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¿Por qué de amor la barca voladora con ágil mano detener no quieres, y esquivo menosprecias los placeres de Venus, la impasible vencedora?
A no volver los años juveniles, huyen como saetas disparadas por mano de invisible Sagitario; triste vejez, como ladrón nocturno, sorpréndenos sin guarda ni defensa, y con la extremidad de su arma inmensa la copa del placer vuelca Saturno.
¡Aprovecha el minuto y el instante! Hoy te ofrece rendida la hermosura de sus hechizos el gentil tesoro, y llamándote ufana en la espesura, suelta Pomona sus cabellos de oro.
En la popa del barco empavesado que navega veloz rumbo a Citeres, de los amigos del clamor te nombra, mientras tendidas en la egipcia alfombra, sus crótalos agitan las mujeres.
¡Deja, por fin, la solitaria playa, y coronado de fragantes flores descansa en la barquilla de las diosas! ¿Qué importa lo fugaz de los amores? ¡También expiran jóvenes las rosas!
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Poeta
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Idos, dulces ruiseñores. Quedó la selva callada, y a su ventana, entre flores, no sale mi enamorada.
Notas, salid de puntillas; está la niñita enferma... Mientras duerme en mis rodillas, dejad, ¡oh notas!, que duerma.
Luna, que en marco de plata su rostro copiabas antes, si hoy tu cristal lo retrata acas, luna, la espantes.
Al pie de su lecho queda y aguarda a que buena esté, coqueto escarpín de seda que oprimes su blanco pie.
Guarda tu perfume, rosa, guarda tus rayos, lucero, para decir a mi hermosa, cuando sane que la quiero.
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Poeta
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¡No moriré del todo, amiga mía! De mi ondulante espíritu disperso, algo en la urna diáfana del verso, piadosa guardará la poesía.
¡No moriré del todo! Cuando herido caiga a los golpes del dolor humano, ligera tú, del campo entenebrido levantarás al moribundo hermano.
Tal vez entonces por la boca inerme que muda aspira la infinita calma, oigas la voz de todo lo que duerme con los ojos abiertos de mi alma!
Hondos recuerdos de fugaces días, ternezas tristes que suspiran solas; pálidas, enfermizas alegrías sollozando al compás de las violas...
Todo lo que medroso oculta el hombre se escapará, vibrante, del poeta, en áureo ritmo de oración secreta que invoque en cada cláusula tu nombre.
Y acaso adviertas que de modo extraño suenan mis versos en tu oído atento, y en el cristal, que con mi soplo empaño, mires aparecer mi pensamiento.
Al ver entonces lo que yo soñaba, dirás de mi errabunda poesía: era triste, vulgar lo que cantaba... mas, ¡qué canción tan bella la que oía!
Y porque alzo en tu recuerdo notas del coro universal, vívido y almo; y porque brillan lágrimas ignotas en el amargo cáliz de mi salmo;
porque existe la Santa Poesía y en ella irradias tú, mientras disperso átomo de mi ser esconda el verso, ¡no moriré del todo, amada mía!
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Poeta
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Oigo el crujir de tu traje, turba tu paso el silencio, pasas mis hombros rozando y yo a tu lado me siento. Eres la misma: tu talle, como las palmas, esbelto, negros y ardientes los ojos, blondo y rizado el cabello; blando acaricia mi rostro como un suspiro tu aliento; me hablas como antes me hablabas, yo te respondo muy quedo, y algunas veces tus manos entre mis manos estrecho. ¡Nada ha cambiado: tus ojos siempre me miran serenos, como a un hermano me buscas, como a una hermana te encuentro! ¡Nada ha cambiado: la luna deslizando su reflejo a través de las cortinas de los balcones abiertos; allí el piano en que tocas, allí el velador chinesco y allí tu sombra, mi vida, en el cristal del espejo. Todo lo mismo: me miro, pero al mirarte no tiemblo, cuando me miras no sueño. Todo lo mismo, peor algo dentro de mi alma se ha muerto. ¿Por qué no sufro como antes? ¿Por qué, mi bien, no te quiero?
Estoy muy triste; si vieras, desde que ya no te quiero siempre que escucho campanas digo que tocan a muerto. Tú no me amabas pero algo daba esperanza a mi pecho, y cuando yo me dormía tú me besabas durmiendo. Ya no te miro como antes, ya por las noches no sueño, ni te esconden vaporosas las cortinas de mi lecho. Antes de noche venías destrenzando tu cabello, blanca tu bata flotante, tiernos tus ojos de cielo; lámpara opaca en la mano, negro collar en el cuello, dulce sonrisa en los labios y un azahar en el pecho. Hoy no me agito si te hablo ni te contemplo si duermo, ya no se esconde tu imagen en las cortinas del techo.
