Sonetos :  Atajo campestre
Cuando avisto el listón de cortaderas,
la sed de viento en su verdor erecto
y el churrinche, nervioso hijo dilecto
de una brasa de estío y las riberas,

confirmo, con placer, que son austeras
las horas inmutables del trayecto.
Un libro como el pájaro perfecto,
el tango de mis noches orilleras

y una piel que no olvidan mis sosiegos.
El aire me revela sus semillas
preñadas de preguntas y paciencia.

Son dulces acertijos, veraniegos
arcoíris, las búsquedas sencillas
de luz en lo invernal de mi existencia.


© Gustavo Larsen, 25 de febrero de 2020
Poeta

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