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Nunca, nunca otros labios te besarán así; ni unos ojos habrá que lloren de amor, como he llorado, ni manos que, temblando, se acerquen hasta ti con la ternura inmensa con que yo me he acercado. Ni corazón más claro ni dolor más fecundo hallará la arrogancia de tu frente cansada, ni un decir más sencillo ni un sentir más profundo encontrarás de nuevo en la larga jornada. Y cuando yo haya muerto y camines doliente, evocando un nombre ante cada mujer, como yo te llamaba, me llamarás, ferviente. ¡Y ya no podrá ser!
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Poeta
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No moriré del todo, amiga mía, mientras viva en tu alma mi recuerdo. Un verso, una palabra, una sonrisa, te dirán claramente que no he muerto.
Volveré con las tardes silenciosas, con la estrella que brilla para ti, con la brisa que nace entre las hojas, con la fuente que sueña en el jardín.
Volveré con el piano que solloza las nocturnas escalas de Chopin; con la lenta agonía de las cosas que no saben morir.
Con todo lo romántico, que inmola este mundo cruel que me destroza. A tu lado estaré cuando estés sola, como una sombra más junto a tu sombra.
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Poeta
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No estamos solos. Nunca estamos solos. Aunque la calle inunde su eterna muchedumbre a bocanadas. Aunque el grito se extienda sin compartirse, como la llama medra entre los labios, como el errante bosque se dignifica en piedra.
No estamos solos en la ciudad inteligible. Mientras el hacha se convierta en estrías de columna y la alevosa ira deje de ser cornada. Cuando el halo de un cuerpo, si sufriente, desbrizne sus estigmas sin recordar el susto.
No está sola la niña que ha olvidado su amor en la llanura. Ni el errante que no encuentra la dicha, cuando los fustes se convierten en aves. cuando el cayado desarraiga la mejilla y el busto.
¡Que no venga tu lágrima empañada, que no acose tu vientre la almidonada esfera, que no irrumpa en la sala donde duermes, donde el trueno defiende el acoso de los niños, donde el calor involucrado ha puesto sus raíces!
Porque no me has faltado todavía. Aun antes de llegar no me faltabas. Rehén de la magnífica torre, guarda que se avecina desde el puente donde fluyen dos ojos indigentes, para hacerse medalla encubridora.
Oh sola soledad que ya no aplazas, que no apruebas el envite empobrecido de mi mesa, que no confundes el dibujo de mi equipaje. Te tengo compartida con el pulso, con el ángel continuo, con el amor en vuelo.
De "Ditirambos para mi propia burla"
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Poeta
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Nada es mayor que tú: sólo la rosa tiene tu edad suspensa, ilimitada: eres la primavera deseada, sin ser la primavera ni la rosa.
Vago espejo de amor donde la rosa inaugura su forma deseada, absorta, inmensa, pura, ilimitada, imagen, sí, pero sin ser la rosa.
Bajo tu piel de nube marinera, luz girante tu sangre silenciosa despliega su escarlata arborecida.
Nada es mayor que tú, rosa y no rosa, primavera sin ser la primavera: arpegio en la garganta de la vida.
ARTURO CAMACHO R. ( Colombia, 1910 - 1983 )
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Poeta
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En veinticinco pascuas te he dado la palabra te he dejado decir cuanto me has dicho me has ofrecido pan, cobre, un código cosido con silencio, tus noticias afónicas de amor, madejas de lujuria, composturas, biko lanzado en lacrimógenos prospectos, pasteles de neón, nada
me he tomado mi tiempo en preparar la huida confluyo a la distancia más audaz, la carne se me abre como si hubiera trazado con las manos una hendedura en la negra pared de los pulmones, llevo la paz, mi paz como un angioma avanzando hasta cubrirme la piel de versos elegíacos estoy muerto de ti, ardo en tu olvido, trafico, ya lo sabes, con una mercancía que no tiene cobijo en esta escena, pero adoro a tus hijos, a tus prisioneros, tan aterradores como yo, que te han ido modelando cuna a cuna ladrillo a ladrillo ley a ley
los adoro si los veo resentidos los adoro cuando adoran un residuo como yo los adoro los adoro y nunca más que nunca cuando lloran por algo parecido a mí... quizá me hayas vencido quizá puedas decirlo en alto, allá tú y la conciencia que hemos hecho: desde tu propia yugular te escribo envuelto en un ejército de tráficos y modas y escribo: que ya no tengo miedo que me he muerto de ti tan muerto estoy de ti como un chiquillo De "Biografía de un traficante de no sé"
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Poeta
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Preguntó la muchacha al forastero: -¿Por qué no pasas? En mi hogar está encendido el fuego.
Contestó el peregrino: -Soy poeta, sólo deseo conocer la noche.
Ella, entonces, echó cenizas sobre el fuego y aproximó en la sombra su voz al forastero: -¡Tócame! -dijo-. ¡Conocerás la noche!