Ayer vi a a un niño en la cuna; estaba el niño durmiendo, sus manecitas muy blancas, muy rizado su cabello. No sé por qué, pero al verle vino otra vez tu recuerdo, y al pensar que no me amaste, sollozando le di un beso. Luego, por no despertarle, me alejé quedo, muy quedo. ¡Qué triste que estaba el alma! ¡Qué triste que estaba el cielo! Volví a mi casa llorando, me arrojé luego en el lecho. Todo estaba solitario, Todo muy negro, muy negro. Como una tumba mi alcoba, la tarde tenue muriendo, mi corazón con el frío. Busqué la flor que me diste una mañana en tu huerto y con mis manos convulsas la apreté contra mi pecho; miré luego en torno mío y la sombra me dio miedo... Perdóname, si, perdóname, ¡no te quiero, no te quiero!
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Poeta
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LOS ROSTROS DE LA NOCHE
Yacente de madrugada muy silencioso ante el rostro solitario de la luz lunar neutro en mi fantasía hecha en el tempus criando la rareza de ser tuyo y vos mía.
Invadiste el cuarto macabrico con tu lampiño y frágil sexo deseándote entregar a la perniciosa imaginación de mi conciencia desatando las pasiones casi de golpe que una mirada ó tal vez una sonrisa basta para llegar al abismo donde el inmenso ocaso autentico reino del horizonte siembre en nuestras vidas un huerto de tierra, mar y estrellas vivas.
Cercenaste impacientemente la frazada hedionda y entibiada la atraviesas encontrando mi cuerpo mísero y siempre virgen devorado por el humor en las noches de masturbación rompiendo el reparador sueño sin que nadie quebrante el placer de escuchar ser tu amor secreto.
Estamos conectados con el pavimento sodomita de nuestros cuerpos marcando la mocedad de mi pecho desnudo hambriento en deseo mordisqueando mis labios que son bendigos en el naufragio de penetrarte en lo mas profundo de tu vientre.
Temblando como moribunda paloma que espera lo inesperado me regalaste tu flor cargada de fuego estelar originaria de tierras santas profanadas por el anticristo del medioevo no consigo detener mi marcha ni tampoco consiguieron detener la marcha de los cruzados en el desierto que conquistaron la sombra escarlata del crepúsculo sintiendo la sensación de sus labios rojos la misma imagen dejaste en mi falo una mancha fosforescente y rojiza soberbia por salir de tus entrañas y triste,porque será la primera y la única en tu vida.
Vivimos ociosos en la cama moviéndonos con suaves bamboleos adquiriendo amnesia por los combates de cuerpo a cuerpo compartiendo el pavor de no movernos con gozo amamantando nuestras ardientes pasiones con euforia con la seguridad de encontrarlas en todas las magnitudes y sentidos solía pisar los espacios de revolución interior era tan tenue la sinfonía de tu respirar inocencia allí ardía, en lo virginal de nuestros cuerpos desnudos.
Ahora arrastrando lo erógeno de las extremidades acariciando,llenado mi pecho de gemidos callejeros es vaga mi ilusión muy vaga.
Estoy devorando,sin pausa las obscenidades de tu pequeño e inigualable pubis pero la satisfacción delirante y vanagloriosa de mi alma hace que ambas sirvan para albar al sexo y la lencería te hablo de las pequeñas y bellas perversiones porque también se ha de morir radiantes sacudiéndonos con fervor en la orilla del cubil cuando sin proferir palabra alguna escupamos deseos que brotan de tus labios húmedos de la castidad.
Solitario postrado a la beldad de la noche insinúas de a pocos el filo de tu piel surcas el sacrílego deseo de tocar y besar la faz de mi cuerpo, tan frío que sueles pedirme en silencio hacerte el amor una vez mas.
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Poeta
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Desde la sustancia de la médula parece flotar esta magia hundida en el silencio del aire,
en esta tierra con párpados de barro,
como pájaros de invierno y ojos de niebla se escapa el pensamiento y el sonido,
bajar la vista y hallarse entre raíces en una penumbra desnuda como tú,
mientras pinta la luna todos los paisajes tuyos, cuando rompe la atmósfera y la luz desgarra la garganta y las dársenas del alba,
y haré brisa con mis manos y mi pulso, solo dime si en el sendero funerario de mis ojos se rehace el equilibrio, esa abstracta magia que antecede lo perfecto,
simetría en movimiento desde la holgura del alma, en las tabernas del ansiado movimiento solo tú, y la oscuridad donde agoniza la palabra,
mariposa desnuda, danza sobre mi piel, has la medida de mi ser en el espejo de tu suelo,
limpia mi soledad con el arte de tus manos y sóplame una canción de bruma,
brótame un mundo de nieve para elevar mis andrajos con la flor derretida y plántame un retoño en la caricia trovadora,
has que brille la noche en el fulgor del reflejo y recorte la figura de tu cuerpo,
menea este centauro ruiseñor que en el hechizo del paraíso no habrá son ni dolor.
