Odio, olvido… Nos juzgamos ¡esta cama y yo nos juzgamos! Ahora somos inexistentes, tuvimos la existencia y la dejamos partir. Ahora no soy yo, esta cama tampoco es cama, somos torpes puertos que a medias aprendieron su labor. Ahora, nos merecemos estos corazones repentinos, esclavos renacidos que martillan y martillan al odio, al olvido, como dos rocas que se agigantan en cada golpe de inútiles martillos.
El sueño dentro del sueño, el poder de ver sin ver, sentir sin tocar ni oír, y sin pensarlo gozar, por el hecho de existir.
La flor sin sentir inspira sentimiento a quien la mira, y va emanando su olor, bello aroma que transpira, seduciendo a quien respira. El mar sin saberlo mata, y sin saberlo desata, arriesgadas travesías.
Soñando quedó el poeta, inmerso en su calentura, vagó entre los sentimientos, entre las dudas se inspira, y soñando que soñaba, dejó en sus trazos la vida, senderos que transitar, a quienes sin verlo, miran.
Así, destapando velos, el sabio en su soledad, bucea en los entresuelos, en las simas del dudar, y soñando sin soñar, va desvelando señuelos, desentrañando secretos, dando sentido al pensar.
Voces quedas como gritos, miradas como puñales, y sueños que son reales, versos que derrumban mitos. La vida a bandazos sueña, despierta soñando sigue, siendo rica su existencia, no goza con lo que vive.
Amor desea quien camina, dejando huella tras huella, y en su soledad anhela, una sonrisa sincera. Sueña quien quiere aprender, que es sabio entre pesadillas, y piensa quien amar quiere, que es la vida una vigilia.
Amores en el desván, donde existen las reliquias, donde quedaron los sueños, las nefastas pesadillas. Amores en el salón, humanizando las prisas, y una mirada que brilla, una palabra sin voz.
El tiempo va jalonando, los pasos que da la vida, marca el paso cual soldado, secretos va desvelando, así, descubre el carácter, da calentura a la sangre, y en su sentencia constante, marca el destino sin prisa,
Sendas que nunca se hollaron, simas negras insondables, cerebros inescrutables, caminos que se borraron, y metas que se alejaron, mientras se acerca el destino. Se diluye la memoria, entre recuerdos desvaídos.
La faz de la Tierra cambia, como la piel se avejenta, que el fiel tiempo desentraña, va mutando pelo y cara, plata, transparente y nácar. Surcos de hollar sin descanso, buscando una nueva estampa, e invisibles cicatrices, que surcan sin ver el alma.
Un nuevo mapa se extiende, sobre el rostro que se escapa, señalando cada ciclo, cada pasión alcanzada. La voz se torna aceitosa, más grave, más matizada, y el cabello se desprende, como una lluvia de plata.
El tiempo altera y confunde, clarifica y adelanta, va avanzando o se retrasa, según la fuerza que emana, y va dejando regueros, por el sendero que marca, con los ojos entreabiertos, concentrando la mirada.
Canción que señala el tiempo, con cada nota que aguarda, a la audaz nota siguiente, que reemplace su tonada. Así, viran como el viento, los signos del pentagrama, dando armonía a los acentos, y sentido a quien lo canta.
La voz va quedando huera, de tanto empeño en usarla, y va derramando arpegios, matices en sus palabras, el tiempo templa la nota, de la curtida garganta, y tensos lo labios vibran, como cuerdas de guitarra.
Amor de exquisitos gestos, de vivas muecas que hablan, que el tiempo marca y sentencia, inapelable su marcha. Un juez sin jurisprudencia, que a su albedrío dicta y plasma. Amor que unido a la senda, entre atajos vive y anda.
Aunque siempre lo niegues Y digas que ya no me quieres, El brillo en tus ojos, está hablando por ti Que en tu corazón, yo sigo presente.
No podrás olvidarme y quizás Hasta quieras volver a tenerme, En cada momento de tu sano juicio... Pues el destino, a veces saca de quicio.
Tu risa nerviosa acusa y sentencia Lo que sigues sintiendo día tras día Cuando te hablan de mí, bien lo sé Porque nadie te ha dado lo que yo te di.
Nadie más tiene el mirar de mis ojos Como estas miradas con las que te adoré, Ni el sabor de mis besos en tus dulces Como aquellos que a ti te entregué..
Desde que tú te marchaste Mis ojos y labios quedaron sellados, Nadie más ha acariciado mi cuerpo Ni ha dormido en tu almohada.
Y aunque parezca grosero, Decirte que aun te quiero, ruego que nos perdonemos, y Si tú quiere volvemos.
Del vórtice del ciclón, nace la fuerza inaudita, donde arrastra la pasión, en un brutal torbellino, al poder casi infinito, locura que precipita, brutal golpe del destino, a un enorme corazón.
Carrusel de las ideas, que sin fin revolotean, como ágiles mariposas, entre las mentes curiosas, que persiguen su camino. Giran como remolinos, entre las luces y sombras, en busca de su destino.
Como pavesas al viento, se deslizan vapuleadas, por la brisa y las tormentas, por el calor, por el frío, en cada bandazo pierden, en cada caricia ganan, y así, caen y se levantan, como tentempié de feria, las gentes que andan y andan.
Poderoso es el placer, que pletórico se afana, como derrocha el poder, quien nace en cuna de plata, pero solo es oropel, que brilla más se decapa. La fuerza en la vida está, en la mente que destapa, la mugre que esta tapada.
En el centro se condensa, en el corazón se agranda, y en el cerebro se afinan, los latidos que se aman. La potencia esta en el vértice, en la cúspide que aguanta, en la verdad que se extiende, como una infinita manta.
