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Caminos sin destinos, el destino es cada parada en el camino. Una pequeña historia, un retazo de alegría entre mis brazos. La mala educación despertando nostalgias de un niño abandonado.
Tantas preguntas y el tiempo que nunca llega a contestar. El tumor de los años ha llegado para crecer en mis sienes. Tal vez, algún día, sea lo que hoy sólo sueño ser.
Tanto intento trunco, siempre por tu culpa, tu grandísima culpa. De chico he aprendido tus oraciones para hoy sentirme sobreactuado al rezar.
Cielo gris, domingo sin almuerzo, el descanso quemando sus naves. A escribir cien veces y con buena letra todo aquello que no debo y aún sigo pagando.
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Poeta
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Oriné sobre las tumbas de los poetas mayores. Quebré las alas de Cupido, rompí sus flechas sagradas.
Desprometí mis promesas, escupí sobre tus labios, me reí frente al altar, maldije besando tus pies.
Te robé la corona, hundí tus clavos, me envolví en tu manto, imité tus dones.
Reinventé el abecedario, mutilé los verbos, sujeté a mis sujetos, prediqué sin predicados.
Pude hacerlo todo, fui rey por un momento. Supe de tus reverencias y traiciones al amanecer.
Ahora que los bufones parodian mi crimen, dormiré bajos los puentes al abrigo de esta lluvia.
Si te hice daño, cariño, tómalo a cuenta de alegrías que vendrán a entibiar tus tardes sepias de otoño.
Y que nadie maldiga besando mi frente fría en la última función macabra de “ser y estar”.
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Poeta
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Cuando la luz del día golpeó en mis ojos, entendí que al fin no había muerto ayer. Los titulares amarillos de diarios y TV no decían nada de un hombre sin alma.
Aún muerto y enterrado, me puse de pie, desafié al espejo con mi mejor sonrisa. Las horas frías resbalaban por mi espalda, y rompí mi promesa de no volver a escribir.
Siempre prometo cosas, y hago lo contrario, me enamoro de todos, pero aún te extraño. Aún soy yo, pero no sé estar en ningún lado, elijo esta soledad que ni yo mismo soporto.
Cómo cambió la vida desde que pusiste sobredosis de silencio detrás de tus risas. Dime a quién amabas cuando me querías, a quién besaba tu alma cuando yo la besaba.
A un mes de la tragedia, no entiendo nada, aún quedan tus restos esparcidos por la casa. Falta poco para salir a escena y ser ese otro que vive en el lado opuesto de esta vida.
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Poeta
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Quiero contarte algo pobre infeliz que vas por la vida sembrando dolor, calumniando inocentes, atropellando a los débiles, te regocìas creyendote DIOS, a quien hay que rendirle pleitecía, porque sencillamente, se siente todopoderoso.
Dejame recordarte que alguien te ve y que sólo está esperando a que reacciones, porque él te dió el libre albedrío pero al final pasará factura.
El pago de la factura empieza en vida cuando te llegan las enfermedades, perdiendo la salud y, sin haber almacén donde puedas comprarla, cuando te llega la ruina, cuando pierdes al ser amado.
Aquí se hacen y aquí se pagan, no hay que morirse para empezar a pagar tus culpas porque no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, toda luna tiene su menguante, y por si fuera poco, no hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague.
delfin 26/2/12
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Poeta
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Y me hablas de libertad
con la voz de la ruindad;
y me llevas de la mano…
arrastrando,
y me pierdes en tu mundo…
de traición.
Vendes pena y muerte,
sólo miseria, solo reproches;
toda tu vida en el espejo roto
de tus sueños podridos.
Y hablas de libertad,
a quién sólo esclavo de ilusiones es;
a quién calla y se emociona
con una sonrisa apenas imaginada;
con un beso en la mejilla,
con un abrazo callado y fuerte;
aquél a quién la palabra perdón
no le hace daño y lo engrandece.
Hablas de libertad,
bañando tus palabras
- ruines y cobardes-
en la maldad de tu saña.
Hablas de libertad
cuando deberías callar
para comenzar a conocerla.