Jorge Rosso
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Poeta
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Hasta la próxima esquina donde la vida se detenga, donde se hagan materia los sueños,
donde un ángel me regale su mejor sonrisa y en un bálsamo me recuerde la flama del corazón,
donde se junten las manos y las bocas se fusionen, donde un chelo nos aturda con dulzura,
donde las palomas liberen su gracia y su vuelo, donde la poesía sutil nos demuestre el sentimiento del alma.
Hasta la próxima lluvia donde renazca el amor que anhela su otra mitad, donde de un cielo que llora caiga el milagro de una estrella,
donde el silencio solo exista cuando descanse el viento y algún poeta con su simple canción nos divague la cabeza,
donde la lógica deje su poder a la demencia divina, donde los esteros del amor permanezcan húmedos y los deseos no embauquen la pasión,
donde los pies descalzos se topen con las blancas arenas y no lastimen su impaciencia, donde la flor conserve su prestancia.
Hasta la próxima sábana donde la penumbra me sorprenda con mi mano en tu cintura, donde la palabra soledad se adormezca y no moleste por un rato,
donde la estúpida mentira agonice y no entorpezca la llegada de la paz interior, donde florezca la sublimación de los seres,
donde las ventiscas cerca del mar disuelvan las neblinas del pecho y se introduzcan a sotavento todas las verdades esenciales,
donde el pájaro nos cuente el secreto de la luna en su cuna de cristal, donde las borras del corazón no hagan mella en sus senderos.
Hasta la próxima historia donde un redondo sol se duerma engendrando una llama en el cielo, donde como por encanto las campanas repiquen como pianos,
donde no existan los héroes y la igualdad desde la colina marche en un continuo devenir, donde se dispare la sangre entre orgasmos y gemidos,
donde las mandíbulas se carguen de sustancias y cada principio obtenga su final valiente, donde derechas e izquierdas se crucen en un ritual de firmamentos,
donde remendadas primaveras hablen del otoño y entre sublimes pensamientos inundaciones y sequías hagan las pases, donde por fin niños y sonrisas conjuguen un bienestar de paz.
Jorge Rosso
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Poeta
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Se escriben muchas cosas hermosas de la amistad... se dicen palabras bonitas de ella en cada verso se dice que cura , se dice que es lo mejor en la vida, mucho se ha escrito de su bondad y la lealtad que implica....
Debo ser yo con mis cargas a cuestas decir lo contrario , la amistad es pivote a las ambiciones que logras despertar, si puedes dar beneficios a los que se dicen amigos del alma, y la fría especulacion un día te demuestra los contrario ...
Con gran dolor aprendí que tanto tienes tanto vales , los abrazos falsos y las gratas palabras y la inocencia inerme que traemos al nacer se disipa con el tiempo que vivimos , nada es por siempre , menos la amistad que nos mienten...
Tal vez no siempre es así pero todos pasamos por etapas y tramos de la ingratitud no solamente en la amistad de cada día tambien en nuestra familia y todos a quien puedas brindar algo que por encerrar invidia y codicia te golpea donde mas te duele.....
Del poeta de carton y su realidad....
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Poeta
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Dá-me tua blusa que eu quero beijar. Tirar dela tudo que de ti ficou. Um resto de humor, o desejo refletido na umectação: és tu inteira revelada em meu olfato. És tu. Gotejo cada fragmetno de ti dentro de mim, a miscelânea me alimenta. O néctar não está na flor Tua droga, teu chá alucinógeno A boca induz ao pecado O lábio viola a castidade A língua acasala, trepa, deflora E faz tremer, arrepiar Teu crime me compensa Na boca depravada Na hora do coito Põe fogo na alcova Sala, quarto, quintal Verborragia gratuita Uma infusão qualquer Uma pitada de veneno A língua foi mais atroz Que o sexo Implantou o amor Arrancou gemidos e umectações Num gargarejar nefando, impudico. ...
JOEL DE SÁ
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Poeta
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Do alto da Paulista eu vejo tudo A vida, a morte, o punhal Pontiagudo Vejo amor que foge de mim Ah, se eu não amasse Poderia estar livre Como as formigas Lá embaixo Intiecológico Liberto, aberto como o vão Do Masp
Se soubesse fazer uma pajelança Um ebó, um mau olhado Não há mulher que se apaixone Por um homem não malhado Por uma bunda sem silicone
Por isso não te amo Não amo Não sei se amo
Faminto como o gavião Fotografando o chão, moribundo Do alto da Paulista os amores São desafetos, skinheads Os bancos abarrotados As mãos vazias de Um paraplégico
Quando tentamos namorar ensaiamos Falar de amor Quando nos conhecemos esquecemos Vem à cabeça a cama O amor é mais encantador Para quem não ama
Te vi no espelho dágua Nua Te amei Ou apenas Te quis mais bonita
Como o hexágono da neve Só sabia falar de amor E ensaiar cantar um soul Não era tão simples Como comer Batata frita.
JOEL DE SÁ.
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Poeta
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