Amar, amor de materia auténtica, vestida de verdad y alma, de carne y mística esencia, de sangre febril y humana, bordadas en el respeto, de realidades plasmada, perfumada de emociones, de sensaciones cuajada.
Quede entre las sombras la codicia, que el odio sumergido en la inmundicia, no salga a flote, ni la estulticia subsista. Quédese en el abismo la agonía, y que el dolor sea tan leve que no exista. Que se quede sin fuerzas la avaricia, olvidada en el arcón de las desdichas, y que no sea la norma la mentira.
Fabricando nostalgias vive el necio, en las mediocridades consentidas, y nadan en mediocridades motivadas, quienes en su error se refocilan. Que no quede la noche sin auroras, ni los ojos que en su interior se miran. Que permanezcan impávidos los besos, que se dieron con sinceridad prístina.
Que se quedaron colgados de los sueños, en las vidas las verdades reprimidas, y en el dulce sopor que da la calma, se quedo ensimismada la ironía. El desprecio quédese amodorrado, con el ósculo sincero que le asfixia. Ya se quedan las sombras sin los días, y la muerte se aleja arrepentida.
El tiempo se ha cobrado ya su precio, la mar rescata al fin lo que le quitan, que no se desmoronen lo valores, el respeto y la conciencia en su medida. Que vuelvan los principios fenecidos, que no sean los temores los que priman, y que no sean de cartón esos amores, que sean de corazón y carne viva.
Que no se den al traste las promesas, que se cumplan sin dudarlo sus premisas, y en el vértice de vida que aún nos queda, se concentren el amor y la alegría. Que se derrumben todas las barreras, que se diluyan los muros y fronteras, que el odio y el rencor no nos opriman.
Que sea el amanecer un nuevo sueño, que se haga realidad cuando se viva, y que amando lo que tienen quienes tengan, den parte a los necesitados, de su hacienda. Que tiene más valor quien siendo pobre, de lo que tiene, a quien le falta entrega. Es más completo quien pensando sienta, que es de todos la Tierra, no solo nuestra.
Nace y crece, como el viento en vendaval. Nace y crece, y liba de la experiencia, entre sueño y realidad.
En verde torna a amarillo, y de amarillo a marrón, aferrado al corazón, vive el ser, como un anillo, en su dedo acomodado. Torna en verdad la razón, el valor en sacrificio, magenta vira a morado, y del mate, cambia al brillo.
Vacío que ama a la nada, como el son al estribillo, desea ser mayor el niño, y el viejo añorando al niño, se olvida de ser mayor. El diapasón ama al ritmo, ama la ignorancia al necio, y amando la luz al cielo, da a la sombra su sentido.
Así, palpita la vida, en un devenir constante, un eterno renacer, ante la muerte, ignorante, y en el constante nacer, de la vida entre tinieblas, sueña la vida con ser, eterna en su duermevela, en su juventud, perpetua.
La razón busca a la duda, y la duda a la razón, y en este juego de rol, la verdad triunfa sin duda. Persigue cada latido, al que queda por venir, y decae o se precipita, en su latido febril, no sabe el latir que es vida.
Nace y crece, el amor en su aventura, pero, decrece y se muda, si no es fuerte su latir. El amor es el vivir, con la mente y con las tripas, como unidas hasta el fin, nacen, la muerte y la vida, como el amar y el sufrir.
No por tener que morir, hay que despreciar la vida, no es la vida un souvenir, ni del destino, un capricho, es fruto de un existir, de una conjunción de ritmos, una sintonía precisa, la perfecta melodía, el suspiro de un latido.
Me enveneno en pensarte sufro, temo, vuelo me dejo llevar por tu sonrisa levito como si nada ya importara el amor que nunca duerme bajo tu única esperanza que es la vida.
Me enveneno ciegamente al paraíso completo de tu cuerpo galaxias enteras en tu nombre barrios completos con tu mirada.
Única entre todas las especies mujer fugitiva e independiente boca de fuego que quema una a una las palabras que siempre y eternamente te diría.
Reconocible esencia, que deja la presencia, de exquisita fragancia, perfumada conciencia, del aliento que emana, de la fugaz ausencia. Un efluvio que embriaga, un suspiro que alienta.
Primavera de encuentros, que el retoño florezca, que crezcan sus anhelos, sus esperanzas nuevas, elaboradas notas, que un instrumento enseña, delicados matices, que su crecer concretan.
Atardeceres locos, y madrugadas frescas, bordadas de enseñanzas, de anochecidas plenas. Profundizando el nervio, en su delirio aumenta, y es más cálido el beso, cuando la noche tiembla.
Anocheceres místicos, de aparente pureza, salpicados de incógnitas, complicidad excéntrica, de inconclusas dialécticas, y una caricia efímera, que nace en la refriega, y el sabor que enajena.
Ha nacido el retoño, ha cruzado la puerta, del epicentro mismo, que gestó su presencia. Del vientre de los tiempos, ha nacido un camino, un rocoso sendero, una escabrosa senda.
Amaneceres mágicos, que al corazón despiertan, que bebe de las noches, que a las luces se aferra, con el dolor del parto, del día que se queja, sonoro es el bostezo, con el que el día despierta.
La música se eleva, cruzando la materia, va dejando las notas, en cada mente abierta, y al olor de los siglos, de inmaterial presencia, se han quedado los versos, mirando hacia el planeta.
Amor de atardeceres, de amanecer amores, de anocheceres muecas, mirar de renaceres, que observan nuevas sendas.