(Jpellicer)
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Poeta
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Esto animal, que me desafía, ?es mi antepasado? Horrible cucaracha!
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Poeta
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Qué lástima esta lástima que lastima, y la ausencia de un dios en mi pascua. Huérfana de fe y llena de pesadas cruces, que duelen cada vez que quiero creer.
Qué pena que mi dios no suba a los cielos, sino a los techos a mirar el hogar perdido, un manto azul oscuro cubierto de estrellas, que nunca lo pudo salvar de tantas almas.
Qué dolor que mi dios no sea omnipotente, que él tema más de mi forzado ateísmo, que yo de su total y condenador castigo que hace arder mi alma entre llamas eternas.
Pero tengo un Jesús pequeño, de bolsillo, que a veces le rozan las pelusas y estornuda. Que me mira como pidiéndome una ayuda, que me habla para romper el hastío del otoño.
Mi Jesús cree en mí más de lo que yo creo, pone el rostro cuando otros muestran sus garras. Paga mis deudas y nunca me pasa la cuenta, saldamos diferencias en el fondo de un vaso.
Sufrimos cada cena como en la última cena, cuando ya no quedan panes que multiplicar. Los peces ya no abundan en los mares-cielo, y su precio en el mercado es más que elevado.
Qué pena que la fe sea un negocio para pocos, esos que levantan templos a su dios verdadero, que si es verde, de papel y de cien, perfecto, y si viaja escondido en doble fondos, mejor aún.
Qué suerte que mi Jesús pequeño se contenta con mis palabras de tanto en tanto y mis lágrimas, que brotan cuando duermo angustiado y le pido que haga de mis sueños un refugio a tanto daño.
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Poeta
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Hay que reírse por reír, reírse de las sombras en el espejo, reírse de las verdades que nos escupe, reírse de tantas lágrimas de cocodrilo.
Hay que reírse de tanta cara seria, reírse por liberar la carcajada, reírse por detener las lágrimas, reírse de la suerte mal parida.
Hay que reírse hasta que duela, hasta que se despierte el alma. Reírse de lo que está prohibido, reírse de poder jugar con fuego.
Reírse de los que rezan y escupen al cielo, reírse con el diablo en la mesa de algún bar. Reírse de los que venden Cristos de mala reputación, reírse la muerte certera y darle la espalda.
Hay que reírse de las mentiras que hacen tanto mal, que hacen tanto bien. Reírse de los abrazos fraternos que clavan espinas en la espalda.
Hay que reírse por no llorar, reírse porque tal vez, ya no quede nada más que hacer.
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Poeta
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Que no te falte un motivo para brindar, ni una tristeza al filo de la madrugada. Que no te duermas sin miedo a mañana, sin añorar un hueco ajeno en tu cama.
Que no camines sin rumbo ni estrella, que beses hasta que duelan los labios. Que el alma te pida a gritos clemencia, y que la muerte, por hoy, te ceda el paso.
Que los lunes sean siempre feriados, que los viernes te duren toda la vida. Que un cuerpo desnudo sea tu herejía, y tristeza por tristeza, sea yo al cuadrado.
Que vivir no sea este estúpido trabajo, que el esfuerzo devuelva la recompensa. Que los ciegos no se hagan los sordos, que los mudos nos griten blasfemias.
Que no te falte dónde caerte muerto, que tengas un abrazo desesperado. Que el gran amor te clave sus espinas, que te cure la persona que has lastimado.
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Poeta
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La ausencia de tu llamada, el silencio en tu mirada, los ecos de tus pasos, la neblina de tu razón, el sol de mis deseos.
El sin sabor de la espera, los amigos al rescate, el corazón con ojeras, las manos sin caricias, tu ausencia tan perfecta.
Las canciones sin notas, las alas que me quiebras, la rutina, muerte súbita, la carcajada del llanto, el vacío que me llena.
La mentira que me creo, la verdad que te asusta, las promesas ingenuas, la pasión junto al freezer, los clavos de mis pies.
La alegría a duras penas, la garganta sin tu arena, las piedras bajo tu pecho, la intriga justo a mi puerta, y el destino que no es nada.
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Poeta
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