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En ese oscuro mar pintado por reflejos de nostalgias donde poso la mano que ni siente ni acaricia, donde la mirada se pierde engañada por una ola que no llega, y donde una gaviota, como huyendo, va dejando la paz estremecida.
En ese mar de llantos otrora espejo de eternas promesas bendecidas por el amor derramado frente a él; donde un marinero mira con ojos cerrados viendo la mar que fue, esa donde siempre quiso estar.
A este mar cerrado que ha perdido su horizonte, al que la brisa ya no acompaña y el azul, acunado por Morfeo, a olvidado salir abrazado a su mañana; a este mar cerrado vestido de eternidad y que ya no escucha, pregunto desde el lodazal de la miseria… ¿Dónde la ola que me ha de llevar?
©Jpellicer2013
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Poeta
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Y vi venir la vida que me colma de alegrías, pero golpea como no imaginan.
Se marchita la ilusión, cuando la verdad se oye, la alegría se disipa y mi sonrisa se me olvida.
Golpean tan fuerte las verdades pero no somos conscientes, que es la misma piedra, la que siempre nos derriba.
Y me quede reflexionando esta noche, depresiones que me llenan de reproches, camino en la vida buscando la alegría, aunque más de ausencias se colme esta noche.
Me invades de promesas, que quieres cumplir, sola te engañas y más me engañas a mí, me sometes a creerte y cuando te invito, te olvidas, me olvidas.
No se si me quieres, o si me amas, a tu manera me desprecias y tu sonrisa me engaña, tu mirada me engaña.
Y mi amor se pierde y mi historia es ausente y aunque me desplome, yo no pienso perderte. - [youtube=425,350]http://www.youtube.com/watch?v=WtPIyba2coY[/youtube]
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Poeta
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SIN SAL
Por salir del silencio
voy apretando teclas
que escriban las palabras
que no quiero sonoras,
para que suenen limpias
despojadas del odio
del amor, la dulzura
Ni frías ni calientes
atérmicas
insípidas
de énfasis ausentes
Vos le pondrás los signos
que creas conveniente
o leerás entre lineas
para darles sentido.
Desde ya te adelanto,
que te haz equivocado.
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Poeta
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Velas de amor en golfos de ternura vuela mi pobre corazón al viento y encuentra, en lo que alcanza, su tormento, y espera, en lo que no halla, su ventura,
viviendo en esta humana sepultura engañar el pesar es mi contento, y este cilicio atroz del pensamiento no halla un linde entre el genio y la locura.
¡Ay!, en la vida ruin que al loco embarga, y que al cuerdo infeliz de horror consterna, dulce en el nombre, en realidad amarga,
sólo el dolor con el dolor alterna, y si al contarla a días es muy larga, midiéndola por horas es eterna.
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Poeta
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«Escribidme una carta, señor cura.» -Ya sé para quien es. «¿Sabéis quién es, porque una noche oscura nos visteis juntos?» -Pues... Perdonad; mas... . No extraño ese tropiezo. La noche... la ocasión... Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo: Mi querido Ramón : «¿Querido...? Pero, en fin, ya lo habéis puesto...» -Si no queréis... «¡Sí, sí!» -¡Qué triste estoy! ¿No es eso? «Por supuesto.» ¡Qué triste estoy sin ti!» -Una congoja al empezar me viene ... «¿Cómo sabéis mi mal?...» -Para un viejo, una niña siempre tiene el pecho de cristal. -¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura. ¿Y contigo? Un edén. «Haced la letra clara, señor cura; que lo entienda eso bien.» -El beso aquel que de marchar al punto te di... «¿Cómo sabéis?...» -Cuando se va y se viene y se está junto siempre ... no os afrentéis. Y si volver tu afecto no procura, tanto me harás sufrir... «¿Sufrir y nada más? No, señor cura. ¡Que me voy a morir!» -¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo...? «Pues sí, señor, ¡morir!» -Yo no pongo morir. «¡Qué hombre de hielo! ¡Quién supiera escribir! ¡Señor rector, señor rector! En vano me queréis complacer, si no encarnan los signos de la mano todo el ser de mi ser. Escribidle, por Dios, que el alma mía ya en mí no quiere estar; que la pena no me ahoga cada día... porque puedo llorar. Que mis labios, las rosas de su aliento, no se saben abrir; que olvidan de la risa el movimiento, a fuerza de sentir. Que mis ojos, que él tiene por tan bellos, cargados con mi afán, como no tienen quién se mire en ellos, cerrados siempre están. Que es, de cuantos tormentos he sufrido, la ausencia el más atroz; que es un perpetuo sueño de mi oído el eco de su voz... Que siendo por su causa, el alma mía ¡goza tanto en sufrir...! Dios mío, ¡cuántas cosas le diría si supiera escribir!»
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Poeta
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Si de vuestra hija fue estrella dar tan niña el alma a Dios, ¡ay, feliz mil veces vos! ¡dichosa mil veces ella! Pues ya huella las celestiales alturas, no halle en vos nunca lugar el pesar, porque para almas tan puras «morir es resucitar».
¿Para qué lloráis perdida esa prenda de amor tierno, si por un lugar «eterno» dejó un lugar de «partida»? Si es la vida caos de dudas y penas, ¿quién la muerte, al que bien quiere, no prefiere, si el que vive, vive apenas, «y resucita el que muere»?
