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La belleza más pura y delicada Se refleja en tu rostro juvenil, Eres ninfa risueña, eres un hada, Eres flor de algún célico pensil.
Es tu espesa y sedosa cabellera Una inmensa cascada de hebras de oro, La corona de un rey jamás valiera Lo que vale ese aurífero tesoro.
Dos azules zafiros son tus ojos, Que iluminan tu rostro angelical, Y tus labios delgados son tan rojos Que podrían llamarse de coral.
Son tus manos dos blancas mariposas O dos flores talladas en marfil, Y tus frescas mejillas son dos rosas Que recién ha entreabierto el sol de Abril.
Es mi estilo muy tosco e imperfecto Y no puedo expresar, en su rudeza, Lo que vale tu rostro tan perfecto, Desbordante de célica belleza.
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Poeta
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Cuando abriendo tu boca perfumada, La voz dulce y perlada De tu bella garganta haces brotar, En voces de sirenas ideales, Y en arpas de sonidos celestiales, A mí me haces pensar.
Cuando miro tu cuello alabastrino Y tu cuerpo divino Que al de Venus la diosa ha de igualar, Del mármol la blancura, Y del cisne la olímpica figura, Me haces recordar.
¡Cuántas veces ligera como un hada, Te he visto yo ocupada En las dulces tareas del hogar, Y entonces a mi madre, Y Carlota de Werther heroína, Me has hecho recordar!
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Poeta
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Para mi madre Entre el espeso follaje De una selva de pestañas Hay dos nidos luminosos Como dos flores fantásticas. ¡Nidos de negros fulgores! ¡De oscuras vibrantes llamas!
Y allá: dentro de esa selva De follaje negro, espléndido, En el fondo de esos nidos Como flores de destellos, ¡Agita sus ígneas alas El ave del Pensamiento!
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Poeta
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Soy el dulce consuelo del que sufre, Soy bálsamo que alienta al afligido, Y soy quien muchas veces salva al hombre Del crimen o el suicidio.
Yo le sirvo al mortal que me alimenta Contra el dolor de sin igual muralla, Soy quien seca su llanto dolorido Y calma su pesar ¡Soy la Esperanza!
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Poeta
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Hay belleza en el lirio inmaculado De majestad emblema, Hay belleza en el cáliz nacarino De la blanca azucena, Hay belleza en la rosa purpurina Y en el albo reseda, Hay belleza en la nítida corola De la nívea camelia, Hay belleza en el pálido junquillo Y en la suave diamela, Hay belleza en el triste pensamiento Y no hay flor en la cual no haya belleza, Pero hay una que es flor entre las flores Con ser la más modesta, Una flor de fragancia incomparable, Delicada y pequeña, Una flor que en un lecho de esmeraldas Oculta su belleza, Una flor que un encanto misterioso En su cáliz encierra, Un encanto ideal, indefinible, Que no hay flor que contenga, Una flor para mí como ninguna, Una flor que se llama ¡la violeta!
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Poeta
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¿Acaso fue en un marco de ilusión, en el profundo espejo del deseo, o fue divina y simplemente en vida que yo te vi velar mi sueño la otra noche?
En mi alcoba agrandada de soledad y miedo, taciturno a mi lado apareciste como un hongo gigante, muerto y vivo, brotado en los rincones de la noche húmedos de silencio, y engrasados de sombra y soledad.
Te inclinabas a mí supremamente, como a la copa de cristal de un lago sobre el mantel de fuego del desierto; te inclinabas a mí, como un enfermo de la vida a los opios infalibles y a las vendas de piedra de la Muerte; Te inclinabas a mí como el creyente a la oblea de cielo de la hostia... -Gota de nieve con sabor de estrellas que alimenta los lirios de la Carne, chispa de dios que estrella los espíritus.- Te inclinabas a mí como el gran sauce de la Melancolía a las hondas lagunas del silencio; te inclinabas a mí como la torre de mármol del Orgullo, minada por un monstruo de tristeza, a la hermana solemne de su sombra... Te inclinabas a mí como si fuera mi cuerpo la inicial de tu destino en la página oscura de mi lecho; te inclinabas a mí como al milagro de una ventana abierta al más allá. ¡Y te inclinabas más que todo eso!
Y era mi mirada una culebra apuntada entre zarzas de pestañas, al cisne reverente de tu cuerpo. Y era mi deseo una culebra glisando entre los riscos de la sombra a la estatua de lirios de tu cuerpo!
Tú te inclinabas más y más... y tanto, y tanto te inclinaste, que mis flores eróticas son dobles, y mi estrella es más grande desde entonces. Toda tu vida se imprimió en mi vida...
