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Vertiendo está sangre, ¡Dominguillo, eh! Yo no sé por qué.
¿Por qué, te pregunto, hacen dél justicia, pues es inocente y no tiene malicia? Tuvo gran codicia, yo no sé por qué, de mucho amarmé, ¡Dominguillo, eh!
¿Pues luego en naciendo, le han de atormentar? Sí, que está muriendo por quitar el mal. ¡Oh, qué gran Zagal será, por mi fe! ¡Dominguillo, eh!
¿Tú no lo has mirado, que es niño inocente? Ya me lo han contado Brasillo y Llorente. Gran inconveniente será no amarlé, ¡Dominguillo, eh!
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Poeta
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Pues el amor nos ha dado Dios, ya no hay que temer, muramos los dos.
Danos el Padre a su único Hijo: hoy viene al mundo en pobre cortijo. ¡Oh gran regocijo, que ya el hombre es Dios! no hay que temer, muramos los dos.
Mira, Llorente qué fuerte amorío, viene el inocente a padecer frío; deja un señorío en fin, como Dios, ya no hay que temer, muramos los dos.
Pues ¿cómo, Pascual, hizo esa franqueza, que toma un sayal dejando riqueza? Mas quiere pobreza, sigámosle nos; pues ya viene hombre, muramos los dos.
Pues ¿qué le darán por esta grandeza? Grandes azotes con mucha crudeza. Oh, qué gran tristeza será para nos: si esto es verdad muramos los dos.
Pues ¿cómo se atreven siendo Omnipotente? ¿Ha de ser muerto de una mala gente? Pues si eso es, Llorente, hurtémosle nos. ¿No ves que El lo quiere? muramos los dos.
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Poeta
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Hoy nos viene a redimir un Zagal, nuestro pariente, Gil, que es Dios omnipotente.
Por eso nos ha sacado de prisión a Satanás; mas es pariente de Bras, y de Menga, y de Llorente. ¡Oh, que es Dios omnipotente!
Pues si es Dios, ¿cómo es vendido y muere crucificado? ¿No ves que mató el pecado, padeciendo el inocente? Gil, que es dios omnipotente.
Mi fe, yo lo vi nacido de una muy linda Zagala. Pues si es Dios ¿cómo ha querido estar con tan pobre gente? ¿No ves, que es omnipotente?
Déjate de esas preguntas, muramos por le servir, y pues El viene a morir muramos con El, Llorente, pues es Dios omnipotente.
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Poeta
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¡Ah, pastores que veláis, por guardar vuestro rebaño, mirad que os nace un Cordero, Hijo de Dios Soberano!
Viene pobre y despreciado, comenzadle ya a guardar, que el lobo os le ha de llevar, sin que le hayamos gozado. Gil, dame acá aquel cayado que no me saldrá de mano, no nos lleven al Cordero: ¿no ves que es Dios Soberano?
¡Sonzas!, que estoy aturdido de gozo y de penas junto. ¿Si es Dios el que hoy ha nacido, cómo puede ser difunto? ¡Oh, que es hombre también junto! La vida estará en su mano; mirad, que es este el Cordero, Hijo de Dios Soberano.
No sé para qué le piden, pues le dan después tal guerra. Mía fe, Gil, mejor será que se nos torne a su tierra. Si el pecado nos destierra, y está el bien todo en su mano, ya que ha venido, padezca este Dios tan Soberano.
Poco te duele su pena; ¡oh, cómo es cierto del hombre, cuando nos viene provecho, el mal ajeno se esconde! ¿No ves que gana renombre de pastor de gran rebaño? Con todo, es cosa muy fuerte que muera Dios Soberano.
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Poeta
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Atardece, melancolía en sepia, desangrando la luz en su tristeza, el horizonte en el renglón escribe su dolor con tinta roja
arden mis pupilas atravesadas por el insipiente relente crepuscular, mientras el sol pudoroso se esconde bajo el oscuro manto del ocaso,
rojo rocío del poniente, virtual manifiesto que agoniza en la lánguida aflicción del color, que sueña renacer con la alborada
…atardece
Catriel Cuestas Acosta 02/08/2013
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Poeta
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Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti.
De tal suerte pudo amor, alma, en mí te retratar, que ningún sabio pintor supiera con tal primor tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada hermosa, bella, y así en mis entrañas pintada, si te perdieres, mi amada, Alma, buscarte has en Mí.