Siempre, llena de consuelo, viendo a un ser puro sin vida, la multitud, de fe henchida, prorrumpe:- ¡Ángeles al cielo!- Ni ¿a qué duelo es mostrar, cuando la carga de la existencia maldita Dios nos quita, si tras de una vida amarga, «muriendo se resucita»?
No dé a vuestra alma afligida la más leve pesadumbre esa negra incertidumbre del «más allá» de la vida. Si es mentida la fe de ulterior solaz, al menos, los que viviendo van gimiendo, en otro mundo de paz «resucitarán muriendo».
Ya habita, aunque el desconsuelo os haga implacable guerra, un «triste» menos la tierra, y un «dichoso» más el cielo. De su vuelo iréis vos, muriendo, en pos, si a Dios dais en implorar sin cesar, pues para justos cual vos «morir es resucitar».
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Poeta
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Para formar tan hermosa esa boca angelical, hubo competencia igual entre el clavel y la rosa, la púrpura y el coral.
Mintiendo sombras del bien, en ella el mal se divisa, por lo que juntos se ven ya la apacible sonrisa, ya el enojoso desdén.
Y en los senos abrasados engendra con doble holganza, o con tormentos doblados, cada risa una esperanza, cada desdén mil cuidados.
Cual las conchas orientales en tu boca, y por vencerlas muestra en riquezas iguales, cuando desdeña, corales, y cuando sonríe, perlas.
Y si con sombras de bien tal vez el mal se divisa, es porque en ella se ven guardar la miel de su risa las flechas de su desdén.
Si a mí su rigor alcanza, al ver su hermosura, siente el corazón doble holganza; y aunque un desdén me atormente, déme una risa esperanza.
¡Bien haya la dulce boca, que sólo sus frescos labios el aura pasando toca; que haciendo el ámbar agravios, su miel a gustar provoca!
¡Oh, bien haya cuando ufana dando enojos a la rosa, muestra su cerco de grana, fresca como la mañana, como el azahar olorosa!
Y si acaso dulcemente suelta plácida congojas, ya es el rumor del ambiente, ya el susurro de las hojas, ya el murmurar de la fuente.
Si alegres sones respira, las aves del prado encanta; y si a vencerlas aspira, con las que gimen, suspira; con las que gorjean, canta.
Tu miel, aroma y colores, rinde en amante oblación, flor, ante cuyos primores, mustias é inútiles flores las flores del valle son.
El néctar más regalado deja que de amores loco beba en tu labio abrasado; para una abeja es sobrado lo que para muchas poco.
¡Mas ah!, que vertiendo quejas, me esquivas tu dulce miel; en vano de una te alejas si ves que miles de abejas poblando van el vergel.
¡Ay de la rosa encarnada, que en su seno de carmín niega a una abeja la entrada! Tantas la acosan al fin, que queda sin miel, y ajada.
¡Ay de las cándidas flores, si alzan su capullo tierno del estío a los ardores! ¡Ay del panal si el invierno lo hiela con sus rigores!
Dame los gustos sin tasa, pues ves que el sol estival las tiernas flores abrasa; mira que amarga el panal cuando de sazón se pasa.
Ríndete a mí placentera: no te rinda con agravios de abejas la turba fiera: que herir esos dulces labios herirme en el alma fuera.
De ese tesoro las llaves dame, y sus dones ardientes libaré en besos suaves, sin que lo canten las aves, ni lo murmuren las fuentes.
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Poeta
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¡Ay! ¡Ay! Más cerca de mí te siento cuando más huyo de ti, pues tu imagen es en mí, es en mí, sombra de mi pensamiento, sombra de mi pensamiento. ¡Ay! Vuélvemelo a decir, vuélvemelo a decir pues embelesado ayer te escuchaba sin oír y te miraba sin ver, y te miraba sin ver. ¡Ay!
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Poeta
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Así un esposo le escribió a su esposa: «O vienes o me voy. ¡Te amo de modo que es imposible que yo viva, hermosa, un mes lejos de ti! ¡Mi amor es tan profundo, tan profundo, que te prefiero a todo, a todo!...» Y ella exclamó: «¡No hay nada en este mundo que él quiera como a mí!»
Mas pasan unos meses, y la escribe: «¡Qué hermoso debe estar nuestro hijo amado! ¡Sólo él, él sólo en mis entrañas vive! Piensa en él más que en ti, su cuna se pondrá junto a mi cama. No hay cielo para mí más que a su lado.» Y ella prorrumpe: «¡Es que, el ingrato, ya ama al hijo más que a mí!»
Después de algunos años le escribía: «Espérame. Ya sabes lo que quiero: mucho orden, mucha paz y economía. ¿Estás? Yo soy así. Cierra el coche: me espanta el reumatismo; avísale que voy al cocinero.» Y ella pensó: «¡Se quiere ya a sí mismo más que al hijo y a mí!»
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Poeta
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I Al comenzar la noche de aquel día, ella, lejos de mí, «¿Por qué te acercas tanto? - me decía -, ¡Tengo miedo de ti!»
II Y, después que la noche hubo pasado, dijo, cerca de mí: «¿Por qué te alejas tanto de mi lado? ¡Tengo miedo sin ti!»
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Poeta
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