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Poeta
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Es la felicidad una alimaña de relucientes ojos que se esconde, nadie sabe su cueva y corre y corre, se nos va de las manos y nos deja dentro del pecho un rastro luminoso, aqui y allí destella, brinca, vuelve a desaparecer, torna a otra mata. Alguien nos dice: Está debajo de esas piedras, y cavamos, entre los pliegues de un vestido azul y vamos con muchachas por la oscuridad. Del mar, de entre las olas, traen noticias... Por encontrar la dicha el hombre va a los bares, mira a los astros con temblor y pone el oído en la puerta por si pasa. Mas es escurridiza y parlanchina la felicidad, ya los hombres les da la hora del trabajo buscando en tuberías, revolviendo anaqueles; en tabernas les da la madrugada, les da la muerte y los encuentra en sótanos cansados de indagar, de hurgar. de escarbar entre nubes y ángeles, de levantar cascotes y estudiar Arqueología. Un poco escépticos se tienden sobre el suelo y mueren. Fuera, aún escucharán los mismos vientos, los mismos pájaros que anuncian vida, los árboles que crecen puntuales en idénticos meses verdecidos. y él sólo de pensarlo se pudre más aprisa o en un supremo esfuerzo quiere brotar de nuevo, porque allá afuera, otros como él, hombres de sueños y de carne, otros también, como él, espernazados, aseguran haber visto pasar a la felicidad y por sus huellas. rtelucientes... a pocos metros.
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Poeta
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Cuando me iba pensé en ti: en la mirada de tu ojo triste y en el temblor de tu ojo alegre; porque cada pupila es la mitad de tu alma y tu alma llora y ríe alternativamente y nos dice que sí, que no, que sí, y para cada instante tiene una lágrima dulce y una lágrima amarga.
Al regresar pensaba en ti: en la desesperada sonrisa de tu cuerpo; tu cuerpo, una mitad tan niña y mitad tan mujer -posibilidad de pasión y certeza de infancia-; tu cuerpo, aún inconsciente de ser tan sólo tu cuerpo cruzado y recorrido por arterias, por miedos, por hoyuelos graciosos y gestos perdurables; tu cuerpo, que en sí mismo se refleja y reclina con el alma del agua mirándose a un espejo.
Al despertar aún pensaba en ti: pensaba en el milagro desigual de tu voz, belleza cuya niñez permite comprender tanta espera, comprender que no es vana la pasión de escucharte, que todas las palabras dichas por ti hasta ahora son la mitad tan sólo, son el claro hemisferio de este mar silencioso que aún en ti permanece creándose y oculto para un día clarísimo donde voz y silencio serán dación de gracia. Ay, sonido que nace como un mimado sueño, ¿con qué temblor mereceremos esa fluencia absolutoria?
Cuerpo, voz y mirada que son mitad tan sólo de un designio más alto que este destino nuestro: la miseria no podrá derrotarlos; la desdicha no ha de usurpar su lento continuar azulándonos, porque al dolor y al miedo vencieron simplemente existiendo, y la mitad de su alma, la mitad de su sangre, la mitad de su vida son la justificable persuasión de la gracia: rosa con que engañamos a nuestra sombra en la tierra, camino que elegimos para andar hasta Dios.
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Poeta
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No podría encontrar la verdadera palabra que trazara tu figura. Y a veces le pregunto a mi amargura: ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
¿Era un ángel que vino en primavera en forma de azucena que perdura? ¿Un poco de candor entre la impura materia terrenal, perecedera?
Mas por mucho que quiero, no defino su encanto inmaterial, ese secreto que encierra su mirar esmeraldino:
Y la llamo Azucena, Estrella, Rosa, sin que en ningún vocablo halle completo el perfume de su alma misteriosa.
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Poeta
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Mas que amor lo que el verano trae es quimeras, deseos que se confunden en las manos, afanes que la tarde acaba diluyendo. El verano comienza en una ola que rompe por sorpresa el sonido, luego espuma, sólo espuma nos queda en los pies donde vaga la mirada perdida.
El verano es un canto deshecho en las orillas, sirenas sorprendidas, náyades, deidades dispuestas al sacrificio, surgen de la más íntima dignidad de las aguas, sirenas nuevamente suben las escotillas, el saxo se pregunta por el trayecto del caza que en el cielo, no lejos, ilumina la playa de pólvora y gemido. Luego la sangre viene a invadir los océanos, acaba por abrir las playas al vacío y el hombre aquel, caído, cencido por el tiempo, otra vez incorpora su fuerza a las fuerzas que duermen en la arena. Un hombre cae cada vez que el verano avanza por la orilla, un hombre vencido a cada instante del odio de los elfos, delodio en las esquinas expuesto.
Nace el verano y más que amor lo que llega es la vida, otra vez resbalando desde nuestro costado donde heridas profundas se han hecho laberintos, donde pueden venablos acudir. Más que amor, el verano nos deja renovada la soledad que flota como escarcha de fuego, ceniza para siempre y desde siempre, en los labios.
De "Elegía y no"
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Poeta
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