Poemas eroticos :  Un relato de mis vacaciones.
Un relato de mis vacaciones.

Mi nombre es Carlos, estudiante de leyes, en el verano del 2008, mi amigo Miguel me invito a vacacionar en la casa de campo de la familia.
Cuando llegamos a la casa de campo, su madre Amalia, como de 45 años, viuda, sus hermanas, Sarah, de 16 años, Ana, de 14 años y su abuela Hilda, ya mayor, de unos 70 años, todas muy alegres de vernos, nos tomaron con buen gusto y nos invitaron a pasar y luego nos enseñaron nuestros cuartos.
Era una casa grande, rustica, pero bien cuidada, con grandes balcones, con vista a la preciosa playa, el olor a mar penetraba por todas partes.
Después de desempacar, Sarah y Ana, nos invitaron a conocer los alrededores, fuimos a la plaza central y al muelle, todo típico de un pueblo acogedor. Todo era muy distinto a la ciudad, no trafico, todo a su tiempo, los colores de las casas, todas diferentes, color chillante opaco, pero acogedor.
Al regreso, tomamos un corto, yéndonos por la playa, disfrutamos de la brisa cálida, la frescura del agua y la invitación al juego entre nosotros, mientras ayudábamos a Ana a colectar caracoles.
Se nos hizo tarde, el tiempo paso muy ligero, cuando llegamos a casa, la cena estaba ya lista, nos lavamos y nos sentamos en la mesa, la abuela Hilda puso mucha atención a Miguel y dejo que Sarah me sirviera la cena a mi, todos hablando de lo que habíamos hecho por la tarde.
Así pasamos una cena muy amena y la señora Amalia nos dijo que después de la cena iríamos a la plaza por un helado, para calmar el calor que hacia, yo me disculpe, pues me iban a llamar por teléfono, desde la ciudad, así que todos se despidieron y fueron a rumbo al pueblo, mientras tanto, esperaba la llamada, fui donde la abuela Hilda, haciéndole saber que iba a darme un baño, por si en dado caso llamaban, mientras tato, me fuera a llamar.
Escogí la ropa de dormir y una toalla y me dirigí a bañarme, no había agua caliente, pero se sentía cálida, por el calor del día; En medio de mi baño, sentí una brisa que entraba, pero no le tome atención, luego después de unos 3 o 4 minutos, la brisa seso, tampoco le puse mucha atención.
Ya en el cuarto y en pijamas, me acerque a la ventana, recibiendo una brisa olorosa, salada, viendo la hermosa playa y contemplando el cielo despejado y estrellado; muy bonita vista , me dijo la abuela Hilda, sorprendido por su presencia, le sonreí, diciéndole, que era muy bonita la vista desde la ventana,
sí, esta casa esta muy bien situada, me dijo y de esta manera comenzamos una charla, mientras hablábamos, se acercó muy cerca de la ventana, junto a mi, viendo con mirada hacia el cielo, me susurro al oído, te vi bañándote, vi tu silueta, tras la cortina, tu cuerpo y tus manos acariciando y limpiando tus atributos, que no sabia porque, pero le había cautivado de una manera erótica, que se había tenido que retirarse a su cuarto, pues en esos minutos que me había estado observando, se le habían humedecido las pantaletas, se sentía sucia, pero al mismo tiempo feliz, que no sabia que le pasaba.
No se imaginaba tener una mente morbosa, me decía suavemente, esa playa, la playa del amor, me dijo, es donde yo descubrí mis mas intimas partes, ahí aprendí a hacer el amor, cuando aun era una chica moza, de la manera en que lo decía, sin poder impedirlo, estaba teniendo una erección, que la comprimía contra la pared y el molde de la ventana, para no llamar la atención de la mirada de Hilda, pero mientras ella me contaba de sus aventuras amorosas, no resistí el dolor, separándome un poco de la ventana, Hilda, miro a mis pijamas y vio el bulto que se hacia, pero disimulo y siguió con sus relatos, de como ella se escapaba por las noches, sin que nadie se diera cuenta, a encontrarse con su novio, con el cual descubrió la esencia de la excitación, lo prohibido, el amor por primera ves y la sensación erótica de siluetas por la noche, a la luz de la luna, al tan solo pensar que podría suceder en cada escapada; yo sentía como ese relato me estaba poniendo y Hilda que a pesar de sus años, me hacia sentir desesperadamente ansioso, excitante, sexual, sentía como mi pijama, se humedecía de una manera que se notaba lo mojado, sobre la suave tela de mis pijamas, de repente, sin parar de hablar, me puso su cálida pero firme suave mano, entre la camisa de la pijama, esperando de mi reacción, no movió su mano por un momento, me quede perplejo, sin saber que decir o hacer, seguí con mi mirada fija al mar, disimulando, haciéndome el loco, como si nada pasaba, Hilda callo, el silencio me hizo sentir incomodo y nervioso, mientras ella deslizaba su mano a mis pantalones, mi corazón pego un brinco, cuando sentí como sus dedos tomaban el tronco de mi verga, hinchada como nunca, suavemente sus dedos tomaron la punta, se humedeció la mano con ello y me masturbó suavemente; tomándome con su otra mano, se voltio frente a mi, con una mirada de ruego, tomo