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Llorando, llorando, nochecita oscura, por aquel camino la andaba buscando.
Conmigo no vengas... Que la suerte mía por malitos pasos, gitana me lleva.
¡Mare del Rosario, cómo yo guardaba el pelito suyo en un relicario!
¡Qué le voy a hacer...! Yo te he querío porque te he querío y te he olvidao porque te olvidé.
Toíto se acaba: la salú, la alegría, el dinero y la buena cara.
Yo no sé olvidar... Yo no sé más que quererte hoy mucho y mañana más.
Esta agüita fresca... ¡Cómo la tengo en los propios labios y no puó beberla!
Perdona por Dios... que otra gitana se llevó las llaves de mi corazón.
¡Qué gustiyo grande que las cositas qu tú y yo sabemos no las sepa nadie!
Eres como el sol: cuando tú vienes se hace de día en mi corazón.
No temo a la muerte, serrana del alma, por perder la vía, sino por perderte.
Siéntate a mi vera..., dame la mano, hermanita mía, cuéntame tus penas.
Tiene mi chiquilla los ojitos negros más negros y grandes que he visto en mi vida.
Que no quieres verme... De día y de noche, dormía y despierta, me tienes presente.
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Poeta
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A todos nos han cantado en una noche de juerga coplas que nos han matado...
Corazón, calla tu pena; a todos nos han cantado en una noche de juerga.
Malagueñas, soleares y seguiriyas gitanas... Historias de mis pesares y de tus horitas malas.
Malagueñas, soleares y seguiriyas gitanas...
Es el saber popular, que encierra todo el saber: que es saber sufrir, amar, morirse y aborrecer.
Es el saber popular, que encierra todo el saber.
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Poeta
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Mi pena es mu mala, porque es una pena que yo no quisiera que se me quitara.
Vino como vienen, sin saber de dónde, el agua a los mares, las flores a mayo, los vientos al bosque.
Vino, y se ha quedado en mi corazón, como el amargo en la corteza verde del verde limón.
Como las raíces de la enredadera, se va alimentando la pena en mi pecho con sangre e mis venas.
Yo no sé por dónde, ni por dónde no, se me ha liao esta soguita al cuerpo sin saberlo yo.
Pensamiento mío, ¿adónde te vas? No vayas a casa de quien tú solías, que no pués entrar.
A pasar fatigas estoy ya tan hecho que las alegrías se me vuelven penas dentro de mi pecho.
Mare de mi alma, la vía yo diera por pasar esta noche de luna con mi compañera.
A la vera tuya no puedo volver... ¡Cómo por unas palabritas locas se pierde un querer!
Yo voy como un ciego por esos caminos. Siempre pensando en la penita negra que llevo conmigo.
Ya se han acabado los tiempos alegres. Las florecitas que hay en tu ventana para mí no huelen.
Desde que te fuiste, serrana, y no vuelves, no sé qué dolores son estos que tengo, ni dónde me duelen.
Esta cadenita, mare, que yo llevo, con los añitos que pasan, que pasan, va criando hierro.
Los bienes son males, los males son bienes... Las mis alegrías, ¡cómo se me han vuelto fatigas de muerte!
Toíta la tierra la andaré cien veces, y volveré a andarla pasito a pasito, hasta que la encuentre.
Se quebró el jarrito pintao del querer. ¡Cómo plateros ni artistas joyeros lo puen componer!
La prueba del frío, la prueba del fuego... ¡Cómo ha salido mi corasonsiyo del mejor acero!
Yo corté una rosa llenita de espinas... Como las rosas espinitas tienen, son las más bonitas.
El cristal se rompe del calor al frío, como se ha roto de alegría y pena mi corasonsiyo.
Yo sentí el crujío del cristalito fino que se rompe del calor al frío.
Maresita'r Carmen, guiarme los pasos, pa que me aparte de la mala senda que vengo pisando.
Las que se publican no son grandes penas. Las que se callan y se llevan dentro son las verdaderas.
Rosita y mosquetas, claveles y nardos, en sus andares la mi compañera los va derramando.
Negra está la noche, sin luna ni estrellas... A mí me alumbraban los ojitos garzos de mi compañera.
La persona tuya es lo que yo quiero. Tenerte en mis brazos, mirarme en tus ojos y comerte a besos.
En los caracoles, mare, de tu pelo, se me ha enredado el alma, y la vida, y el entendimiento.
Horas de alegría son las que se van... Que las de pena se quedan y duran una eternidad.
Cuéntame tus penas, te diré las mías... Verás cómo al rato de que estemos juntos todas se te olvidan.
Estando contigo, que vengan fatigas... Puñalaítas me dieran de muerte, no las sentiría.
La quiero, la quiero, ¿qué le voy a hacer?... Para apartarla de mi pensamiento no tengo poder.
