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(a J.G.M.)
Amor, desnudo amor que haces regreso en otro cuerpo de distinto aroma, pero siempre el amor, amor eterno, adolescente amor, inmadurable. Reconozco en la luz de tus locuras los mismos astros, la ternura misma, el ave tierna de imbesados labios, y vuelvo a comenzar lo inacabado... Otro nombre y el alba de otra risa; otras manos de tacto diferente, otro bosque de frutos imprevistos; pero dentro de mí —fiera indomable—; el mismo amor que florecí hace siglos, el mismo amor, enamorado siempre.
Mi ramaje de invierno se estremece al sufrir tu presencia inesperada, y sin saber por qué, se primavera el cauce muerto de mi muerta sangre. Soy de nuevo el de ayer, ascua creciente en esta llaga —esperanzado polvo—, que se aviva de nuevo con tu clima y florece en tu tallo, su ternura.
Amor, desnudo amor que yo creía muerto en la fiebre de mi vida trunca, el mismo amor con que aprendí a morirme en cada espera de insoladas ansias: el amor de mi amor nunca extinguido, el siempre adolescente amor ¡tan mío! que vuelve a renacer en mis ocasos.
El amor de mi amor, naciendo siempre, que se anida en el grito de tu sangre para vivir su última caída.
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Poeta
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¡Nada es tan mío como lo es el mar cuando lo miro!
De Cerca de lo lejos, 1979
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Poeta
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Sufro tu cauce sombrío que bajo mi piel avanza fatigando mi esperanza con su oculto desafío. Yo siento que tu vacío de mis entrañas respira y que sediento me mira desde mi sangre hacia fuera como verdad prisionera que en contra de mí conspira.
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Poeta
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De tanto saberte mía, muerte, mi muerte sedienta, no hay minuto en que no me sienta tu invasión lenta y sombría. Antes no te conocía o procuraba ignorarte, pero al sentirte y pensarte he podido comprender que vivir es aprender a morir para encontrarte.
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Poeta
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He de morir de mi muerte, de la que vivo pensando, de la que estoy esperando y en temor se me convierte. Mi voz oculta me advierte que la muerte con que muera no puede venir de fuera, sino que debe nacer de la hondura de mi ser donde crece prisionera.
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Poeta
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El poema íntimo, el que no escribo: solo lo cohabito contigo.
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Poeta
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No sé cómo mirar para encontrarte, horizonte de amor en que me excito, distancia sin medida donde habito para matar las ansias de tocarte.
No sé cómo gritar para llamarte en medio de mis siglos de infinito donde nace el silencio de mi grito movido por la sangre de buscarte.
Mirar sin que te alcance la mirada sangrar sin la presencia de una herida, llamarte sin oírme la llamada;
y atado al corazón que no te olvida, ser un muerto que tiene por morada un cuerpo que no vive sin tu vida.
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Poeta
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Una gallina con sus doce pollitos pica y camina.
1989
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Poeta
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Usted es la culpable de todas mis angustias y todos mis quebrantos.
Usted llenó mi vida de dulces inquietudes y amargos desencantos.
Su amor es como un grito que llevo aquí en mi sangre y aquí en mi corazón.
Y soy, aunque no quiera, esclavo de sus ojos, juguete de su amor.
No juegue con mis penas ni con mis sentimientos que es lo único que tengo.
Usted es mi esperanza, mi última esperanza, comprenda de una vez.
Usted me desespera, me mata, me enloquece, y hasta la vida diera por vencer el miedo de besarla a usted.
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Poeta
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Tengo miedo de ti, de mí, del mundo, del aire, del amor, de la sombra. Tengo miedo de todo. ¡Tengo miedo del miedo! Tengo miedo a caer sin nombre, sin memoria y sin cuerpo, en la eternidad del olvido y del silencio.
¿Para qué soy si para siempre dejaré de serlo?
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Poeta
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