PARCIAL RECUENTO
Fecha
29-12-2025 21:13:14
Tema:
Poemas
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I Mientras sueño, pienso de verdad mientras pienso, sueño de verdad y en el intertanto me acomodo para seguir la incesante marcha que me obliga sólo a pensar, sólo a soñar... ésa, es la vida de verdad. II En medio del discurso apasionado las palabras depositadas una a una, urgentes por salir, liberadas, quisieron dejarse escuchar, describir fielmente lo que sentían, aún siendo duras. III Después de un rato caminé paso sobre paso deslicé mis suelas por todos los espacios que me permitieron, sin obstáculo, palpar la humedad de tanto sudor derramado y la sequedad de infértil sacrificio que fue en vano. IV Los intensos focos me cegaron por completo ausentándome de la realidad, quedando atrapado en una nube oscura. Sentí sólo latidos a mi alrededor: los gritos desgarradores de una espantosa realidad.
V El tic tac del tiempo hizo revisarme los bolsillo más de una vez... sólo monedas devaluadas encontré. ¿A dónde fue a parar mi fortuna que en la vida acumulé? ¿Y el fruto del sacrificio...?
VI Compré lo que quise, miré las más costosas vitrinas de diferentes latitudes, allegué a mi piel suavidad y abrigo, alimenté mi ego con superfluidad. Hoy, a la distancia, me reprocho por haber llevado mi vista a cuestiones secundarias.
VII Las anotaciones inundaron en un dos por tres centenares de páginas de mi abultado diario. Quise ser breve, las intensas vivencias no lo permitieron. Saqué mi memoria... ahí están, grabadas eternamente.
VIII Repartí valor como pude, entregué, incluso, el mío. Pretendí crear un ejército sólido para derrotar lo injusto y de esa forma vencer la mentira para siempre. XIX Cuando estuve solo me conformé acompañándome con el grato pasado, ése, aquél que no volverá. Estuve rodeado de los mejores episodios que hicieron sonreír mi existencia y llegaron a ser mi verdadera epidermis que me protege hasta hoy. X La última lágrima derramada fue en una estación de tren cuando era adolescente aún; momento en que creía en la nobleza de las palabras y en sinceridad de los gestos. XI Lejos, muy lejos casi al comenzar el camino divisé las más nítidas huellas que encandilaron mi conciencia: me han servido para imitarlas, haciéndolas mi personal derrotero.
XII Los premios que jamás recibí: ¿Dónde están? Tal vez quedaron en el olvido o bien fueron a para a ajenas manos que no los merecían. Estoy en espera de algún día recibirlos, aunque sea en el último discurso... junto a mi tumba. XIII Tuve miedo de olvidarme de las cosas. Quise mantenerlas siempre frescas las tantas experiencias vividas, que han servido de andamios para alcanzar, algún día, las lejanas estrellas. XIV Cuando pude, traté de sacudirme disimuladamente mi camisa para quitar las tristes sombras y falsos cuestionamientos que cuelgan como guirnaldas. Logré, intachablemente, albear mi camisa. Después me encumbré para alcanzar el pan y el vino deseado. XV Para no darme por vencido di tregua a mis instintos, hice breves descansos bajo la gentil sombra de la tranquilidad... tomé vigorosas fuerzas y enfrentarme sin temor a gigantes, evitando tropezar en trampas empapadas de maldad. XVI
Despacio... ni haciendo el menor de los ruidos construí los más ostentosos objetos que luego fueron coronados con halagos y que muchas veces causaron sana envidia. Aquí, detrás de la puerta y en viejos armarios los guardo, son la mejor reserva para mañana y para este momento.
XVII
Cada vez que quise salir a cabalgar lo hice por playas entibiadas de sales blancas, allí se conservaban intactas la grandes virtudes, los buenos ejemplos a seguir. No me bastó leer voluminosas enciclopedias o tantas cuestiones abstractas; deseé palpar una a una las páginas naturales: la verdadera realidad.
XVIII Preferí utilizar tinta indeleble para escribir íntimas cartas, deseando las lea el tiempo en la eternidad y si alguien se cruce con ellas pueda apreciar la transparencia de la pluma, lo cortés de las palabras: serán un ejemplo.
XIX Mis labios temblaron al besarle, bajé mi vista, ruborizó mi cara... mi inexperiencia de adolescente trastabilló con torpezas burdas que me bañaron de vergüenza. Bueno, a nadie se le enseña a ser el mejor galán de la tierra. XX Frente a fragmentos de verdad armé rompecabezas una y otra vez. Reubiqué de mil maneras las piezas, usé mi experiencia, mi lógica. Al fin, hoy, recién entiendo la combinación perfecta: la verdad es una sola, nada más. XXI Me confundí con adulaciones, di demasiadas veces las gracias, perdoné a cada instante, fui clemente. Ni mi sombra recibió nada a cambio, sólo los tibios rayos de sol le abrigaron. Aun así, pernocto en el mejor refugio: bajo el refulgente firmamento. XXII Mientras mis pies me llevaban por polvorientos caminos, mientras caminaba por empedradas vías, mi espíritu reposaba en plena dicha: feliz, vagabundeando por bucólicos lugares, contento de andar por grandiosas urbes. Muchas veces mis pasos fueron recompensados: posarse en inigualables senderos.
XXIII Debajo mi almohada están las mejores creaciones que soñé y atrapé de una sola vez. Guardadas celosamente las tengo para que nadie las mire o recree. Durante el día duermen invisibles, de noche despiertan joviales esperando que les revivan.
