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Esquelético, hambriento, el pobre tiene los ojos tristes y el andar calmoso, a ratos a la sombra se detiene en procura de un poco de reposo.
La turba de pilletes atorrantes lo acosa a cascotazos despiadada, él los mira con ojos suplicantes y continúa su infeliz jornada...
¡Esta rabioso!, grita una chicuela que pasa en dirección para la escuela, y huye del can, llorosa y asustada.
Y por instigación de una vecina, el botón de parada en una esquina le acelera su marcha hacia la Nada.
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Poeta
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No hace esquina, su rante mistonguería se deschava en la mugre de las ventanas, cortinas que en otrora fueran bacanas ocultan interiores melancolías.
Una mersa de rantes que todo el día ambula entre sus mesas de mala gana; el mozo, un galleguete timbero y rana que encanta a la parroquia porque les fía.
Al fondo, donde el foco poco ilumina, timbean al codillo la meneguina y al truco y a la escoba lo consumido.
Mientras la murga infame en la tarima la tristeza infinita de un tango rima que se mete en el alma por el oído.
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Poeta
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La moza más linda del barrio orillero con fama sentada de alegre y coqueta, que fue la querida de aquel guitarrero matón y biabista, cantor y poeta.
Tristemente evoca el recuerdo querido de amores que fueron y triunfos fugaces, es que ella no ignora que tuvo un "marido" que fue entre los guapos el as de los ases.
El as, porque nunca en acción apurada los taitas lo vieron ponerse amarillo; se dio todo entero y su ágil visteada remató en la marca de su fiel cuchillo.
¡Y cuando cantaba!, más bien parecía su canto una airada protesta de pena a la novia mala que no lo quería, a la madrecita viejecita y buena.
Al Destino ingrato que no tuvo halago para su existencia ruin, atrabiliaria... ¡Tradicionalmente se creyó un rezago de gaucho bandido, perseguido y paria!
Por eso en las noches templadas de luna pulsó su guitarra bajo el emparrado, en una milonga deshojó una a una las rosas marchitas del gaucho pasado.
Por eso la viola ya no es en la pieza nada más que un mueble de adorno lujoso; su dueño, una noche en gaucha proeza, cayó bajo el plomo mortal de un bufoso.
Por eso la moza del barrio orillero, bonita y con fama de alegre y coqueta, recuerda a su guapo: aquel guitarrero matón y biabista, cantor y poeta...
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Poeta
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Un cotorro coqueto en un barrio apartado donde engrupa al Invierno la caricia solar, y en Verano nos brinde su racimo rosado en el medio del patio el parral familiar.
El bulín donde nunca falte un ramo de rosas y un deseo constante de gozar y vivir... Un chamuyo sencillo pa' batir muchas cosas y otro alegre y chispeante que nos haga reír.
De una linda pebeta el cariño primero que no sepa ni medio de cuestiones de Amor... El amor inocente, francamente sincero de una pebeta linda como un durazno en flor.
La bohemia sensible de otra alma gemela que se una a la mía en un hondo querer, que le gusten los pibes cuando van a la escuela y se apene conmigo en un atardecer.
Que de noche, al regreso de la diaria faena donde tan duramente me rebusco el bullón, con un beso en la boca le dé el opio a una pena si una pena me talla dentro del corazón.
Y si un día notara, que irremediablemente, por sus sueños no soy... Que me diga al besarme con dulzura en la frente: "Mirá, viejo, me aburro, perdoname, me voy".
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Poeta
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Cantilena rasposa de tu triste miseria que escuchastes de pibe en el vago bulín, aguantando a tu vieja las fajadas de histeria y a tu viejo el rosario de tarugo manghín.
Nadie tuvo un consejo pa' tu vida de reo, tras el largo reproche iba el faje fatal, malanfiaste de salto, pelechastes bien feo y la escuela fue un mito de liturgia ancestral.
No tuviste respeto a la ley, a la hombría, y al derecho ganado por herencia o acción; por los pobres buracos de tus pilchas, un día se piantó la nobleza de tu buen corazón.
Por diabluras de pibe conocistes la cana y barristes las cuadras en más e una ocasión, te tirastes en contra de la gente bacana pues creístes que el rana es pequero o ladrón.
Vos nacistes pa' chorro como yo pa' hacer versos, como el gato pa' gato, como el león pa' ser león, el destino que rige tus instintos perversos es el mismo que rige mi cordial vocación.
