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Vuelvo otra vez a ti con las pupilas hondas de paisajes. Vine a buscar quimeras, y regreso con un sabor de lágrima en los labios y un temblor de cansancios en el beso. No pienses que estoy lejos... Es tan solo la estepa interminable la que impide mi vuelo; pero mis alas son tan blancas como el día en que tocada de nevados tules te di en hostias rosadas la milagrosa comunión del cuerpo. Ábreme, pues, los brazos; voy de nuevo a tus ojos de sombra, a tus manos leales, a tu boca de fuego. Llevo para tus labios fatigados el opio de mi angustia. Soy la misma; sólo que ahora ciño un collar de crepúsculos y un anillo de inviernos. Pero eso nada importa... Soy juventud, soy vida, soy deseo. Soy nieve dúctil en tus manos suaves y llama en el contacto de tu aliento. Ábreme, pues, los brazos, aunque lleve un amargo de lágrima en los labios, y un temblor de cansancios en el beso.
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Poeta
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Esta noche llevo un blanco lucero partido en la sombra de mis dos ojeras, y mis ojos tristes de un verde marino parece que sueñan...
¡Oh si tu me vieras! Quizás anhelaras el cálido aliento de mi boca fresca, quizás suspiraras por los besos trémulos de mis labios finos, húmedos y rojos que esta noche tienen el sabor de una granada entreabierta. ¡Oh si tu vinieras! Cómo se posaran tus negras pupilas entre la cascada de mi cabellera que lleva tan solo el pálido adorno de un broche de luces que la luna borda con su luz enferma, mientras que mi cuerpo desceñido todo y envuelto en el manto azul e inconsútil de la primavera, tiembla con el beso tibio de esta noche que tiene un perfume fugaz de violetas.
Qué alegres podríamos juntos tejer el poema; yo con el prestigio de mi cuerpo joven, de mis ojos claros y mi boca fresca; tú con tus pupilas ardientes que llevan el dulce misterio de noches de luna, hasta la salvaje inquietud de las selvas¡ ¡Oh si pudiera fundir en idilio mi loca quimera, cómo florecieran mis cálidos versos teniendo por cuna tus pupilas negras. Oh si pudiera!
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Poeta
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Yo soy la plenitud, soy el estío. Mi piel trigueña por el sol tostada, tiene una leve amarillez de hastío y un perfume de fruta sazonada.
Mi amor ondula como turbio río por un valle de yerba calcinada, y es mi beso perenne escalofrío que aviva una celeste llamarada.
Amo el dolor porque el dolor es cumbre, amo la vida que la vida es lumbre si se perfila en páginas de fuego.
No me importan la vida ni el sarcasmo, porque templo la fe de mi entusiasmo, sobre la fragua del cupido ciego.
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Poeta
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Amé constante a los que no me amaron y les di la verdad cuando mintieron. Mientras unos temblando me besaron rogó mi beso a los que no quisieron.
Siempre busqué los que jamás me hallaron. Mi voz llamó los que jamás me oyeron. Y los que resignados me esperaron nunca en mi copa de placer bebieron.
Hoy una voz abscóndita reclama mi voluptuoso corazón de llama, que limpio ardió como la brasa al viento.
Allá me voy. Torciendo mi camino avanzo al horizonte de platino, desnuda hasta del propio pensamiento.
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Poeta
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En el mutismo de la noche cómplice rasgue tu aliento el traje del deseo, y surja leve como flor madura la milagrosa felpa de mi cuerpo... Rompa la luz sus desteñidos oros en las ánforas tibias de mis senos, viertan tus ojos su caudal de sombra en el musgo otoñal de mi cabello.
Guarde tu alma en pomo de alabastro la suave languidez de mi silencio, guste tu boca en pliegue de sonrisa la granada entreabierta de mi beso... Sea tu voz el cascabel sonoro que despierte mi espíritu del sueño, sea tu amor el astro misterioso que derrita las nieves de mi cuerpo.
Y en la caricia de la seda cómplice curve mi talle el peso de tus dedos, mientras se hunde como flor de abismo la sombra en la oquedad de los espejos.
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Poeta
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Escucha, tengo miedo... afuera llueve y el caer de las gotas me parece con su rítmico acento, un rosario amarillo que hilvanara telarañas oscuras en mis dedos.
La ventana se entreabre bruscamente al impulso del viento, y una ráfaga fría que huele a tierra húmeda se esconde entre mi lecho, y me arroja los pétalos marchitos, y me besa con rabia los cabellos...
A pesar de tu amor hoy tengo miedo... hace tanto que el frío de tu ausencia me tiene en las penumbras del recuerdo, con las pupilas húmedas de noches y los labios sellados con tus besos.
