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Es la felicidad una alimaña de relucientes ojos que se esconde, nadie sabe su cueva y corre y corre, se nos va de las manos y nos deja dentro del pecho un rastro luminoso, aqui y allí destella, brinca, vuelve a desaparecer, torna a otra mata. Alguien nos dice: Está debajo de esas piedras, y cavamos, entre los pliegues de un vestido azul y vamos con muchachas por la oscuridad. Del mar, de entre las olas, traen noticias... Por encontrar la dicha el hombre va a los bares, mira a los astros con temblor y pone el oído en la puerta por si pasa. Mas es escurridiza y parlanchina la felicidad, ya los hombres les da la hora del trabajo buscando en tuberías, revolviendo anaqueles; en tabernas les da la madrugada, les da la muerte y los encuentra en sótanos cansados de indagar, de hurgar. de escarbar entre nubes y ángeles, de levantar cascotes y estudiar Arqueología. Un poco escépticos se tienden sobre el suelo y mueren. Fuera, aún escucharán los mismos vientos, los mismos pájaros que anuncian vida, los árboles que crecen puntuales en idénticos meses verdecidos. y él sólo de pensarlo se pudre más aprisa o en un supremo esfuerzo quiere brotar de nuevo, porque allá afuera, otros como él, hombres de sueños y de carne, otros también, como él, espernazados, aseguran haber visto pasar a la felicidad y por sus huellas. rtelucientes... a pocos metros.
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Poeta
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Cuando me iba pensé en ti: en la mirada de tu ojo triste y en el temblor de tu ojo alegre; porque cada pupila es la mitad de tu alma y tu alma llora y ríe alternativamente y nos dice que sí, que no, que sí, y para cada instante tiene una lágrima dulce y una lágrima amarga.
Al regresar pensaba en ti: en la desesperada sonrisa de tu cuerpo; tu cuerpo, una mitad tan niña y mitad tan mujer -posibilidad de pasión y certeza de infancia-; tu cuerpo, aún inconsciente de ser tan sólo tu cuerpo cruzado y recorrido por arterias, por miedos, por hoyuelos graciosos y gestos perdurables; tu cuerpo, que en sí mismo se refleja y reclina con el alma del agua mirándose a un espejo.
Al despertar aún pensaba en ti: pensaba en el milagro desigual de tu voz, belleza cuya niñez permite comprender tanta espera, comprender que no es vana la pasión de escucharte, que todas las palabras dichas por ti hasta ahora son la mitad tan sólo, son el claro hemisferio de este mar silencioso que aún en ti permanece creándose y oculto para un día clarísimo donde voz y silencio serán dación de gracia. Ay, sonido que nace como un mimado sueño, ¿con qué temblor mereceremos esa fluencia absolutoria?
Cuerpo, voz y mirada que son mitad tan sólo de un designio más alto que este destino nuestro: la miseria no podrá derrotarlos; la desdicha no ha de usurpar su lento continuar azulándonos, porque al dolor y al miedo vencieron simplemente existiendo, y la mitad de su alma, la mitad de su sangre, la mitad de su vida son la justificable persuasión de la gracia: rosa con que engañamos a nuestra sombra en la tierra, camino que elegimos para andar hasta Dios.
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Poeta
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No podría encontrar la verdadera palabra que trazara tu figura. Y a veces le pregunto a mi amargura: ¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
¿Era un ángel que vino en primavera en forma de azucena que perdura? ¿Un poco de candor entre la impura materia terrenal, perecedera?
Mas por mucho que quiero, no defino su encanto inmaterial, ese secreto que encierra su mirar esmeraldino:
Y la llamo Azucena, Estrella, Rosa, sin que en ningún vocablo halle completo el perfume de su alma misteriosa.
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Poeta
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Mas que amor lo que el verano trae es quimeras, deseos que se confunden en las manos, afanes que la tarde acaba diluyendo. El verano comienza en una ola que rompe por sorpresa el sonido, luego espuma, sólo espuma nos queda en los pies donde vaga la mirada perdida.
El verano es un canto deshecho en las orillas, sirenas sorprendidas, náyades, deidades dispuestas al sacrificio, surgen de la más íntima dignidad de las aguas, sirenas nuevamente suben las escotillas, el saxo se pregunta por el trayecto del caza que en el cielo, no lejos, ilumina la playa de pólvora y gemido. Luego la sangre viene a invadir los océanos, acaba por abrir las playas al vacío y el hombre aquel, caído, cencido por el tiempo, otra vez incorpora su fuerza a las fuerzas que duermen en la arena. Un hombre cae cada vez que el verano avanza por la orilla, un hombre vencido a cada instante del odio de los elfos, delodio en las esquinas expuesto.