mi otra mano y se la llevo debajo de sus faldas, puso mi mano en sus pantaletas, mojadas como lo estaban mis pijamas, sentí lo hinchado de sus labios, todos mojados, sin perder un momento, se deslizó las pantaletas, dejándolas caer al suelo, mi mano pudo acariciar todas sus intimas partes, no tenia vello púbico, sus labios, se sentían suavecitos, algo flojos pero hinchados, su conchita, digo conchota, era una laguna de fluidos vaginales, partió su labios, llevo mi mano, haciéndola recorrer tocando su mas eróticas partes, toda mojada, la movió hacia su clítoris, sobresaliente pulsante, al compas de su corazón, que latía furioso, por la presión de la ansiedad y la excitación, Hilda, gimió, al mismo tiempo que yo le acariciaba su enorme clítoris; me fascinó el poder jugar con mis dedos, tomándolo entre tres de ellos y flagelándolo, como una pequeña verga, su mano, apretaba la mía contra su clítoris, dando gemidos, como nunca los había oído; respirando profundamente; se relajo, abrió sus piernas me llevo la mano a su vagina, introduciendo dos de mis dedos, hasta donde pude, comenzó a mover sus caderas, moviendo sus piernas con una moción de danza suave, al mismo tiempo que ella me masturbaba mi verga desesperadamente; el tiempo pidió el ritmo, aceleramos nuestros movimientos, sentí como ella llegaba a su clímax, con una mano en su vagina y la otra le tocaba su culo, que también lo tenia muy húmedo y pulsante, estaba como loca, aparto mi mano que acariciaba su vagina, tomo mi verga, se sentó en la orilla de la ventana y penetro toda mi verga en su vagina, se deslizo como si se hubiera puesto mantequilla, tocando en la profundidad su útero, entrepierno mi cuerpo, e hizo un nudo con ellas, apretándome muy fuerte a su cuerpo, no me podía mover, pero sus caderas, se movían en un vaivén, que nos volvía a la locura; no me podía imaginar, como Hilda de 70 años me hacia sentir de esta manera, sentía los músculos de su vagina, como succionaban y apretaban mi verga, como que se la quisiese tragar , con toques de profundidad corta, pero ligeros, su cara sonrosada, yo sentía como se derretía todo su cuerpo, los líquidos de ambos, rodaban por mis piernas, ella rugía y pujaba, me mordía el hombro, desesperada, por llagar al orgasmo, alzo la cabeza, mientras suspiraba profundamente, me miro, aflojo sus piernas y fue donde yo comencé con ritmo rápido, pues sentía que me venia, se oían los ruidos plasmáticos, cuando tocaban nuestros cuerpos, cada ves que se la sacaba y metía mi verga en su remojada vagina, con que fuerza lo hacia, que sentía dolor sabroso, el ruido y la humedad nos llevaba a un épico erótico despampanante, ella con su boca abierta, para tomar mas aire, con jadeos desbordantes, yo metiéndosela cada ves mas rápido, con pujidos míos, desesperantes, queriendo meter mis huevos en su vagina, nos llevaba a un vértigo con rumbo a las delicias, le tome las nalgas, haciendo mover todo su cuerpo contra el mio, en un deleite suspiro, provocando un orgasmo eléctrico mutuo; nuestros cuerpos cayeron uno contra el otro, sudorosos de todo este jaloteo maravilloso; suavemente me dio un beso en la mejía, tomo mi verga en sus manos, toda ella llena de semen y líquidos de ambos, se arrodillo y le dio un beso a la punta de mi verga, tomo sus pantaletas y me dijo :
Eres aun un muy joven, muchacho, pero me haz hecho tan feliz, como ningún hombre, tantos años esperando por alguien que me hiciera sentir como hoy, una mujer feliz, llena de sexualidad, me siento como nueva, le haz dado sentido a mi vida, recogió sus pantaletas y se retiro a su cuarto, sin decir nada mas.
No sabia que decir, nunca en mi vida pensé tener una relación como esta, con una persona mayor, como Hilda, pensé en enamorar a Sarah, pero no esto.
Tome otro cambio de pijamas, me bañe y me fui a la cama, habían pasado, casi dos horas desde que Hilda me comenzó a tocar; en la cama, las erecciones me venían y se iban, cada ves que recordaba lo que había sucedido, me entraban sonrisas picaras y volteaba por todos lados, como si alguien me estuviera viendo y sabia lo que había hecho, eso era tabú.
Nunca mas pudimos estar a solas, Manuel y sus hermanas me llenaban el tiempo, jugando, conociendo la playa, divirtiéndonos, como debería de haber pasado, así se paso nuestro verano.
Llego el día de despedirnos, con un nudo en mi garganta y unas lágrimas, por no querer dejar ese lugar tan especial y a la mujer que me hizo sentir hombre, me despedí de todos, en especial de Hilda, prometiéndole que un día volvería, ella me abrazo y me deseo muy buena suerte.
Nunca veré a las mujeres mayores indiferentes, mi mente morbosa, piensa siempre en Hilda y cada ves que veo una mujer mayor, pienso…. como seria si hiciéramos el amor…, diferente, o mejor que con Hilda…….?

MARIO A. VASQUEZ
02-12-200-12

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Poeta

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