|
|
|
He de morir de mi muerte, de la que vivo pensando, de la que estoy esperando y en temor se me convierte. Mi voz oculta me advierte que la muerte con que muera no puede venir de fuera, sino que debe nacer de la hondura de mi ser donde crece prisionera.
|
Poeta
|
|
|
|
El poema íntimo, el que no escribo: solo lo cohabito contigo.
|
Poeta
|
|
|
|
No sé cómo mirar para encontrarte, horizonte de amor en que me excito, distancia sin medida donde habito para matar las ansias de tocarte.
No sé cómo gritar para llamarte en medio de mis siglos de infinito donde nace el silencio de mi grito movido por la sangre de buscarte.
Mirar sin que te alcance la mirada sangrar sin la presencia de una herida, llamarte sin oírme la llamada;
y atado al corazón que no te olvida, ser un muerto que tiene por morada un cuerpo que no vive sin tu vida.
|
Poeta
|
|
|
|
Una gallina con sus doce pollitos pica y camina.
1989
|
Poeta
|
|
|
|
Usted es la culpable de todas mis angustias y todos mis quebrantos.
Usted llenó mi vida de dulces inquietudes y amargos desencantos.
Su amor es como un grito que llevo aquí en mi sangre y aquí en mi corazón.
Y soy, aunque no quiera, esclavo de sus ojos, juguete de su amor.
No juegue con mis penas ni con mis sentimientos que es lo único que tengo.
Usted es mi esperanza, mi última esperanza, comprenda de una vez.
Usted me desespera, me mata, me enloquece, y hasta la vida diera por vencer el miedo de besarla a usted.
|
Poeta
|
|
|
|
Tengo miedo de ti, de mí, del mundo, del aire, del amor, de la sombra. Tengo miedo de todo. ¡Tengo miedo del miedo! Tengo miedo a caer sin nombre, sin memoria y sin cuerpo, en la eternidad del olvido y del silencio.
¿Para qué soy si para siempre dejaré de serlo?
|
Poeta
|
|
|
|
Soy verdad -verdad impura-, transparente, sin recodo: no puedo ser de otro modo, ni transformar mi estructura. En mis entrañas fulgura la obsesión de un pensamiento que es hambre sexual que siento en mi cerebro encendida. Es incurable mi vida: ¡soy y seré de sexo hambriento!
|
Poeta
|
|
|
|
Para poder decirte lo que ansío busco lo más sutil, lo más celeste, lo que apenas se acerque al alba pura de iniciar su existencia, sin haber sido herido ni por una mirada ni tampoco por nadie imaginado.
El aroma del sueño, la estela sin color que va quedando cuando la nube avanza, la oración que se eleva de la espuma al nacer y morir, la queja que pronuncia la corola cuando vuela el rocío o el íntimo gorjeo del agua que abandona su venero: no pueden ayudarme porque ya están violados sus secretos y opacan la avidez del solo intento de querer pensar lo que anhelo decirte.
No hay palabra, ni canto de paloma, ni roce, ni suspiro, ni silencio, que puedan expresar la frase virgen con que yo quiero hablarte. Es idioma que traigo sumergido en estado naciente, inmaculado, que lucha atravesando mis tinieblas como la luz de estrellas ignoradas que viene, desde siglos, descendiendo para tocar la tierra... Así es la profunda voz sedienta que llevo atesorada como raíz de antigua resonancia en mi marino caracol de entraña, y que vive conmigo, desde siempre, brotando del amor inapagado del amor primitivo de otros seres que amaron antes, con el mismo amor, y prosiguen en mí fundidos en espera enamorando aún lo inalcanzable.
Para poder decirte lo que anhelo me falta lo inasible, lo perfecto, y al no poder tenerlo: con sombras duras, con dolor desnudo, con el creciente caos de mi delirio y el humo intacto del callar que oprimo, escarbo el pozo donde entierro a solas la forma del intento, el inmóvil temblor de quererte expresar los inexpresable.
|
Poeta
|
|
|
|
(A Xavier Villaurrutia)
Si hubieras sido tú, lo que en las sombras, anoche, bajó por la escalera del silencio y se posó a mi lado, para iniciar el cauce de acentos en vacío que, me imagino, será el lenguaje de los muertos.
Si hubieras sido tú, de verdad, la nube sola que detuvo su viaje debajo de mis párpados y se adentró en mi sangre, amoldándose a mi dolor reciente de una manera leve, brisa, aroma, casi contacto angelical soñado...
Si hubieras sido tú, lo que apartando la quietud oscura se apareció, tal como si fuera tu dibujo espiritual, que ansiaba convencerme de que sigues, sin cuerpo, viviendo en la otra vida.
Si hubieras sido tú la voz callada que se infiltró en la voz de mi conciencia, buscando incorporarte en la palabra que tu muerte expresaba con mis labios.
Si hubieras sido tu, lo que al dormirse descendió como bruma, poco a poco, y me fue encarcelando en una vaga túnica de vuelo fallecido...
Si hubieras sido tú la llama llama que inquemante creó, sin despertarme ni conmover el lago del azoro: tu inmaterial presencia, igual que en el espejo emerge la imagen, sin herirle el límpido frescor de su epidermis.
Si hubieras sido tú...
Ya despierto, después de la vigilia, o del sueño o del ensueño, me pregunto a mí mismo: ¿Quién más pudo venir a visitarme?
Recuerdo que, contigo solamente, platicaba del amoroso asedio con que la muerte sigue a nuestra vida.
Y hablábamos los dos adivinando, haciendo conjeturas, ajustando preguntas, inevitando respuestas, para quedar al fin sumidos en derrota, muriendo en vida por pensar la muerte.
Ahora tú ya sabes descifrar el misterio porque estás en su seno, pero yo...
En esta incertidumbre secretamente pienso que si no fuiste tú, lo que en las sombras, anoche, bajó por la escalera del silencio y se posó a mi lado, entonces quizá fue una visita de mi propia muerte.
|
Poeta
|
|
|
|
Al ver los ceros los pies de mi memoria trepan por ellos.
1989
|
Poeta
|
|