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-Cuando tu llegastea mi vida yo tenia veinte años, y a pesar de mi edad era un poco inmadura y habia cosas de vida que aun no conocia, pero a tu lado fui de a poco aprendiendo. -Asi aprendi a disfrutar de una sonrisa dulce, una mirada tierna, una caricia pequeña, a escuchar el llanto de un angel, todo eso aprendi con vos, pero lo mas importante que aprendi es a ser mama, por eso te digo gracias GUSTAVO EZEQUIEL....Mi Pequeño Bebe.
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Poeta
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(Para Jesús E. Valenzuela)
Bardos de frente sombría y de perfil desprendido de alguna vieja medalla;
los de la gran señoría, los de mirar distraído, los de la voz que avasalla.
Teólogos graves e intensos, vasos de amor desprovistos, vasos henchidos de penas;
los de los ojos inmensos, los de las caras de cristos, los de las grandes melenas:
mi musa, la virgen fría que vuela en pos del olvido, tan sólo embelesos halla
en vuestra gran señoría, vuestro mirar distraído y vuestra voz que avasalla.
Mi alma que os busca entrevistos tras de los leves inciensos, bajo las naves serenas,
ama esas caras de cristos, ama esos ojos inmensos ama esas grandes melenas.
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Poeta
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A veces, en sueños, mi espíritu finge escenas de vidas lejanas: yo fui un sátrapa egipcio de rostro de esfinge, de mitra dorada, y en Menfis viví.
Ya muerto, mi alma siguió el vuelo errático, ciñendo en Solima, y a Osiris infiel, la mitra bicorne y el éfod hierático del gran sacerdote del Dios de Israel.
Después, mis plegarias alcé con el druida y en bosque sagrado Velleda me amó. Fui rey merovingio de barba florida; corona de hierro mi sien rodeó.
Más tarde, trovero de nobles feudales. canté sus hazañas, sus lances de honor, yanté a la su mesa, y en mil bacanales sentime beodo de vino y de amor. Y ayer, prior esquivo y austero los labios
al Dios eucarístico, temblando acerqué: por eso conservo piadosos resabios, y busco el retiro siguiendo a los sabios y sufro nostalgias inmensas de fe.
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Poeta
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Grabó sobre mi faz descolorida su Mane Thecel Phares el Dios fuerte, y me agobian dos penas sin medida: un disgusto infinito de la vida, y un temor infinito de la muerte.
¿Ves cómo tiendo en rededor los ojos? ¡Ay, busco abrigo con esfuerzos vanos...! ¡En medio de mi ruta, sólo abrojos! ¡Al final de mi ruta, sólo arcanos!
¿Qué hacer cuando la vida me repela si la pálida muerte me acobarda? Digo a la vida: ¡sé piadosa, vuela...! Digo a la muerte: ¡sé piadosa, tarda...!
¡Estaba escrito así! No más te afanes por borrar de mi faz el torvo estigma; impélenme furiosos huracanes, y voy, entre los brazos de Abrimanes, a las fauces hambrientas del Enigma.
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Poeta
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Cuando lloro con todos los que lloran, cuando ayudo a los tristes con su cruz, cuando parto mi pan con los que imploran, eres tú quien me inspira, sólo tú,
Cuando marcho sin brújula ni tino, perdiendo de mis alas el albor en tantos barrizales del camino, soy yo el culpable, solamente yo.
Cuando miro al que sufre como hermano; cuando elevo mi espíritu al azul; cuando me acuerdo de que soy cristiano, ers tú quien me inspira, sólo tú.
Pobres a quienes haya socorrido, almas obscuras a las que di luz: ¡no me lo agradezcáis, que yo no he sido! Fuiste tú, muerta mía, fuiste tú...
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Poeta
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Yo no sé nada de la vida, yo no sé nada del destino, yo no sé nada de la muerte; ¡pero te amo!
Según la buena lógica, tú eres luz extinguida; mi devoción es loca, mi culto, desatino, y hay una insensatez infinita en quererte; ¡pero te amo!
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Poeta
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Yo no soy demasiado sabio para negarte, Señor; encuentro lógica tu existencia divina; me basta con abrir los ojos para hallarte; la creación entera me convida a adorarte, y te adoro en la rosa y te adoro en la espina. ¿Qué son nuestras angustias para querer por argüirte de cruel? ¿Sabemos por ventura si tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas, si los seres más altos, si las cosas más bellas se amasan con el noble barro de la amargura? Esperemos, suframos, no lancemos jamás a lo Invisible nuestra negación como un reto.
Pobre criatura triste, ¡ya verás, ya verás! La Muerte se aproxima... ¡De sus labios oirás el celeste secreto!
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Poeta
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Aquella tarde, en la alameda, loca de amor, la dulce idolatrada mía me ofreció la eglantina de su boca.
Y el Buda de basalto sonreía...
Otro vino después, y sus hechizos me robó; dile cita, y en la umbría nos trocamos epístolas y rizos.
Y el Buda de basalto sonreía...
Hoy hace un año del amor perdido. Al sitio vuelvo y, como estoy rendido tras largo caminar, trepo a lo alto del zócalo en que el símbolo reposa. Derrotado y sangriento muere el día, y en los brazos del Buda de basalto me sorprende la luna misteriosa.
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Poeta
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La muerta resucita cuando a tu amor me asomo, la encuentro en tus miradas inmensas y tranquilas, y en toda tú... Sois ambas tan parecidas como tu rostro, que dos veces se copia en mis pupilas. Es cierto: aquélla amaba la noche radiosa, y tú siempre en las albas tu ensueño complaciste. (Por eso era más lirio, por eso eres más rosa.) Es cierto, aquélla hablaba; tú vives silenciosa, y aquélla era más pálida; pero tú eres más triste.
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Poeta
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Hay tanto amor en mi alma que no queda ni el rincón más estrecho para el odio. ¿Dónde quieres que ponga los rencores que tus vilezas engendrar podrían?
Impasible no soy: todo lo siento, lo sufro todo...Pero como el niño a quien hacen llorar, en cuanto mira un juguete delante de sus ojos se consuela, sonríe, y las ávidas manos tiende hacia él sin recordar la pena, así yo, ante el divino panorama de mi idea, ante lo inenarrable de mi amor infinito, no siento ni el maligno alfilerazo ni la cruel afilada ironía, ni escucho la sarcástica risa. Todo lo olvido, porque soy sólo corazón, soy ojos no más, para asomarme a la ventana y ver pasar el inefable Ensueño, vestido de violeta, y con toda la luz de la mañana, de sus ojos divinos en la quieta limpidez de la fontana...
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Poeta
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