Yo esperaba suspensa el aletazo del abrazo magnífico; un abrazo de cuatro brazos que la gloria viste de fiebre y de milagro, será un vuelo! Y pueden ser los hechizados brazos cuatro raíces de una raza nueva:
Y esperaba suspensa el aletazo del abrazo magnífico... ¡Y cuando, te abrí los ojos como un alma, y vi que te hacías atrás y te envolvías en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!
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Poeta
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A ti vengo en mis horas de sed como a una fuente límpida, fresca, mansa, colosal... y las punzantes sierpes de fuego mueren siempre en la corriente blanda y poderosa.
Vengo a ti en mi cansancio, como al umbroso bosque en cuyos terciopelos profundos la fatiga se aduerme dulcemente, con música de brisas, de pájaros y aguas... y del umbroso bosque salgo siempre radiante y despierta como un amanecer.
Vengo a ti en mis heridas, como al vaso de bálsamos en que el dolor se embriaga hasta morir de olvido... Y llevo selladas mis heridas como las bocas muertas, y por tus buenas manos vendadas de delicias.
Cuando el frío me ciñe doloroso sudario, lívida vengo a ti, como al rincón dorado del hogar, ¡como al Hogar universal del Sol!... Y vuelvo toda en rosas como una primavera, arropada en tu fuego.
A ti vengo en mi orgullo como a la torre dúctil, como a la torre única ¡que me izará sobre las cosas todas! ¡Sobre la cumbre misma, arriscada y creciente, de mi eterno capricho!
Para mi vida hambrienta ¡eres la presa única! ¡Eres la presa eterna! El olor de tu sangre, el color de tu sangre flamean en los picos ávidos de mis águilas.
Vengo a ti en mi deseo como en mil devorantes abismos, toda abierta el alma incontenible... ¡Y me lo ofreces todo!... Los mares misteriosos florecidos en mundos, los cielos misteriosos florecidos en astros, ¡los astros y los mundos! ...Y las constelaciones de espíritus suspensas entre mundos y astros... ...Y los sueños que viven más allá de los astros, más acá de los mundos...
¿Cómo dejarte? -¡Vida!- cómo salir del dulce corazón hospitalario y pródigo como una patria fértil?... Si para mí la tierra, si para mí el espacio, ¡todos! ¡son los que abarca el horizonte puro de tus brazos!... ¡Si para mí tu más allá es la Muerte, sencillamente, prodigiosamente!...
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Poeta
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Ven, oye, yo te evoco. Extraño amado de mi musa extraña, ven, tú, el que meces los enigmas hondos en el vibrar de las pupilas cálidas. El que ahondas los cauces de amatista de las ojeras cárdenas... Ven, oye, yo te evoco, extraño amado de mi musa extraña!
Ven, tú, el que imprime un solemne ritmo al parpadeo de la tumba helada! el que dictas los lúgubres acentos del decir hondo de las sombras trágicas. Ven, tú, el poeta abrumador, que pulsas la lira del silencio: la más rara! La de las largas vibraciones mudas, la que se acorda al diapasón del alma! Ven, oye, yo te evoco, extraño amado de mi musa extraña!
Ven acércate a mí, que en mis pupilas se hunden las tuyas en tenaz mirada, vislumbre en ellas el sublime enigma del "más allá", que espanta... Ven... acércate más... clava en mis labios tus fríos labios de ámbar, guste yo en ellos el sabor ignoto, de la esencia enervante de tu alma!
Ven, oye, yo te evoco, extraño amado de mi musa extraña!
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Poeta
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Engastada en mis manos fulguraba como extraña presea, tu cabeza; yo la ideaba estuches, y preciaba luz a luz, sombra a sombra su belleza.
En tus ojos tal vez se concentraba la vida, como un filtro de tristeza en dos vasos profundos... yo soñaba que era una flor de mármol tu cabeza;...
Cuando en tu frente nacarada a luna, como un monstruo en la paz de una laguna surgió un enorme ensueño taciturno...
Ah! tu cabeza me asustó... Fluía de ella una ignota vida... Parecía no sé qué mundo anónimo y nocturno...
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Poeta
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Yo hacía una divina labor, sobre la roca creciente del orgullo. De la vida lejana algún pétalo vivo voló en la mañana, algún beso en la noche. Tenaz como una loca,
seguía mi divina labor sobre la roca, cuando tu voz que funde como sacra campana en la nota celeste la vibración humana, tendió su lazo de oro al borde de tu boca;
-¡Maravilloso nido del vértigo, tu boca! Dos pétalos de rosa abrochando un abismo...- Labor, labor gloriosa, dolorosa y liviana;
tela donde mi espíritu se fue tramando él mismo tú quedas en la testa soberbia de la roca, y yo caigo sin fin en el sangriento abismo!
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Poeta
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