¡Vaya un amaguito tan dulce que tienen los ojos azules que tanto me gustan..., que tanto me ofenden!
Sin verte de día, serrana, no vivo... Y luego, a la noche, me quitas el sueño, o sueño contigo.
Compañera mía, tan grande es mi pena que el sol, cuando sale, con tanta alegría no me la consuela.
¡Mírame, gitana, mírame, por Dios! Con la limosna de tus ojos negros me alimento yo.
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Poeta
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Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed. Unos ojos de hastío y una boca de sed... Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe... Calaveradas, amoríos... Nada grave, Un poco de locura, un algo de poesía, una gota del vino de la melancolía... ¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido; ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido. Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla, media docena de cañas de manzanilla. Las mujeres... -sin ser un tenorio, ¡eso no!-, tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.
Me acuso de no amar sino muy vagamente una porción de cosas que encantan a la gente... La agilidad, el tino, la gracia, la destreza, más que la voluntad, la fuerza, la grandeza... Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero, a olor helénico y puro, lo "chic" y lo torero. Un destello de sol y una risa oportuna amo más que las languideces de la luna Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-, Con Montmartre y con la Macarena comulgo... Y antes que un tal poeta, mi deseo primero hubiera sido ser un buen banderillero. Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa es alegre, aunque no niego que llevo prisa.
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Poeta
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Por una de esas raras reflexiones de la luz, que los físicos explicarán llenando de fórmulas un libro..., Mirándome las manos -como hacen los enfermos de continuo-, veo la faceta de un diamante, en una faceta del diamante de mi anillo, reflejarse tu cara, mientas piensas que divago o medito, o sueño... He descubierto por azar este medio tan sencillo de verte y ver tu corazón, que es otro diamante puro y limpio. Cuando me muera, déjame en el dedo este anillo.
Estoy muy mal... Sonrío porque el desprecio del dolor me asiste, porque aún miro lo bello en torno mío, y... por lo triste que es el estar triste. Pero ya la fontana del sentimiento mana tan lenta y sileciosa, que su canto, sonoro otrora como risa, es llanto.
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Poeta
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El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas, llaga de luz los petos y espaldares y flamea en las puntas de las lanzas. El ciego sol, la sed y la fatiga Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga. Cerrado está el mesón a piedra y lodo. Nadie responde... Al pomo de la espada y al cuento de las picas el postigo va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa! A los terribles golpes de eco ronco, una voz pura, de plata y de cristal, responde... Hay una niña muy débil y muy blanca en el umbral. Es toda ojos azules, y en los ojos. lágrimas. Oro pálido nimba su carita curiosa y asustada. "Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte, arruinará la casa y sembrará de sal el pobre campo que mi padre trabaja... Idos. El cielo os colme de venturas... ¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!" Calla la niña y llora sin gemido... Un sollozo infantil cruza la escuadra de feroces guerreros, y una voz inflexible grita: "¡En marcha!" El ciego sol, la sed y la fatiga... Por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
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Poeta
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¡Qué bonita es la princesa! ¡qué traviesa! ¡qué bonita la princesa pequeñita de los cuadros de Watteau! Yo la miro, ¡yo la admiro, yo la adoro! Si suspira, yo suspiro; si ella llora, también lloro; si ella ríe, río yo. Cuando alegre la contemplo, como ahora, me sonríe, ...y otras veces su mirada en los aires se deslíe pensativa. ¡Si parece que está viva la princesa de Watteau! Al pasar la vista, hiere, elegante, y ha de amarla quien la viere. ...Yo adivino en su semblante que ella goza, goza y quiere, vive y ama, sufre y muere... como yo.
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Poeta
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Rico pan de esta carne morena, moldeada en un aire caricia de suspiro y aroma... Sirena encantadora y amante fascinada, los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma...
Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos: Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce, Adela... Las Mujeres que todos conocemos, que todos conocemos ¡y nadie las conoce!
Naranjos, limoneros, jardines, olivares, lujuria de la tierra, divina y sensüal, que vigila la augusta presencia del ciprés.
En este fondo, esencia de flores y cantares, os fijó para siempre el pincel inmortal de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.
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Poeta
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Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria, Guillén, de los que escriben cantares: oír decir a la gente que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar, aunque dejen de ser tuyas para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón en el alma popular, lo que se pierde de nombre se gana de eternidad.
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Poeta
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Era un suspiro lánguido y sonoro la voz del mar aquella tarde... El día, no queriendo morir, con garras de oro de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente, y el sol, al fin, como en soberbio lecho, hundió en las olas la dorada frente, en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido, para mi triste alma lacerada, para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada... ¡el mar amado, el mar apetecido, el mar, el mar, y no pensar nada...!
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Poeta
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