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Este jardín nos cede su delicia, nos cede el árbol de manzanas lleno. fuente de dioses a la sed propicia, pan del instinto, para el hambre, bueno.
Mas blanco mármol sin igual pudicia fija en nosotros su mirar sereno: muslo desnudo, vigoroso el seno, puro, como la luz que lo acaricia.
Se hacen tus ojos demasiado azules, cubren tus manos impalpables tules y algo divino te levanta en vuelo.
No cortemos la fruta deleitosa y mira el alma en una nube rosa, cómo es de azul la beatitud del cielo.
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Poeta
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Oh muerte, Yo te amo, pero te adoro, vida... Cuando vaya en mi caja para siempre dormida, Haz que por vez postrera Penetre mis pupilas el sol de primavera.
Déjame algún momento bajo el calor del cielo, Deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo... Era tan bueno el astro que en la aurora salía A decirme: buen día.
No me asusta el descanso, hace bien el reposo, Pero antes que me bese el viajero piadoso Que todas las mañanas, Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.
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Poeta
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Yo vi dos soles rojos dominando el espacio Perlaban en sus rayos las luces de topacio y tendí mis dos manos hambrientas de infinito para estrujar en ellas un inefable mito.
Las dos pupilas rojas como rosas del cielo cegaron mis pupilas, soberbias en su anhelo de mirar cara a cara los toques de diamantes.
Después, como un crujido de nudos que se quiebran... Tempestades soberbias que en los mares se enhebran; parto de los dioses... Un quejido de dios... ¡Y bocas que se muerden en un supremo adiós!
Más tarde una sonata más dulce que la miel; agonía de lirios en el jardín aquel. palacio de oro y oro donde habita una maga que ha dormido cien años por maldición aciaga.
Y después manos blancas desparramando rosas sobre el alma escondida y serena de las cosas... Y un silencio de muerte cansado y sepulcral donde se prende el lotus venenoso del mal.
Y después la mañana que llega a los cristales del cuarto miserable donde muerdo mis males... Y después otro día que se esboza en el lloro de mis días sin sol, de mis soles sin oro!...
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Poeta
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Hay un cisne que muere cercado en un palacio. Un cisne misterioso de ropaje de seda que en vez de deslizarse en la corriente leda se estanca fatigado de mirar el espacio.
El cisne es un enfermo que adora al dios de oro; el sol, padre de razas, fecunda su agonía. por eso su tristeza es una sinfonía de flores que se entreabren en las sombras del lloro.
Tiene el pecho cruzado por un loco puñal, gota a gota su sangre se diluye en el lago y las aguas azules se encantarán bajo el mago poder de los rubíes que destila su mal.
El alma de este cisne es una sensitiva... no levantéis la voz al lado del estanque si no queréis que el cisne con el pico se arranque el puñal que sostiene su existencia furtiva.
Cuentan viejas leyendas que está enfermo de amor. Que el corazón enorme se le ha centuplicado y que tiene en la entraña como El Crucificado un dolor que cobija todo humano dolor.
Y cuentan las leyendas que es un cisne-poeta... Que la magia del ritmo le ha ungido la garganta y canta porque sí, como el arroyo canta la rima cristalina de su corriente inquieta. ..................................................................
Yo he soñado una noche que el viejo palacio era el cisne cansado de mirar el espacio.
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Poeta
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Cada rítmica luna que pasa soy llamada, por los números graves de Dios, a dar mi vida en otra vida: mezcla de tinta azul teñida; la misma extraña mezcla con que ha sido amasada.
Y a través de mi carne, miserable y cansada, filtra un cálido viento de tierra prometida, y bebe, dulce aroma, mi nariz dilatada a la selva exultante y a la rama nutrida.
Un engañoso canto de sirena me cantas, ¡naturaleza astuta! Me atraes y me encantas para cargarme luego de alguna humana fruta.
Engaño por engaño: mi belleza se esquiva al llamado solemne; de esta fiebre viva, algún amor estéril y de paso, disfruta.
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Poeta
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Vivo dentro de cuatro paredes matemáticas alineadas a metro. Me rodean apáticas almillas que no saben ni un ápice siquiera de esta fiebre azulada que nutre mi quimera.
Uso una piel postiza que me la rayo en gris. Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis. Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo que yo misma me creo pura farsa y estorbo.
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Poeta
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Baja del cielo la endiablada punta con que carne mortal hieres y engañas. Untada viene de divinas mañas y cielo y tierra su veneno junta.
La sangre de hombre que en la herida apunta florece en selvas: sus crecidas cañas de sombras de oro, hienden las entrañas del cielo prieto, y su ascender pregunta.
En su vano aguardar de la respuesta las cañas doblan la empinada testa. Flamea el cielo sus azules gasas.
Vientos negros, detrás de los cristales de las estrellas, mueven grandes asas de mundos muertos, por sus arrabales.
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Poeta
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DÉJAME COMPARTIR TU MUNDO. por kin
Déjame habitar tu mundo, con su pasión y deslices, tal vez seamos felices, muéstrame tu amor profundo.
Flotar en tu cuerpo quiero, amarte con furia loca, dejando un beso en tu boca, que importa si después muero.
Naces en mi cada día, te agigantas en mi mente, te has convertido en la fuente, que mi corazón pedia.
Quiero bogar en tu aliento, beber tus hondos suspiros, y loco poder deciros, todo lo que por ti siento.
Tu figura matizada de colores matutinos, con ese aroma de pinos quedará en mi entrelazada..
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Poeta
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¿Sabes, rubia, qué gracia solicito cuando de ofrendas cubro los altares? No ricos muebles, no soberbios lares, ni una mesa que adule al apetito.
De Aragua a las orillas un distrito que me tribute fáciles manjares, do vecino a mis rústicos hogares entre peñascos corra un arroyito.
Para acogerme en el calor estivo, que tenga una arboleda también quiero, do crezca junto al sauce el coco altivo.
¡Felice yo si en este albergue muero; y al exhalar mi aliento fugitivo, sello en tus labios el adiós postrero!
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Poeta
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Cuando se tiene un hijo, se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera, se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga y al del coche que empuja la institutriz inglesa y al niño gringo que carga la criolla y al niño blanco que carga la negra y al niño indio que carga la india y al niño negro que carga la tierra.
Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños que la calle se llena y la plaza y el puente y el mercado y la iglesia y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle y el coche lo atropella y cuando se asoma al balcón y cuando se arrima a la alberca; y cuando un niño grita, no sabemos si lo nuestro es el grito o es el niño, y si le sangran y se queja, por el momento no sabríamos si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.
Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño que acompaña a la ciega y las Meninas y la misma enana y el Príncipe de Francia y su Princesa y el que tiene San Antonio en los brazos y el que tiene la Coromoto en las piernas. Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala, todo llanto nos crispa, venga de donde venga. Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro y el corazón afuera. Y cuando se tienen dos hijos se tienen todos los hijos de la tierra, los millones de hijos con que las tierras lloran, con que las madres ríen, con que los mundos sueñan, los que Paul Fort quería con las manos unidas para que el mundo fuera la canción de una rueda, los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño, quiere con Dios adentro y las tripas afuera, los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra, porque basta para que salga toda la luz de un niño una rendija china o una mirada japonesa.
Cuando se tienen dos hijos se tiene todo el miedo del planeta, todo el miedo a los hombres luminosos que quieren asesinar la luz y arriar las velas y ensangrentar las pelotas de goma y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda. Cuando se tienen dos hijos se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas, toda la angustia y toda la esperanza, la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega, si el modo de llorar del universo el modo de alumbrar de las estrellas.
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Poeta
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