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Divides tu ser en intentos de resurrección. Separas restos del mar como el agua y la sal. Las rocas filosas, coraza en tus orillas no dejan entrar. Te conservas en tu mundo, te aíslas de lo que crees, te pueda lastimar.
También he intentado fraccionar cada pedazo de mi alma en ensayos de sanación; creo que en parte me acostumbre a este tipo de dolor.
Existe este mundo paralelo en el tiempo, astillas en las que el universo nos permite entendernos.
He tratado de llegar a lo profundo de tus miedos. Cuando creo conocerlos y sentirme a gusto, se contraponen con mis temores y me veo retrocediendo.
Hay partículas de sal en este mar, dulce. En condiciones de amar, se vuelve oscuro y ventajoso, solo a favor de los propios miedos, que nos vuelven contra nosotros mismos.
Divides tu ser en intentos de resurrección. También he intentado fraccionar cada pedazo de mi alma en ensayos de sanación. Existe un mundo paralelo, en el tiempo, astillas en las que el universo nos permite entendernos. He tratado de llegar a lo profundo de tus miedos.
Solo cuando el sudor de tu piel corre por mi cuerpo. El mar se envuelve para luego abandonarme en la orilla, orilla de tus miedos, miedos que me hacen saber al despertar que realmente existes.
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Poeta
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-“Me voy para siempre” –dijiste- y te vas rumbo al crepúsculo, que sabes, me gusta contemplar por la ventana que enmarca mi modesto paraíso: Laurel en flor, pasto dorado, chircas, alambrado de nostálgico mugido, copa emergente de eucalipto y empinados postes de luz como testigos abatidos por nuestro adiós (siempre mi alegórica razón apenas real, elucubrando maquinal y subjetiva, rico escenario al más duro suceso).
Ansioso pero permanecido en mi sitio, como perro fiel a sus límites, me quedo mirándote ir, hundirte rítmicamente tras la loma por la cual te remonté a mi vida.
Ya, la luna, inflamada de contrariedad, reconoce sus hebras de argento robadas, en la urgida telaraña que teje la soledad (reina absoluta de las arañas) en el quicio de la puerta que no te dignaste cerrar. Puerta a perplejo futuro mío, ahora, que tras un lapso de inestable certeza, cierro conmovido, lentamente, como un libro angustioso cuyo final se agradece.
Y así, mientras los grillos empiezan a sonar sus breves trompetas de vidrio, que luego hará trizas la escarcha para lentejuelas auriverdes de la grama, (no pude evitar la metáfora) yo, con íntimo alivio, absoluto placer, y en honor a tanto gusto sometido de ambas partes, me siento a garabatear desaforadamente esto, y todo pormenor que resguarde mi espiritualidad; no sea que vuelvas y me siegues, como siempre, el más leve atisbo de inspiración que te suplante.
Ya veo que me espera una noche intensa, sobresaltada por musa y *Teru-teros.
Teru-tero: (Vanellus chilensis). Avefría sudamericana, a la cual los criollos atribuyen facultad “centinela” por sus gritos preventivos ante cualquier presencia invasora de su entorno.
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Poeta
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letycia yo no se muy bien de donde vienes y a donde vas porque tu sentido tiene el signo pesos en la cabeza no me das amor no me das nada es mejor que la cortemos porque no vamos a ningun lado ni para atras ni para adelante te supe querer con pasion y locura pero ya no me llegas adios letycia digamos hasta siempre
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Poeta
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Desde hace algún tiempo, te veo ausente. Parece que tu conciencia viaja muy hondo, y tus manos, tu boca, tus ojos, son distantes de tan cruel distancia, que arrepiento mi voz a punto de llamarte y a sigilo de duda, la dejo en tu falda: acurrucada, melancólica, nostálgica.
Es que yo hace mucho descabalgué mi ánimo donoso de su viento esencial. Con sensorios pasos camina hoy mi alma atardecida, sobre nuestro amor sin seguro de felicidad, dedicada con frecuencia a equivocar rumbos sentimentales en tu corazón actual, parece, por habituado a tus latidos de ayer, el triste retumbo de mi corazón perenne. A sorprender vacíos cual sonrisa de ciego: tuyos, míos; nuestros rumbos vacíos.
