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Un corazón errante al viento abandonado en el vacío del engaño inmerso en el absurdo silencio de esos recuerdos de antaño
Un corazón que sufre porque se deformó con las gotas que trae la marea asesina llenas de pasión impuestas y trágicamente perdidas
Amar y morir al tiempo y perderse en la abstracción de las mentiras soñar con vivir de nuevo soñar contigo....tener una ilusión mezquina
Aguardar y llorar dentro de un corazón vuelto cenizas Caerse e intentarse levantar en medio de tantas heridas para no perder la costumbre de amar aunque al final de todo como aquellas historias malditas me encuentre de nuevo yo sola, triste y sin vida.
sueños de mariposa.
Enero/2010 DE : "PARA TI MI COLIBRÍ"
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el amor vuelve despues de la tormenta en el sumun de las posibilidades en un deseo impensado de amor y piel de ilusion y sueños para estar contigo siempre
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ALMÍBAR DEL PALOMAR
Hilos De hielo Hieles En cada lugar De hielo El fuego ¡Líquido!. De la tormenta que al vacío exaspera. Al regresar, la noche, enseguida. Enorme franqueza, corriente de la vida. Ocupada, sin trabajar el bronce, en la fuente. ¡Con las palomas, mieles, despreocupadas lácteas!. Además. ¡No pueden hacer otra cosa!. Sino esperar, al manzanear, al robledal. En cada lugar Un lunar Amor. . . . Hilo Corriente De la vida. ¡No hace, sino esperar!. Sino pescar. Con las tijeras, recortando, uno tras otro, los absurdos del sueño salido de la bolsa. ¡Qué contestó, gritando!. Estoy quebrada. En las cataratas exclusivas. En la generación, calcetines, exiliados. En los libros traicioneros del destino. . . . Hilo Corriente De la vida ¡No hace, sino esperar!. . . Como Los discos Tocando el silbato. ¡El disco, duro, dando saltos!. Con el talento, un elefante, en dos. Garbanzos en el patio de la vecina. ¡Finos fondos del festival privado!. . . Y. A. Los pulpos cuelgan. Hilos al montacargas. ¡Correos al mando de las películas!. Cambian, cambian, cambian. . . Almíbar Del Palo. Mar. Almíbar. Dejan. Los saltamontes, cigarros, adormecidos De Venus a Plutón. ¡Al hielo, palomas, en su jugo!. . . Pasión. De la inocencia. Tierna pierna. Al núbil perfume del sonido, que gime noble, cada latido, apasionado, agua al desierto ardiente.
Ahí Donde fueron hermanos, los espejos en flor, poliédricos, sangres, de convergencia. Del relato sublime. ¡Aditivos perfumes sin argumento!. En la calle que camina, el bosque lento, una hoja divertida por el otoño, que tiene la sonrisa verde. ¡Aunque suene a primavera!. Y Sentirla El rojo siglo, al tratar, ácida década, más gato dorado, ronda, arrugando, al piso esperado. ¡Solo un ladrido!
Del Palo. Mar. Al. Míbar.
De viernes que se hincha, tiernamente. Tranquilo el abejorro en un guijarro. Y Al Perder peso la dieta, pasa el higo. ¡Más abajo del ombligo!. Con sus diuréticas preocupaciones. En flor, el problema, con sus ingredientes. ¡Al gradiente, ardiente, algodonario!.
Y además El almíbar dulce hace aún a los vinagres Con Su Alameda, en vivo ardiendo, un lecho más reverdecido. aquéllas distancias, de salvaguarda, de energéticos recursos dérmicos, con el ósculo en reserva, sin serlo, penetrante, imperante, plantación azucarera, el adjetivo superficial, arranca, altas cantidades del vital licor, en las cartas internas de los más elementales suspiros.
Almíbar Del palomar. Es de sí, a veces sueño real, miel del dormir despierto, de láctea vía constelaciones, del inicial bing-bang. Del Paraíso Cuatro veces de manzanilla. ¡Qué al aire besa!. Un relámpago, al dormir, la lluvia. La Serpiente ¡Resignada en una cruz!. Enroscada Y Poliédrica Entre los pianos. ¡Al palomar toca!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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I
Cruzábamos tristemente las calles llenas de luna, y el hambre bailaba una zarabanda en nuestra mente.
Al verla triste y dolida, yo la besaba en la boca. -¿Por qué aborreces la vida, risa loca?
No llores, rosa carnal, que yo robaré el tesoro de la tiara papal para tus cabellos de oro.-
Y un espíritu burlón que entre las sombras había, al escuchar mi canción se reía, se reía…
II
De la fría fuente clara en el sonoro cristal, la luna brillaba igual que una moneda de plata.
Temblaba su mano breve de blanca y sedeña piel. -¡Que bonita cae la nieve y que cruel!-
-No tiembles yo haré un corpiño para tus senos triunfales, con la pompa del armiño de los mantos imperiales.-
Y un espíritu burlón que entre las frondas había, al escuchar mi canción se reía, se reía…
III
Noche de desolaciones eterna, que llame en vano con la temblorosa mano en los cerrados mesones.
Lloraba un violín distante con tanta melancolía como nuestra vida errante. -¡Reina mía!