Y mientras oigo el gotear del agua en las pálidas sábanas me tiendo, como una floración de primavera en las nevadas hojas del invierno.
El frío de las brumas me seduce, y mi alma es un sol en el silencio, y a fuerza de buscar en los ocasos tus misteriosos ojos de bohemio, siento el placer de sepultar en nieve la llama azul que iluminó mi cuerpo.
La lluvia rompe sus cristales finos en la noche de oscuro terciopelo. Mis ojos buscan tus pupilas hondas, mis manos la caricia de tus dedos, y al tenderme en las sábanas heladas y destrenzar cansada mis cabellos, siento el vacío de abrazar las sombras, de perseguir la brillantez de un sueño, y ser tan solo en tu bohemia errante la asordinada música de un verso.
La lluvia cae en menuditas gotas, y aquí en mi alma se retuerce el tedio.
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Poeta
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En el ánfora oscura de las horas, mi cuerpo se hace lámpara, y la sed interior que me devora no sabe si ofrendar la carne en rosas o fatigar la madurez en lágrimas.
Amo tu plenitud. Tu cuerpo tibio como fruta de soles sazonada. Amo tu boca, floración de otoño, que mece en mi jardín de primavera su veleidosa tentación de llama.
Nada importa la estrella de tu sino que en mi abismo se aparta. Quiero tu vida aunque mi vida rompa, quiero tu amor, aun cuando sea el germen que prenda los olvidos del mañana.
No se amarillan con tu claro ocaso mis paisajes de grana; el solo roce de tu ser me enciende y si mi cuerpo se te ofrece en nido, mi móvil corazón se te holocausta.
Cógeme entre tus brazos con locura, o bébeme como agua, no pienses en el lirio de la tarde, prolóngate en mi vida, y que los besos hagan temblar la noche perfumada.
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Poeta
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Acaricia en silencio la angustia de mis manos y vamos al prodigio del crepúsculo... Arde el sol como la espuma de la miel madura, y el río ya no grita, se derrama bebiendo en su avidez hojas marchitas, que brillan como láminas de cobre, sobre la fresca convulsión del agua.
Bésame castamente las pupilas doradas de paisaje... No ves que ahora es más plena la vida, no ves que el cielo tiene amarillez de fruta, y que los pastos henchidos de verdura se coloran de bronce, y sobre el terciopelo de las hojas arden como un incendio las granadas?
Cógeme entre tus brazos, me sofoca este olor excitante de espinos florecidos, me acobarda esta brisa cargada de frescura, que a veces peina mis cabellos claros o juega como un niño entre mi falda. Mira cómo se adormece el paisaje, y en el temblor azul de los espacios languidece la llama. Mientras mis manos buscan tus rodillas, mi espíritu se aparta.
Es la hora del fuego. Olor de plenitudes, fosforecer del agua. Sofocación de alientos ignorados, dedos suaves de brisa, fugaz dulzor de cárdenas granadas.
Mañana no...Aquí bajo el crepúsculo, ebria de plenitudes, fresca como la carne de las frutas, flexible como el vértigo del agua, con los ojos azules de quimeras y los brazos ligeros como alas.
Seré un himno de luz en el paisaje, y en el vaso moreno de tu cuerpo me plegaré con tenuidad de encaje, para quemar con castidad de llama.
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Poeta
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Fue tan tibia la felpa de las sombras, que sin querer callamos, y nos bebimos como vino añejo la frase que tembló sobre los labios. A pesar de no amarnos, en silencio se troncharon las manos, sin saber si acunábamos un sueño o era el sopor de algún amor lejano. Y también, sin saber por qué misterio, nuestras bocas ajenas se juntaron, y en las pupilas húmedas de ausencia la tarde lila se quedó temblando.
Después, en la maraña del reproche, nos perdimos hablando, y en la roca del alma se hizo sangre la fruta mentirosa de los labios...
Tal vez el viento de otras soledades nos sorprenda llorando, y entonces nacerá como eco roto la frase que callamos...
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Poeta
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Envuélveme.....No temas. Ante tu fuego vivo mi carne se deslumbra, y surge castamente entre el temblor rosado de mi liviano traje para poder ser tuya.
¿No aspiras en el aire una fragancia débil que enerva y que conturba? ¿No sientes que tu aliento se prende como un velo de sombra en mi cintura?... Ya ves que hasta mis ojos en esta noche tienen fulguración oscura, y en tus rodillas firmes mis manos se desgranan como rosas maduras. Y al enredar tus dedos en mis cabellos claros siento extraña frescura, mientras caen tus besos en mi boca sedienta con la humedad fragante que se raja una fruta. Aspírame despacio.... Iniciaré mi entrega sobre tu carne oscura, y me alzaré del fuego santificada y bella como se alza del mármol una estatua desnuda.
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Poeta
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