XXIV Siempre que desperté miré primero el calendario, después el reloj; quise ubicarme en el tiempo, buscar un mejor referente y así contar los días vividos para planificar los años que me quedan. Aunque las hojas del calendario no indican la hora, son más precisas: señalan claramente el tiempo recorrido y el deseo de seguir caminando.
XXV Cuando quise descansar me tiré de espaldas en la hierba, me cubrí con el follaje de los árboles, con las bandadas de pájaros, con el firmamento completo. Descansé como nunca, disfruté de la contemplación de la naturaleza... soñé lo que quería. Descansé, tomé fuerzas.
XXVI Para cruzar las ciudades me vestí con trajes oscuros, me almidoné por completo; quise ser uno más de los transeúntes y así confundirme entre la multitud. A veces la corbata me ahogaba, pero debía cruzar las urbes como lo hacen los demás... No tuve tiempo. No lo perdí como los demás, no lo perdí en largas liturgias ni vigilias, bastó entregarles monedas a viejos mendigos: ellos rezaron por mí, me bendijeron.
XXVII Los fines de semana junto a viejos libros que ya no están me ensayé siendo el mejor escritor, remedé autógrafos, cambié títulos, cruce información... todos parecidos los escritos de esos libros. Los que más adelante escribiré serán distintos, estarán hechos por mi mano y pluma: auténticos.
XXVIII Cuando no quise oír cerré mis ojos, atajé mis palabras, pensé en el silencio... quise ver la verdad, tocarla. Hoy la he visto. Espero algún día tocarla. XXIX Me propuse contar uno a uno los saludos que di y recibí; no fui capaz. Hasta dos décadas alcancé porque se me terminaron los números. Creía ser gentil; pero nunca tanto. XXX A veces, cuando el sol brillaba sobre las aguas, éstas, enceguecían mis sentidos; pero estimulaban mi espíritu y esto me servía: podía verme reflejado tal como era. XXXI Después de cumplir mis sueños, mis deseos, me subía sobre mis sandalias a buscar otros, siempre quise alcanzar nuevas cosas. Meta cumplida obligaba a alcanzar otra: ¿Un capricho? ¿Un lema? Tal vez; pero era mi energía. XXXII Averigüé cómo se producen los colores para pintar de bellos tonos lo gris y oscuro. Quise pintar sonrisa, elegancia, amabilidad y por sobre todo pintar amor, amor verdadero. XXXIII Para no atorarme con tantos mensajes miré a ninguna parte, dirigí mi vista a otro lugar y así pude sobrevivir y estar vivo aún. Tal vez cuando pierda mi vista, mis sentidos o mi sentido común será distinto: habré fracasado.
XXXIV Cayeron de a una, levemente, como hojas de arbusto: miradas vinieron suaves, aterciopeladas; vinieron a posarse en los mejores lugares que habitan los recuerdos; desde luego, ahí permanecen esperando que se les revivan una a una por el resto de la vida.
XXXV Para cultivar las mejores acciones me alejé a lugares intransitados, vestí de ermitaño, pensé como ermitaño, viví como ermitaño... capturé las mejores formulas para producir esas mejores acciones; pensé distinto a los demás, ideé mi mejor plan. Hoy, me nutro de aquella inusual experiencia y si es necesario la repito.
XXXVI En los rugosos dobleces de mi pantalón guardé algunos amuletos y estampas que me dieron seguridad para andar por aguas profundas y estrechos senderos. Cada vez que los necesité, ahí estaban. Fueron fieles hasta el final. A veces bastó palparlos sobre la tela, sentir su tibieza. Me acompañan hasta hoy. XXXVII Vi bajo el agua lo que quise ver. Vi también la verdad, la única verdad... Después ideé aforismos y trabalenguas para memorizar y enseñar lo correcto. Quise escribir en el agua. También lo conseguí. Cuando me olvido de lo que pienso, me voy a alejados acantilados a leer lo que quedó escrito sobre ellas. Repaso, estudio cada página que me traen las olas... XXXVIII No quise despertarme muchas veces. Preferí dormir... Miles de imágenes reales me hacían soñar: ¡Bello soñar! Para despertar, me obligaba a no soñar, a sufrir; ...y con eso volvía a la realidad: la fría realidad. XXXIX Las canciones fueron mi alimento, la música fue atrapada por mis oídos desde siempre. Antes del pan, preferí las melodías, con ellas logré ir donde quise, con la música caminé, estudié, soñé... hasta hoy me emociona, la disfruto a cada momento. XL Cuando me faltó para comprar me introduje en paisajes selváticos, fui a playas solitarias... Me sobró de todo. Nunca más quise monedas, las hice rodar; preferí lo natural de la vida.
XLI Mis manos las guardo y protejo en los bolsillos, son mi monumento, mi vital compañía. Han dibujado, escrito y acariciado todo lo que mis ojos sienten y ven; son la extensión de mi alma, sensibles a todo... también creadoras.
XLII La luz me ayudó a no tropezar, a estudiar. Llevé lámparas y estrellas a todos los rincones que llevaron mis pasos. Fue útil de día, de noche... Ha sido mi lazarillo, poco me he equivocado.
XLIII En madrugadas, al rayar el sol, caminé por los más silvestres lugares remojando pies y cuerpo con el más puro elemento: El rocío. Me purificó por entero: mi mente, mis pensamientos y mi alma... Me refresqué en el alborada por completo. XLIV Para no perderme seguí los mismos caminos de los demás, me guiaron la mismas estrellas. Cuando me sentí seguro marqué otros rumbos Fui donde quise... Seguí las huellas, también las dejé.
XLV Mi verdadero nombre lo escribí en libros, detallan en cada letra el sentir sincero, lo íntimo y veraz, la evidencia perfecta: el silencio... el silencio legible.
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