Da tu dolor al olvido; Yo te contare la historia de una princesa ilusoria de un reino que no ha existido.-
Y un espíritu burlón y cruel que en la calle había, al escuchar mi canción se reía, se reía…
IV
¡Triste voluntad rendida al dolor de la pobreza! -¡Oh la infinita tristeza de la amada mal vestida!-
Palabra de amor que esconde la llaga que va sangrando, y andar, siempre andar. ¿Adónde? ¿Y hasta cuándo?
-Ya apunta la claridad… Ya verás como se muestra propicia y mágica nuestra madre, la Casualidad.-
Y en la encrucijada umbría de la suerte impenetrable, la Miseria, la implacable, se reía, se reía.
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Este viejo flautista tiene calva de santo, luenga barba apostólica y humildoso mirar. Y en el nocturno encanto las notas de su flauta son cual gotas de llanto, de ese llanto que pocos sabemos derramar. Lágrimas de la flauta callejera y errante donde florece el mágico milagro de emoción, la sagrada armonía, la voz alucinante que desborda el raudal de nuestro corazón. Han visto muchas tierras esos ojos hundidos; terruño, amor, amigos, ya todo lo perdió, y plañen en su flauta de añorantes gemidos las amables memorias del buen tiempo que huyó. ¡Oh vieja flauta maga, que evoca el vago encanto de los amores muertos y del país natal, y a veces rompe en llanto el melódico silbo de cristal! Le grita la canalla: -Toca, viejo flautista-. y él toca adolorido, con ensueño, con fe, y solloza en su flauta toda su alma de artista y la canalla llora y no sabe por qué… La luna va vertiendo la plata de su llanto en su barba apostólica y en su calva de santo. Es alta noche, está la calle solitaria: sigue el mendigo músico con su amarga canción. Sus ojos tienen una claridad visionaria y hay en su flauta un amplio derroche de emoción, porque la toca sólo para su corazón; y en la copla añorante, melancólica y leda, plañe su vida errante, y su mala fortuna, y por la vieja flauta, una lágrima rueda que parece de plata al claror de la luna.
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Los faroles de Palacio ya no quieren alumbrar y solo luce la luna como un cirio funeral.
Solo la luna lucía y en el triste jardín real una fontana plañía su elegía de cristal: -¡Oh Mercedes, lirio, estrella, que en mi espejo se miró: la Muerte la vio tan bella y en los ojos la besó! Solo estaban encendidas las luces del funeral; los faroles, como vidas, apagó un viento mortal.
?Los faroles de Palacio ya no quieren alumbrar, porque se ha muerto Mercedes y luto quieren guardar.?
?Su carita era virgen: sus manitas de marfil las cruzó la Dama Pálida, que ha pasado por aquí?, clamaba un ave agorera viendo a la sombra venir. Ya su carita de cera se ve en la caja dormir. Manos de virtudes llenas, en cuyo albor marfileño dibujaban las finas venas una flor azul de ensueño. ¡Tristes pupilas vidriadas! ¡Muertas manos de marfil! ¡Con qué pena en sus tonadas llora el romance infantil!…
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Estarme aquí quieto, germen de la canción venidera -íntegro, virgen, futuro.
Estarme dormido -íntimo- en tierno latir ausente de onda presencia secreta.
Y éxtasis -alimento- de ignorarme -ausente, puro- nonnato de claridades con la palabra inicial y el dulce mañana intacto.
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Llévame por donde quieras, viento de la luz de junio -remolino de lo eterno. ¿Adónde? Si ya he ido, si ya vuelvo. Si ya nada quiero, nada; ni lo que tengo, ni aquello que estuve, soñando ayer.
Ahora por no querer y no saber lo que quiero lo quiero todo... ¡Qué júbilo! ¡Qué beato ahogarse en tu oleaje! Soy como un niño que estrena la pura emoción del Quiero.
¡Ay, la espuma, lo lejano y aquellas voces, naranjas -tacto, color y fragancia- que se mecen en las frondas como sorpresas redondas!
Llévame adonde tú quieras -tú me ciñes, tú me vences- que ahora me rindo dócil, a tu voluntad viajera, luz de jugar y de huir...
Llévame, llévame, llévame a secuestrarme en lo eterno -ansia, oleaje, grupa, crin- viento de la luz de junio.
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Poeta
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Ya solo soy la sombra de tu ausencia, una oscura mitad que se acostumbra; dulce granada abierta en la penumbra, madura a tu rigor. Sorda existencia.
Desmayado vivir, ciega obediencia que la memoria de tu voz alumbra. Pupila fiel; ojo que no vislumbra su cielo. ¡Ángel caído a tu sentencia!
Desterrado de asombros y colores beso mi cicatriz y la humedezco en salobres cristales lloradores.
Me aclimato al olvido que padezco. Ya los agudos garfios heridores la inútil apagada carne ofrezco.
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Poeta
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¡Que me cierren los ojos con uvas! (Diáfana, honda plenitud de curvas.)
Que me envuelva un incendio de manzanas y un claro rumor de dátil y azúcar!
Que me envuelvan -presagio de pulpa- en ciruelas de tacto perfumado...
Inundadme en pleamar de pétalos y trinos.
Que me ciñan -¡ceñidme!- de eclípticas azules.
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Poeta
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