Nace el verano y más que amor lo que llega es la vida, otra vez resbalando desde nuestro costado donde heridas profundas se han hecho laberintos, donde pueden venablos acudir. Más que amor, el verano nos deja renovada la soledad que flota como escarcha de fuego, ceniza para siempre y desde siempre, en los labios.
De "Elegía y no"
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Poeta
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Hoy no has venido al parque. Podría ponerme a recoger del suelo la luz desorientada y sin objeto que ha caído en tu banco. Para qué voy a hablar si no está tu silencio. Para qué he de mirar sin tu mirada. Y este reloj del corazón que espera golpeando y doliendo.
Esta noche de luna, y tú, lejana. Necesito a mi lado tus preguntas y encontrarte en el aire vuelta brasa, vuelta una llama dulce, vuelta silencio y regazo, vuelta noche y reposo, como cuando guiábamos la luna nuestra hasta la casa.
Qué manojo de rosas olvidadas. Qué tibia pluma y mansa luz, tu cuerpo como un árbol, como un árbol gritando, con tanto poro abierto, con tanta sangre en olas dulces elevándose. Oh, sagrado torrente del naufragio. Cómo amaría perderme y encontrarte.
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Poeta
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¿Por qué tuve que amarte sin medida si conquistar tu amor es imposible? ¿Por qué sufrir esta pasión terrible sabiendo que la lucha está perdida?
No logra la ilusión enternecida penetrar en tu alma inconmovible, ni la emoción que brota incontenible conmover tu ilusión adormecida.
Y aunque luchar sin término no arredra al corazón que vibra emocionado en la ilusión que crece como hiedra…
¡Cómo duele saber que ha fracasado en conquistar tu corazón de piedra mi pobre corazón enamorado!
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Poeta
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Si ahora digo amor tal vez no diga que la ausencia me mira del fondo de tus ojos, que aquí estuvimos juntos, que fue hermoso y que el sol conocía tu perfil de memoria. Tal vez sea imposible que alguien sepa lo claro, la luz que fue llevarte de la mano pequeña como a un tallo mecido por un viento de música hacia los territorios donde aguarda el silencio.
Y ya que estás distante, qué pensarán los árboles qué dirán las canciones, cómo verá la noche mi soledad de río; dónde pondrán su ronda los niños de la tarde, adónde irán los pájaros sin tu risa y mi silbo y la calle tan sola con sus puertas inútiles y las sombras sin besos y los perros perdidos; ahora que la ausencia me interrumpe la boca, ahora que me esperas tan allá de los niños.
Se nos ha muerto el año. Yo le veo el invierno hecho de un sólo frío, de un solo tajo solo a la mitad de agosto, de una dura distancia... larga, definitiva. Porque de pronto sobran los barcos, los andenes y de pronto este rumbo ya no tiene sentido como si nadie fuera hacia ninguna parte o alguien hubiera muerto a mitad de camino.
Alguien. Mi voz. Tu pelo. Las cosas que no dije. La flor de tu vestido. Se nos ha muerto el año donde dejé tu nombre para que recobrara su condición de estío.
Ya no sé, nunca entiendo estas precarias sílabas, cosas que no recuerdo de pronto me dominan: ¿te dije que tenías la piel como de humo? ¿que de estarme en tus ojos me conozco el origen? ¿te he enseñado el misterio de los árboles solos? ¿sabes ya que tus manos son dos siestas dormidas?
No sé, nunca recuerdo tanta distancia, tanta canción que no he cantado cuando anduvimos juntos. Me dolería mucho no haberte dicho todo lo que llevo en la boca casi como otra risa.
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Poeta
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Esa cadera y codo en catarata. Esa pelvis de aire y de madera, su luna de brocal o de pulsera. Su femenina indefensión de cata.
Un caracol de dedos le dilata su jungla lineal de cabellera. Y el bordón es un pájaro que espera unos tallos de viento y hojalata.
Rasgada entre los bucles del fandango, subiendo un chamariz de seguiriya o muerta en abandono por el tango.
Sajada en espirales de boleros, nudo rizado, música que anilla pulsos entusiasmados de jilgueros.
De "Los viejos mitos del asombro"
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Poeta
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Fueron tus manos tercas y desnudas las que me deshojaron. Yo fui la eterna margarita del sí y del no: pétalo a pétalo talada en tu cintura. Toda ya cicatriz abierta hacia la lluvia.
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Poeta
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Esa puerta de mármol, esa losa que cae sobre mi alma si ando, donde me voy dejando nudillos, nudos, manos... He de tirarla abajo. Esa madera joven, en la que me he clavado, con ranuras estrechas, con bisagras gigantes, que envuelta de recuerdos me sale siempre al paso... He de tirarla abajo. Esa puerta que llama cuando sigo adelante, esa puerta que avanza cuando yo me he parado. Esa puerta que escucha cuando yo estoy llamando... Esa puerta -que es mía- he de tirarla abajo.
De "El gato junto al agua"
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Poeta
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