Que yo sé que te hallarás en mi pecho retratada, y tan al vivo sacada, que si te ves te holgarás, viéndote tan bien pintada.
Y si acaso no supieres dónde me hallarás a Mí, No andes de aquí para allí, sino, si hallarme quisieres, a Mí buscarme has en ti.
Porque tú eres mi aposento, eres mi casa y morada, y así llamo en cualquier tiempo, si hallo en tu pensamiento estar la puerta cerrada.
Fuera de ti no hay buscarme, porque para hallarme a Mí, bastará sólo llamarme, que a ti iré sin tardarme y a Mí buscarme has en ti.
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Poeta
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¡Cuán triste es, Dios mío, la vida sin ti! Ansiosa de verte, deseo morir.
Carrera muy larga es la de este suelo, morada penosa, muy duro destierro. ¡Oh sueño adorado! sácame de aquí! Ansiosa de verte, deseo morir.
Lúgubre es la vida, amarga en extremo; que no vive el alma que está de ti lejos. ¡Oh dulce bien mío, que soy infeliz! Ansiosa de verte, deseo morir.
¡Oh muerte benigna, socorre mis penas! Tus golpes son dulces, que el alma libertan. ¡Qué dicha, oh mi Amado, estar junto a Ti! Ansiosa de verte, deseo morir.
El amor mundano apega a esta vida; el amor divino por la otra suspira. Sin ti, Dios eterno, ¿quién puede vivir? Ansiosa de verte, deseo morir.
La vida terrena es continuo duelo: vida verdadera la hay sólo en el cielo. Permite, Dios mío, que viva yo allí. Ansiosa de verte, deseo morir.
¿Quién es el que teme la muerte del cuerpo, si con ella logra un placer inmenso? ¡Oh! sí, el de amarte, Dios mío, sin fin. Ansiosa de verte, deseo morir.
Mi alma afligida gime y desfallece. ¡Ay! ¿quién de su amado puede estar ausente? Acabe ya, acabe aqueste sufrir. Ansiosa de verte, deseo morir.
El barbo cogido en doloso anzuelo encuentra en la muerte el fin del tormento. ¡Ay!, también yo sufro, bien mío, sin ti, Ansiosa de verte, deseo morir.
En vano mi alma te busca oh mi dueño; Tú, siempre invisible, no alivias su anhelo. ¡Ay! esto la inflama, hasta prorrumpir: Ansiosa de verte, deseo morir.
¡Ay!, cuando te dignas Entrar en mi pecho, Dios mío, al instante el perderte temo. Tal pena me aflige y me hace decir: Ansiosa de verte, deseo morir.
Haz, Señor, que acabe tan larga agonía; socorre a tu sierva que por ti suspira. Rompe aquestos hierros y sea feliz. Ansiosa de verte, deseo morir.
Mas no, dueño amado, que es justo padezca; que expíe mis yerros, mis culpas inmensas. ¡Ay!, logren mis lágrimas te dignes oír: Ansiosa de verte, deseo morir.
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Poeta
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¡Oh hermosura que excedéis a todas las hermosuras! Sin herir dolor hacéis, y sin dolor deshacéis, el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis dos cosas tan desiguales, no sé por qué os desatáis, pues atado fuerza dais a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser con el Ser que no se acaba; sin acabar acabáis, sin tener que amar amáis, engrandecéis nuestra nada.
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Poeta
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Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, Decidme: ¿en qué me detengo? O Vos, ¿en qué os detenéis?
- Alma, ¿qué quieres de mí? ? Dios mío, no más que verte. ? Y ¿qué temes más de ti? ? Lo que más temo es perderte.
Un alma en Dios escondida ¿qué tiene que desear, sino amar y más amar, y en amor toda escondida tornarte de nuevo a amar?
Un amor que ocupe os pido, Dios mío, mi alma os tenga, para hacer un dulce nido adonde más la convenga.
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Poeta
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Ya toda me entregué y di, y de tal suerte he trocado, que es mi Amado para mí, y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador me tiró y dejó rendida, en los brazos del amor mi alma quedó caída, y cobrando nueva vida de tal manera he trocado, que es mi Amado para mí, y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha enherbolada de amor, y mi alma quedó hecha una con su Criador; ya yo no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado, y mi Amado es para mí, y yo soy para mi amado.
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Poeta
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