Pa' qué vas a decirme que sos manso y sos bueno si yo sé que en el fondo sin querer me engrupís; por vivir tu existencia sin medida y sin freno te dirá "Caro fratte" San Francisco de Asís.
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Poeta
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Una catrera rante compadreando en el ángulo norte del bulín, y sobre ella un San Judas campaneando la miseria de aquel piringundín.
Una mesa de pino en un costado, un cajón que las va de aparador, una silla de asiento desfondado y otra silla "fané" pero mejor.
Yendo pa'l lao del Sud, como quien dice, pa' que en él la mancada no aterrice, una colcha tirándose a "placcar"
que oculta un traje negro, un funghi claro, un par de caminantes y el sparo de un vestido de baile verde mar...
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Poeta
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Dulcemente entre sus manos te desdobla acompasado el bacán que te acamala y te sabe hacer llorar, y tu llanto es un rezongo dormilón, amilongado, es el alma del suburbio que se pianta en tu teclear. Es la pena de una mina que dejó la vieja sola, es la bronca de un otario amurado con su amor, es el llanto de una madre con el hijo en la gayola, la tristeza del suburbio rebosante de dolor...
Es el sueño de una noche que un rendido canillita descabeza amoratado guarecido en un portón, es el canto con que arrulla una buena madrecita a una piba que no duerme, paliducha y enfermita, en el triste conventillo tan mistongo y tan tristón.
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Poeta
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Cachá cuatro compases de un tango rante, de esos con más pelusa que un gato angora, y el verso más lunfardo y más asonante de este poeta reo: (Perdón, Señora...)
Metele unos pedazos de barrio bajo cuando el Sol los pincela de poesía, y la marca primera que marca el tajo de dos guapos parejos de hombría a hombría.
La bronca de un cafiolo que quedó en banda, la curda de un porteño que de parranda sale a tirar, alegre, manteca al techo.
Mezclá todo con gloria, pasión y pena: y tendrás el retrato de la Azucena ¡la tanguera más grande que Dios ha hecho!
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Cuando estés en la vereda y te fiche un bacanazo, vos hacete la chitrula y no te le deschavés; que no manye que estás lista al primer tiro de lazo y que por un par de leones bien planchados te perdés.
Cuando vengas para el centro, caminá junando el suelo, arrastrando los fanguyos y arrimada a la pared, como si ya no tuvieras ilusiones ni consuelo, pues, si no, dicen los giles que te han echao a perder.
Si ves unos guantes patito, ¡rajales!; a un par de polainas, ¡rajales también! A esos sobretodos con catorce ojales no les des bolilla, porque 1e perdés; a esos bigotitos de catorce líneas que en vez de bigote son un espinel... ¡atenti, pebeta!, seguí mi consejo: yo soy zorro viejo y te quiero bien.
Abajate la pollera por donde nace el tobillo,dejate crecer el pelo y un buen rodete lucí, comprate un corsé de fierro con remaches y tornillos y dale el olivo al polvo, a la crema y al carmín.Tomá leche con vainillas o chocolate con churros, aunque estés en el momento propiamente del vermut. Después comprate un bufoso y, cachando al primer turro, por amores contrariados le hacés perder la salud.
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Muchachos de Diez y seis años Desnudos, Espolvoreados en la Piel con Polvo de Oro, con Collares de Esmeraldas en los Cuellos, entre Estatuas y Bustos de Emperadores de Mármol, Entre Coches Destrozados por Accidentes, En medio de una Carretera Desierta que va a Ninguna Parte, y Tigres de Bengala.
Tigres rabiosos muestran sus rayas fieras. Apoteosis de la uña dañina. Éxtasis del colmillo. Los chavales preciosos son ramas de limoneros. Dorados los arcángeles entre Calígulas gigolós.
Los coches destrozados, la chatarra retorcida, No disminuye la belleza de los delfines áureos, Brillan las esmeraldas en los cuellos soberbios Como una verde araña sobre la nuez masculina.
En medio de la carretera, hacia un oriente rojo, Destrozados los dinosaurios, ardidos, de chatarra, Retorcidos como pañuelos sucios, esqueletos rotos,
Ponen su oscura rabia a los niños de oro. Y los tigres Serían capaces de desollar tales arcángeles, que son maravillosos, Con sus penes de oro y sus cinturas delgadas. ............................................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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