Y todo por saber y hallar, como hoy, (por vos y por mí) entre mustias ramas del árbol común, un jirón de desamor. Todo, por develar todo; por saber cuál de los dos ama, cuál dejó de amar. Y, cuando ante mi evidente duda sigilosa recibo tu caricia de afable consuelo, afirma mi alma su amarga certeza y sé, sé que quién ya no ama, no soy yo.
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Poeta
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Como cristales de lluvia, cayendo en la ciudad. Deje mi corazón escrito en una canción que lleva tu nombre tatuado en mi piel.
Ayer, corrí hacia la misma nada para encontrarte en ninguna parte.
Septiembre se fue, dejando tu pasado en mis pies, Octubre llego, tus cadenas aún arrastran tu nombre en mi sien.
“¿Es qué acaso no lo ves? ¿Es qué a caso no lo ves? ¿Acaso no lo ves?”
Es más fácil reparar un corazón cuando no hay nada vivo dentro.
Esa sensación en el pecho a la que sueles llamar amor, yo la llamo dolor.
Árboles perennes lloran nostalgias, al pasar del viento sus penas caen al suelo.
Ella digo: “¿Es qué a caso no lo ves? ¿Acaso no lo ves? ¿Acaso no lo ves?"
Ella digo...ella digo, ella digo. Ella digo...ella digo, ella digo. Ella digo...ella digo, ella digo. Ella digo...ella digo, ella digo. Ella digo...ella digo, ella digo.
“¿Acaso no lo ves? ¡Déjate querer!”
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Poeta
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Cuando el corazón es destrozado, mejor olvidarlo, seguir aunque este dolor, sea insoportable.
No puedes mas, con este dolor y sufrimiento, estas desesperada, buscas consuelo, en los brazos de alguien mas.
Ni una palabra has dicho, estas empapada, con la lluvia tus lagrimas ocultas, aún así, estas abrazándome.
Entiendo tu dolor, tu alma fue apuñalada, por un amor falso y vil, que nunca te supo apreciar.
Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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lety tus besos no me bastan tu boca no es completa porque esconden interes porque no eres sincera tal vez hoy sea la ultima vez que te vea tal vez sea tu ultima compañia porque estamos cerca delo final porque no todo es material adios lety que seas feliz
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Poeta
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¿Cuántas evasivas hacen ya, que en espera de tu atención, mi sentimiento pernocta en el umbral de tu corazón?
¿Llevas tú la cuenta? ¿No? Te lo digo: Tuyas, intercalado algún esfuerzo de ternura extra o clemencia caritativa, hacen exactamente doce dolores de cabeza, veintidós cansancios, dieciocho prisas y catorce discusiones. Y míos: siete desintereses por orgullo y estrategia.
Todo suma en total: ciento cuarenta y seis pretextos hipocresía con hipocresía y espalda con espalda, por los cuales, melancólico mi anhelo, se arrebuja allí, a la vera de tu desquicio, en el umbrío marco de tu corazón y, sumiso, dormita sin atreverse a llamar, por dos temibles razones: comprobar su hermetismo definitivo, o que tras canceles, haya alguien más. Si así fuese, ¿por qué no sales de tu especulación, increpas mi tedioso anhelo y lo echas como a un paria? Mira que aquí afuera el destino está enfriando y antes de tu primera cita formal ajena, mi aporreado sentimiento debe hallar refugio lejos de tu desdén. ¿O me quedo a pedir limosna? ¡Vamos, libérate y libérame! O “ámame cuan único soy”; según tus ardientes palabras de un tórrido ayer.
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Poeta
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Sabes que eres el motivo de mi vida, mas, si mata tu desdén mi gran cariño, te juro que para mi alma: será el infierno tu olvido, será mi edén tu añoranza.
Por ello, mi amor, te pido que pongas en la balanza desenfreno y buen sentido; pues, para el lado que caiga: será mi cruz tu extravío, será tu merced mi aura.
Sin embargo, envanecido por mi centenar de hazañas de amores correspondidos: ¡Si ésa no te rinde palmas, -me grita el orgullo mío- mejor no le pidas nada!
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Poeta
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Una vez se vive, mejor no hablar, no decir nada, cuando el corazón se ha destrozado.
Una vez se ama, pero también duele, demasiado dolor, de una cruel ruptura.
Una decepción amorosa, lo que comenzó como una historia de amor, terminó en tragedia, no queda nada.
Esos recuerdos, quiero olvidar, quiero borrarlos, pero es difícil.
Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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