la certeza de su claridad ando en busca de ti, de los vestigios de unos años, de un mar , de unos lugares.
Porque la sombra avanza y los astros escriben sus órdenes fatales en mi frente, y es triste a solas proseguir la angustia de los caminos que iniciamos juntos.
Pensar un cuerpo es inventar la noche de las islas perdidas, el fulgor olvidado en los brazos de la hierba. Es difícil ahondar en el silencio, llenar de amor el hueco que el instante abre en el grito con que te pronuncio.
No escucho la presencia de tus pasos vigilando la herida de los versos escritos, ni el temblor desolado de la tarde deja en mi voz el poso transparente de lo que ardió y se fue y es ya elegía.
Seguir es regresar, volver al borde del lecho aquel, de la blancura en llamas. La soledad me dicta letras anochecidas y las horas se duermen en el pulso del tiempo.
Vuelve a llamarme. Esparce tus designios en las proximidades de otra hoguera. Se acabará el sonido del invierno, la mirada extendida, la sed de las palabras. El deseo que recuerda el color de unos ojos descansará en la tierra que conoce. Las calles arderán a mediodia y cantará la luz entre mis manos.
De "Maneras de estar solo"
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Poeta
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Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: yo, porque tú eras lo que yo más amaba y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo.
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Poeta
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La silueta del cuerpo está oscura ante la turbia luz de las persianas. Acostado, siento tu rostro vuelto hacia mí como una imagen de la eucaristía. Cuando te desprendiste de mis brazos, tu susurrar "ya debo irme", sólo alcanzó los más lejanos portales de mi sueño. Ahora veo tu mano como a través de un velo, cómo ligeramente pasa la blusa blanca por los pechos. Las medias, ahora, después la falda, el pelo recogido. Ya eres otra mujer, una extraña ataviada para el mundo y el día. Entreabro la puerta. Te beso. Te devuelves, mientras avanzas, un adiós. Y te alejas. Acostado de nuevo oigo cómo se pierde tu pisada suave por el hondo caracol de la escalera. Vuelvo a estar encerrado en el aroma de tu cuerpo, que brotando de las sábanas, cálidamente invade mis sentidos. Amanece aún más. Las cortinas ondulan. Un viento joven y un sol temprano quieren penetrar. Se levantan los ruidos. Música del amanecer. Me duermo suavemente arrullado por sueños matutinos.
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Poeta
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